Nicolás Bonel y Orbe, Iº Marqués de Márgena

BONEL y Orbe. Estas ilustres familias han producido en todas épocas varones insignes en las diferentes carreras del Estado.

No es el objeto de este trabajo referir su genealogía, ni hacer siquiera mención de todas las personas de ella que se han distinguido, mereciendo de los monarcas de Espada, en premio de sus servicios, hábitos y condecoraciones, citaremos, empero, algunas de las más notables, pudiendo añadir que las demás no las han cedido en amor, respeto y adhesión al trono, al orden y a las autoridades legítimamente constituidas.

El primer individuo de este linaje de que habla la historia, y sirve para probar su antigüedad y nobleza, es D. Diego Fernández de Bonel, merino mayor de Burgos, que vivió en el siglo XII según consta de la escritura de donación del lugar de Villaayuda, que, á favor de la catedral de Burgos, hicieron el Emperador D. Alfonso y la Emperatriz doña Rica, la cual, con los infantes, ricos-hombres y caballeros de la casa del Emperador, confirmó nuestro protagonista. El P. Sota, en la crónica de los príncipes de Cantabria, refiere este como uno de los apellidos nobles de Castilla.

El Ilmo.. Sr. D. Andrés de Orbe é Ilarrategui, Arzobispo que fue  de Valencia y gobernador  del Consejo, de quien trae su origen el marquesado de Valdespino, en Astigarraga, provincias Vascongadas, cuyo título posee en la actualidad el Excmo. Sr. D. Juan Nepomuceno de Orbe, es de la misma familia por la línea materna.

Lo mismo esta que la de Bonel, existen en el valle de Lecrín, en la provincia de Granada, desde la época posterior á la de la rebelión de los moriscos, y casi todos sus progenitores, por sus diversas ramas, se han enlazado con las principales casas de aquel antiguo reino, gozando siempre, por lo tanto, en aquel país de notable distinción y popularidad, obteniendo en todas ocasiones y tiempos la influencia á ella correspondiente, la que nunca ha decaído, ni aun durante los trastornos políticos que han agitado al país en esta última época.

El único convento de religiosos que hubo en el referido valle, hallándose establecido en el lugar de Albuñuelas, fue fundación de un tío carnal del abuelo paterno del actual señor marques de Márgena, el M. R.  P.  Fr. Sebastián Merlo, natural de Pinos del Valle, varón célebre por su virtud y santidad, de las que se conservan memoria, lo mismo que de los portentos que obró en varios puntos como misionero apostólico del convento de San Pedro Alcántara de Granada, donde falleció en 19 de mayo de 1711, á los setenta y nueve años y veinte y cuatro días de edad, y es venerado, según consta del archivo de provincia.

El Emmo. Sr. D. Juan José Bonel y Orbe, Cardenal presbítero de la santa Iglesia romana, del titulo de Santa María de la Paz , y Arzobispo de Toledo, es hermano carnal del individuo a quien dedicamos este trabajo, siendo al mismo tiempo uno de los personajes que más ilustran esta familia, por su virtud, saber, larga carrera y dilatados servicios á la Iglesia.

Otros contemporáneos que dan honor á estos apellidos pudiéramos citar; pero nos abstenemos de ello, mayormente cuando mas adelante indicaremos algunos, ligados con nuestro protagonista por los vínculos del mas estrecho parentesco.

I Marqués de Márgena nace el 17 de diciembre de 1783 y muere en Granada el 3 de junio de 1867

BONEL y Orbe (Eximo. Sr. D. NICOLÁS, MARQUES DE MÁRGENA.) La cuna en que se meció este individuo, los bienes que poseía por su familia, hubieran a otro hombre de menos mérito personal que Bonel indicado la ociosidad como el mejor medio de gozar de la vida, absteniéndose de negocios y cargos, que la hacen por demás penosa y triste. Pero dotado de un ánimo superior y de una energía digna de sus antepasados, se lanzó á emularlos, y siguió digna carrera. La ejerció con acierto, y obtuvo diferentes comisiones, cuyo desempeño aumentó su reputación, y le puso en el caso de optar a superiores puestos, en algunos de los cuales se ha hecho una reputación, que le sobrevivirá.

