Enlaces relacionados: Toponimia del Valle de Lecrín | Etimología de Granada

(Sacado de Foro andaluz Granada)
Por si el flash no
funciona. IQLĪM GARNĀṬA (Valle de Lecrín nazarí).
Mapa del
reino de Granada
Dime de dónde vienes y te diré quién eres
Geógrafos, historiadores o lingüistas
han tratado, desde sus diferentes especialidades, encontrar
respuestas al complejo mundo de la toponimia, una ciencia que
no sólo nos ofrece una explicación al por qué del origen y
significación de muchos nombres de nuestra geografía sino que,
además, aporta una cuantiosa información sobre la mentalidad,
cultura o lengua de un determinado pueblo o país.
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De Sexi a Munakkab. Los árabes llamaron a Almuñécar ‘pueblo al que se le da la espalda’. /Alfredo Aguilar |
Desgraciadamente, no es fácil rastrear
el origen de todos los nombres pues algunos de ellos se
mantienen indescifrables para los investigadores. No es, desde
luego, el caso de Granada, donde se ha trabajado sobre un 90%
de los topónimos encontrándoles un posible significado ya sean
de origen árabe, latino, íbero, fenicio y hasta romance,
lengua ‘popular’ que fue transformando términos de diferentes
culturas y creando nuevos sonidos y grafías, a veces, por una
simple asociación de ideas o conceptos.
En cualquier
caso, todas las culturas que se han asentado en Andalucía
desde tiempos prehistóricos han dejado su impronta aunque,
desde un punto de vista lingüístico, la mayor influencia se
recibió del latín, muchos de cuyos términos se arabizaron o
mezclaron llegando así hasta nuestros días. En Granada tenemos
muchos ejemplos. Uno de ellos es el Deifontes (‘Dar al-Funt’)
un topónimo híbrido formado por la voz árabe ‘Dar’ (‘casa,
caserío’) y por la latina ‘Funt’ (‘fuente’) aunque otros
muchos ni tan siquiera sufrieron esta fusión de términos sino
que, simplemente, los árabes lo adaptaron del latín a su
propia lengua (‘Cubella’=’Quballa’= Cubillas).
Por eso,
para dar como seguro el significado del nombre de un lugar no
basta con una simple suposición sino que hay que rastrear en
las fuentes documentales escritas para hablar de una
etimología cierta.
Estas fuentes nos señalan que,
actualmente, un 51% de los topónimos granadinos han llegado
hasta nuestros días procedentes del árabe, según afirma Mª
Carmen Jiménez Mata a partir de las 303 voces documentadas que
registra en su obra 'La Granada islámica'. La mayor presencia
de toponimia musulmana se encuentra en Granada-La Vega,
mientras que una mayoría de topónimos no árabes se concentran
en la comarca de Los Montes, muchas de cuyas localidades
nacieron en el siglo pasado a concuencia de la Desamortización
y la consiguiente ampliación de las tierras cultivadas y,
sobre todo, en la Hoya de Guadix-Baza-Marquesado, una de las
zonas periféricas más alejadas del centro territorial y, por
tanto, más expuesta a una continúa modificación de sus
fronteras por las incursiones de diferentes pueblos.
En
la Alpujarra, el fenómeno ha sido muy distinto respecto a
otras áreas de la geografía granadina pues su histórico
aislamiento como zona montañosa, ha hecho que perduren en ella
toda una serie de topónimos cuyos nombres se pierden en la
memoria del tiempo.
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Un rasgo una localidad La mayoría de los topónimos granadinos hacen referencia a un rasgo distintivo del lugar aunque predominan aquellos que dejan constancia de alguna de las características físicas de la zona donde se ubican. Entre los más frecuentes figuran. • Los que evocan el agua por su
ancestral importancia para la agricultura y la
supervivencia de la población (corrientes naturales,
manantiales, fuentes, etc.): (Alhama de Granada, Alicun
de Ortega, Bubión, Caniles, Deifontes, Dílar, Gabia,
Guadahortuna, Guadix, Gualchos, Jete, Lanjarón, Lancha
de Cenes, Cenes de la Vega, Padul. |
Dime de dónde vienes y te diré quién eres
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ALDEIRE. Una señora de la localidad lava la ropa en el río Pizarro. |
La preocupación por el agua como el
elemento más preciado del hombre, en cuanto que de ella
depende su subsistencia, está presente en muchos topónimos
granadinos y, de hecho, hay numerosos pueblos que deben su
denominación a motivos hidrológicos. Está el caso de Dílar
cuyo río denominaron los árabes ‘Reina de las aguas’, aunque
no se trata precisamente de un topónimo árabe, sino anterior;
o Las Gabias, hoy integradas en un sólo municipio, pero que ya
en época nazarí eran dos localidades distintas, ‘Gawiyar
al-Kubra’ (‘Gabia la grande’) y ‘Gawiyar
al-Sugra’ (‘Gabia la
chica’), versión árabe de la voz latina ‘cavea’ que significa
‘cueva’ o ‘depósito de agua’.
