UCD EN LA TRANSICIÓN

La Unión de Centro Democrático, partido hegemónico de la transición española, pertenece ya a la historia y a la Sociología de los partidos políticos, donde aparece como casos prácticamente único de un partido en el gobierno que, después de haber conseguido la mayoría relativa de votos en las dos primeras elecciones de la nueva democracia, descendió a menos del? % en la tercera, para desaparecer de la escena definitivamente pocos meses después.

EL éxito de 15 de junio de 1977 fue quizá inferior a la expectativa y cálculos de los hombres de la coalición gubernamental que se habían agrupado pocos meses antes de las primeras elecciones del postfranquismo que se habían agrupado pocas semanas antes de las primeras elecciones del postfranquismo. De todos modos, los resultados supusieron, sino un triunfo, sí la clara victoria de la nueva formación.

EL UCD fue la única candidatura que logró escaños en todas las provincias.

El UCD conquistó el voto de un 'electorado moderado haciendo un uso inteligente de los órganos del Estado: las autoridades locales de nombramiento franquista fueron controladas por el gobierno, que consiguió garantizarse al menos su neutralidad. Una gran parte de los votos que obtuvo eran votos para el cambio, aunque fuese moderado y guiado desde arriba. Dos años después el uno de marzo de 1979, aunque aumentado poco el porcentaje de sus votos de 1977, la UCD resultó la verdadera ganadora de las elecciones. Parecía que se trataba de una afirmación definitiva

Pero después de las elecciones se advirtieron ya los síntomas de lo que sería el estilo de Suárez al presidir su primer Gobierno en democracia. Continuando la política de homogeneizar y unificar orgánicamente lo que en su origen había sido una coalición electoral, Suárez tomó la arriesgada decisión de marginar del nuevo a los barones o lideres de los antiguos grupos. Los llamados barones, al no tener ocupación ministerial, eligieron el partido como terreno para urdir sus propias políticas. A mediados de años obligaron a Suárez a crear, haciendo uso de las facultades que le daban los estatutos de UCD, una comisión permanente en la que acabaron por entrar todos ellos. EL mismo partido, enfrentado a iniciativas políticas sobre las que cada familia había mantenido su propia posición, se encontró pronto presa de fuertes polémicas que acabaron por paralizar decisiones en el ámbito de la educación básica y universitaria yen el de las políticas económicas, exterior y autonómica.

La desafortunada gestión de la política autonómica fue el error capital de UCD, el principio del fin. Sus ambigüedades acabaron por disgustar a todos.

Los errores de la UCD en ese tema continuaron aún durante 1981, cuando el gobierno de Calvo Sotelo decidió por fin llevar a cabo el ordenamiento previsto por la constitución.

En mayo de 1982 las elecciones al parlamento de Andalucía asestaron el golpe de gracia a un organismo ya en trance de disolución. En Andalucía la UCD perdió más de la mitad de sus votos con respecto a 1979. EL freno del gobierno central al proceso autonómico no podía ser razón suficiente para tal desastre: había contribuido también a la caída vertiginosa de la credibilidad del partido débil imagen de sus candidatos y el deslizamiento del apoyo del apoyo de los empresarios locales hacia AP. Una parte del electorado centrista se refugio en la abstención, otra se desplazó hacia el PSOE, y otra hacia AP.

EL desastre de la política autonómica fue el más llamativo, pero no el único resultado de las contradicciones que crecían dentro del partido y del gobierno bajo una dirección cada vez más dubitativa de Adolfo Suárez. Las divergencias se manifestaron también en cuestiones relativas a política exterior, política educativa, las discusiones en torno a la ley del divorcio, autonomía universitaria y televisión, constituyen una muestra de las dificultades de UCD para llevar a cabo una política con el apoyo a todas sus familias.

Para complicar todavía más la crisis en la que paulatinamente se hundía el gobierno presidido por Suárez, los años 1979 y 1980 marcaron, a pesar de la elaboración y aprobación del estatuto de autonomía de el momento álgido de la actividad de ETA.