Liberal por convicción, ha figurado en varios destinos de elección popular, y su reelección para otros de superior consideración manifiesta el buen éxito con que había evacuado su cometido. No se le puede citar en realidad como hombre político ni de Estado, no obstante que en ambas carreras haya hecho brillantes ensayos, figurando en algunas ocasiones en ellas en una línea muy avanzada, Contento, empero, con su destino; seguro de un porvenir que no puede menos de sonreírle, jamás ha seguido los caminos de la ambición, y tranquilo en el estado que le colocó la Providencia, solo ha aspirado siempre al cumplimiento de su deber, el que ha llenado en cuanto ha cabido en sus fuerzas en las diversas vicisitudes porque ha atravesado durante su existencia.

Sus padres, los Sres. D. Nicolás Bonel y Martín, Merlo, Salazar y Delgado, y doña Ana María de Orbe y Orbe, Aguado, López de Guzmán y Vargas, vecinos de Pinos del Valle, pueblo situado en el partido judicial de Órgiva, diócesis y provincia de Granada; lo dedicaron desde su mas tierna edad á una carrera literaria, enviándole á Granada, en cuyo Seminario de San Gerónimo, fundado por D. Diego de Quijada, Obispo que fue de Guadix, estudió latinidad de colegial interno, siendo tal su laboriosidad y celo, su buena conducta y excelentes cualidades que desde entonces descubrió que en premio de ellas fue nombrado, antes del año de su ingreso, vicerrector de aquel establecimiento, cargo que sirvió con una inteligencia y acierto muy superiores á su escasa edad.

En el colegio real de San Bartolomé y Santiago, de la referida ciudad, fundado por los señores D. Bartolomé de Beneroso y D. Diego de Rivera, adonde se trasladó después de haber terminado los estudios de latinidad, cursó filosofía, leyes y cánones, distinguiéndose de tal manera, que, lo mismo que en el anterior, fue al segundo año agraciado con beca de propiedad, por ser de los primeros y más aventajados de su curso, y á los que, por lo tanto, se hallaban reservadas tales distinciones. Continuado con igual, si no mejor éxito, el resto de su carrera, recibió durante ella los grados de bachiller en ambos derechos en la imperial Universidad de Granada á, claustro pleno, obteniendo en los dos la honrosa nota de nemine discrepante, lo mismo que en los exámenes, en todos los cuales recibió constantemente las primeras, haciéndose cada día una reputación mucho mayor, tanto por su buena aplicación en el estudio, como por su aptitud y despejo, la que manifestó en diferentes actos públicos que sostuvo defendiendo las proposiciones que le señalaron sus catedráticos.

En uno de ellos hubo de arguir á los condiscípulos del colegio de San Miguel, y lo hizo con tal destreza y acierto, que mereció los aplausos de los superiores de ambos colegios, por lo que fue promovido á los puestos que diremos en su lugar. En otra ocasión, tratándose de hacer un ensayo de jurisprudencia práctica, con cuyo objeto se formó un tribunal, compuesto del rector y catedráticos de leyes y cánones de la expresada Universidad, el que en el mismo local debía fallar una causa criminal complicada, preparada al efecto, correspondió á Bonel hacer de relator, en cuyo concepto sacó estrictos y apuntes de cuanto de ella resultaba, dando cuenta con la claridad y exactitud correspondiente, y contestando con prontitud y destreza á las razones que le pedían, tanto sus compañeros, que hacían de abogados defensores, como los mismos catedráticos y rector, que hacían de jueces; siendo tal el acierto de su desempeño en esta ocasión, que mereció un voto de gracias del claustro general de doctores,  y el aplauso del público, que en extraordinario número concurrió á aquel notable acto.