Mucho más remotos son los
orígenes de dos poblaciones que tienen en común una misma raíz
pero que, hoy día, en nada se parecen. Se trata de Lancha de
Cenes y Lanjarón que derivan de la voz céltica o ibérica
‘lancha’ que significa ‘lugar abundante en charcos de agua’ y
‘charco de agua viva y perenne’. En Lanjarón se produjo, al
parecer, un aumentativo de la voz original dando lugar a
‘Lancharón’ y en época árabe, ‘al-Anyurun’ o ‘Lanyarun’ que,
con las naturales adaptaciones a la nueva lengua, siguió
siendo la misma zona que destacó por su fertilidad y
abundantes manantiales de agua con propiedades
mineromedicinales.
Por último tenemos la voz
‘Al-Hamma’, que da nombre a Alhama, un término muy frecuente
en la toponimia española (existen ‘alhamas’ en Aragón,
Almería, Murcia, etc.) y que hace referencia a la existencia
de ‘baños termales’, a los que tan aficionados eran los árabes
y de los que nos han legado importantes y bellas
construcciones. Las virtudes curativas del agua que brota de
Alhama ya fueron conocidas por los romanos e, incluso, por los
íberos. No obstante, fueron los árabes quienes más las
enaltecieron. Ibn al-Jatib llegó a decir que «los hombres no
hallan otra cosa que pueda sustituirlas pues son tan
maravillosas como las aguas del paraíso». No tuvo, sin
embargo, la misma opinión de la tierra alhameña donde, «sus
camellos y ovejas contraían enfermedades que contagiaban a los
demás ganados y los mismos hombres. Sus frutos sólo agradaban
a los animales, sus bebidas no eran buenas para acompañar la
comida y su frío era mucho e intenso».
También
relacionado con el agua está Padul cuyo nombre procede del
latín ‘Padul-Padulis’ que significa ‘laguna’. De hecho, ésta
ha sido una característica de la zona pues en El Padul existió
un gran lago que se desecó a finales del siglo XVIII a
instancias de los vecinos, para tranformarlo en un campo de
cultivo y regadío que se ha beneficiado de los residuos
vegetales acumulados en su subsuelo durante milenios, al
servirles como un preciado abono natural.
Padul ‘versus’ paludismo
La voz ‘padul’ dio lugar, además, a la
palabra ‘padulismo’ una enfermedad producida por un protozoo
propio de los terrenos pantanosos que inoculan ciertos
insectos.
En la España musulmana fueron innumerables los
ríos y localidades anexas nominados con el componente ‘Wadi-’,
según el arabista Elías Terés, pero no todos reflejaron esta
voz árabe después de la conquista. Algunos evolucionaron hacia
la forma ‘Guad-’ (en Granada tenemos los casos de
Guadahortuna, Guadalfeo o Guadiana Menor, llamado por los
árabes ‘Wadi Yana’); otro grupo cambió por entero su primitivo
nombre (‘Wadi-l-Qastali’=’Río Castril’) y, por último, están
los que inicialmente conservaron la voz árabe para perderla
después (‘Guadaxenil’=’Genil’). Pero, vamos por
partes.
El agua como símbolo y utilidad la tenemos
presente en la localidad de Guadahortuna que recibe el nombre
de un río al que los árabes denominaron ‘Wadi Furtuna’,
compuesto de una palabra árabe (‘wadi’=río) y de otra romance,
‘furtuna’. También está documentado el caso del río Guadalfeo
que procede de la voz hispanoárabe ‘Wad al-F’éw’ al que se le
da el significado de ‘río de la quebrada’, el que discurre por
un ‘desfiladero’ o ‘espacio entre dos montes’, lo que cuadra
perfectamente con las características de su cauce, como
también se corresponde con la realidad el nombre de la
localidad de Jete (‘Sat’=orilla), ubicada en la ribera del río
Verde, en la Vega sexitana.
Uno de los mayores ejemplos de
simbiosis entre el hombre y el agua lo tenemos en la romana
ciudad de ‘Acci’ a la que los árabes denominaron con el
topónimo híbrido ‘Wadi As’ (‘río o valle de Acci’) de donde
tomó el actual nombre de Guadix. También los autores árabes
nos dan una detallada descripción de esta ciudad de la que
destacaban tres características: el agua, el frío intenso y su
excelente situación como punto de confluencia de varias rutas.
Retratan la ciudad (‘madina’) como un lugar donde vivían
familias de rancio abolengo aunque de sus habitantes
resaltaban, negativamente, su agresividad. Decían que se
perseguían unos a otros, se increpaban con terribles
calificativos y, en sus disputas, llegaban a hacer uso de las
armas. Eso sí: afirmaban que los accitanos poseían un innato
genio poético y que el agua de su río, que baja de las cumbres
nevadas, infundía inteligencia al torpe.
