Antiguas calzadas romanas y caminos por el S XVI

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El mapa de Villuga es el básico, que muestran diferentes autores, para estudiar los caminos de esta época. Pulsa los papas siguientes para ampliarlos. Los caminos de Granada a Motril no están representados

 

 

Caminos en 1546 Según Villuga. Pulsa sobre ellos para ampliarlos

Ponemos unos textos de dos viajantes, uno alemán y otro veneciano a su paso por Granada

Viaje del Alemán Jerónimo Münzer sobre 1495

El viaje lo realiza a caballo, en compañía de tres amigos. Las jornadas normales son de 6 y 7 leguas, como puede observarse, aunque no faltan las de 9 y 10 y aún algunas, excepciones, de más del doble: Niebla - Serpa, 16 leguas; Evora - Lisboa, y Zaragoza - Tudela, 17 leguas.

Vamos a reproducir o resumir sus observaciones más interesantes sobre caminos y ventas.

El camino de Vélez-Málaga es sumamente peligroso por los frecuentes desembarcos de los piratas berberiscos a la captura de personas y al saqueo de bienes.

En el camino de Málaga a Osuna hay muchas ventas.

En Granada fue a parar a «una buena posada.»

Los hospedajes y ventas de Galicia son malos y escasos. De Redondela escribe: «Si no llega a ser por cierto alemán de Francfort, avecinado allí, que nos recibió en su casa, lo hubiéramos pasado muy mal, porque en el pueblo no hay posadas y la noche era cruda en sumo grado». Y al salir de Santiago añade: «Nos encaminamos a Ferreros, pequeña aldea a 5 leguas de aquella ciudad, en donde tuvimos fementido hospedaje.»

Al llegar a Benavente escribe: «La distancia de Santiago a esta ciudad es de 56 leguas muy largas y el camino fragoso y pésimo.»

Reproducimos, también, algunos de sus comentarios sobre las ciudades, sus moradores y sus costumbres:

En Barcelona le llama la atención la existencia de alcantarillas «semejantes a las de Nápoles y Pavía, ciudad Longobarda, y a las de Valencia, principal población de España.»

Noticias también curiosas de Valencia son las de estos párrafos: «Visten los hombres ropa larga y las mujeres con singular, pero excesiva bizarría, pues van escotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones; además todas se pintan la cara y usan aceites y perfumes, cosa en verdad censurable.» «Los habitan- tes de la ciudad, así hombres como mujeres, acostumbran pasear de noche por las calles, en las que hay tal gentío que se diría estar en una feria, pero con mucho orden, porque allí nadie se mete con el prójimo. No hubiera creído que existía tal espectáculo a no haberle visto, en compañía de mis paisanos los honorables mercaderes de Rafensburgo. Las tiendas de comestibles no se cierran hasta la medianoche y, así, a cualquier hora puede comprarse en ellas lo que se desea.»

De Almería cuenta haber visto este suplicio: «Fuera ya de las murallas, vimos una alta columna de cal y canto, en la que pendían por los pies seis italianos convictos de sodomía. A los que delinquen por esta causa los cuelgan primero por el cuello, como en Alemania, y luego por los pies; pero antes de ahorcarlos les cortan los genitales y se los atan al pescuezo, porque en España, odiándose grandemente tal pecado, se castiga con mucha dureza por ser delito bestial y contranatural.

Le gusta mucho Granada y todo lo granadino le llama la atención; Granada estaba recién conquistada por los Reyes Católicos y ofrecía al visitante mezquitas y población mora; dice de Granada que «es la mayor ciudad de esta tierra».

Del puerto de Málaga comenta: «Hay en ella dos hermosos puertos casi semicirculares con tres fuertes torres, y en el de la parte de occidente una gran construcción de siete arcos para fondeadero de navíos y galeras».

De Sevilla nos cuenta, entre otras cosas, que la catedral está aun en construcción: «Juzgo que dentro de seis años estará completamente concluida aquella fábrica, toda de excelente piedra de sillería procedente de las montañas de la costa de Granada y traídas a Sevilla por el río. »

Destaca también la inseguridad urbana en esta ciudad, pocos años antes: «Era tanto el número de malhechores en Sevilla antes que el rey fuera rey, que las gentes no se atrevían a andar de noche por las calles; muchos había que durante esas horas introduciánse enmascarados en las casas, llevándose el dinero, las alhajas, todo en fin lo que topaban a su alcance, y nadie podía estar seguro, ni dentro de la ciudad, ni fuera de sus muros, ni en toda aquella comarca, por lo cual merece alabanzas el ínclito monarca que con dura mano castigó y desarraigó tales desafueros

Y da noticia del puente de barcas sobre el Guadalquivir: «Extramuros de la ciudad y más allá de un puente de barcas, tendido sobre el Betis hay un barrio muy grande llamado Triana».

En Galicia, no es muy elogioso con los santiagueses: «Pero la gente es ... tan sumamente perezosa que tiene casi por completo abandonado el cultivo de la tierra, siendo numerosísimas las personas que no viven más que de explotar a los peregrinos

En Salamanca subraya la importancia de su Universidad: «No hay en toda España más preclaros estudios generales que los de Salamanca. Dijéronme que entonces concurrían a las varias facultades que allí se cursan unos 5.000 estudiantes».

A su paso por Toledo asiste a a las exequias fúnebres del gran Cardenal Mendoza, el 11 de enero de 1495, que se celebraron «con tal pompa y solemnidad que causaba admiración».

(1525) Andrés Navagero veneciano después de permanecer 12 días en Barcelona, donde se procura caballerías y «lo demás que necesitamos», se pone en marcha hacia Toledo por Zaragoza, Guadalajara y Madrid.

El trayecto de Barcelona a Zaragoza, de 40 leguas, lo hace en 9 días, del 12 al 20 de mayo. ....

