TRADICIONES Y LEYENDAS

Justo, nuestro pastor. Noticia de ideal

Juego del Paulo

¿Quieres aprender uno de los juegos más emblemáticos de este pueblo?

Pues estate atento y lee cuales son las bases del PAULO.

En este juego pueden participar entre dos y seis personas.
En la baraja se descartan los ochos, los nueves y el palo de espadas.
Se reparten cinco cartas a cada jugador y se coloca una carta de muestra.

La carta más alta es el Paulo (4 de bastos).
La carta siguiente es el Tuerto (caballo de oros).
Le sigue la Andorra (3 de la muestra).
La Malilla (2 de la muestra).
Le siguen por orden de valor el rey de la muestra, el caballo, la sota, el uno, el siete, seis, cinco y cuatro. Las cartas siguientes van por órden de número.

El PAULO tiene una serie de señales que cada pareja intentará descubrir al resto de sus contrincantes.

Señales:

Paulo: abrir la boca disimuladamente.
Andorra: torcer ligeramente la boca.
Tuerto: guiñar un ojo.
Malilla: sacar la lengua rápidamente.
El Caballo: mover los dedos.
La Sota: tocarse la oreja.
El Uno: hacer que el pulgar se vea levantándolo.
Si no tienes nada: cierras rápidamente los ojos.
Si llevas mucho: te mesas la barba.

Cuando mezclas, corta el de la izquierda siempre.

Sale jugando el de la derecha del que ha repartido.

Tienes que echar una carta del mismo palo del que la persona que ha echado y sólo si no tienes puedes echar la que quieras, pero siempre con un poco de ojo.

Se juega con chinos y para conseguirlos, tienes que ganar tres manos.

Coplillas


"Como soy tan pequeñito
no alcanzo al altar,
pero si alcanzo la lacena
donde guarda mi madre el pan."

"Todos los días
pan y cebolla,
y el día de San Blas
una buena olla."

"En los prados de Lopera
le dijo la yegua al potro
todo el que beba vino
no le diga borracho al otro."


Dedicada a mi pueblo Dúrcal


Las flores del campo al nacer,
escogieron un precioso lugar
Dúrcal le llamaron,
el mejor, que pudieron encontrar.

Flores silvestres y sanas,
todas de tan fino aroma,
que cuando respiras te asoma,
en la mente una alegría,
que aquí quisieras morir,
para disfrutar la vida.

Aguas vivas por doquier,
chorreras que corren alegres,
sin poderse detener,
para llevar su frescura sana
a todo el que quiera beber.

Quien pudiera disfrutar
por de noche y por de día,
el aire de Dúrcal,
de tranquilidad y paz
la mejor forma de vivir
y al mundo poderle decir
que aquí se cambia la faz.

Que esplendor, tan puro y sano
contemplar alrededor
que los pulmones respiran
del aire sano, el mejor.

Dúrcal, Dúrcal,
que disfrutas de tanto bueno,
¿por qué no eres más grande
para que el mundo desdicha
se venga a este lugar
y aquí contemple su dicha?

Si los ángeles supieran
donde se encuentra este lugar
con sus alas volando vendrían
y aquí pondrían su altar.


Con una maleta vieja (Antonio el Porrilla)


Dúrcal, mi tierra querida,
tierra de flores y sol;
tus hijos por ti suspiran
por esos mundos de Dios.

Salí de Dúrcal un día
suspirando, sin dinero,
con una maleta vieja,
llena de tristes recuerdos.

Tienes un río y montañas,
tienes millares de olivos,
tienes tu Sierra Nevada,
tienes almendros floridos.

Emigra la clase obrera,
de tu tierra tan hermosa,
de Granada la cabeza
y de Andalucía la antorcha.

Con tus aguas minerales
y con tus pinares verdes,
hueles a hierva serrana
bajo tu cielo celeste.

Eres diamante andaluz
en el Valle de Lecrín
por eso tus emigrantes,
te lloran lejos de aquí.

Te cantan los ruiseñores
al despertar la mañana
por eso tus emigrantes
te llevan en tierra extraña.

Cuando yo escribí estos versos
manché el papel con el llanto,
pensando en aquellos muertos
que en tierra extraña quedaron.

Tienes cooperativas,
Institutos de enseñanzas,
escuela de agricultura,
donde tus hijos trabajan.

Escucha, Dúrcal querido,
lo que te dice un obrero
haz que tus hijos regresen
a morir donde nacieron.

Eres perla de Granada
y del Valle de Lecrín,
por eso tus emigrantes,
despiertos sueños en ti.

Dúrcal mi pueblo querido,
tus emigrantes te lloran
y también los Durqueños
de toda la geografía española.

Un día salimos de Dúrcal,
con la maleta en la mano,
a sufrir en tierra extraña,
por un puesto de trabajo.


Leyenda de la Cueva de los Riscos

Según cuenta la leyenda, en la Cueva de los Riscos, que está junto a los Baños de Urquízar, hay enterrada una Vaca de Oro, que está custodiada por el fantasma de un guerrero.