Elementos de un molino de rodezno:
1.- Rodezno. 2.- Maza. 3.- Palahierro. 4.- Lavija. 5.- Saetín. 6.- Alzapuente. 7.- Alivio. 8.- Muela solera. 9.- Muela corredera. 10.- Guardapolvos. 11.- Cabria. 12.- Tolva. 13.- Canaleta o canaleja. 14.- Manecilla o tarabilla. 15.- Elevador. 16. Cedazo o torno cernedor.

MÁQUINAS Y HERRAMIENTAS

A continuación analizamos las distintas partes que componen un molino hidráulico, utilizando los nombres más extendidos en la provincia de Granada, ya que existen diferentes denominaciones para un mismo elemento o, a veces, simples variaciones fonéticas, que han sido anotadas en el capítulo dedicado al léxico de la malinería, pues muestran las diversas áreas culturales y nos pueden servir para rastrear los caminos de la difusión técnica de algunos elementos y componentes del molino.

Hemos visto que de forma indispensable y como elementos básicos, el sistema hidráulico debe disponer de un canal o acequia que tome el agua de un río, torrente o manantial; al tramo que lleva el agua hasta el molino se le denomina caz y a la continuación del canal para el desagüe se le conoce por socaz. Para que la fuerza que pone en movimiento la rueda hidráulica sea mayor, el agua se deja caer por una rampa, en unos casos, o por un cabo, en otros, al final de los cuales se sitúa el rodezno o rueda hidráulica horizontal. El agua precipitada por esta pendiente o altura, respectivamente, golpeará las cucharas o álabes del rodezno a través del saetillo o saetín y boquinete. La pendiente de la rampa y la altura del cubo variará, según los casos, dependiendo del número de muelas a mover y del caudal de agua disponible. Comenzando la descripción de los elementos del molino, de abajo a arriba, encontramos:

El saetín

Puede haber sido construido directamente junto al resto de la infraestructura hidráulica en piedra, aunque también hay casos en que se realizan de madera y en épocas más recientes en hierro de fundición.

Saetín de madera del molino de Acequias

La puente o alzapuente

Se trata de una viga de madera de enebro o álamo negro por su resistencia a la acción del agua. En ella se encaja la rangua sobre la que gira el rodezno. La puente, a la vez que sirve de asiento al rodezno e impide que se empotre en el suelo, permite la unión o separación (asentar o aliviar) de las piedras, mediante el aliviador o vara del alivio conectada con ella por su extremo móvil.

La rangua, el gorrón (punta) o la cruz

Todos estos elementos son de bronce, para evitar que el continuo roce los desgaste.

La rangua

También llamada dado por su forma, es un cubo, de unos 6 a 8 cms. de lado, que tiene útiles sus seis caras y lleva marcado en el centro de cada una de ellas el punto sobre el que debe apoyarse el gorrón. Cuando una cara está muy desgastada, se gira el dado y se utiliza otra nueva.

El gorrón

También llamado punta. Es un pivote, de unos 10 cms. aproximadamente de largo, sobre el que gira el rodezno, haciéndolo sobre la rangua.

La cruz

Es una variante del gorrón. Su forma es la de una rangua con cuatro gorrones yuxtapuestos en forma de cruz. Tiene la ventaja de poder utilizar sucesivamente las cuatro puntas, pues cuando se gasta una se utiliza otra nueva.

El rodezno

También llamado roezno o rodete, es una rueda hidráulica con paletas curvas o planas y eje vertical. Consiste en una rueda doble de madera o hierro donde van encastradas las paletas o cucharas. Dicha rueda va unida a la maza en la que encaja el palahierro, sujeto mediante ceños o cinchos metálicos; ambas partes, maza y palahierro, forman el eje del rodezno, que se encarga de transmitir el movimiento al empiedro. Por tanto, el rodezno consta de las siguientes partes:

