T r a d i c i o n e s   y a    p e r d i d a s

 

El marrano de San Antón 

             Según nos cuentan los mayores del pueblo, hace ya bastantes años, la gente del pueblo hacía promesas a la Virgen de las Angustias y a Nuestro Padre Jesús Nazareno, de comprar un cerdo, (concretamente el día de San Antonio, de hay el marrano de San Antón) entre todos y soltarlo por las calles del pueblo. Una vez comprado y soltado, el pueblo tenía  la tarea de darle de comer y cuidarlo. Cuando el cerdo llegaba a las puertas, éstos tenían el deber de darle de comer y beber. Y a la noche, el marrano se metía donde podía, algunas veces los vecinos le brindaban la cuadra. 

     Al llegar el mes de las matanzas, diciembre, se juntaban varios vecinos y se procedía a subastar al animal, vendiéndoselo a quien más pagara por él. Esta venta estaba supervisada por el sacerdote que estuviera en el pueblo. Con el dinero recogido tras la venta del marrano, se compraba el aceite de las lámparas para alumbrar los camerinos y el altar mayor. Hace ya décadas que esta tradición se perdió.

El pan de San Antonio

 

           Esta obra de caridad, así la podemos llamar, fue fundada en Albuñuelas el 8 de Agosto de 1899, por el entonces sacerdote, D. Joaquín Marín Robles. Justamente un año después, de que fuera instituida en la Basílica del Santo, allí en Padua. El pan de los pobres o pan de San Antonio, se remonta a un episodio que tuvo lugar en la ciudad de Padua. Según se cuenta la leyenda, una madre, que vivía cerca de la Basílica del Santo que se estaba construyendo, dejó a su hijo de año y medio, solo en la cocina. El niño jugando se cayó dentro de una tina llena de agua. Al llegar la madre a la cocina lo encontró sin vida. Empezó a gritar y a invocar al Santo, haciéndole un voto, que si obtenía la gracia daría para los pobres tanto pan como pesaba su hijo. La gracia le fue concedida, y de esta forma se instituyó la obra de beneficencia, cuando fue instituida en Albuñuelas en el año de 1898, ya era toda una tradición en Padua.

 

      

           Como podemos observar dicha tradición se extendió rápidamente como una mancha de aceite. Esta obra de caritas antoniana, consistía en recaudar dinero, para posteriormente comprar pan para la gente que no tenía posibilidades o para sufragar posibles gastos de la iglesia. Para esta obra piadosa en Albuñuelas se formo una especie de comisión, en la que tenían sus estatutos, a dicha comisión D. Luis Huelgín hizo entrega de un cuadro con la imagen del santo y del cepo para la recaudación del dinero. Esta obra del pan de San Antonio desapareció en las primeras décadas del siglo XX.


 

El pan de las ánimas

           Se trata de otra tradición, que perduró durante muchos siglos en el pueblo, ya que hay constancia de la cofradía de las Ánimas allá por el siglo XVI. El conocido pan de las ánimas se trataba de un bollo, amasado con pellizcos de masa que daba la gente del pueblo. Una vez juntados y amasados estos pellizcos en el horno, se procedía a la cochura. Cuando el pan estaba ya hecho se vendía y con el dinero recaudado se pagaban los oficios del mes de noviembre, el mes de las ánimas.

 

           Debemos de recordar que antiguamente cada mujer, amasaba el pan de su familia en su casa y luego llevaba la “horná” al horno. Según cuentan las mujeres mayores, cuando se amasaba el pan, se persignaban diciendo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Acto seguido se hacía cuatro señas en la masa, haciendo la forma de la cruz, diciendo: Crece masa, como la Virgen María creció en Gracia. Cuando se estaban haciendo las últimas amasadas, se quitaba un pelote de masa, al que curiosamente se le llamaba “la polla”, y se guardaba a un lado. Una vez hecho los panes, se iba al horno a cocerlos, y “la polla” era juntada con los pelotes de las demás vecinas. Otras veces era la mujer del horno quien pedía a las comadres el pelote, para hacer el llamado pan de las ánimas. Como anécdota decir que el pan, nunca era igual, unas veces la gente daba “la polla” más grande que otras. Una vez metido el pan dentro del horno y cerrada la puerta. La hornera procedía a hacer la señal de la cruz con la pala y acto seguido procedía a bendecir la cochura.

 

Dios te bendiga, Dios te crezca, Dios te haga buen pan de mesa. O Dios que te crió en el campo, que te crezca en el horno.