En sólo un año se habían acumulado, pues, suficientes motivos para abrir una crisis de gobierno, pero el detonante que la hizo inevitable fue la manifiesta incompatibilidad entre los ministros del área económica y el vicepresidente para asuntos económicos mano derecha del presidente, Fernando Abril. Debilitado por los recientes acontecimientos, Adolfo Suárez abrió la crisis y no pudo cerrarla hasta veinte días después. Pero no bien calmados los ánimos de los barones y resuelta la crisis, Suárez tuvo que enfrentarse a una nueva ofensiva, procedente esta vez de una izquierda, del PSOE, que había logrado resolver sus problemas de identidad, y reconstruido su unidad en torno a Felipe González, y que presentó ante el congreso lo que era ya irrefutable muestra del fin del consenso: una moción de censura contra el gobierno y su presidente, aunque antes de hacerlo, tuvo que pasar también por una crisis interna de la que al contrario de la atravesada por UCD, salió fortalecido

.La dimensión de Adolfo Suárez planteaba, en un sistema político todavía por consolidar, el problema de la designación del candidato a ocupar su puesto. Suárez no había caído por un voto de censura en el Parlamento, por haber perdido la confianza de su grupo parlamentario o por haber perdido el liderazgo en un congreso de su partido. Fue una decisión persona, fruto de la crisis que atravesaba UCD y que abría un período de incertidumbre pues correspondía al propio partido, muy dividido ante la inminente celebración de su segundo congreso, proponer el nuevo candidato a la presidencia del Gobierno.

Con objeto de resolver su sucesión, Suárez reunió el 28 de enero, en el palacio de la Moncloa, a los dirigentes centristas que formaban el llamado "sanedrín ", más Calvo Sotelo. Fue esa reunión de un grupo dirigente de UCD la que decidió sustituir a Suárez por Calvo Sotelo, no vinculado a ninguna de las familias, y cuya candidatura no obtuvo después, cuando se discutió en el consejo político e UCD, la confianza del sector crítico, molesto por el procedimiento que se había seguido para su designación.

Después de la sesión de investidura, votada finalmente el 2 5 de febrero, Calvo Sotelo conservó, con algunas novedades, el mismo gobierno que había presidido Suárez.

El nuevo Gobierno se aprestó con buen ánimo a hacer frente a los problemas que habían debilitado al anterior: normalización militar, racionalización del proceso autonómico, crisis económica son su secuela de paro y, en fin, definición de una clara política exterior con el propósito de acelerar la entrada de España en la OTAN. EL nuevo presidente, continuista en el fondo de su política al repetir el modelo de gobierno, se mostró sin embargo rupturista en la forma de hacerla su presencia más asidua en el Congreso y sus entrevistas con los presidentes de las autonomías y los líderes de la oposición parecían introducir en los modos políticos un nuevo dinamismo que enseguida produjo esperanzadores resultados.

Parte central de este estilo fue la renovada política de concertación con la que el gobierno quiso encontrar con la oposición una salida a los más acuciantes problemas políticos y económicos. Más proclive la oposición socialista, después de la intentona militar, a reanudar también una política de pactos y hasta a formar un gobierno de coalición, los resultados más inmediatos del nuevo clima quedaron reflejados en la política de apaciguamiento militar seguida por el gobierno con apoyo del PSOE.

Los principales ámbitos en que se desarrolló la concertación fueron los relativos a la regulación o armonización del proceso de autonomía y ala búsqueda de un nuevo pacto social sobre el empleo.

Los pactos autonómicos entre Gobierno y socialistas, firmados el 31 de julio de 1981, tuvieron su traducción parlamentaria en la discusión y aprobación casi un año después de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), que fue recurrida ante el Tribunal Constitucional por los partidos nacionalistas y declarada, en efecto, inconstitucional pro sentencia de cinco de agosto de 1983 en buena parte del Título Primero, por entender el Tribunal que no corresponde al Parlamento interpretar preceptos constitucionales, y en su carácter orgánico y armonizador. Lo sustancial del articulado de la Ley - declarado expresamente constitucional-, y el pacto político que le servía de base, permitió regular, sin embargo, durante ese difícil período la aprobación de la mayoría de los estatutos autonómicos pendientes y cerrarlo que se ha llamado mapa autonómico.