Con la forma
abreviada ‘Gua-’ nos encontramos también a Los Gualchos,
topónimo sobre el que los autores no se ponen de acuerdo
aunque quien parece estar más próximo a su origen y
significación es Elías Terés al asociarlo a ‘Wadi-l-Yawz’,
‘río de los nogales’.
Por último, tenemos los topónimos
de Canales y Caniles, también muy presentes en la toponimia
granadina, que proceden del latín ‘canalis’ (canal), en
referencia al tradicional sistema de riego por cauces
artificiales,. Los árabes adoptaron el nombre latino dando
lugar a ‘Qanalis’, del que tenemos tres topónimos en la
provincia de Granada: Canales, de Güejar Sierra, un núcleo de
población al que autores árabes ya nombran en el siglo XIV y
que quedó el siglo pasado sumergido bajo las aguas de la presa
que recogió su nombre; la villa de Caniles, en el término
municipal de Baza que sufrió el fenómeno fonético conocido
como imela por el que algunos dialectos árabes antiguos
sustituían la ‘a’ larga por la ‘i’; y, por último, tenemos
otro topónimo con el nombre de Canales, en Iznalloz ,que en el
siglo XII daba nombre a un castillo-fortaleza y su anexa
población.
No menos curioso parece ser el origen del
nombre de Bubión que algunos historiadores remontan a la raiz
latina ‘bull-’ (‘bullire’=’bullir’) y como tal Bulión se le
menciona en un documento de 1514. Además del término estricto
de ‘hervir’ o ‘bullir’, a esta localidad se le atribuye un
significado más complejo: ‘fuentecilla o manantial en que
brotan las aguas bullendo mucho y haciendo ruido y
ampollitas», según el erudito F. J. Simonet en su famoso
‘Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los
mozárabes’.
La tierra y
sus formas
Del llano al monte
Un nombre, un lugar
La tierra en su estado natural –llanos,
montes, accidentes del suelo o aspecto físico– ha servido
también al hombre para darle nombre al lugar donde se
asentaban. Así lo hicieron con Alcudia a la que los árabes
llamaron ‘Al-Kudia’ (‘monte pequeño aislado en un llano’), ó
Cúllar, versión árabe de la voz latina ‘collum’, alusiva a un
terreno elevado. Poca transformación ha sufrido, por su parte,
el término Cogollos, topónimo que procede también de una
palabra latina, ‘cucullus’ (‘cima’, ‘cucurucho’) y que cuenta
con otros paralelismos en la provincia de Granada donde
existen nombres tan sugestivos como la ‘tetica de Nívar’ o el
‘cucurucho de Nigüelas’.
Las referencias a pueblos de
nuestra provincia que se hallan en tajos o lugares escarpados
son muy numerosas en consonancia con la orografía de Granada.
Tenemos Los Guájares, (‘Wa-Run’ para los árabes y ‘Guáxaras’ y
‘Guájaras’ para los cristianos) que está integrado por Guájar
Alto, Guájar Fondón (‘al fondo’) ‘y Guájar Faragüit que
significa ‘jardín escondido’.
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MONTEFRÍO. Una de las pocas localidades cuyo topónimo hace referencia al clima. / Ideal |
También están Güejar Sierra y Gójar. A
la primera, los árabes denominaron ‘Walyar’ procedente de la
voz ‘wayar’ que significa ‘talud, tajo’ y de posible origen
bereber, como también lo es la voz ‘Qulyar’, nombre con el que
los árabes designaron a Gójar, del que se desconoce su
significado. Lo que sí se sabe es que tanto en el caso de
‘Walyar’ como en el de ‘Qulyar’, las dos perdieron en el
transcurso del tiempo la letra ‘l’ y la ‘y’, convirtiéndose en
la ‘j’ de nuestra actual lengua.
Tierra llana tenemos en la
Vega a Cijuela, a la que los árabes llamaron ‘pequeña llanura’
y donde ya en el siglo X se construyó un avanzado sistema de
riego que llevaba el agua a toda la zona mediante una compleja
red de canales y acequias. Y más alto está Montefrío una de
las pocas localidades con referencia a la climatología junto
con Nívar (‘nevoso’) a la que se le llamó ‘Montefrido’ y,
anteriormente ‘Mons frigidus’ (de ahí el nombre de ‘frígida’)
que significa frío.
Menos transformación ha sufrido
Capileira que, al parecer, procede de la voz latina
‘capitellum’ que textualmente habría que traducir como
‘capucha’ o ‘capirote’ pero que adaptado a la significación de
un lugar equivaldría a identificarlo como ‘el que está en lo
alto’. Tampoco ha sufrido mucha variación Montillana, a quien
se le atribuye una posible derivación del latín ‘montillo’ que
viene a significar monte muy pequeño y más en concreto
‘montecillo’.
