Distancias a la mar pasando por el Valle de Lecrín

Vamos a mostrar la medición que se hace "a la mar" en 1563 por unos caminos desde Granada a la costa, pasando por el Valle de Lecrín. Es un resumen de unos documentos sacados de:

Geo Crítica
Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. VIII, núm. 166, 1 de junio de 2004
ESTADO, DISTANCIA Y CONTROL SOCIAL: REFLEXIONES EN TORNO A UNA MEDICIÓN DE CAMINOS EN LA GRANADA DE MEDIADOS DEL SIGLO XVI
Antonio Jiménez Estrella
Juan Carlos Maroto Martos
Universidad de Granada

Pulsa para ver la trascripción del documento original de 1563

LOS MONFÍES DE LA ALPUJARRA, VALLE DE LECRÍN Y LA SERRANÍA DE RONDA: ¿SALTEADORES DE CAMINOS U HOMBRES SANTOS?

Lo que se intenta, en aquel momento, es buscar la distancia más corta de Granada al mar, por lo que no se siguen los caminos reales normales sino una serie de caminos y cañadas pecuarias que le llevaron al mar lo más recto posible. Ya que la función era medir la distancia que había hasta la costa, ante una orden del rey que se le decía a los gazis, un grupo de moriscos, que no se podían acercar al mar más de 12 leguas. Por lo tanto la misión era medir distancias lo más rectas posibles para ver donde estaba esa medida



Caminos desde Granada a la costa a mitad del siglo XVI, medidos a petición de los gazís granadinos.


Introducción histórica

Utilizamos como punto de partida la medición original solicitada por un grupo de población musulmana poco conocido, los gazís granadinos, en respuesta al auto de alejamiento decretado contra ellos por Felipe II en 1563

En octubre de 1563 la Capitanía General, máxima autoridad militar de reino de Granada, ordena pregonar una real cédula en la que se dicta un auto contra los “gazís”, por el que se les prohíbe habitar en las costas del reino y se les obliga a alejarse más de 12 leguas tierra adentro en un plazo no superior a 50 días

El gazis morisco se consideraba enemigo interno. El poblador mudéjar, era visto por la administración real como un potencial y peligroso colaborador de su “hermano de fe” norteafricano y al que era preciso vigilar muy de cerca.

El morisco era considerado una preocupación desde el principio lo que trajo poco a poco un fuerte clima de crispación entre las dos sociedades.

El hecho de que los Reyes Católicos actuasen con una parcialidad meridiana cuando se trataban de dirimir conflictos por cuestiones como la usurpación de tierras a los mudéjares por parte de los repobladores cristiano viejos, interpretasen a su antojo las Capitulaciones, permitiesen los abusos cometidos por los arrendadores de tierras y, muy especialmente, incrementasen notablemente la presión fiscal sobre los naturales granadinos, fue decisivo para que se registrase un clima de crispación cada vez más intenso. Este cúmulo de factores, sumado a las reacciones producidas por el proceder radical del cardenal Cisneros en cuanto a la evangelización y bautismo forzoso de los “helches”, provocaron el levantamiento mudéjar de la Navidad de 1499, originado en el barrio granadino del Albaicín y que rápidamente se extendió a la costa y la Alpujarra granadina, escenarios de sobrada importancia estratégica y, como consecuencia de su abrupta orografía, difíciles de controlar por los ejércitos en campaña.

Las revueltas de 1499-1501 fueron finalmente sofocadas, a un alto precio en dinero y vidas

Este es el clima que preside la “coexistencia pacífica” hasta 1526, fecha en que se registra uno de los hitos fundamentales para entender la problemática morisca en el reino de Granada. Con motivo de la llegada del emperador Carlos V durante su luna de miel, los moriscos granadinos presentaron una relación de agravios contra los oficiales y autoridades político-religiosas del reino, que provocó la realización de una encuesta encabezada por algunos canónigos y doctores. A pesar de que los resultados de la investigación sacaron a la luz las continuas exacciones y abusos a que eran sometidos por parte de los clérigos y funcionarios de la administración real, el memorial acabó teniendo repercusiones mucho peores para los propios moriscos, debido a que la posterior celebración de la Junta de la Santa Congregación de la Capilla Real, formada por numerosos clérigos y teólogos, constató que los nuevamente convertidos, lejos de abrazar sinceramente el catolicismo, continuaban practicando sus ritos, manteniendo sus costumbres y profesando en secreto la religión islámica