  1. Los álabes. De madera o hierro. Por su forma pueden ser curvos o rectos. La forma curva se emplea en los álabes de madera, por lo que se conocen con el nombre de cucharas; mientras que los álabes rectos se realizan en hierro. El tamaño y número de álabes oscila según el tamaño de las muelas que mueva el rodezno y del agua disponible en la instalación.
  2. Los camones. Son los anillos que sustentan a los álabes.
  3. Los brazos o radios. Son los elementos que unen los camones al árbol o maza del rodezno. Pueden ser de madera o metálicos.
  4. El árbol o maza. Construido de madera de álamo negro o enebro por su resistencia al agua; aunque en época moderna se realizan también metálicos, de hierro de fundición. En algunas ocasiones, para evitar que al girar se desnivele la rueda con respecto al eje, se utilizan unos ganchos o tirantes de fundición. Al árbol de madera va acoplado el palahierro y para que su unión sea más fuerte se refuerza mediante cinchos o sortijas de hierro y cuñas o escaños de madera. En el caso de los rodeznos metálicos todo el eje es de hierro aunque se siguen diferenciando dos partes, maza y palahierro, cuya unión irá fuertemente atornillada.
  5. El palahierro. Es un eje de hierro insertado a la parte superior del árbol. A su vez, el extremo superior del palahierro remata en una protuberancia llamada cresta o bellota del palahierro que engarza en la lama, pieza metálica que se acopla a la muela volandera, concretamente en el lavijero o hueco practicado en la cara inferior de la citada muela. Al ponerse en movimiento el eje del rodezno, la lavija empotrada en la muela y sujeta al palahierro, obliga a girar a la muela superior.


Rodezno del molino de Acequias

Los rodeznos de madera son los más antiguos que se conocen; estaban realizados por tablas de madera encastradas en un tronco de árbol; estas formas primitivas evolucionaron hacia formas curvas, de ahí la denominación de cucharas. De estos rodeznos de cucharas quedan escasos ejemplares en buen estado de conservación, pues al haber sido abandonados estos molinos tradicionales, los rodeznos se han destruido por diversas causas, la búsqueda de elementos de bronce por parte de los chatarreros, otras veces han sido arrasados al limpiar las acequias por personas profanas y ajenas al molino, o simplemente al faltar el agua en los caces se han descompuesto o han quedado sepultados en el cieno bajo los cárcavos.

Existe otro tipo de rodezno formado por una estructura de madera que deja un hueco central cuadrado en el que se inserta el eje de madera y un doble aro, donde se incorporan los álabes rectos de hierro.

El diámetro de los rodeznos que hemos documentado oscilan entre 0,80 y 1,60 mts.; dimensiones menores son ineficaces y mayores plantean problemas de torsión. Sus dimensiones están en relación directa con la altura del salto y con el diámetro de la muela a mover; pero en cualquier caso deben de asegurar un mínimo de 110 revoluciones por minuto.

Nuestros trabajos para la provincia de Granada nos permiten asegurar que hubo un predominio absoluto de las ruedas horizontales en los molinos harineros tradicionales, así como en aquellos que se modernizan y en las nuevas fábricas que se construyen a partir de la segunda mitad del siglo XIX, que incorporan las nuevas turbinas hidráulicas.

La paraera

En los casos en que el bocín se diseña como elemento autónomo dispone de un mecanismo, llamado trampón o paraera, consistente en una llave que acciona el saetín para que el agua mueva el rodezno a para interrumpir dicho movimiento. Al accionar dicha llave, la paraera, conectada mediante un vástago de hierro con una lengüeta, también metálica, encastrada al boquinete, da lugar a la entrada de agua o interrumpe su paso en el interior del cárcamo. El mecanismo se manipula sin esfuerzo desde la sala de molienda y su finalidad es detener o poner en funcionamiento el rodezno y, por consiguiente, la maquinaria a la que da movimiento.