Entre el
monte y el valle
Huétor Vega, Santillán y Huétor
Tájar
Los ‘Huétor’
Más
problemas plantean a los lingüistas e historiadores el término
Huétor que da nombre a tres localidades granadinas distintas:
Huétor Vega, Huértor Santillán y Huétor Tájar. Aunque los
árabes designaron a cada una con un nombre distinto (‘al-Watá=
Huétor Santillán; ‘Watur’= Huétor Vega y Wat=Huétor Tájar) su
idéntica raiz (‘Wat–’) hace que algunos especialistas, como
Luis Seco de Lucena, afirmen que se trata de un topónimo árabe
que significa ‘pueblo de la colina’ mientras que otros, como
Steigner o la profesora Mª Carmen Jiménez Mata, apuestan por
una derivación de la voz árabe ‘wadi’, en el sentido de ‘valle
o río’, pero que sufrió una profunda transformación con el
paso del tiempo (‘wadi=wed=Huata=Güete=Huete=Huétor). En el
caso de Huétor Tájar parece claro que se trataban de dos
localidades diferentes (Huétor y ‘Tasar’, próximas entre sí y
que antes de formar un sólo núcleo urbano, pertenecían a una
alquería defendida por una fortaleza que se ubicaba en el
último tramo del río Genil a su paso por la Vega granadina.
Huétor Vega, que fue una de las propiedades del sultán
ubicadas fuera de las murallas de la ciudad, tomó su apelativo
de un nombre que está muy presente en la toponimia granadina,
‘Vega’, un término de posible origen ibérico que significa
heredad o campo A esta localidad también se le llamó durante
un tiempo Huétor-Colorado, por el color de sus fértiles
tierras.
Respecto al apelativo de Huétor Santillán que
siguiendo los textos árabes recibió, originariamente, el
nombre de ‘alquería del valle’, la mayoría de los autores se
inclinan por creer que ‘Santillán’ es una contracción de San
Julián (San Illán) a cuya advocación se acogió el pueblo tras
la conquista cristiana.
Un último ejemplo de cómo la
toponimía da cuenta de la configuración del terreno lo tenemos
en Gorafe (‘Gaurab’), que significa ‘cámaras altas’, en
referencia a su histórico hábitat en casas-cuevas, cuyo máximo
exponente es un conjunto de origen almohade (siglo XII)
excavadas a unos 150 metros del suelo. También ‘cuevas’
significa ‘Al-Garín’ , precedente de Algarinejo, en la comarca
de los Montes, una primitiva cortijada que se fusionó con otro
núcleo de población próximo, llamado Nejo, y que dio lugar al
actual término municipal.
Y aunque no sea núcleo de
población un topónimo muy arraigado en Granada es la Sierra de
Sagra que los árabes llamaron ‘Sajra’ y que significa
‘picacho’.
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Otros lugares
• Cubillas: Topónimo de origen latino,
diminutivo de ‘cuba’ (cueva artificial, depósito de
agua) que los árabes transformaron en ‘Quballa’. |
Culto a Dios, a las armas y a la naturaleza
Del pasado militar del reino de Granada han
quedado escasos topónimos, aunque sí innumerables restos
arqueológicos que se diseminan por toda la provincia
Tanto
la religión musulmana como la cristiana dejaron su huella en
algunas localidades
No son muchos los topónimos granadinos
que hacen referencia a la religión, y los pocos que han
pervivido hacen referencia al culto cristiano, aunque con una
etimología árabe, salvo en el caso de La Zubia, que significa
‘alquería de la ermita’ o ‘lugar de retiro’ a la que textos
árabes mencionan como un lugar de peregrinación por
encontrarse en ella la sepultura de un santón musulmán.
De
un sentido menos espiritual son los orígenes de la localidad
costera de La Rábita o Rubite (‘rubait’=rábita pequeña) que
tomaron el nombre de aquellos conventos fortaleza que los
musulmanes españoles levantaron en la costa o en puntos
fronterizos, para defender sus territorios con monjes soldados
y que fueron los precursores de las órdenes militares, aunque
hay quien afirma que Rubite podría derivar del latín ‘rubus’
que significa ‘zarza’.
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El castillo. Castril de la Peña es una de las pocas localidades con referencia castrense. / Paco Ayala |
De mayor simbolismo es Montejícar
(‘Munt Saquir’=’monte sagrado’), un primitivo
castillo-fortaleza situado sobre el río ‘al-Arab’ (‘los
árabes’) que tomó este nombre de las tropas musulmanas que
asaltaron la fortaleza de ‘Munt Saqir’ en el siglo X,
exterminando a sus defensores y a los de las fortalezas
vecinas, si bien los primeros asentamientos en esta localidad
fueron muy anteriores a los romanos y su topónimo bien pudiera
proceder de cualquier pueblo anterior que arraigara en el
lugar.
