Ferrocarril Madrid Aranjuez

Se inauguró el 9 de febrero de 1851 por eminentísimo cardenal de la Iglesia romana, señor Bonel y Orbe

Revista Universal

El acto solemne consistía en desfilar por delante del altar las locomotoras. Así , y una á una, recibieron todas la bendicion, y la recibieron tambien los ferro-carriles, el camino mismo. La locomotora Isabel II iba engalanada con guirnaldas que empañaba el vapor. Parecía que el cardenal daba su bendicion á un volcan en que nacían, flores. La Iglesia los bendecía por uno de sus príncipes, el señor arzobispo de Toledo, eminentísimo cardenal de la Iglesia romana, señor Bonel y Orbe. En este venerable anciano, con su rostro de bondad suma, no parecía sino que nos bendecían tambien las generaciones que pasaron. Costumbre es esta muy plausible. En toda Europa se pide en semejantes casos que caigan sobre ese gran progreso las bendiciones del cielo, sin las cuales todo es nada. Ese y otros progresos, si bien se miran, son para la religion un regocijo. ¿Quién mas que ella ha enaltecido al hombre, y le hace y le proclama en la economía de la creacion un sér aparte y soberano? ¿Y quién, despues de esa verdad sublime, le enseña sin contradecirse otra verdad, que no lo es menos: la vanidad de su poder? Porque si es grande y noble aquel principio, grande y noble es, y de mas utilidad práctica , el de la humildad, que alcanza á donde quiera que viva el hombre, que no necesita para su demostracion ni capitales, ni niveles, ni obras hercúleas, y que produce tambien por sí esa riqueza moral que se llama resignacion y contento. Por eso la Iglesia nos socorre en la afliccion y nos acompaña en nuestras dichas. El hombre no ideará jamás un progreso verdadero sobre el cual no puedan caer las bendiciones y la consagracion católica. Y nótese que cuando otros progresos nacen, ignoramos su porvenir. De este ya le salemos. Poco há que nació y ya es un gigante. Niño aun entre nosotros, y acabando de recibir su bendicion, del primer paso unirá á Madrid con Aranjuez.

Concluida la angusta ceremonia de la Iglesia, salió el convoy real para Aranjuez á las doce en punto. Para el transporte de mil convidados se habian dispuesto otros dos convoyes que salieron con el intervalo necesario. A un mismo tiempo habia sobre el ferro-carril , carruajes con senadores , carruajes con diputados, carruajes con tribunales, carruajes con clero, carruajes con ministros. Aquello era ver la "Guia en acción"

Un millar de convidados iba al sitio; miles y miles se quedaban. La despedida tuvo que hacerse en escala inmensa. El convoy real partia con SS. MM. saliendo de entre la inmensa concurrencia del embarcadero, y en la emocion profunda de un momento solemne, y entre los vítores del pueblo , y el ruido de tanta máquina , no pocas señoras mas impresionables que nosotros y que saben que pueden ser adorno las lágrimas, celebraban con ellas ver á Madrid que corria en vapor como á to mar posesion del real sitio. La tranquila anexion iba á consumarse.

Las obras del tramo de Aranjuez, comienzan en 1846, deteniéndose en 1847 y reanudándose en 1849. En 1850 se consigue una ayuda del gobierno, quedando en 1851 terminadas las obras y celebrándose su inauguración oficial el nueve de febrero de ese mismo año. Era el primer ferrocarril con el que contaba la capital de España.

Madrid y Aranjuez, unidos por raíles

Mª LOURDES SANZ
 

El día 9 de febrero de 1851 amaneció frío en Madrid. Desde las ocho de la mañana de aquel día, los madrileños aguardaban pacientemente en la estación de Atocha y sus alrededores el que iba a convertirse en uno de los acontecimientos claves de la Modernidad: el primer viaje de tren entre Madrid y Aranjuez. Según las crónicas oficiales de la época, la gente no sólo se concentraba en la capital de España, sino que la escena se repetía en todas aquellas localidades que iban a ser visitadas por este primer convoy ferroviario.

Fue una auténtica fiesta: coros y bandas populares amenizaban la espera a las multitudes, que se entretenían mientras tanto observando a la Familia Real (con Isabel II a la cabeza), testigos de honor de la histórica fecha. Ministros, periodistas, autoridades eclesiásticas, dirigentes militares y literatos se mezclaban con el curioso pueblo llano, deseoso de no perderse ni un detalle de cuanto estaba teniendo lugar. Todo estaba planeado al detalle: no faltó ni la pertinente bendición de los raíles y las locomotoras. Siete fueron las locomotoras elegidas para emprender este histórico viaje. En ellas, varios cientos de personas (nobles y algún que otro plebeyo), elegidas para vivir in situ la emoción del viaje. A las 12 horas y 20 minutos sonó el silbato de la máquina de vapor, anunciando que la original comitiva comenzaba su marcha.

Cincuenta y cuatro minutos tardaron las locomotoras en recorrer los 50 kilómetros que separan Madrid de Aranjuez, todo un logro para una época en la que el ferrocarril era el medio de locomoción más eficaz que se conocía hasta la fecha.

El proyecto nació gracias al tesón del marqués de Salamanca, quien convenció a la reina Isabel II de la rentabilidad del ferrocarril, relacionado directamente con el desarrollo de las escasamente explotadas infraestructuras del país.

El objetivo de este primer ferrocarril madrileño era llegar al mar. Durante los primeros años, esta línea férrea transportaba a 690 personas en cada uno de sus tres viajes diarios. Pero había que tener bien presentes las diferencias de clase: de cuatro reales que costaba el pasaje en cuarta clase, se disparaba a los 20 que había que pagar por un billete de primera.

Con todo, esta novedad ferroviaria tuvo varias consecuencias. La más inmediata fue que la localidad de Aranjuez pasó a ser el camino más directo para poder llegar al sur de la Península, algo que todavía se mantiene, 150 años y muchas alternativas más después.