La paraera es el hierro del suelo que está en primer lugar. Molino de Acequias

El alivio

Un mecanismo de gran importancia es el alivio o aliviador de las muelas, que mediante un husillo y una tuerca permite regular de forma muy precisa la separación de ambas. Como hemos visto, el conjunto formado por el árbol y el rodezno termina en su parte inferior en un pivote, denominado gorrón, que descansa y gira sobre la rangua situada en el centro de la puente. Uno de los extremos de la puente o alzapuente se halla inmóvil, mientras que el otro permanece libre; en este último se enrosca la vara o barra de alivio, mecanismo paralelo al eje del árbol que posibilita ajustar (subir o bajar) la muela volandera con respecto a la solera y posibilita la obtención de diversas calidades de harina. La vara de alivio consiste, pues, en una varilla vertical de hierro en cuyo extremo superior tiene la llave de alivio, situada sobre la plataforma al lado del empiedro. Esta vara de alivio permite, con mínimo esfuerzo, levantar o bajar el árbol y, a su vez, la piedra volandera que sostiene. Este ingenioso mecanismo permite, por tanto, asentar o levantar (aliviar). la piedra corredera, dando como resultado una harina más o menos fina.

Las muelas

No todas las piedras son aptas para la preparación de muelas para los molinos harineros. Desde la Edad Antigua hasta la Moderna, las muelas utilizadas en los molinos se preparaban en las canteras más cercanas, debido a las dificultades que comportaba el transporte de tan voluminosas y pesadas piedras; no obstante, en cada comarca los molineros mostraban su preferencia por determinado tipo de piedra cuyo uso continuado había demostrado ser apto para la molienda. Se han utilizado diversos materiales, el pedernal (una variedad de cuarzo), o las llamadas berroqueñas (de granito), de distinta dureza y procedencia. Los canteros, una vez extraída la piedra idónea, le daban la forma y dimensiones aproximadas y la transportaban en carros de bueyes hasta el molino, donde el molinero realizaba los trabajos necesarios para su acabado óptimo.


Piedra de molino en construcción en la cantera del Padul que no la cita el autor del libro

Tomás López" , a fines del XVIII, en su Diccionario Geográfico, indica como en Otívar se hallaban «algunas canteras de piedra basa» con las que se elaboraban las muelas para los molinos harineros ubicados en el río Jete. Como hemos podido comprobar, esta cantera suministraba las muelas a otros muchos molinos situados en la Sierra de Cázulas.

Algunos historiadores han interpretado la expresión «pan baxo», que aparece en algunos documentos de los siglos XVI y XVII, como el pan poco cocido o con poca altura; cuando en realidad hay que interpretarla como el pan elaborado con la «harina baxa», es decir, producida mediante la molturación del trigo con «piedras bazas». La textura rugosa de estas muelas provocaba que el trigo fuese triturado de tal forma que hacía difícil la separación del salvado y la harina, dando lugar a un pan de aspecto moreno, similar al color de las piedras; de ahí que por comparación del aspecto del pan con las piedras molturantes, se les diera el mismo nombre.

Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, en su Diccionario Geográfico, es más explícito al decir que en Loja se encuentran canteras que proporcionan «buenas piedras de molino, de .sillería arenisca» y que «las de Moclín y Vélez de Benaudalla (dan) excelentes piedras de molino»`. De forma acertada, Madoz informa sobre las canteras para la preparación de muelas; de todas ellas, durante los trabajos de campo, hemos podido comprobar como las más estimadas fueron las de Moclín, por su dureza y textura. Pero en regiones alejadas, como Las Alpujarras, la Costa y la depresión de Guadix y Baza, disponían de canteras propias de características similares; es el caso del municipio de Caniles, que contaba con «una cantera de piedras de molino para pan moreno».

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, con la mejora de las comunicaciones y, sobre todo, con la expansión del ferrocarril comienzan a difundirse las piedras procedentes de canteras almerienses, las artificiales de esmeril y, en especial, las muelas francesas. Las piedras desechadas suelen aparecer esparcidas alrededor del molino o empotradas en muros próximos, en solerías exteriores o interiores, en los suelos de los hornos de tahonas cercanas, etc. Casi siempre han sido el primer indicio de la existencia o proximidad de un molino harinero. En los últimos años, se constata la tendencia a utilizarlas para mesas de jardín en casas residenciales, por lo que muchas de ellas han desaparecido de su emplazamiento original.