Está asimismo Monachil, uno de los topónimos
más controvertidos de la geografía granadina junto al de
Huétor. Hay quien afirma que Monachil es una forma híbrida de
la voz latina ‘montem’ y el vocablo árabe dialectal granadino
‘sal’ (‘Monte elevado’) que adoptó la grafía ‘Muntasal’ y, más
tarde, ‘Muntasil’, si bien la mayoría de los autores le
atribuyen su origen a ‘Munastal’ o ‘Munastil’ que deriva de la
voz latina ‘monasterium’ (monasterio). Este hecho no sería
extraño pues en los primeros siglos de la época medieval
(VIII-X) la población mozárabe del Sur (cristianos arabizados)
formaron en Granada importantes comunidades cristianas que
convivían armónicamente con el resto musulmán, aunque
concentrándose en núcleos de culto propio como Monachil,
Ogíjares, Aldeire, Montejícar o La Quinicia, término municipal
de Albolote que los árabes llamaron ‘A-Kana’is’ (‘distrito de
las iglesias’). Cuando entre los siglos XI y XII muchos
mozárabes salieron de tierras granadinas por enfrentamientos
con los almorávides, las entidades que dejaron fueron ocupadas
por repobladores árabes llegados del norte de África, que
mantuvieron o adaptaron los primitivos topónimos, pese a su
origen cristiano, conservándose así hasta nuestros días. Sí
existe constancia de que en Monachil existió un templo
visigodo sobre el que se levantó una mezquita que, a su vez,
dio paso a la construcción de la primera iglesia cristiana del
entorno metropolitano tras la conquista de
Granada.
De Ugíjar a Ogíjares
Desde un punto de
vista histórico y lingüístico las localidades más interesantes
que han conservado su pasado religioso son Aldeire y Ogíjares.
En tiempos musulmanes Los Ogíjares eran dos aldeas separadas
aunque próximas entre sí (de ahí su plural) llamadas ‘Ugíjar
la alta’ y ‘Ugíjar la baja’ que tras la conquista cristiana
quedaron unidas en una sola localidad. En la alta existía una
fortaleza y algunos centros religiosos como mezquita, rábitas
y gimas mientras que en la baja, mucho más pequeña, sólo había
una rábita y un lugar de enterramiento de los creyentes.
Ogíjares fue un caso ejemplar de convivencia entre cristianos
y musulmanes y, de hecho, muchos nombres y apellidos
cristianos de esta localidad aparecen mezclados en las fuentes
documentales con los nombres y apodos árabes.
En cuanto
a la evolución de su nombre se ha constatado que ‘hortum
sacrum’ pasó a citarse como ‘Ortexicar’, ‘Uyiyar’ (árabe),
‘Urxicar’, ‘Uxicar’, ‘Ugíjar’ y, por último, evolucionó hasta
el actual Ogíjares.
Igual origen le dan algunos
investigadores a la localidad alpujarreña de Ugíjar que sí ha
conservado su tradicional nombre al no haber estado expuesta a
grandes influencias exteriores, por su histórico aislamiento
como zona de montaña y difícil acceso.
Otro centro
religioso por excelencia fue Aldeire, un topónimo muy
abundante durante la Edad Media tanto en Andalucía Oriental
como en Oriente Próximo. Su nombre procede del arameo
(‘daira’) y de esta lengua pasó al árabe con la denominación
‘dayr’ que, textualmente, se traduce como ‘la casa’ pero en un
sentido más amplio significa ‘convento cristiano’,
‘monasterio’ o ‘comunidad cristiana’. Los ‘aldeires’ eran
casas consagradas a Dios. No se construían en las grandes
ciudades sino en zonas desérticas, terrenos montañosos o
situados en los cruces de caminos y, además de cumplir una
función religiosa, servían de albergue a las personas que
desarrollaban comercio o iban de peregrinación. El abad era el
‘dayrani’ y los monjes ‘dayyar’ quienes además de la oración y
el hospedaje cultivaban la tierra como medio para su
sustento.
Aunque existe otro Aldeire en Trevélez y
Otura y varios más en Almería, el del Marquesado del Cenete
cumplió su finalidad estratégica pues desde él se controlaba
el puerto de la Ragua que une la Alpujarra con el propio
Cenete, Guadix y el camino de Almería.
Los católicos
La cristiandad tampoco fue ajena a dotar
a determinados localidades con sus símbolos religiosos y en
Granada tenemos dos exponentes: Santa Fe y Santa Cruz del
Comercio. La primera, surgió en 1491 sobre una antigua
cortijada llamada ‘Huécar’ (para los árabes ‘Wakar’) donde,
antes del incendio que la destruyó, se instaló el campamento
cristiano que puso cerco a la capital nazarí. En el mismo
lugar que ocupó Huécar, se levantó Santa Fe, un topónimo que
obedece al deseo de sus fundadores, los Reyes Católicos, de
acrecentar con tal nombre la “santa fe católica de
Jesucristo”.