 

           Llegando el mes de las ánimas se procedían a hacer las misas. Se dividía el mes por el número de hornos que había en el pueblo. Dependiendo de las hornadas que se hacían, se colocaban los catafalcos y demás enseres. En definitiva, el horno que más hornadas hacía y más dinero recogía con los panes de las ánimas, mayor solemnidad tenían los oficios, la solemnidad iba descendiendo al igual que descendía las hornadas de los hornos. Con el tiempo el pan de las ánimas se perdió, y solo ha quedado el novenario a las ánimas acompañado del rezo del Santo Rosario durante el mes de Noviembre, el mes de las ánimas.

 


La Noche de las Ceulas

             A este juego solo se jugaba, la noche de fin de Año, el 31 de diciembre. Antiguamente en Albuñuelas, a esa noche se le llamaba la noche de las Ceulas. En esa noche los más pequeños de la casa, se juntaban con los vecinos y jugaban a las Ceulas.

 

           En el barrio de la Loma, se buscaban tres talegas, y se metían papeletas. La primera destinada a contener el nombre de los mozuelos del pueblo, en la segunda se metían las papeletas con el nombre de las mujeres viudas y solteronas (pero siempre mayores que los mozuelos). Y en la última se metía el regalo; que bien podía ser el Candado del cementerio, la llave del Panteón, los calzones blancos de Fulano o Mengano… Una vez colocadas las papeletas en sus correspondientes talegas. La persona encargada procedía a sacar una papeleta de cada talega y leer el emparejamiento que había salido. Por lo que las risas estaban aseguradas. Ya que la pareja resultante era de lo más dispar. Podía salir un chico de 9 años emparejado con una mujer de 70 y como regalo el candado del cementerio. Al año siguiente se hacía un cambio, si el año anterior habían sido los mozuelos con las mujeres mayores, era a la inversa, las mozuelas con los viudos y solterones del pueblo.

 

          En el barrio Alto y Bajo se jugaba pero solo con dos talegas, una para los mozuelos/mozuelas y otra para los viudos/viudas. También se iban rotando las personas cada año. La noche de las Ceulas y su juego fue desapareciendo poco a poco para dar paso a la Nochevieja con sus doce uvas.

 


La Visita domiciliaria de la Milagrosa

 

             Esta visita domiciliaria de la Virgen de la Milagrosa, tenía como propósito honrar a La Santísima Virgen. A la vez que se esperaba merecer su especial protección, como la mereció Santa Isabel y toda su familia por haber obsequiado a María durante aquella visita que precedió el nacimiento de San Juan. Este acto piadoso llegó a Albuñuelas en la segunda década del pasado siglo XX y se perdió allá por los años sesenta. Una vez explicado el trasfondo religioso explicaremos en que consistía la visita.

 

           Previamente al acto piadoso de la visita de la Milagrosa, se habían juntado varias familias, en este caso familias de la Loma y del Barrio Bajo. Una vez formado el grupo se adquiría una imagen de la Milagrosa, a la que habían bendecido, provista de una hornacina para facilitar el traslado de una casa a otra.

             Normalmente cada familia tenía la imagen en su casa veinticuatro horas (aunque este tiempo podía variar) desde el anochecer de un día hasta igual hora del siguiente. La Virgen era colocada con gran honor en la mejor habitación de la casa, y se tenía cuidado de que estuviera ardiendo ante ella alguna vela o lamparilla. Una vez que se recibía en casa la imagen de la Milagrosa, se le saludaba con la siguiente oración.

        Saludo: Ha llegado para nosotros ¡Oh dulce y tierna Madre! El momento feliz de veros en nuestra casa. Ya tenemos la suerte de contaros entre los miembros de nuestra familia. Nuestro corazón salta de regocijo al recibir vuestra visita, ¡Oh Madre del Amor Hermoso y de la Santa Esperanza! ¿De dónde a nosotros tanto fervor? ¿Quién os ha movido, celestial Señora a conceder esta gracia a una familia tan pobre, miserable y pecadora como esta? ¡Ah! lo sabemos vuestra gran bondad el deseo que tenéis de bendecidnos y de caldear nuestros pechos con esos rayos de amor que brotan de vuestras manos. Venís con los brazos abiertos para recibir en ellos a estos vuestros ingratos hijos. Venís para endulzar nuestros pesares y compartir nuestras tristezas. Venís para vivir entre nosotros como en otro tiempo al lado de vuestra prima Isabel y colmarnos de celestiales favores. Gracias Virgen Milagrosa por tanta bondad.