La satisfacción que produjo el resultado de este y otros certámenes públicos en que tomó parte Bonel, le valió, corno arriba dijimos, ser nombrado por el claustro general de doctores para servir, en clase de regente, la cátedra de instituciones canónicas de aquella Universidad, lo cual hizo por espacio de tres años, y cursos completos, mientras duró la imposibilidad del propietario, distinguiéndose por su celo y esmero por el adelanto de sus condiscípulos y por todas las prendas, en fin, que constituyen un profesor aventajado:

La invasión francesa por las tropas de Napoleón sorprendió á Bonel en medio de su carrera; y cuando en 1808 llamó el gobierno á las armas á todos los jóvenes solteros en defensa de la patria y su independencia, fue de los primeros que acudieron y se alistaron para formar el cuerpo de preferentes en Granada, en el que prestó notables servicios, y permaneció hasta su traslación á Carmona; quedando propuesto para oficial del regimiento provincial, grado que no llegó á tomar, á consecuencia de la retirada del conde de Cartaojal. Estuvo, sin embargo, sobre las armas cuando se verificó la célebre batalla de Bailen, proviniendo de aquí las relaciones amistosas que desde entonces hasta su fallecimiento ha conservado con el general Castaños, mereciéndole el mas tierno afecto y marcadas atenciones. A la ocupación de Granada por aquellas tropas se retiró al pueblo de su naturaleza, continuando poco después su carrera.

Terminada esta en breve, se recibió de abogado aula antigua real chancillería; e incorporó a su ilustre Colegio, dedicándose al ejercicio de su profesión, y desempeñando por algunos años los cargos propios de aquel en defensa de los pobres. Nombrado posteriormente asesor de varios jueces ordinarios, sus providencias merecieron la confirmación de los tribunales superiores, que en sus constantes desvelos; veían la mejor garantía del buen éxito y acierto en cuantos negocios se confiaban á su cuidado.

Pero cuando, por decirlo así, comienza la vida, pública de Bonel, es desde el instante en que, terminada, ya su carrera, y echadas las primeras bases, de su reputación como jurisconsulto, comenzó á encargarse de negocios de alguna complicación, todos los cuales desempeñó satisfactoriamente para sus clientes, evitando con frecuencia largos y dilatados pleitos, cuidando del aumento de sus intereses, y dirigiéndoles con acierto en sus mas difíciles y complicadas situaciones.

Encargado por varios alcaldes y ayuntamientos de aquel partido de diferentes negocios, los dirigió con el mayor acierto, librándoles de las dificultades y; compromisos en que se hallaban envueltos, mas por ignorancia que por malicia, en actos judiciales y gubernativos, por ser hombres en su mayor parte sin experiencia ni conocimientos en negocios. Acreditado con las municipalidades, de aquel país desde esta época, pronto se le presentaron ocasiones en que aumentar su creciente reputación. En efecto, encargado por la de Dúrcal de defenderla contra la de Nigüelas en una cuestión del aprovechamiento de las aguas que fertilizan ambas vegas, consiguió á fuerza de sagacidad, y desvelos la formación de la nueva acequia ó acueducto á la salida de la división del agua con Nigüelas en el arca cubierta llamada la Pava, con cuyo medio consiguió cortar de raíz todos los disgustos y pleitos que ocurrían entre los vecinos y labradores de ambos pueblos, estableciendo entre ellos la tranquilidad y armonía de que disfrutan en la actualidad.


Retrato del !º Marqués de Márgena

Nombrado en 1818 vocal de la junta de repartimiento y estadística de Granada y su antiguo partido, denominado de la Campana, compuesto de sesenta y dos pueblos, contribuyó con todos sus esfuerzos al buen resultado que obtuvo aquella corporación, creada de real orden para el arreglo, de las contribuciones de la provincia. Notables fueron los servicios que prestó en esta ocasión, gratuitos todos ellos, y dignos de particular elogio. En 1820 cesó en su cometido, por extinción de la citada junta. Publicada la Constitución en aquel año, el pueblo de Dúrcal, reconocido al celo y acierto con que anteriormente le había servido, le aclamó por su alcalde constitucional. Su comportamiento en este cargo fue cual debía esperarse de sus antecedentes, pues no solo pacificó algunas diferencias que había entre sus vecinos, sino que terminó en juicio de conciliación todos: los pleitos y desavenencias que ocurrieron, aviniendo las partes, sin que estas tuvieran que recurrir al juzgado ni una sola vez; siendo tal su desvelo por la tranquilidad pública, que á fuerza de vigilancia evitó que se perpetrara en todo el año un solo delito que mereciera formación de causa criminal.