....El itinerario es Sevilla, Marchena, Loja; Granada; en total 36 leguas recorridas en ocho días, a menos de cinco leguas diarias. En ese trayecto otras noticias camineras: cerca de Antequera, se pasa por puente de piedra el Guadalhorce; saliendo de Loja «después se pasa un río llamado Cacín», y al entrar en Granada «se vadea el Genil».

En Granada aún viven muchos moriscos, cuyos trajes, costumbres, etc. relata con detalle el veneciano; cuanta también, que en Andalucía «en el año 1521 hubo tal hambre que no sólo murieron infinitos animales, sino también muchos hombres, quedando la tierra casi desierta. Hubo tan gran sequía, que además de perderse las cosechas no se encontraba en los campos ninguna clase de hierba; en este año se perdieron en Andalucía las castas de caballos, y aún no se han restaurado».

No hay duda sobre el exclusivo uso del caballo por el veneciano (Navagero) para su transporte personal y de mulas para el transporte de su equipaje. En uno de los párrafos dice refiriéndose a sus gastos he gastado una buena parte en mulas que necesitaba y en algunos caballos que me han costado muy caros».

La velocidad de marcha que se deduce del análisis de sus viajes es de cuatro a seis leguas diarias, con máximos, poco frecuentes, de siete y ocho leguas algún día excepcional.

En los siguientes mapas se atestiguan la semejanza de la red de Calzadas romanas con la red principal de caminos del S. XVI. Si se pulsa sobre los mapas y se amplían se ve que la relación, entre las carreteras actuales y las calzadas romanas pasa a través de los caminos de aquel entonces


 

Calzadas de la España Romana según mapa de 1862

Calzadas romanas y caminos del S. XVI

Es evidente la intima relación entre los caminos del S XVI y las calzadas romanas de los primeros siglos de nuestra era

Viajes y viajeros por España a principios del S. XVI Viajes por España en la mitad del S. XVI

El primer viaje de Felipe el Hermoso y su mujer doña Juana, hija de los Reyes Católicos ocurrió en los años 1502 - y 1503—Su finalidad principal . era ser jurados como herederos de los tronos de Castilla y de Aragón; el narrador es A. dé Lalaing, caballero flamenco de la corté del hijo de Maximiliano.

Ya en las primeras páginas del relato se ponen de manifiesto las dificultades de los caminos españoles respecto a los flamencos y franceses a los ojos del narrador foráneo.

«Al partir de Bayoria fueron despedidos los carros y carretas de Flandes que habían traído los bagajes de monseñor; porque no podían seguir más adelante, por las montañas; y fueron traídos grandes mulos de Vizcaya, por orden del Rey y de la reina de España qué llevaron dichos bagajes hasta Toledo, donde encontraron al rey y a la reina».

El segundo viaje de don Felipe a España corresponde al año 1506. Enterados los archiduques de la muerte de la Reina Católica, en diciembre de 1504, se aprestan para venir a Castilla para tomar posesión del Reino; don Felipe envía por delante a un hombre de su confianza, Felipe de Verey, quien una vez en Castilla, reclama insistentemente la presencia de su señor pues el Rey viudo, don Fernando, pretende ser administrador del Reino, alegando para ello el testamento de su difunta esposa Isabel. El narrador de este viaje es anónimo.

Embarcan don Felipe y doña Juana el 8 de enero de 1506, en La Juliana, nave :de cuatrocientas toneladas, al frente de una flota de cerca de cuarenta naves con la intención de arribar a las costas cántabras castellanas, pero una, tormenta dispersa la flota y don Felipe se refugia en la bahía de Portland, en Inglaterra. El Archíduque decide pasar el invierno en Inglaterra y visitar a su Rey; se pone en camino hacia Windsor a donde llega el 31 de enero. Permanece en aquél reino hasta el 22 de abril en que embarca de nuevo en Falmouth (CornuaIles), con destino a Castilla desembarcando en La Coruña el ,26 de abril de 1506.

El segundo itinerario de don Felipe por tierras, españolas se reduce La Coruña-Burgos:

El camino Santiago-Benavente por Orense y Puebla dé Sanabria tiene más significación. política y. estratégica que caminera: «(Don Felipe),se resolvió y decidió a no ir a Castilla por la región de Villafranca, y se dirigió de Santiago a Lerín, y de allí a Orense». Se entrevista con su suegro en las proximidades de Puebla de Sanabria y allí firma con él el tratado de 27 de julio de 1506 que aparentemente arregla las diferencias existentes entre ambos. Ello le permite adentrarse en el Reino de Castilla, y prosigue viaje hacia Valladolid y Burgos, ciudad donde. fallece de muerte natural el 25 de septiembre del mismo año a, los 28 años dé edad.

En esté segundo viaje de Felipe el Hermoso los comentarios del autor anónimo sobre el camino entre Santiago y Orense no son tampoco muy halagüeños el camino, entre montes y valles, es malo y «lo más de los señores, gentileshombres y oficiales del rey iban, a pie o mal montados, porque los unos tenían sus caballos en Castilla, los otros aún no habían comprado sus caballos, tanto por la carestía como porque se hallaba con la dificultad de comer para dichos caballos, y de otra parte, los peatones estaban tan fatigados por el mucho calor que hacía, que muchos estaban enfermos y delicados; y no se podían encontrar ni bueyes ni carretas para llevar los equipajes del rey, de los príncipes, gentiles hombres y oficiales de su casa; y cuando se los hallaba, después que los boyeros habían hecho dos o tres jornadas desaparecían de noche con sus bueyes sin esperar al pago, dejando las carretas cargadas».

Carro que andaba  por aquellos entonces Carroza de Felipe II

Silla de mano

Litera