Piedra francesa del Molino de Misqueres de Padul

Cada molino puede tener una o varias paradas, cada una de estas paradas o empiedros conforma el molino propiamente dicho. Hemos documentado molinos que disponen desde una hasta seis paradas; pero lo más frecuente es que dispongan de dos o tres empiedros. Cada parada o molino consta de dos muelas: la inferior que está fija, llamada solera, y la superior móvil, denominada corredera o volandera. Ambas son cilíndricas y sus dimensiones más usuales oscilan entre 90 y 1,30 cms. de diámetro; el grosor disminuye a medida que se van gastando, pero oscila entre los 45 ó 50 cms. cuando comienzan a ser utilizadas hasta los 15 ó 25 cms., en que son sustituidas. La piedra móvil suele tener grabados en la superficie de contacto, o cara inferior, unos surcos radiales, llamados regatas que deben ser marcadas con frecuencia, conforme el uso las desgasta.


Parada o empiedro del molino de los Misqueres de Padul.
Donde se ve la piedra fija de abajo o solera y la móvil de arriba o voladera.
La cabria sujeta a la piedra para moverla

En época moderna, ambas muelas comienzan a estar ceñidas por uno o dos cinturones de hierro llamados ceños, zuños o zunchos. En uno de los ceños se practican dos agujeros, opuestos diametralmente el uno del otro; estos agujeros de unos 5 cms. de diámetro traspasaban hasta las piedras y en ellos se introducen los burlones o pernos de hierro que sujetan las abrazaderas de la cabria en caso de tener el molinero que picar o sustituir las piedras. En el caso de las muelas francesas, en la embocadura se sitúan otros ceños metálicos con inscripciones que nos permiten conocer la cantera de procedencia.

En resumen, las características generales de las piedras (muelas) son las siguientes:

  1. La forma siempre es cilíndrica rebajada; es decir, en forma de disco. El diámetro es igual para cada par que forma el empiedro o molino.
  2. Los tipos de piedras más estimadas son las naturales, de canteras granadinas o almerienses, o las procedentes de canteras francesas (La Ferté o La Lohr). Las piedras francesas tenían fama de producir una harina de mayor calidad, por su color blanco. Estas piedras estaban formadas por fragmentos poligonales de piedra cuarcítica. Aunque también las había de una sola pieza, se comercializaban en porciones y, una vez en el molino, se unían con yeso o cemento formando un cilindro que era zunchado por uno o dos aros metálicos.
  3. Las dimensiones de las muelas varían de unos molinos a otros y sobre todo según las localidades y comarcas. La variación del grosor es debida fundamentalmente al desgaste a que son sometidas. El diámetro del ojo es mayor en la volandera que en la solera para facilitar el paso del trigo.
  4. Partes. La superficie molturante de la solera es perfectamente plana; sin embargo, en muchas ocasiones, los molineros practicaban una pequeña concavidad cerca del ojo de la muela. En la volandera, esta concavidad es bastante más pronunciada, siguiendo luego en descenso hasta terminar en la parte plana, cerca de la circunferencia exterior. A esta disposición que se denomina con el nombre de garganta, tiene por objeto facilitar el paso del trigo desde su entrada por el ojo hasta la salida, después de haber sido completamente triturado. De este modo, se pueden diferenciar tres partes en la superficie molturante de las muelas: entrante (a través del ojo), tragante o garganta y moliente.
    Cada una de estas tres partes desempeña en la molienda distintas funciones, que pueden considerarse como antecesoras de las que realizan los tres cilindros en las fábricas harineras: quebrador, desmenuzador y molturador; pues en la primera zona de la muela, entrante, se produce la acción de quebrantar el grano, desmenuzándose en la tragante o garganta y reduciéndose a polvo en la moliente.
  5. Regatas. Son unos rayones o acanaladuras realizadas en las caras molturantes de las muelas encargadas de evacuar la harina hacia el exterior. Por su forma pueden ser curvas, rectas (de 4 u 8 acanaladuras), de estrías múltiples (de 30 a 40 acanaladuras) y mixtas.
  6. Zunchos metálicos, también llamados ceños o zuños. Pueden variar en la forma de abrazar la muela, pero siempre tienen la misma finalidad. Pueden tener dos anchos, dos estrechos o bien uno ancho y otro estrecho.
  7. Equilibrado de la solera. Existen dos formas de realizar el equilibrado de la muela fija, mediante tornillos o con cuñas de madera.