Sus desvelos para alcanzar tan noble objeto, llegaron al extremo de que, como alcalde, y también como autoridad de la compañía nacional de aquel pueblo, recorrió con frecuencia toda su jurisdicción, para, que no se abrigase en ella malhechor alguno, siendo, por lo tanto, consecuencia inmediata de su comportamiento el orden y tranquilidad que reinó en aquel distrito todo el período de su administración. Bajo otro aspecto fueron mayores los beneficios que hizo á sus comitentes, pues para que los vecinos menos acomodados no tuvieran que pagar costas por las contribuciones que les era imposible satisfacer al contado, las pagaba á la Hacienda por sí mismo, hasta que los contribuyentes verificaban el pago, evitándoles los perjuicios que se les habían seguido en otras épocas.

Comisionado en el propio año por el jefe superior político y diputación provincial para terminar las desavenencias, pleitos y disgustos que tenían alterados los ánimos de los vecinos de Montexicar, una de las. villas de los montes de Granada, tuvo la fortuna de ver coronado por el mejor éxito su encargo, llevándole á cabo por medio de un solemne compromiso, el que efectuó con tanto acierto y desinterés, que se hizo acreedor á que el gobierno de la provincia, le diera un voto de gracias.

Su popularidad en aquel territorio, y los positivos servicios que le prestó en repetidas ocasiones, le valieron, ser elegido dos veces diputado provincial. Con la mayor actividad y celo desempeñó ambas este; cargo, no obstante que en la primera se hallaban reunidos a aquella capital los pueblos que hoy forman las dos provincias de Málaga y Almería; y solo eran siete los diputados, teniendo que ejercer también la parte dispositiva, de que ahora están, descargadas las diputaciones. Por el celo y actividad con que en aquella época trabajó en la formación del equipo y armamento de. la milicia activa de Motril, mereció ser declarado benemérito de la patria. Su leal comportamiento, su notoria probidad y desinterés, no le libraron, sin embargo, de ser calumniado en la reacción que se siguió inmediatamente, causándole, por lo tanto, persecuciones, procesos judiciales, vejaciones personales, gastos y pérdidas considerables en sus intereses particulares, todo lo cual arrastró con la mayor abnegación, seguro, por el testimonio de su conciencia, de que había obrado con rectitud y justicia, y eran de consiguiente, sus padecimientos ocasionados por la mala fe y la envidia, y de ninguna manera una consecuencia: de los malos precedentes por él sentados.

Tantos sacrificios, tanta abnegación y desinterés no podían menos de obtener un premio, y, en efecto, no se hizo este esperar por mucho tiempo; pues cuando en 1834 se verificó un nuevo cambio favorable al partido liberal, la provincia, por el distinguido aprecio que le dispensaba; y en compensación á sus padecimientos, le nombró procurador á Cortes, cargo que ejerció, lo mismo que el de senador, del reino, para que lo propuso en mayo de 1840 y fue elegido por el gobierno de S. M., desempeñando este, igualmente que el anterior, todo el tiempo que duró la Legislatura, distinguiéndose en ambos por su acendrado patriotismo, lealtad al trono y á las instituciones, y por todos los sentimientos, en fin, propios de un hombre de carrera, que cree en ella vinculado su porvenir, y que obra, por lo tanto, de un modo muy diferente que un aventurero político.

