Valores ambientales

La interacción del hombre y el medio, a lo largo de los distintos periodos históricos de esta singular comarca, determina la necesidad de realizar un análisis territorial a una escala de detalle que ponga de manifiesto la imbricación de los elementos que componen los valores patrimoniales con los subsistemas físico-ambientales y, muy especialmente, con el paisaje, testimonio del troquelado secular de las formas de asentamiento y de los sistemas de explotación de los recursos naturales. Es por ello que, al valor histórico, patrimonial y cultural intrínseco del Valle de Lecrín, debemos añadir el valor natural-paisajístico de su territorio, que por propia concepción, resulta un bien en sí mismo conformando una unidad sociocultural indivisa.

UN CLIMA PRIVILEGIADO

El Valle de Lecrín disfruta de un agradable clima durante todo el año debido a: la protección que ofrece el relieve que le rodea, frente a los vientos fríos del invierno, y a las brisas marinas que ascienden desde la costa refrescando las temperaturas durante el verano.

Las diferencias altitudinales permiten diferenciar dos ámbitos climáticos diferentes.

En las zonas más altas el clima es similar al de la Vega de Granada, mediterráneo continental, aunque suavizado por una cierta influencia marítima, de inviernos fríos y con frecuentes heladas y veranos cálidos. Las precipitaciones son escasas y de gran irregularidad interanual y estacional, destacando la acusada sequía estival, que obliga a recurrir al regadío para garantizar los resultados agrícolas.

Al ascender altitudinalmente, la dureza del clima se intensifica, lo cual, unido a la falta de suelo agrobiológico, que muestra desnudo el roquedo, implica un descenso en las actividades agrícolas, limitadas a puntos muy concretos.

Las zonas más bajas, mucho más resguardadas y convertidas en magníficas solanas por su orientación meridional, disfrutan de un microclima, que se diferencia del anterior por la disminución de las precipitaciones, temperaturas más elevadas y la práctica ausencia de heladas.

Las precipitaciones disminuyen por la disminución de altura y por su morfología de zona deprimida, rodeada por relieves abruptos de mayor altitud, donde los vientos suelen ser descendentes. Sin embargo, éstas pueden aumentar bajo

los efectos de los ciclones del frente polar o cuando la elevación del viento, como consecuencia de la proximidad de las montañas circundantes, afecte, al menos en parte, a la depresión.

El aumento de las temperaturas se debe a la disminución de la altura, pues el corazón del Valle queda por debajo de los 650 metros y en algunos puntos desciende hasta los 300 metros. Además, su orientación de solana alarga el período de insolación y atenúa la oblicuidad de los rayos solares en la zona templada.

Otra causa del aumento de la temperatura en las zonas más bajas es, por supuesto, la protección que ofrece Sierra Nevada de los vientos fríos del norte.

Esta benignidad térmica en las zonas más bajas del Valle posibilita la existencia de cultivos termófilos, como los agrios - naranjos y, en menor proporción, limoneros - que no resisten los fríos ni las heladas demasiado duraderas e intensas, pero que pueden resistir heladas suaves, que contribuyen a la mejor coloración y sabor de los frutos. Se cultivan asociados con olivos, creándose una relación simbiótica entre ambos, pues éstos se benefician de las labores más cuidadas que se da al frutal y los cítricos son protegidos de los fríos más intensos, vientos del norte y heladas por los olivos, que en su mayor parte presenta una gran envergadura.

También existen plantaciones exclusivamente de agrios, aprovechando las áreas más resguardadas climáticamente.

El problema de las escasas precipitaciones se resuelve mediante la acumulación nival de las cumbres próximas de Sierra Nevada, que desciende por ríos y barrancos, tras el deshielo, hacia el embalse de Béznar, permitiendo el regadío.

El régimen de vientos predominante, según el análisis de los datos aportados por la única estación agroclimática disponible en la zona, (El Padul), tiene una orientación NW y una velocidad media de 5,17 Km/h.

Los condicionantes que determinan las descritas variaciones climáticas dentro del Valle de Lecrín, implican también la presencia de diferentes pisos bioclimáticos que, desde el termomediterráneo al oromediterráneo dan lugar a un diverso dosel vegetal que favorece la gran variedad paisajística presente.

Las variaciones climáticas que se producen en las partes más bajas del Valle, aumento de temperaturas y disminución de las heladas, hacen posible la existencia de cultivos termófilos, como los agrios. Rosa de los vientos. Estación agroclimática de El Padul.