El Valle morisco

Durante la época musulmana se configura, por tanto, la fisonomía defensiva, urbana, agrícola y artesanal del Valle de Lecrín, que se va a prolongar, con las lógicas transformaciones aportadas por la repoblación, hasta bien entrado el s. XX. En las postrimerías de la Granada islámica, las alquerías constitutivas del Valle de Lecrín eran, de acuerdo con la relación de bienes hábices de 1501 (Simancas C.M.C. 1 época, leg. 131), las siguientes:

Concha, Coxbixa, Durcal, Harat Alharab, Achit, Mondújar, Çeca, Levxa, Lanjaron, Beznar, Tablate, Exbor, Albuñelas, Saleres, Restabal, Melexix y Molchas.

Çeca y Levxa (Lojuela) han desaparecido, y habría que añadir Nigüelas y Acequias (derivado del árabe al-sáqiya, acequia), omitidos en esta relación.

En otro documento conservado en Simancas ("Diversos de Castilla", pág. 44, fol. 24) se dice que el número de "vecinos mudéjares por ganar" de las Alpujarras era 9.800, de los cuales la mayor parte habitaban en la taha de Lecrín, 2.000 vecinos, seguida de la de Ujíjar con 1.000 vecinos (los vecinos eran los cabezas de familia, por lo que el número de habitantes suele calcularse multiplicando la cifra de vecinos por 4 ó 5).

En el Valle habría, pues, alrededor de 10.000 habitantes poco antes de la conquista de Granada por los Reyes Católicos.

En 1561 los habitantes del Valle eran 1561 vecinos, unas 6160 personas. Francisco Villegas calculó también, a través de los Libros de Apeo y Repartimiento, la población del Valle de Lecrín en torno a 1568, fecha del gran levantamiento morisco, en 1362 vecinos, es decir, unos 6.810 habitantes.

Aunque la taha de Lecrín no abarcase estrictamente el Valle de Lecrín geográfico que estudiara el propio Francisco Villegas en 1972, lo que sí parece un hecho objetivo es la caída de la población que experimentó el Valle de Lecrín tras la conquista castellana tras agudizarse las crisis agrícolas y comerciales que padeció todo el reino de Granada al romperse el equilibrio social anterior a la guerra de expulsión de los moriscos, que ocupó buena parte del s. XVI.

El siglo XVI va ser, efectivamente, un siglo muy convulso en todo el reino de Granada y, de manera específica, en el Valle de Lecrín y las Alpujarras.

Tras las famosas Capitulaciones para la entrega de Granada firmadas en Santa Fe, la parte cristiana comienza rápidamente a incumplirlas y, ya en tiempos de los propios Reyes Católicos, se producen los primeros intentos de conversión de los moriscos.

El proceso de conversión lo inicia de manera pacífica el arzobispo de Granada Fray Hernando de Talavera y se torna, bajo el cardenal Cisneros, en un proceso sistemático y violento.

En 1499 los moriscos del Albaicín se sublevan contra la política intransigente de Cisneros, y la revuelta es seguida en las Alpujarras, Almería y Ronda.

El Valle de Lecrín vuelve a ser centro de operaciones y se desestabiliza una vez más.

Esta primera rebelión fue pronto sofocada, siendo los moriscos obligados a convertirse al cristianismo o a exiliarse.

Pero ni siquiera las conversiones masivas de entonces fueron suficientes para las nuevas autoridades granadinas, ya que enseguida comenzaron a prohibir costumbres, fiestas, el cultivo de moredas para la producción de seda y hasta el vestido y el uso de la lengua árabe.

La reina Juana la Loca prohibió en 1508 la vestimenta morisca, aunque la entrada en vigor de esta medida se fue aplazando hasta que los moriscos granadinos lograron de Carlos V en 1526, pagando 80.000 ducados, que no se aplicara.

Felipe II publicó, sin embargo, en 1566 una pragmática prohibiendo la lengua árabe, los vestidos y otras costumbres de la población nativa, lo que provocó un gran levantamiento morisco en todo el reino de Granada.

En esta revuelta, los moriscos nombraron en Béznar, en diciembre de 1568, a Don Fernando de Valor rey con el nombre de Aben Humeya. Este acontecimiento histórico es de suma importancia, y revela el enorme peso y protagonismo que tuvo el Valle de Lecrín en época morisca. Según Mármol Carvajal, el segundo día de Pascua (diciembre de 1568), Abenfarax, alguacil mayor de Abun Humeya, y sus partidarios llegaron a Béznar, provenientes de Granada, e hicieron creer a los moriscos que la capital y la Alhambra eran suyas, incorporándolos con esta estratagema a su causa.

En Lanjarón, la revuelta obligó a los cristianos a refugiarse en la iglesia de la localidad, que Abenfarax mandó incendiar, causando importantes bajas entre los cristianos.

Los moriscos de Padul, Dúrcal, Nigüelas, Albuñuelas y Saleres se sumaron más tarde a la rebelión, aunque muchos se marcharon directamente a la sierra.