Picado de una muela o piedra de molino

Disposición de las muelas. La piedra fija, también conocida como solera o muela durmiente por hallarse inmóvil, se sitúa sobre una estructura a modo de bancada, apoyada sobre otras muelas o de obra sólida en los molinos más antiguos; posteriormente, evolucionó hasta convertirse en una plataforma cuadrangular de madera; y más tarde, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, se realizan de fundición.

En todos los casos, la superficie de la muela fija debe estar asentada de tal forma que no tenga vibraciones y perfectamente nivelada en posición horizontal. Cuando la muela se asienta sobre una plataforma, ya sea de madera o hierro, su posición se regula mediante unos tornillos de asiento, verticales, fijándola después por otros tornillos horizontales, que la mantienen centrada con el soporte superior del árbol o palahierro que transmite el movimiento a la piedra superior. La muela volandera, dirigida en su movimiento por el árbol, está suspendida por la lama, que es una pieza de hierro que se empotra en la muela y que atraviesa el ojo de ésta en la dirección de su diámetro.

El ensamblaje de la lavija y el árbol se realiza por medio de un manguito de fundición que se ajusta a dicho árbol y se sostiene por medio de unos nervios que le impiden girar presentando en la parte superior una escotadura en que entra dicha lavija, la cual tiene en el centro de la superficie inferior una concavidad esférica, en la que penetra un apéndice de acero (conocido en la Vega de Granada como bellota y en otras zonas del norte de la provincia como cresta), que se halla engarzado en la extremidad del árbol y sirve para mantener la muela centrada.


Piedra fija o solera del molino de Feliche de Padul

La posición de este punto de suspensión se encuentra un poco más alto que el centro de gravedad de la muela para poder mantener el equilibrio estable. Además, es muy importante que dicho punto se encuentre perfectamente centrado, para compensar el desequilibrio resultante de la desigual homogeneidad de la superficie de la muela.

En el caso de las muelas francesas, incorporadas en los molinos tradicionales de la provincia de Granada, sobre todo en aquellos que pretendieron una temprana modernización, para conseguir un mejor equilibrado disponen de unos orificios cilíndricos (en diferente número) situados de forma diametral en la parte superior de las volanderas. La muela volandera suspendida en el aire, sin rozar con la solera, se ponía en movimiento y en los orificios se vertía la cantidad necesaria de plomo fundido; una vez equilibrada, se cerraban dichos orificios con unos platillos metálicos.

El guardapolvos

Sobre el empiedro se coloca el guardapolvos o tambor de madera que impide la pérdida de harina por espolvoreo. Antiguamente, se utilizaron de esparto trenzado; por lo general, son de madera y, de forma excepcional, de chapa con estructura de madera, con forma de prisma circular u octagonal. No tiene más aberturas que la superior de entrada del extremo del tubo engranador de la canaleta, otra lateral a modo de pequeña puerta para observar el proceso de la molienda y una compuertilla en la parte frontal e inferior por la que cae la harina, bien directamente al harinal o cajón donde se enfría antes de ser envasada en costales, o bien hasta el sistema de tornillos sinfín o de elevadores a cangilones, mediante los que es llevada de forma mecánica hasta la sala de cernido.