 

           Esta familia no acierta a manifestaros su agradecimiento, pero os da su bienvenida y os recibe llena de filial cariño. De este momento Vos seréis la Señora de la casa y todos nos juzgaremos dichosos a vuestro lado. Miradnos como cosa vuestra, y no permitáis que nos separemos de vuestra obediencia y de vuestro amor. ¡Oh María, sin pecado concebida! Rogad por nosotros, que recurrimos a Vos.

          

           Durante la estancia de la imagen en una casa, además de procurar que estuviera luciendo una lamparilla/vela a su lado. Se hacía el rezo del Rosario en la estancia donde estaba la imagen, al igual que cada vez que se pasaba por la habitación le saludaban con jaculatorias. Transcurrido el plazo de la estancia, una persona se encargaba de llevarla a la casa que correspondía. Antes de que la imagen dejara esa casa, le solían rezar esta oración a modo despedida.

 

      Despedida: ¡Oh cariñosa Madre! Ha llegado la hora de vuestra marcha, y nuestros corazones se ven precisados a daros la despedida llenos de pena y sentimiento, ¡Que feliz día hemos pasado a vuestro lado! Que tristeza para nosotros veros salir de nuestra casa, que vacío dejáis en esta pobre familia. Adiós querida Madre, pero no os retiréis sin bendecidnos, no os olvidéis de que os amamos mucho y esperamos impacientes el momento de hospedaros otra vez. Mientras tanto, os acompañarán nuestros corazones.

Gracias por la dignación que habéis tenido en visitarnos y por los beneficios que inmerecidamente nos dispensa vuestro amor. Tened el velo de vuestra misericordia sobre las desatenciones que con Vos hemos tenido, las cuales no provienen, bien lo sabéis, de mala voluntad, sino de nuestra fragilidad y de nuestra ignorancia. Caiga de  vuestros ojos una mirada de compasiva bondad sobre nuestras almas, mientras los nuestros se alzan a Vos en actitud suplicante, implorando vuestro favor para amaros en el tiempo y veros en la eternidad. Amen.

¡Oh María, sin pecado concebida! Rogad por nosotros, que recurrimos a Vos.

         


Bendición de la mujer después del parto

             Una vez que la reciente madre había pasado la cuarentena, se acercaba a la Iglesia con el niño, para escuchar la misa. Durante la misa, la madre portaba una vela encendida. Tanto la madre como el niño, debían colocarse lo más cerca del altar. Una vez que la misa había acabado el cura se acercaba a la mujer y a su hijo, y frente a ellos leía las preces y una oración. También solía leer el evangelio de San Juan. Una vez concluidas las lecturas y oraciones, hacía la aspersión con agua bendita. Otro “ritual” que podemos destacar tras el nacimiento, aunque esta vez se refiere a la alimentación de la madre, era que durante un tiempo (seguramente los cuarenta días posteriores al alumbramiento) a la madre se le hacían caldos de gallina y paloma, seguramente estos caldos se hacían para que la leche materna fuera de una mejor calidad.


 

El Rosario de San Blas

    San Blas fue un médico y obispo armenio que vivió en el siglo III. Fue víctima de las persecuciones del emperador Diocleciano, por lo que se retiró a vivir como ermitaño en una cueva del monte Argeo. En el año 313 Constantino liberó a los cristianos y Blas pudo volver a su sede episcopal. Dos años después el emperador Linicio volvió a perseguir a los cristianos y Blas fue encarcelado. El 3 de febrero del 316 su cuerpo fue desgarrado con garfios de hierro y decapitado. Se le atribuye el milagro de sanar a un niño enfermo (se le había atravesado una espina de pescado en la garganta) al tocarle la garganta cuando iba camino de su martirio. Desde entonces la tradición popular le ha invocado para obtener su intercesión en las afecciones de garganta. Como se demuestra en la siguiente oración.

 

Por intercesión de San Blas, Obispo y Mártir, te libre Dios del mal de garganta y de cualquier otro mal: Obtengas la salud y la salvación eterna. Amén.

 

           Y Albuñuelas no estaba exenta a la devoción al Santo, cuando antaño alguno estaba aquejado de un mal de garganta, acudía a la iglesia, y previo permiso del párroco, cogía un escalera y subía hasta el retablo de San Blas para cogerle prestado el rosario. Entonces se lo llevaban a su casa y se lo daban a la persona que lo necesitara. Ésta se lo colgaba del cuello. Una vez que había notado mejoría, el rosario era devuelto a su Santo Dueño. Luego San Blas recibía “como pago” aceite para las lámparas que le iluminaban. Como las anteriores ya comentadas, hace años que se ha perdido

 

       


 

Los Carnavales

 

            La fiesta de los carnavales, también la podemos incluir dentro de este apartado de tradiciones perdidas. No en si la fiesta, ya que actualmente la gente participa disfrazada y hacen pasacalles, si no más bien en el trasfondo. Los carnavales de antaño, al contrario de los actuales, tenían un carácter más religioso.

