Bailando y pagando

Desde el siglo XVI los hombres de Chite pagan por sacar a bailar a las mujeres en la rifa de los Santos Inocentes que se celebrará este sábado

RAFAEL VÍLCHEZ / CHITE. Sacado de Ideal

Miembros de la Hermandad recorren las casas para obtener una contribución económica. /R. V.

CHITE, en el Valle de Lecrín, celebrará este sábado, durante todo el día, la rifa y fiesta de los Santos Inocentes. En 1996, y tras tres décadas sin celebrarse, este precioso pueblecito recuperó la fiesta que data del siglo XVI. Habrá persecuciones a las mozuelas para llevarlas a bailar previo pago al alcalde y alguaciles ficticios, rifas de productos donados por el vecindario, degustación de migas con garlopa y arroz y otros festejos.

El historiador Francisco Martín Padial ha indicado a IDEAL que la rifa y fiesta de los Santos Inocentes, «antiguamente comenzaba la tarde del 27 de diciembre con la ida al cercano pueblo de Talará y la visita que hacía el cortejo de la rifa a los miembros de la Hermandad para obtener su contribución así como la de todo aquel que encontraban de paso».

«El disparo de cohetes -continua- alertaba de su presencia. El cortejo lo formaban el hermano mayor de la Hermandad, que ostentaba la vara del alcalde y llevaba la bolsa; una persona que hacía de secretario, otros hermanos con bolsas y otros haciendo el papel de pregoneros y alguaciles armados de sable. A esta comitiva le acompañaban tocaores de guitarra y bandurria».

Llega la subasta

Al oscurecer volvían al Chite, abriendo entre cohetes y el chirriar de sables sobre las calles. En las tabernas comenzaban las subastas de baile o cante y algún vecino daba dinero para que otro bailara o cantara. El dinero pasaba a la bolsa y si el señalado para el menester no quería hacerlo tenía que entregar mayor cantidad de dinero para ella. Comenzaba así una puja pero pasando el dinero por la bolsa de donde no habría de salir.

Según Martín Padial, «se bailaba suelto el fandango. Y cuando la cosa estaba floja, los de la Hermandad urdían el engaño para sacar el dinero de aquel que no se 'mojaba' por ser tacaño, agarrado y mísero en la miseria».

Asimismo, el 28 de diciembre por la mañana se buscaban unos zagales (niños) para portar las canastas de caña. Y al son de la música pedían, casa por casa, productos de la matanza del cerdo así como frutos propios del campo para rifarlos en la plaza central de la iglesia