LA RIQUEZA DEL SISTEMA HÍDRICO


Encajamiento del río Albuñuelas.


Encajamiento del río Dúrcal.


Río Torrente a su paso por Acequias.


Río Torrente a su paso por Nigüelas.


Encajamiento del barranco de Tablate visto desde la zona de los Puentes y la Ermita de la Virgen de las Angustias y San Antonio de Padua.


Izbor desde el puente de la carretera que lleva al pueblo del mismo nombre.


detalle de la Presa de Béznar.

El acceso al Valle de Lecrín desde Granada, por la autovía A-44, atravesando el Suspiro del Moro - divisoria de aguas entre la vertiente Atlántica y Mediterránea, entre el Gen¡¡ y el Guadalfeo -, comienza con un descenso prolongado hasta llegar a una amplia depresión, con forma ovalada, limitada: al NE por Sierra Nevada, de la que se encuentra perfectamente delimitada por una clara línea de falla; al SO por la Sierra de Albuñuelas; y elevada suavemente sobre los materiales sedimentarios del río Dúrcal. Se trata de la depresión de Padul, que constituye el comienzo de la fosa tectónica de Lecrín.

La depresión de Padul es una pequeña fosa tectónica, que presenta afloramientos de dolomías alpujárrides en sus bordes norte y sur a cotas muy bajas, lo que favorece la afluencia de aguas desde amplias extensiones. La naturaleza del terreno, a base de turbas y niveles detríticos finos de baja permeabilidad, es responsable de la aparición de numerosos manantiales en los contactos. En el borde norte, el más representativo es el Ojo Oscuro, mientras que en el sur son notables los Manantiales de los Molinos, Povedano y los Mísqueres. Las aguas que manan son drenadas con auxilio de zanjas (canales o madres en el argot local). Estas madres fueron creadas en el S.XIX para desecar la depresión para usos agrícolas y evitar, además, el riesgo de epidemias. Se enumeran a continuación las más importantes:

- Madre Maestra: Nace en las Fuentes Altas y se aumenta un poco con las aguas de las Fuentes Bajas, regando en parte la zona del Arroyo. Baja y bordea Padul por la Rambla y recoge el agua de algunos manantiales (Fuente de la Salud, Lavadero y algún otro más pequeño). Desemboca en el Hoyo de Juan el Toto.

- Madre Alameda: Nace en el Ojo Oscuro y desemboca en el Hoyo de Juan el Toto. Es madre de abundante caudal.

- Madrecilla de Quiti: Sale del Hoyo de Juan el Toto y desemboca en el Ventano.

- Madre Capucha: Nace en la Fuente del Tío Miguel y con el agua del Plantel riega la Cenefa de los Ojos. Desemboca en la Madre Maestra.

- Madre Blanca: Nace en el Plantel y riega la Cenefa de Marchena y los Prados. Desemboca en la Presa de Perichás.

- Río de los Quinientos: Nace en la alberca del Molino de los Mísqueres. De día pertenece a los Quinientos y

de noche al Pago de Perichás. Desemboca en la Madre Maestra.

- Río Viejo: Nace en la Fuente de Povedano y riega los Quinientos y los Cerrillos. Se une al río del Agia.

- Río del Agia: Nace en la Fuente del Molino de los Mísqueres y se junta con el río Viejo.

- Madre de Perichás: Nace en la Fuente del Tío Miguel y riega Perichás, el Benazal y los Quinientos.

El Manantial del Ojo Oscuro, tiene su nacimiento en una gran y profunda poza (ojo oscuro), enclavada junto a una zona de denso carrizal, en la que nacen de forma diseminada más aguas, dando lugar entre todas a la Madre de Quiti. Muy conocido también es el cercano Manantial de la Fuente del Tío Miguel.

A unos dos kilómetros del camino de los Molinos, sale un carril a la izquierda que conduce al Manantial de Povedano. Las aguas nacen al pie de un balate de piedra, e inmediatamente se incorporan a una acequia de riego.

Siguiendo el carril anterior se encuentra el Nacimiento de los Molinos, posiblemente el más famoso de este área. Las aguas nacen en el contacto de falla de las calizo-dolomías alpujárrides del borde sur con el relleno detrítico-turboso de la Depresión del Padul. Por debajo del camino las ruinas de un antiguo molino nos muestran la razón del nombre y atestigua el uso que antes se les daba a estas aguas. A su pie hay más nacimientos, que se van repitiendo aguas abajo hasta llegar a una surgencia más notable, el Nacimiento de los Mísqueres, de complicado acceso. Estas surgencias, y la anterior de Povedano, dan lugar al Río Agia (realmente un canal o madre). Aquí se encuentra la Turbera de Agia. Destaca el gran caudal, apenas perceptible por el lento discurrir de las aguas, que llevan estas madres.

En la Turbera de Agia existen dos pequeños reductos lagunares conocidos como la Laguna Agia, formados al amparo de antiguos huecos de turba y alimentados por un lento flujo de aguas subterráneas que empapan la turba de la depresión, cuyo drenaje para las labores mineras no es tarea fácil.

Siguiendo el camino se llega a un puente antiguo por donde pasa el Río Viejo o de la Laguna.

El nacimiento de este río, ubicado en el Ojo Oscuro, tiene un caudal importante durante todo el año, aunque decrece ligeramente en verano. La importancia del caudal hace pensar en una captura subterránea de aguas que debían ser tributarias del río Dílar, y por tanto del GenL.