 

           Antes los Carnavales duraban tres días, empezaban el domingo, lunes y martes anteriores al Miércoles de Ceniza. El sábado por la tarde se subía a San Sebastián a la Iglesia Parroquial desde su ermita. Durante estos días se celebraban una serie de misas con carácter de solemnidad, ya que no era muy extraño que acudieran sacerdotes y misioneros de otros lugares a predicar, y de procesiones. La misa dominical se dedicaba al Santísimo. El lunes era dedicado a Nuestro Padre Jesús Nazareno y el martes quedaba    reservado para San Sebastián, aprovechando la procesión para devolverlo a su ermita del Barrio Bajo. La tradición de honrar a San Sebastián el último día de carnavales ya provenía de antiguo, como lo constata un documento referente a San Sebastián.  Custodiado en el archivo parroquial de Albuñuelas, fechado el 23 de marzo de 1794, en el que se puede leer lo siguiente.

 

“… imponiendo la obligación de oír misa en el día en que celebra la iglesia su glorioso martirio y concediendo indulgencias, así en este, como en el último de carnestolendas, en que se le hace solemne fiesta…”

 

           Dichas procesiones iban acompañadas por bandas de música, generalmente de Niguelas. Los encargados de acoger a los músicos en estos días, eran los mayordomos. Como dato y según cuentan algunas personas mayores, la cruz, que hoy luce Ntro. Padre Jesús Nazareno, fue procesionada por primera vez en los carnavales de 1936.

 

 

           Por las noches en la Plaza del Ayuntamiento había verbena, y en las calles adyacentes se encontraban los típicos columpios y tiovivos (éstos se solían colocar frente a la ermita de San Antonio) además de los fotógrafos ambulantes. Era en estas noches de verbena cuando los pretendientes dedicaban a las mozas del pueblo serenatas. Al parecer el romance empezaba por la Fiesta de San Sebastián (el 20 de Enero) y cuajaba ahora en los carnavales. Siempre encabezaba la cuadrilla el que llevaba el acordeón. De aquellas noches de serenatas y cantes nos ha quedado una coplilla que aun recuerdan los mayores.

 

Al músico de Niguelas

Se le ha roto la bragueta

Y quiere que se la cosa

La (……..) la (……..).

 

 

 

Otra canción típica de esos días era:

 

Carnaval, carnaval,

Tú te vienes, tú te vas

Y nosotros nos iremos

Y no volveremos más

 

Y no volveremos más

Hasta el día de san Antonio

Yo me río, yo me río

De la que no tenga novio

 

Ya se va el carnaval

La fiesta de las mocitas

Y la que no tenga novio

Tampoco lo necesita

 

Vivan los hombres valientes

Y las mujeres bonitas.


      Santa Bárbara y las tormentas.

             Como bien dice el dicho, “Te acuerdas de Santa Bárbara, cuando truena,” no iban a ser menos en Albuñuelas a la hora de las tormentas. Y es que uno de los privilegios más apreciados de ésta santa oriental era el de proteger contra el rayo, porque su verdugo (que fue su propio padre) fue fulminado por el fuego del cielo. Cuando antaño acaecía una tormenta acompañada de aparato eléctrico y granizo solían recitar alguna oración de las aquí abajo mencionadas.

 

Líbranos de la tormenta

Santa Bárbara bendita

Que en el cielo esta escrita

Con papel y agua bendita

  

Santo Dios, Santo fuerte, Santo Mortal

Libramos Señor,  de esta tempestad.

 

           Aparte de estas oraciones, también podían echar mano a las chinas de gloria. Éstas consistían en echar 5 chinas a la calle a revoleo con los ojos cerrados diciendo:

                        Por las cinco llagas de Cristo mío, líbranos de la tormenta.

           Estas chinas que se lanzaban no eran chinas cualquiera, se cogían solamente el Sábado de Gloria, mientras repicaban a gloria. Durante el repique de campanas los muchachos buscaban chinas y las guardaban  en una talega. Ya que decían que éstas estaban benditas, al recogerse mientras repicaban a gloria.

            Otras veces, colocaban en la puerta las estrébedes y sobre ellas abiertas en forma de cruz las tenazas. Quizás hoy día, alguna persona mayor rece la jaculatoria de Santa Bárbara cuando oiga el primer trueno. Dejando los otros “amuletos” y “suertes” en el olvido.

 

 

 

 

                                                          Por David Palma Izquierdo