Santa Cruz del Comercio debe su origen a
épocas más recientes e, inicialmente, se le llamó Santa Cruz
de Loja para, a partir de 1888, denominarse del Comercio, pues
fueron los comerciantes madrileños, concretamente los del
Círculo Mercantil de Madrid, quienes con sus aportaciones
reconstruyeron la localidad tras el fuerte seismo que arrasó
gran parte de la comarca en 1884.
De árabes a cristianos
Castillos y
fortalezas
Lo castrense
Del pasado defensivo y
militar de Granada han quedado numerosos restos arqueológicos
pero muy pocos topónimos. El más evidente es Castril al que
los árabes llamaron ‘Qastal’ (del latín ‘castellum’) y que
sólo fue un castillo fronterizo hasta 1490, fecha en que las
tropas cristianas se lo arrebataron a los árabes creando un
núcleo de población bajo el amparo y protección de don
Hernando de Zafra, a quien los Reyes Católicos entregaron la
plaza. Algunos autores que visitaron este castillo-fortaleza
en el siglo XII, mencionaban la existencia en su patio de
armas de una enorme roca de la que brotaba un gran manantial
de agua “capaz de mover ocho piedras de molino” y del que
salían peces de color amarillo y moteados de rojo “muy
sabrosos”. Castril era, además, el centro de un extraño e
inexplicable fenómeno para aquella época: en una cueva se
encontraba el cadáver incorrupto de un hombre y, en este mismo
lugar, goteaba agua por una cavidad sin llegar nunca a
inundarse.
Defensiva era, también, la localidad de Jun
(‘Sun’ o Yund’), a la que ya le menciona en el siglo VIII como
un ‘distrito militar’, además de ser la ‘patria’ de ilustres
poetas y juristas granadinos, o Moclín, (‘Hisn Iqlim’)
topónimo que nos remite al lugar donde encontraba el ‘castillo
del distrito’, una de las treinta y tres demarcaciones
territoriales en que los nazaríes dividieron el reino de
Granada.
En clara referencia a poblaciones que hayan
arrastrado un pasado militar nos encontramos, asimismo, con
Iznalloz (‘Hisn al-Lawz’ y, con el tiempo, ‘Alloço’), nombre
que combina la naturaleza con lo castrense pues procede de la
voz árabe ‘hisn’ (castillo) y ‘allozo’ (almendro silvestre),
que nada tiene que ver con su homónimo el almendro cultivado
que procede de la voz latina ‘amígdala’ que, a su vez, da
nombre a esos dos cuerpos glandulosos de forma almendrada que
tenemos en la garganta.
Comunicaciones
Beas, Diezma,
Bérchules
De vías y caminos
En la provincia de
Granada es sumamente conocida la Venta de Andar, un caserío
del término municipal de Iznalloz al que, erróneamente, se le
ha querido identificar con los viandantes pero que nos puede
servir de ejemplo para insistir en la idea de que a un
topónimo no se le debe encontrar un significado por simple
apariencia a o deducción. ‘Andar’ significa ‘era’ y así se
llamó a esta pequeña localidad en tiempos árabes en clara
referencia a la tradición cerealista de la zona.
Si tiene
que ver con la toponimia que hace referencia a caminos o vías
de comunicación la villa de Diezma que aunque algunos quieren
ver en su origen el tributo que se le pagaba a reyes e Iglesia
por los productos que se vendían en las mercaderías, debe su
origen a la voz latina ‘décima’ piedra que señalaba la
distancia en millas que, en este caso concreto, existía entre
Diezma y la calzada romana que pasaba por Acci (Guadix). Los
árabes la llamaron ‘Disma’ y ‘Diyma’ y hablan de la existencia
en ella de un parador donde el viajero podía pernoctar al
finalizar su etapa, aunque en el siglo XVI era sólo una
cortijada con nueve casas.
También está Bérchules a la
que los árabes denominaron ‘Buryil’ y los cristianos ‘El
Bérchul’ y que, aunque no lo parezca, tiene su raíz en la voz
latina ‘porticellus’ (diminutivo de ‘portus’=puerto pequeño) y
que el dialecto árabe granadino hizo evolucionar hacia la voz
‘bérchele’ de donde procede el nombre actual. Y también un
significado similar adquiere la localidad alpujarreña de
Pórtugos aunque, en este caso, se cree que procede del término
romano ‘porta’ (‘puerta, entrada, paso estrecho entre dos
montes’).
Por último está el término de Beas que
procede de la voz latina ‘viax’ y que los árabes adoptaron
como ‘Biyas’ si bien hay autores que, en el caso concreto de
Beas de Granada, la identifican con la llamada ‘alquería del
acónito’, una planta herbácea que crece en lugares umbríos y
húmedos. No tiene esta dualidad Beas de Guadix, que fue el
apeadero de quienes procedían de Granada (Ilíberi) e iban
hasta la calzada que unía Acci (Guadix) con Cástulo (Linares),
ramal de la Vía Herculea.