El Marqués de Mondéjar, ante tan peligrosa situación, ordenó a Don Diego de Quesada que ocupase el estratégico puente de Tablate, pero sus tropas fueron obligadas a retirarse, por Béznar y Dúrcal, hasta Padul.

El Marqués de Mondéjar se vio obligado a enviar esta vez al capitán Gonzalo de Alcántara a ocupar Dúrcal, mientras que esperaba refuerzos de otras zonas de Andalucía.

El 3 de enero de 1569 el Marqués de Mondéjar partió con nuevos refuerzos desde Granada hasta Padul, donde llegaron la noche siguiente y se alojaron en casas de moriscos, a pesar del rechazo de estos últimos.

Los moriscos de Albuñuelas sublevados atacaron las guarniciones cristianas acampadas en Dúrcal, pero después de una dura batalla, fueron rechazados. El Marqués de Mondéjar partió el 9 de enero de 1569 hacia la Alpujarra y sus tropas pasaron con dificultad el Puente de Tablate, que había sido semidestruido por los moriscos.

El Marqués dejó una compañía custodiando este importante paso, mientras se dirigía hacia Tablate, donde, según Mármol Carvajal, había 3.500 moriscos sublevados. Los moriscos aniquilaron a todos los soldados que controlaban el puente de Tablate y, luego, regresaron a la sierra.

Los moriscos de Padul, cansados de soportar a las tropas cristianas que eligieron esta población como punto de partida de sus operaciones para sofocar la rebelión del Valle y la Alpujarra, solicitaron de D. Juan de Austria trasladarse a Castilla, pero finalmente optaron por instalarse en Gójar, que había sido despoblado al refugiarse sus habitantes en la sierra.

El 25 de agosto de 1569, unos 2.000 moriscos del Valle de Lecrín y el entorno, atacaron Padul por sorpresa y mataron a 36 soldados; ese día atacaron también la casa de Martín Pérez de Aróstegui, noble vizcaíno que logró resistir el ataque morisco, lo que le valió un escudo de armas conmemorativo concedido por Felipe II. Tras cuatro horas de pelea en el pueblo, los moriscos se replegaron hacia el Valle al saber que se acercaban refuerzos cristianos.

Puesto que los moriscos de Pinos del Valle, Albuñuelas, Saleres, Restábal y otras alquerías ayudaban a los monfíes (moriscos expatriados) de la sierra y obstaculizaban en el barranco de Acequias a las tropas castellanas en dirección a las Alpujarras, se emprendieron expediciones de castigo contra ellos haciendo gran número de cautivos (en Albuñuelas, dice Mármol Carvajal que se apresaron 1.500 cautivos), muchos de los cuales, sobre todo las mujeres, pasaron a la esclavitud.

En 1570, Felipe II ordenó a Don Juan de Austria, al mando entonces del que seguramente era el ejército más poderoso de Europa, y a otras autoridades de Granada, que se ejecutasen inmediatamente las pragmáticas de expulsión de los moriscos del Reino de Granada.

Los moriscos del Valle de Lecrín, Granada, la Vega y otras comarcas, fueron reunidos el 1 de noviembre de 1570 en las Iglesias de cada alquería y se les obligó a salir hacia Córdoba, y desde allí se les repartió por Extremadura y Galicia. Sofocada la rebelión, se procedió a la confiscación de bienes, no sólo de los sublevados, sino de todos los moriscos.

Las nuevas autoridades cristianas reordenaron el Valle de Lecrín en tres grandes parroquias, que se corresponden con las zonas baja, media y alta de la comarca, según se aprecia en la Bula de Erección del Arzobispado de Granada: Restábal, con sus anejos de Melexis, Murchas, Alauxa, Burnielas, Naro, Saleres y el Canil; Béznar, con los anejos de Tablate, Monduxar, Azequias y Achite; la parroquia de Padul, incluyendo a Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal y Nigüelas. Más tarde, el conglomerado de alquerías y barrios musulmanes se van individualizando en torno a una iglesia o parroquia.

Francisco Villegas calcula en 1362 vecinos, es decir, unos 5448 personas, la población morisca del Valle en 1568, es decir, en el momento álgido del levantamiento. Según los Libros de Apeo, las alquerías más pobladas eran esa fecha las de Dúrcal, con 200 vecinos (800 h.), Padul, con 181 (724 h.), Nigüelas, con 140 (560 h.) y Lanjarón, con 100 vecinos (400 h.), oscilando los demás pueblos entre los 18 de Tablate, o los 25 vecinos de Izbor, y los 70 de Restábal y los 80 de Pinos del Valle. A los 5448 moriscos que permanecían en el Valle en 1568, hay que añadir los 232 cristianos viejos que se habían asentado ya en nuestra comarca desde la caída de Granada en 1492.

La población morisca va siendo sistemáticamente sustituida por la cristiana hasta completarse la aniquilación de todo elemento islámico.

En 1571, los repobladores ascienden a 744 vecinos, es decir, unos 2976 habitantes.