Lo que trajo una orden de alejamiento Carlos V, menos guiado por criterios confesionalistas y ortodoxos que por sus apremiantes necesidades económicas, concedió un aplazamiento de 50 años para su implantación definitiva, a cambió de una fuerte imposición o cobra de impuestos a los moriscos

La nueva imposición, cuyo monto sería destinado a la financiación de las obras del Palacio de Carlos V, quedó fijada en 90.000 ducados redimibles en 8 años y se convirtió en una contribución regular de 10.000 ducados a partir de 1533. Era el saldo que habían de pagar los moriscos -una vez más- para conservar, aunque sólo fuese por espacio de medio siglo, sus señas de identidad cultural y religiosa.

A parte los musulmanes desde el norte de África desafiaban cada vez más al reino católico. Las razzias lanzadas desde Argel eran temidas no sólo por los episodios de robo y saqueo que conllevaban, sino también por la importancia que revestía la trata e intercambio de cautivos, negocio, éste último, que reportaba pingües beneficios a poderosos grupos de comerciantes y agentes de uno y otro bando.

La conquista de Trípoli en 1551 a manos de los turcos, la pérdida del Peñón de Vélez de la Gomera y Bujía en 1554 y 1555 respectivamente, la desastrosa derrota de las fuerzas del conde de Alcaudete en Mostaganem tres años después, así como el naufragio de la flota de galeras españolas frente a las costas de La Herradura (Granada) en 1562, no hicieron otra cosa que incrementar aún más el clima de terror existente entre los pobladores del litoral hacia los musulmanes Y en consecuencia, el poblador cristiano viejo que veía en su vecino morisco una sospechosa quinta columna colaboracionista.

Aparte estaban los asaltos protagonizados por los monfís, bandidos moriscos que, refugiados en las sierras granadinas y apoyados por la población neoconversa, actuaban contra las haciendas de los cristianos viejos y las propias autoridades castellanas.

Pero ¿Quienes eran los Gazis? En sus orígenes encontramos una base netamente militar, ya que inicialmente la expresión se utilizaba para designar a los antiguos bereberes que llegaron al antiguo reino nazarí de Granada para luchar contra los cristianos y  que terminaron instalándose definitivamente aquí durante varias generaciones. No obstante, desde comienzos del XVI la acepción del término fue modificándose y acabó denominando a aquellos moros o descendientes de moros provenientes del Norte de África, que bien eran libres, o bien habían sido cautivados por soldados y oficiales cristianos en correrías y cabalgadas realizadas en Berbería, y posteriormente reducidos a esclavitud

Además fueron acusados de espías, aunque el sistema de espías era empleado por ambos bandos. Las redes de espías y dobles agentes que, nutrida en buena parte de comerciantes y antiguos cautivos de ambos bandos de diverso origen -albaneses, griegos, venecianos y españoles, del lado cristiano; turcos, súbditos del reino sadí, vasallos de Argel y Túnez, del lado musulmán-, operaban entre las cortes de Constantinopla y Madrid a fin de obtener noticias sobre nuevos ataques de la flota otomana a las islas y puertos bajo égida de la Monarquía Católica en el Mediterráneo Occidental

El hecho de que los gazís se dirijan directamente a la Capitanía General y sea esta institución la encargada de ordenar y llevar a cabo la medición legal es más que demostrativo de que se trataba de un problema eminentemente político y defensivo

Sea cual fuere el resultado final del auto, poco importa que la medida de 1563 se ejecutase o no tras la medición, pues sólo 6 años después, no sólo los gazís, sino la totalidad de los moriscos granadinos, serían obligados a salir del reino tras la sofocación de una nueva y gran revuelta general.

