El general Perez de Herrasti. Héroe de Ciudad Rodrigo. 1967 (Libros de Lance - Biografías)
El general Pérez de Herrasti. Héroe de Ciudad Rodrigo

APROXIMACIÓN A LA BIOGRAFÍA DEL GENERAL PÉREZ DE HERRASTI

El Excmo. Sr. D. Andrés Víctor José Miguel Pérez de Herrasti, Pérez del Pulgar, Pérez Biedma o Diezma y Pérez de Aróstegui nació en la casa nº 6 de la Calle Aranda, de Granada, sobre el año 1.750.

Era hijo de D. Juan Francisco Pérez de Herrasti, que había contraído matrimonio con doña Josefa Diezma de Aróstegui sobre el año 1.727,como fecha probable.

D. Juan Francisco Pérez de Herrasti tomó posesión del Mayorazgo del Padul (Granada), en el año 1.736, entroncando así el apellido Pérez de Herrasti con el de Pérez de Aróstegui, asentados éstos en El Padul desde mediados del siglo XVI. Era, por tanto, doña Josefa Diezma de Aróstegui descendiente directa de Martín Pérez de Aróstegui, guipuzcoano de nacimiento, que renunció a refugiarse en la fortaleza de la Villa el día 22 de Agosto de 1.569,cuando el ataque morisco, y que defendió valerosamente su casa, y de D. Antonio de Aróstegui, secretario de Estado de los reyes Felipe III y IV

D. Andrés Pérez de Herrasti pasó su infancia entre su casa natal granadina y sus propiedades: del Padul: el Castillo-fortaleza de la Casa Grande, de estilo renacimiento tardío, que reedificó don Antonio de Aróstegui a principios del siglo XVII, cuya planta baja estaba dedicada a los menesteres agrícolas y a vivienda de los encargados; y la planta superior, a residencia de los dueños.

Pérez de Herrasti ingresó en el ejército español en el año de 1.762,cuando contaba sobre los doce años de edad; y lo hizo como cadete del Regimiento Provincial de Granada.

Entre los documentos que figuran en los archivos del ejército, constan sus datos profesionales que, debidamente contrastados y comprobados con su hoja de servicios, son estos:

CAMPAÑAS Y ACCIONES DE GUERRA DE D. Andrés Pérez de Herrasti:

D. Andrés Pérez de Herrasti contrajo matrimonio con doña María Antonia Luca Tinermans, el día 27 de Diciembre de 1.792, siendo a la sazón Teniente Coronel de los Reales Ejércitos y primer Teniente de Granaderos del Regimiento de Reales Guardias Españolas, con guarnición en Barcelona, tras haber obtenido las licencias oficiales correspondientes y haber depositado una dote de unos 60.000.-Reales.

Doña María Antonia Luca Tinermans era viuda de don Francisco Puig Traveset.

Pérez de Herrasti contaba a la sazón cuarenta y dos años de edad y durante los trámites oficiales había alcanzado el grado de Coronel.

DESTINO Y ACCIONES EN CIUDAD RODRIGO:

Se posesionó del mando de Ciudad Rodrigo el día 12 de Noviembre de 1.809, cuando España entera bullía contra los franceses. Era gobernador de la Plaza el brigadier D. Luis Martínez de Ariza, pero los lugareños estaban en desacuerdo con él porque consideraban que su actitud hacia los invasores franceses era sobradamente débil, e incluso lo acusaron de "afrancesamiento", que era la peor de las descalificaciones que, en aquellos días, se le podía hacer a un español ; y mucho más, a un militar.

Aunque la protesta del vecindario fué moderada al principio, pronto entró en el camino de la violencia. En días de Junio, exigieron que la plaza fuera puesta en la más eficaz situación de defensa, acción que consumó la Junta Popular. Adaptaron el Seminario Conciliar,  los conventos, una de las iglesias y los cuarteles para alojamiento de los hombres. Acopiaron víveres y repararon, en la medida de lo posible, las murallas. Exacerbada la intranquilidad, el obispo hubo de sacar el Santísimo en procesión, consiguiendo aquietar a la muchedumbre,

EL SITIO:

Las tropas que Pérez de Herrasti halló a su llegada fueron las siguientes: 240 lanceros de D. Julián y 5.000 hombres mal adiestrados y peor pertrechados.

Los franceses reunieron frente a la ciudad, a las órdenes del general Massena, el 2º, el 6º y el 8º cuerpos del ejército francés que, con la caballería de Montbrum, elevaban a 82.000 hombres las fuerzas sitiadoras. Disponían además de un arsenal de doscientos cañones, según le arrojó el recuento que realizó en la revista a sus tropas, en compañía de Mariscales, generales y brigadieres., el día 1º de Junio, de 1.810.

El cerco de Ciudad Rodrigo se había cerrado, a costa de muchas bajas, a los cinco meses de asedio, mientras Pérez, de Herrasti esperaba el socorro del Duque de Wellinghton, que no le llegó.