Sus méritos y servicios le obtuvieron muy en breve lo que naturalmente debía esperar de ellos, y fue su nombramiento en 1844 para una plaza de-magistrado de la Audiencia territorial de Granada. Con su acostumbrado celo, actividad y acierto sirvió este destino, llenando en él las esperanzas de los que le habían distinguido con esta elección, y correspondiendo á la reputación que por unta larga serie de años se había hecho en la carrera del foro. Cuando en 1854 cesó en su desempeño, fue ascendido á ministro supernumerario del Tribunal especial y supremo de las Ordenes militares, cuyo puesto ocupa en la actualidad:

Nombrado en este intermedio, por real orden de 13 de marzo de 1846, vocal de la junta, creadora del colegio real instituto de San Bartolomé y Santiago, llenó satisfactoriamente su cometido, mereciendo, por el celo y acierto con que contribuyó á la organización del referido establecimiento, sin descuidar sus deberes como magistrado, que el gobierno le diera un voto de gracias, y concediese otras, que referimos en su lugar respectivo.

Hemos expuesto hasta aquí los méritos y servicios de la antigua familia del señor marques de Márgena, y los de este ilustre caballero. Réstanos aun referir su conducta general en todos, ó al menos los principales cargos que ha desempeñado, y los honores y condecoraciones que ha obtenido en premio de esta y de aquellos, quedando así terminado un trabajo cuya única importancia es el nombre del individuo á quien se halla dedicado, pues muy poca ó ninguna ha podido prestarle nuestra mal cortada pluma.

En su carrera política, el marques de Márgena ha pertenecido siempre al partido monárquico-constitucional, contribuyendo con todos sus esfuerzos á consolidar sus principios, únicos posibles, por ahora, para marchar por la senda de la ilustración y el verdadero progreso, y sacar al país del estado de postración en que le ha sumido una larga serie de calamidades dé todo género.

Como procurador á Cortes del extinguido Estamento en 1834, y como Senador en 1840, desempeñó todas las comisiones que fueron confiadas á su cargo, á satisfacción de ambos cuerpos colegisladores. Individuo de la comisión que dio su dictamen sobre la ley de expropiación forzosa por causa de utilidad pública, pronunció en su defensa un discurso en extremo notable, que es la mejor joya de su corona oratoria. A sus esfuerzos y celo por el bien general debió entonces su provincia que sus gestiones consiguiesen se pudiera redimir el censo real de Suertes de Población, del antiguo reino de Granada. Servicio sumamente apreciable, y con el que ha pagado á su país los desvelos que se tomó por elevarle á la altura en que era tan digno de figurar.

Autoridad popular y funcionario público, ha dado repetidas muestras de su celo y energía por el bienestar de la nación y por sus adelantos en todos sentidos. Su amor á las instituciones, su lealtad al trono, y demás cualidades que constituyen al verdadero noble español, le fueron familiares en aquellas ocasiones, y sus hechos atestiguan hasta el pronto en que las ostentó, desvelándose al: mismo tiempo por conservar el orden y tranquilidad pública, y el respeto debido sí las leyes..

Sus honores corresponden á sus servicios, S. M. le ha distinguido en diferentes ocasiones con, pruebas inequívocas de estimación y aprecio. En 30 de julio del 37 le condecoró con la cruz supernumeraria de Carlos III. En 2 de noviembre de 1846 con la gran cruz de Isabel la Católica, y desde fecha anterior gozaba ya de los honores de auditor de Guerra. Ha merecido también la gracia de la cruz militar de la orden de Santiago, cuyo hábito viste, previos lodos los requisitos legales que marcan las definiciones.


Retrato del !º Marqués de Márgena

Elevado á título de Castilla, con la denominación demarques de Márgena, por merced de S. M. la Reina doña Isabel II, en 29 de octubre de 1852, le fue concedido este, previos todos los requisitos legales, para sí, sus hijos y descendientes legítimos, tanto en prueba de lo gratos que eran sus servicios á la corona, como en demostración del distinguido aprecio de S. M. hacia la persona de su ilustre hermano, el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, D. Juan José Bonel y Orbe. La heredad en que radica su título es un hermoso pago de tierras, de pan llevar y de olivar, bañado y fertilizado por la Azequia, denominada, corno él, de Márgena. En esta hacienda hay un antiguo fuerte ó torreón, cuya construcción es de la época de los moros; hácese mención de él en la historia de la rebelión de los moriscos del reino de Granada, por, una batalla ocurrida en aquel punto entre las tropas cristianas y los rebeldes. Las propiedades que allí posee, heredadas de sus antecesores, y mejoradas por él mismo, pertenecen á su familia desde tiempo inmemorial posterior á la referida rebelión, en que se estableció en aquel país, como dijimos en su lugar respectivo.