Esta nueva rebelión podemos justificarla tras: La fuerte intensificación de las persecuciones y confiscaciones de bienes contra los nuevamente convertidos por parte de la Inquisición y la celebración de un Sínodo Provincial en 1565, tendrán su colofón en las disposiciones adoptadas por la Junta de teólogos y juristas reunida en Madrid en 1566 y dirigida por el inquisidor general y presidente del Consejo de Castilla, Diego de Espinosa. Ese mismo año expiraba la prórroga de 50 años otorgada por Carlos V y, fruto de las sesiones de la Junta, se adoptaba una pragmática en la que se retomaban todos los decretos de aculturación dirigidos contra los moriscos y cuya aplicación había sido suspendida en 1526.

En consecuencia, la aplicación de la pragmática de aculturación, la fuerte presión económica ejercida sobre los moriscos, así como las nefastas secuelas dejadas por la campaña de revisión de títulos de propiedades iniciada meses atrás por el doctor Santiago, provocaron el estallido de un nuevo levantamiento morisco que, iniciado en la navidad de 1568 y extendido rápidamente a las Alpujarras, casi exclusivamente habitadas por moriscos, y otros territorios de difícil acceso como la Serranía de Ronda

El conflicto, que llegó a unas cotas de crueldad inimaginables, se saldó con numerosas bajas militares en ambos bandos


Marco metrológico y descripción del recorrido de 1563

El método empleado por los medidores fue la comparación directa sobre el terreno, lo que viene a demostrar que no existía una cartografía precisa en la que basarse para conocer la distancia sin tener que realizar su medición. Es decir, se procedió a comparar la unidad de medida oficial con la realidad a conocer.

Se utilizó una cuerda de esparto de 100 tercias de largo y con una vara de medir en la que se señala una tercia exacta, haciéndose recuentos de 5.000 en 5.000 tercias de vara (5.000 pies) que equivalían a una milla, hasta reunir tres millas que equivalen a una legua. Sin duda, con los criterios de medición actuales, es evidente que genera un cierto margen de error el material en que está realizada la unidad de medida utilizada e incluso es poco fiable, insistimos que para la mentalidad actual, la forma de medición que supone. No obstante debe comprenderse que en el contexto histórico al que se refiere el documento supone obtener un conocimiento real y más que suficiente para los objetivos que se pretendían conseguir

Sin embargo, las mediciones que se hicieron por dos caminos alternativos, a la mar de Motril y “a la mar de Almuñecar”, permitieron comprobar que éste último era el itinerario más corto aunque no el más evidente y fácil de seguir.

El primero (el que lleva a la mar de Salobreña) constituye una ruta perfectamente conocida desde la más remota antigüedad, como lo atestiguan los abundantes yacimientos existentes, al estar claramente marcada por el valle tectónico de Lecrín y por los ríos que lo atraviesan que abonan el Guadalfeo. En el siglo XVI, época en que se enmarca nuestro documento, el valle de Lecrín constituía una ruta de gran importancia estratégica como eje de comunicación desde el interior de la capital  hacia el litoral. Por ella transcurría el denominado “camino real” de la Costa y las Alpujarras -se entendía por camino real aquel que era principal para el paso de arriería-, cuyas etapas -poblados, lugares y alquerías- más importantes coinciden perfectamente con los hitos recogidos en la medición de 1563. Dicho camino real, si seguimos las informaciones recogidas en la encuesta elaborada para el Diccionario Geográfico de Tomás López, conservaba todavía a fines del siglo XVIII su importancia como paso principal hacia la costa.


El valle de Lecrín, según el Diccionario Geográfico de Tomás López.


Alhendín y su entorno, según el Diccionario Geográfico de Tomás López.