Árboles y plantas
El sabor de la
tierra
El mundo vegetal
Los romanos la llamaron
Basti. Los árabes ‘madina Bastha’ o ‘Batza’ y hasta nosotros
ha llegado con el nombre de Baza, una importante ciudad de la
que fuentes árabes informan de la fertilidad de su suelo, la
importancia de la seda con la que confeccionaban excelentes
brocados, el cultivo del azafrán, sus zocos y mercados. No es
extraño, que muchos autores la hayan asociado a la voz árabe
‘Basta’ que significa ‘prosperidad’ pues ningún otro nombre
podía resumir las bondades de una ciudad tan afortunada, «a la
que Allah concedió una gran belleza» y cuyos alrededores
«cautivan el alma y los ojos».
Rica y próspera tuvo que
ser también la tierra de Galera (‘Galira’=tierra fértil) y, en
especial, Yilyana, Esfiliana, una villa romana de la que
dijeron los autores árabes que «es tan grande que parece una
ciudad como las demás» aunque de ella destacaban sus manzanas,
conocidas y alabadas en todo Al-Andalus como «las manzanas
‘yilyani’ con las que Dios dotó este lugar..., de gran tamaño,
brillo de piedra preciosa, un dulce bocado y un aroma puro y
penetrante».
Entre los pueblos que deben su nombre a la
abundancia de una determinada especie vegetal se encuentra,
asimismo, Pinos Genil que hasta hace pocos años fue, y seguirá
siendo para los más antiguos del lugar, Pinillos, un topónimo
que se aproxima más a su origen e historia pues, Pinillos, es
la versión árabe, en plural y diminutivo (‘Biniyallus’) de la
voz latina ‘pinus’ (pino) y así se le menciona en documentos
árabes del siglo XIV.
Dos siglos antes (siglo XII) ya
se nombra, no obstante, a Pinos Puente pero como una sola
localidad ‘Binus’, a la que con el tiempo pudo unirse otro
núcleo de población llamado ‘Bunt’ o ‘al-Bunut’ (puente) que
dio origen al actual nombre y municipio aunque su raíz también
está en la voz latina ‘pinus’, al igual que ocurre con Píñar
(en árabe ‘Binar’ y en romance ‘Pinyar’).
Tierra de encinas
fue, originariamente, Albolote; de chopos, Polopos; de
torviscas, esa planta que se utilizaba para envenenar el agua
de los ríos y poder así atontar a los peces y pescarlos, en
Torvizcón; de laureles, Laroles (‘al-Larolex’) y el mirto o
arrayán estuvo presente en la esencia paisajística de Murtas y
Motril. En el caso concreto de Motril se cree que su nombre
procede de la voz latina ‘murtetu’ (‘lugar de mirtos’) y que
con su posterior evolución mozárabe-árabe derivó hacia
‘mutretu=mutrit=mutril=Motril.
En relación a las viñas
tenemos en Granada varios topónimos como Albuñol y Albuñuelas
que proceden del latín ‘vineola’, diminutivo de ‘vinea’
(‘viñas’) y que ,en el primer caso, concuerda perfectamente
con su tradicional riqueza vineícola, aunque también tenemos
Pampaneira que deriva de ‘pámpanu’ (‘pámpano, sarmiento de la
vid’).
En referencia a explotaciones agrícolas tenemos,
asimismo, varios ejemplos como el caso de Cortes (para los
árabes ‘Qultis’) que heredaron del latín (‘cohors, -ortis’) su
primitivo significado de pequeña explotación agroganadera
(‘cortijo, casa de campo’), muy presente en la toponimía
española, u Otívar que también puede hallar su significado de
huerto o jardín en la voz latina ‘orti’ que los árabes
adaptaron como ‘al-Yanna’ (Alamedilla=‘la huerta’).
De
extrema generosidad fue la naturaleza con el Valle de Lecrín,
uno de los distritos del reino de Granada que, con sus
correspondientes castillos, alquerías y torres, agrupaba a
veinte localidades en una de las zonas más privilegiadas de la
geografía granadina. Entre los autores árabes se le conocía
como ‘Iqlim Garnata’ (‘distrito de Granada’) o ‘Iqlim al-Qasb’
(‘distrito de la cañar de azúcar’) por servir de acceso a las
grandes plantaciones que se encontraban en Motril, Salobreña y
Almuñécar.