El origen de estos colonos será mayoritariamente andaluz (de Jaén y Córdoba, sobre todo), siguiéndole los procedentes de la Meseta Sur (destacan Cuenca y Toledo), después los gallegos y, finalmente, los de la Meseta Norte (Castilla y León).

También llegaron repobladores aislados de Extremadura y de otros rincones.

En 1587, la población del Valle sigue cayendo hasta los 646 vecinos (2.584 h.), pero más tarde, la repoblación permite cierta recuperación del índice de poblamiento de la comarca, alcanzando en 1591 los 1.478 vecinos (5.912) h. En este año, los municipios más poblados serán Dúrcal (812 h.), Albuñuelas (720 h.) y Padul (652); Melegís, con 452 h. y Lanjarón, con 436 h., aparecen en segunda posición, mientras que los menos poblados eran Mondújar (160 h.) y Acequias (84 h.), lo que nos da una idea clara de la distribución de los moradores del Valle en las postrimerías del XVI.

Durante el siglo XVI, la cristianización del reino de Granada impulsa la sustitución de las mezquitas por iglesias con el fin de regular el culto del nuevo estado.

Los propios alarifes moriscos trabajarán, por su condición de artesanos cualificados, en la edificación de los nuevos templos, produciendo un gran arte mudéjar granadino, del que tenemos interesantes muestras en el Valle de Lecrín. La iglesia más antigua del Valle parece ser, según Ignacio Henares Cuéllar y Rafael López Guzmán, la iglesia de Béznar, dispuesta en tres naves con pilares y arcos góticos y una única armadura de par y nudillo con seis tirantes, lacería de ocho y canes de labores góticas; las obras de la iglesia de Béznar estaban ya en marcha en 1525, y en 1526-7 su carpintero era Juan Fernández, muy activo en todo el Valle, mientras que el alarife Juan de Toledo seguía al frente de la construcción en 1530.

Juan Fernández interviene también en la realización de las armaduras de las iglesias de Marchena, Acequias y Cozvíjar. En la de Acequias, cuya traza se atribuye al gran arquitecto y maestro de obras de la Catedral de Granada, Ambrosio de Vico, trabajó entre 1548 y 1551, siendo albañil Pablo Fernández. A finales del XVI, se incluye, gracias a una subvención del arzobispo Pedro de Castro (1591-1609), un retablo de Hernando de Orihuela con lienzos del gran pintor Raxis, con reproducción del escudo del arzobispo.

De acuerdo siempre con los historiadores antes mencionados, La iglesia de Dúrcal conoce también la mano de Juan Fernández en 1546, aunque este templo ha sufrido muchas transformaciones a lo largo de su historia.

Otro carpintero, Francisco Fernández, es quien trabaja en Saleres (en 1561), Melegís (1566-7), Padul y Mondújar. El albañil de la iglesia de Saleres fue Bartolomé Villegas y su cantero Pedro de Berruezo, que hizo su portada en 1560. La carpintería de la iglesia de Melegís fue renovada en 1599 por Antonio López Çamudio, vecino de Otura, al ser quemada durante la rebelión de los moriscos; Bartolomé Villegas la había construido entre 1552 y 1567, y la cantería de la portada correspondió a Pedro Gómez Fuenfría.

La obra de la iglesia de Padul fue dirigida por Juan Ajofrín y su hijo en 1541, aunque en 1543-5 se pide a Jerónimo García que construya una torre como la de Alhendín; sus portadas corresponden al cantero Gaspar de Muriel (1599); también trabajó en la construcción de esta iglesia el albañil Luis Morales.

En Mondújar, se realiza, en el s. XVII, una ampliación de la armadura alargando la nave que se cierra sobre el coro; sabemos que Juan Fernández trabajaba en esta iglesia en 1577, con Juan Alonso Jiménez en calidad de albañil.

Nada menos que Ambrosio de Vico hizo el proyecto de la iglesia de Cónchar en 1610, rehaciendo la antigua iglesia de la que sólo se conservaba la torre; la construcción se terminó en 1614, actuando Antonio Bermúdez de albañil y Alonso López Çamudio de carpintero.

En cuanto a las obras de la iglesia de Nigüelas, hay que decir que se deben, primero, al albañil Jerónimo García, que trabajó en 1561-2, y al carpintero Martín Moreno; posteriormente fueron Juan López de Paniagua, entre 1580 y 1582, y el carpintero Alonso López Çamudio, quienes continuaron las obras.

Los elementos cerámicos de todas estas iglesias, al igual que otras muchas de la provincia, se hicieron en el taller de los Robles de Granada; así, por ejemplo, los azulejos de la torre de Saleres fueron enviados por Isabel Robles en 1561 y son semejantes los de las iglesias de Santa Ana y San Andrés de Granada, con dibujos de clara influencia sevillana, según indican los profesores Ignacio Henares y Rafael López Guzmán, antes citados.

En muchas de las iglesias del Valle se conservan interesantes pinturas, esculturas, retablos y piezas de orfebrería renacentistas y, sobre todo, de época barroca, la mayoría de los cuales están por inventariar y estudiar adecuadamente.

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