Después de esta época ha obtenido otras condecoraciones, entre las que merecen citarse la gran cruz de San Gregorio el Magno, que en 13 de marzo de 1855 le concedió Su Santidad Pío IX, actual Pontífice de la Iglesia católica, de cuya gracia goza con aprobación del gobierno de S. M., que obtuvo á su regreso de Roma, donde se hallaba cuando aquella le fue otorgada. Es; por último, académico profesor del Liceo artístico y literario de Granada.

Respetable por sus años y méritos contraídos en defensa y servicio de la patria, el marques de Márgena, lo es todavía mas por su sucesión y títulos con que este cuenta al aprecio y pública gratitud. Casado en 1811 en primeras nupcias con la señora doña Mariana de Guzmán Fernández Cortacero, natural de la villa de la Malá, hija de los Sres. D. Antonio Basilio de Guzmán y Sánchez Mocho, alcalde por el estado noble muchos años en la villa de Gavia la Grande, que gozaba de mitad de oficios, y de doña Manuela Fernández de Asturias, Cortacero, Pulgar y Ortiz de Vara, tuvo de este matrimonio á doña Pantaleona Bonel y Guzmán, que efectuó el suyo con D. Agustín Moreno y Trell, caballero de la orden de Carlos III y de la de San Gregorio el Magno, asesor que ha sido de la intendencia de Almería, y á D. Nicolás Bonel y Guzmán, abogado, caballero comendador de las órdenes de Isabel la Católica, Carlos III y de San Gregorio el Magno, gentil-hombre de Cámara de S. M. con ejercicio, y diputado que ha sido por la provincia de Granada, el que se halla casado con la señora doña Concepción Sánchez Lemos. Casó el Sr. Marques en segundas nupcias con la Excma. señora doña María del Carmen Arévalo de Suazo y Requero, de quien no tiene sucesión.

Hemos terminado este trabajo, procurando referir con imparcialidad y exactitud los hechos, virtudes y circunstancias que adornan al Excmo. señor marques de Márgena. Tan notable por su carrera literaria corno por la forense, administrativa y política, le creernos acreedor á las distinciones de que goza, obtenidas en justo premio á sus largos y dilatados desvelos y no desmentida laboriosidad, y á un celo por el bien público, tan inteligente como honrado. Otros podrán haberse elevado más ostentar mas ruidosos actos en su vida pública; más provechosos, más útiles y más gloriosos, por lo mismo que mas modestos, nos parece que con dificultad podrán citarse ningunos entre los de otros célebres contemporáneos. Sin ambición, satisfecho de sí mismo, espera tranquilo el premio concedido por la Providencia á los que cumplen con su misión en la tierra: á haberse dejado arrastrar de sus pasiones, no podrían hacerle la misma justicia los hombres honrados; pero también se ve mucho mas deslumbradora su posición social.


Autor/es:   Varela, E. (fl. 1840-1864)
Autores secund:   Donon, Julio
Título:   [Retrato de Nicolás Bonel y Orbe] E. Varela dibjo del natural 1856. Lit. de J.
    Donón. Madrid 1 estampa ; mm
Notas:   Inscripción: "Excm.º Sr. D. Nicolás Bonel y Orbe, Marqués de Márgena (de la Orden de Santiago)"
    Varela, E. Litógrafo. Siglo XIX..Donon, Julio. Litografía. Victoria, 1. Madrid.
    (Lit. art.a. de Pérez y J. Donón)
    Iconografía Hispana 1221
Materia:   Bonel y Orbe, Nicolás, Marqués de Márgena (hermano del Arzobispo de Toledo don Juan José Bonel y Orbe)
BONEL Y ORBE, Nicolas. Senador por la provincia de Granada (1843[2ª])
BONEL Y ORBE, Nicolás. Senador por la provincia de Granada (1841)
BONEL Y ORBE, Nicolás. Senador por la provincia de Granada (1840)