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De 'Vâica' a Vega
El topónimo ‘vega’ se identifica,
normalmente, con una zona concreta próxima a Granada
capital pero esta palabra está unida a otras muchas
localidades de la provincia. Un escritor árabe que
visitó Al-Andalus en el siglo XIII preguntó a los
habitantes de Granada el significado de esta voz y
alguien le dijo que vega «era toda región habitada, sea
llana o montañosa, con tal de que sea terreno
cultivado». |
| Lugar | Topónimo | Significado | Gentilicio |
| Dólar | Dular, Dullar | (Posible nombre íbero) | Doloríos |
| Dúdar | Dudar | (Posible nombre íbero) | Durqueños |
| Dúrcal | Dur. Durkar | Lagar¿? | Durcaleños |
| Escúzar | Askudar | (Anterior al árabe) | Escuceños |
| Esfiliana | Yilyana- | (Tierra de manzanas) | Fonelenses/-eros |
| Ferreira | Buraira/Farrayra | Lugar de hierro | Ferrileños/Ferreireños |
| Fornes | Furnis | Horno de cocer pan | Forneños |
| Freila | (Origen desconocido) | Freilicas | |
| Fuente Vaqueros | Fuente Vaqueros | (Origen castellano) | Fuenterinos |
| Gabia | Gadir, Gawiyar | Cueva. Depósito de agua | Gabirros |
| Galera | Galira | Tierra fertil | Galerinos |
| Gobernador | Gobernador | (Origen castellano) | Gobernadores |
| Gójar | Qulyar | (Origen bereber) | Gojeños/Paveros |
| Gor | Sufre Sutefie | Hondonada | Zufreños Goreños |
| Gorafe | Gaurab | Cámaras altas | Gorafeños |
| Granada | Granata. Garnata | (Anterior al árabe) | Granadinos |
| Guadahortuna | Wadi Fortuna | Río de la fortuna | Guartuneños |
| Guadix | Acci, Asi, al-Assat Wadi As, Wadis | Río o valle de Acci | Accitanos Guadijeños |
| Guájares (Los) | Wa-Run. Guáxaras | Escarpado | Guajareños |
| Gualchos | Wadi-l-Yaws | Río de los nogales | Gualcheros |
| Güéjar Sierra | Walyar | Talud, tajo | Güejareños/Azahones |
| Güevéjar | Wabasar | (Desconocido) | Güevejeños |
| Huélago | Fuélago | Antiguo lago | Huelaguenses |
| Huéneja | Wasiya | (Desconocido) | Huenejeros/Loberos |
| Huelma (Ventas de) | al-Walima | Alquería de la anfitriona | Venteños. Huelmeños |
| Huéscar | Osca | (Origen romano) | Oscenses |
| Huétor Santillán | al-Watá | Alquería del valle | Hueteños |
| Huétor Tájar | Watá | Valle o río | Hueteños/Panciverdes |
| Huétor Vega | Watur, Güetor | Valle o río | Hueteños |
| Íllora | Ilurco | (Origen romano) | Ilurquenses |
| Ítrabo | (Origen desconocido) | Itrabeños | |
| Iznalloz | Hisn al-lawz | Castillo del almendro | Acatuccitanos |
| Jayena | Chayyana | (Anterior al árabe) | Jayenuzcos |
| Jérez del Marquesado | Jeres | (Origen castellano) | Jerezanos |
| Jete | Sat | Orilla, ribera | Jeteños |
| Jun | Sun. Yund | Destacamento militar | Juneros |
| Juviles | Subalis. Subulis | (Anterior al árabe) | Juvileños |
| Láchar | Al-Hayar | Alquería de la piedra | Lachareños |
| Lanjarón | Lamcharum Al-Anyurun | Charco de agua viva y perenne. Lago. | Lanjaronenses Cañoneros |
| Lancha de Cenes | Lanyar | Lugar abundante en charcos de agua | Lancheros |
| Lanteira | Argentaria Alyantayra | Plata | Lanteiranos |
| Lecrín | Iqlim (al-Qasb) Iqlim (Garnata) Valdelecrín | Distrito (de la caña de azúcar o de Granada) | Lecrinenses |
| Lentegí | al-Intisit | Tierra de lentiscos | Lentejireños |
| Lobras | (Origen desconocido) | Lobreños | |
| Loja | Lausia, Loxa Lawsa | Piedras. Losa | Lojeños |
| Lugros | Lupus | Tierra de lobos | Lugreños |
| Lújar | Luxar | Grandes piedras | Lujeños |
| Malahá (La) | al-Mallahá | Pueblo de sal. Salina. | Malaheños |
| Maracena | Marcana | (Antropónimo romano) | Maraceneros |
| Marchal | (Origen no documentado) | Marchaleros | |
| Moclín | Hisn Iqlim | Castillo del distrito | Moclileños |
| Melicena | Balaysana | (Antropónimo.‘Bellicius’) | Meliceneros |
| Molvízar | (Origen no documentado) | Molviceños | |
| Monachil | Munastal/ Munastil | Monasterio | Monachileros Monachilenses |
| Montefrío | Muntifrid Mons frigidus | Monte frío | Montefrieños |
| Montejícar | Muntisaqir | Monte sagrado | Montejiqueños |
| Montillana | Montillo | Montecillo | Añoretos |
| Moraleda de Zafayona | (Origen desconocido) | Moraleños | |
| Morelábor | (Origen desconocido) | Moredanos/Laborcilleros | |
| Motril | Murtetu | Lugar de mirtos | Motrileños |