Algunos datos

En primer lugar, hay que destacar la alquería de Armilla, que entrañaba gran importancia por ser “garganta por donde pasa todo lo que consume Granada de sus costas y valle; todo lo que viene de las Alpujarras, Temple y mayor parte de la Vega; todo lo que comercia con Málaga y mucha parte de lo que trata con Cádiz, Sevilla y sus carreras; cuyos corsarios y traficantes impedido el paso de Genil en los inviernos y otros tiempos, tienen que pasar por la calle de Armilla

Otro punto a tener en cuenta es el hecho de que el valle fuese paso obligado para acceder desde la capital granadina hacia la cara sur de Sierra Nevada y la costa obligó a que ya desde época  nazarí -período de Muhamad V- se construyesen fortalezas como la de Mondújar o la del lugar de Restábal, a fin de controlar el tránsito de este eje de comunicación. Dicho factor fue determinante para que, a principios del XVI, el capitán general ordenase la edificación de una torre defensiva en la Cuesta de la Cebada -de la que sólo quedan sus ruinas-, punto estratégico para controlar el paso a la Alpujarra por el puente de Tablate hacia Lanjarón, y el que se dirigía, tal y como se comprueba en nuestro documento, hacia la costa granadina. 

A partir del “vado de la Bernardilla”, lugar donde encontramos una estrecha e impresionante garganta excavada por la erosión de la roca caliza -la denominada “boca del Dragón”-, se registra en nuestro documento una bifurcación  que separaba dos rutas distintas. Por un lado, la que se dirigía a “a la mar de Motril”, que suponía un ligero rodeo por las estribaciones de la Sierra de Lújar y resultaba de gran interés para los medidores, ya que la “mar de Motril” (El Varadero) suponía una ensenada abierta que, corriendo desde el cabo Sacratif hasta la desembocadura del río Guadalfeo, constituiría con el tiempo el principal puerto de Motril. Por otro, la que enfilaba hacia “la mar de Salobreña”, lugar donde desemboca el Guadalfeo, que conforma una Punta constituida por un delta de materiales de aluvión. Finalmente, el trayecto más corto utilizando el criterio de distancia, que no el de tiempo ni de dificultad, es el que lleva a la mar de Almuñecar. Se trataba de otro camino real que transcurría desde el Valle de Lecrín por las fragosas Sierras de las Guájaras y de Cázulas y terminaba aprovechando el curso del Río Verde, que conforma la fértil Vega de Almuñecar.

Tras las comprobaciones comentadas y tras prestar juramento los medidores, por Dios, la Virgen María, los Santos Evangelios y por la señal de la Cruz, en que pusieron sus manos derechas, prometieron hacer la medición “bien e fiel e legalmente y derechamente, e sin fraude ni cabtela alguna. E que si ansí lo hizieren, Dios nuestro señor les ayude en este mundo a los cuerpos y en el otro a las ánimas, e si no él lo demande [...] como a malos cristianos, lo quales dixeron: “sí juramos e amén” ”.

¿Cuál puede ser la razón o razones que incidieron en utilizar la legua de tres millas?. Sin duda la tradición medieval jugaba a favor de ello. No olvidemos que en las Partidas de  Alfonso X el sabio la legua equivalía a tres migieros o millas y por otro lado conocemos que su uso era muy generalizado, ya que constituía la legua jurídica, es decir la utilizada para solucionar pleitos.


Otros mapas de la época


Fragmento del mapa de G. Cook (1553).


 Hoja del Mapa de El Escorial.

Mapa del Escorial, que además de contener un mapa general de la Península, dispone de 42 hojas que representan el territorio a una escala aproximada de 1:400.000. Se trata, sin duda, del documento cartográfico que más detalles ofrece de nuestro espacio de estudio a finales del siglo XVI. A pesar de que sus representaciones suponen minutas y no mapas definitivos, el hecho de que constituya un complemento de las Relaciones Topográficas encargadas por Felipe II, lo convierten en un documento magnífico para aquel tiempo. No obstante la mejora indudable que supone sobre la cartografía anterior, sigue persistiendo en él la no precisa representación de nuestra costa andaluza oriental e incluso se mantienen errores en la localización de poblaciones, hidrografía, topografía, etc.