El día 23 de Junio, sobre las doce y media de la noche, dos fuertes columnas de infantería francesa, apoyadas por otra de caballería, fueron recibidas con fuego graneado. Los defensores; las frenaron, las rechazaron y las hicieran retroceder, hasta desistir del intento de asalto.

Los franceses los invitaron a la rendición, pero el general, fuertemente impresionado por el heroísmo de la población, se negó en absoluto a escucharlos. Al día siguiente, 25 de Junio de 1.810, los vigías y escuchas del convento de Santa Cruz avisaron que tres numerosas columnas de infantería enemiga se dirigían nuevamente a atacar la ciudad, bajo un fuego de artillería asolador. La asediaron por todas partes, escalaron las tapias al frente, incendiaron la Puerta Principal, la minaron con barriles de pólvora y se introdujeron en la iglesia con el mayor arrojo, la incendiaron también e intentaron enseguida asaltar el edificio donde resistían los defensores; pero la tenaz defensa y un contraataque a la desesperada de los sitiados hicieron que los atacantes huyeran del reducto, cuando ya caía nuevamente la noche.

Las 24 horas siguientes fueron de un intenso cañoneo sobre Ciudad Rodrigo, buscando aterrorizar a la población civil y desmoralizar a los defensores. Pero ni lo consiguieron las bombas ni los incendios ni las ruinas de los edificios; y los defensores y el general Pérez de Herrasti se veían fortalecidos con su mutua presencia, aunque la ciudad estaba asolada, toda ella era un montón de escombros.

Los generales franceses volvieron a pedir parlamento; pero cuando Pérez de Herrasti estaba dispuesto a escucharlos, nuevamente arreció el bombardeo sobra la ciudad. Fué el lazo de la celada que el general Ney quiso tender al defensor.

En los días siguientes, cuando la ciudad superaba su propia tragedia, y los franceses empezaban a ocupar nuevamente los arrabales, Pérez de Herrasti ordenó una nueva salida de sus tropas, que fué nefasta para los atacantes franceses, pués se vieron una vez más rechazados. La resistencia era heroica y las acciones desesperadas, aunque los baluartes estaban reducidos a escombros. Pero aún así, nuevos bombardeos continuaron batiéndola sin misericordia. Las bajas de los defensores y de la población civil; ancianos, mujeres y niños, se contaban por centenas, muchos de ellos semienterrados entre las ruinas, sin que el permanente cañoneo permitiera retirarlas; y los defensores arriesgaban sus vidas para prestarles socorro y para mantener su atrincheramiento

Luego el triste momento en que las fuerzas defensoras, muy mermadas por las bajas, consideraron la imposibilidad de mantener la defensa. Y creyeron erróneo mantener la trágica resistencia ante tan tenebrosas perspectivas y los reiterados ataques franceses. Al final, entre las ruinas, apareció la bandera blanca y los generales Pérez de Herrasti y Ney iniciaron los diálogos previos a la capitulación.

A la mañana siguiente, Pérez de Herrasti convocó a las autoridades militares, civiles y religiosas y les leyó el mensaje que enviaría al general francés, a través de un lancero de don Julián disfrazado de pastor. EI propio general Ney acudió al pié de las ruinas a recibir a Pérez de Herrasti, al que felicitó por la tenaz resistencia. Era el día 10 de Julio de 1810.

En las capitulaciones estipuladas, se permitía a la guarnición que conservara todo aquello a lo que tenía derecho por su brillante resistencia: los oficiales retendrían sus espadas, caballos y mochilas y serían conducidos a Francia, donde serían tratados según su rango y merecimientos, promesa que ratificó el general francés estrechando sus manos y dando su palabra de honor. Tras ello, Pérez de Herrasti, abatido por la derrota, regresó a la ciudad, escalando las ruinas, mientras esperaba su traslado a Francia. Y las tropas españolas se reintegraron a sus cuarteles, tras ser desarmadas.

Ciudad Rodrigo estaba arrasada. La catedral, en ruinas; el hospital, completamente destruido; el seminario, reducido a cenizaa. Y no había ni una sola casa intacta.

Entre los despojos de guerra, se recogieron seis banderas todos los cañones y un millar de cartuchos para fusil, que era toda la santabárbara que les quedaba.

En el recuento humano,1.800 defensores, entre militares y paisanos, habían perdido la vida.

Pérez de Herrasti, que cosechó a la vejez la más amarga de las derrotas, regresó a España al firmarse la paz con Franncia. Dejó escrita una "Relación histórica del sitio de la plaza de Ciudad Rodrigo” (Madrid-1.814). El ayuntamiento de Granada, de donde era natural, le dedicó una lápida conmemorativa en el año de l.867, que colocó en su casa natal, hoy residencia del Opus Dei.

Nota:

Aunque en el retrato del general que existe en el Salón de Plenos del ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, el general aparece condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando, no he podido contrastar en los archivos del Ejército que le fuera concedida.

Bibliografía:

Leonardo Villena Villena