No pudo lograrse el mismo acuerdo entre Gobierno y PSOE en el otro de los grandes objetivos trazados por Calvo Sotelo en su discurso de investidura y reforzado también a consecuencia del golpe militar: el ingreso de España en la OTAN.

En su decisión de ingresar en la Alianza, el presidente del gobierno no encontró en sus interlocutores socialistas la disposición al pacto que había definido su política con las autonomías. Rechazaron el camino elegido por Calvo Sotelo, dieron por roto el consenso sobre política exterior y exigieron que la cuestión del ingreso de España en la OTAN por ser de especial importancia fuera sometida a referéndum de todos los ciudadanos, para lo que iniciaron las oportunas campañas de recogida de firmas

Pero los más graves problemas para llevar adelante una política de concertación no procedieron, paradójicamente, de la oposición sino del propio partido del Gobierno. A1 anunciar al país su renuncia ala presidencia del Gobierno, Suárez había manifestado también su voluntad de abandonarla del partido, decisión que llevó a cabo en el 11 congreso de UCD, celebrado en Palma de Mallorca días antes del golpe de Estado. Suárez conservaba aún la mayoría y no tuvo grandes problemas para hacer elegir como nuevo presidente del partido a Rodríguez Sahagun. Los críticos presentaron a su propio candidato, Landelino Lavilla, que obtuvo los votos suficientes para mantener dentro de UCD una plataforma diferenciada.

La separación de las dos presidencias y el abandono del modelo presidencialista no resolvió el proceso de fragmentación interna que UCD sufría desde su mismo origen.

Se produjeron así, a los tres meses de la llegada de Calvo Sotelo al Gobierno, dos movimientos de signo contrario en el partido que debía servirle de apoyo pero que no controlaba. Por una parte, el sector socialdemócrata se acercaba sin tapujos a la oposición de izquierdas, y más concretamente a los socialistas, por otra parte el sector crítico echaba puentes hacia la derecha.

Fernández Ordóñez, que ya había mantenido contactos con el PSOE, anunció su dimisión del Gobierno, seguida a las pocas semanas por el abandono del grupo parlamentario de UCD con varios diputados de la familia socialdemócrata. EL sector crítico aceleró su acercamiento a AP. Óscar Alzaga iniciaba los trabajos para fundar un nuevo partido, el partido demócrata popular, PDP, que enseguida llegó a un acuerdo con AP, mientras los socialdemócratas que, siguiendo a Fernández Ordóñez, habían anunciado su abandono de UCD a mediados de noviembre, decidieron crear, también ellos, su propio partido, denominado Acción democrática que pretendió pactar una coalición electoral con el PSOE. EL PSOE rechazaría tal coalición, pero aceptó incorporar a sus listas, como independientes, a varios diputados del PAD que, finalmente, disolvieron el partido y se afiliaron al PSOE. Suárez formó el centro Democrático y Social (CDS).

Las continuas deserciones, por sectores o individuos, redujeron el grupo parlamentario. EL gobierno se arriesgaba a perder el apoyo parlamentario. Por este motivo, más que por razones políticas el presidente del gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, se vio obligado a disolver las Cortes. EL 21 de agosto sometía al rey el decreto de disolución y convocaba nuevas elecciones para el 2 8 de octubre, seis meses antes del fin de la legislatura. Era la última carta para conservar el electorado moderado y cortar el camino a los socialistas.

Las encuestas de opinión habían señalado ya el ascenso del PSOE y el declive de UCD desde la primavera de 1980. Estas tendencias se habían agudizado después de la caída de Suárez y tras el intento de golpe de Estado, en febrero de 1981. La dimisión de Suárez había dejado al líder del PSOE solo, y con un amplio margen a la cabeza de las preferencias de los entrevistados