Los dos empiedros del molino de acequias con la cabria para mover las piedras al fondo. Los guardapolvos son de pleita y la tolva de madera

La tolva

Es el recipiente de madera, con forma de pirámide invertida, donde se deposita el grano. Descansa sobre el guardapolvos mediante las angarillas (bastidor también de madera).

De la tolva dependen:

  1. La canaleta o canaleja. De diversa tipología, es un pequeño canal de madera por el que discurre el grano hasta el ojo de la muela.
  2. La manecilla. Elemento con diversas variantes en cuanto a su forma pero siempre con la misma finalidad. Se trata de un larguero de madera unido a la canaleja, cuyo movimiento de vaivén permite dosificar el grano que cae al ojo de la piedra. En origen tenía forma de mano, de ahí su nombre. Este mecanismo reemplazó el movimiento que debía realizar el molinero. Recoge los giros de la muela a través del caillo y describe un movimiento similar al giro del brazo humano, lo que provoca que la tolva libere de forma dosificada los granos.
  3. El caillo. Es la derivación de la manecilla que roza con la piedra. Con el roce de este bastoncito de madera con la muela hace que se mueva la manecilla.
  4. La Pesa. Suele ser de madera y se coloca sobre el grano dentro de la tolva; cuando se termina el grano acciona mediante un tirón las sonajeras.
  5. e) Las sonajeras. Son dos chapas de metal unidas por una cuerda a la pesa que saltan al agotarse el grano de la tolva. El ruido provocado en el choque de las chapas avisa al molinero de la necesidad de poner más trigo en la tolva o parar el movimiento del molino.

Aparatos de transporte

Antiguamente, los molineros tenían que acarrear el grano mediante espuertas y echarlo a la muelas por la tolva, pero de forma paulatina se aplicaron nuevos mecanismos que eximían al molinero de estas pesadas tareas, sobre todo un juego de elevadores que se accionaba a través del movimiento del rodezno. Otro de estos mecanismos es el sinfn, también accionado por el movimiento del eje del ,rodezno. El sinfin es una rosca de Arquímedes que permite recoger la harina que sale por las muelas y llevarla hasta los cernedores o también conducir el trigo limpio desde el lavadero a la tolva. Consiste en una pieza metálica helicoidal en movimiento permanente. Los más primitivos se realizaban con un madero alargado al que se enrollaba en forma helicoidal una soga de esparto. Para desplazar el grano, las sémolas y harinas entre distintos niveles se utilizan los elevadores. Consisten en un conjunto formado por unas largas conducciones de madera, cabezas, pies y poleas de madera; unos ejes y soportes, también de madera o de hierro. Estas conducciones albergan unas correas, de cáñamo o de cuero, conectadas a las poleas de madera que son movidas por la transmisión del movimiento del rodezno. A las correas van asidas mediante dos tornillos unos pequeños recipientes metálicos denominados cangilones o cubiletes, que bajaban el trigo de la sala de limpia a la de molienda y desde esta última subían, por otros elevadores similares, la harina a la sala de cernido y sasado.

La distancia existente entre los cangilones o vasos metálicos suele ser igual al diámetro de la polea. Las poleas para correas de los elevadores oscilan entre 30 y 50 cms. de diámetro. El ancho de las correas oscila entre 9 y 16 cms. y el ancho de los cangilones entre 6 y 14 cms.

Desde el último tercio del siglo XIX, se produce la incorporación paulatina de nuevos sistemas de limpia para eliminar las impurezas del trigo, que son difíciles de separar con los métodos tradicionales utilizados por los molineros; también se incorporan cernedores cada vez más sofisticados para la separación de la harina y del salvado y, finalmente, las tararas que permiten una mayor y mejor clasificación de las harinas obtenidas. Con la incorporación de esta nueva maquinaria en los molinos tradicionales se origina un nuevo concepto de producción, el molino fábrica, de mayor rentabilidad, que junto a un nuevo reto empresarial, se prepara para dar el paso definitivo hacia un nuevo modelo industrial.