El río de la Laguna recorre toda la Depresión del Padul, recogiendo las aguas de las madres y canales de desagüe de la misma, para buscar finalmente su salida en el extremo sur, abriéndose camino a través del cono de deyección del río Dúrcal, para unirse a éste en el límite de los términos de Villamena y Dúrcal. Este camino del río a través del cono de deyección forma parte de las actuaciones llevadas a cabo en el S.XIX para la desecación de la laguna y supone la salida final de las aguas procedentes de todas las madres y canales de desagüe.

El aislamiento de la laguna de Padul fue tan definitiva, que incluso cauces fluviales, como la Rambla de Cijancos, que debían haber desembocado en ella, han cambiado bruscamente su dirección, guiados, tal vez, por las fisuras de una zona fallada o por el nivel de base más bajo que marcaba el río Dúrcal, y han ido a unirse directamente a éste último.

El agua drenada en la Cuenca de Cijancos, a través de una amplia zona calizo-dolomítica, da lugar al Nacimiento de Alcázar. Este manantial se encuentra en dirección a Cónchar, al penetrar unos dos kilómetros y medio en un carril a la izquierda, antes de llegar al pueblo. Este carril muere sobre un río, tributario del Dúrcal, cuyos nacimientos tienen lugar unos doscientos metros más arriba, en una zona enmarañada, de difícil acceso.

Se trata de un magnífico manantial, poco conocido por lo recóndito de su ubicación, con un caudal medio de unos 300 las aguas son de mineralización y temperaturas medias. Las perforaciones que se vienen realizando en la zona de recarga de este manantial van en detrimento del caudal del mismo.

El río Dúrcal nace en Sierra Nevada, a casi tres mil metros de altura, en el Puesto del Cura y desciende por un valle abrupto en el calar de la Sierra hasta los 860 metros, y tras salvar la falla que limita por esta parte al Valle, penetra en él, abriéndose paso a través de su propio cono, formado en un momento anterior de mayor actividad sedimentaria.

Por debajo de Cónchar, el río Dúrcal tiene excavado un notable cañón en dolomías alpujárrides que, por su baja cota, favorecen las salidas de más aguas subterráneas.

Al pie del río, en su margen izquierda, están los famosos manantiales de Urquízar y Bacamía. Para llegar a ellos se pasa antes por el Puente de Lata, bajo el cual está el Pilar del Mono. Se enclava en una zona de fuerte arboleda y mucha sombra, muy conocido en el pasado por ser punto de parada, casi obligada, cuando se bajaba a la costa por esta carretera.

Tras la travesía de Dúrcal, junto a la ermita de San Blas, un cartel indica el camino de los baños, a los que se llega tras unos tres kilómetros de bajada. El camino muere junto al río Dúrcal; a partir de aquí una vereda cementada conduce a dos coquetos y antiquísimos estanquitos al aire libre, alimentados por sendas salidas de agua que corresponden a los Baños de Urquízar. El lugar bien merece la visita por la tipología de las aguas y la historia que atesoran los baños, a los que eran muy aficionados los romanos. Las aguas son de mineralización media y termales y han gozado desde siempre de hondo fervor entre las gentes de muy diversa procedencia que han encontrado en ellas mejoría de sus males. Muy cerca se hallan los Nacimientos de Bacamía, de propiedades similares, aunque de peor accesibilidad.

Otro baño de aguas termales, menos conocido, se sitúa más abajo, en la misma margen del río a la altura de Melegís. Se trata de los Baños de Melegís desde donde las vistas son excelentes, dominando la cola del Embalse de Béznar, entre las laderas de ol ¡vos y naranjos, con Restábal al fondo. Antes las aguas caían a una pequeña alberca, tapada por naranjos y olivos, en un sitio sumamente aislado y placentero.

En esta zona, en el término de El Valle, el encajamiento del río Dúrcal comienza a ensancharse para alcanzar la depresión de Melegís, en cuya formación ha colaborado conjuntamente con los ríos Torrente y Albuñuelas, a los que se une para formar el río Izbor.

El río Torrente nace en pleno corazón de la Sierra, en las lagunillas, al pie del Pico del Caballo y corre por un valle paralelo al del Río Dúrcal. Uno de sus principales afluentes ese¡ Barrancodel Pleito. Pordebajode Melegísdesemboca en el Embalse de Béznar.

El río Albuñuelas nace en la Meseta de su nombre, en los Becardes, formando incialmente un barranco, que se une a otros varios y a diversas ramblas, para constituir definitivamente el río, que es conocido también con el nombre de río Saleres y río Santo. Uno de sus principales afluentes es el barranco de Luna.

A partir de la Depresión de Melegís, la unión de los ríos Dúrcal y Albuñuelas (y antes de la construcción del Embalse, también el Torrente) recibe el nombre de río Izbor, cuyo caudal está regulado por la presa de Béznar. La finalidad de la misma es triple:

- Defensa contra las avenidas de la cuenca.

- Mejora de los regadíos de la zona costera, con unas 5.000 hectáreas de productos subtropicales y hortícolas extra-tempranos, de alta rentabilidad.

-Abastecimiento de agua potable de los núcleos urbanos de la Costa Granadina.

Además garantiza los caudales de concesión a la central hidroeléctrica de ízbor y su aprovechamiento se completa con el embalse de Rules, en el Guadalfeo.

Geológicamente, la cerrada y el vaso del Embalse de Béznar se encuentran situados sobre las últimas estribaciones Miocenas de la depresión de Granada. Contienen sedimentos de areniscas molásicas, impermeables, sobre los que se depositaron conglomerados Pliocuaternarios y una tabla de tobas y travertinos en cascada, más modernos y permeables.

Por debajo de la cerrada afloran los mantos de corrimiento del Paleozoico Alpujárride, con calizo-dolomías y mármoles, esquistos y filitas permotriásicas.

En la margen izquierda de la cerrada, son destacables las dicontinuidades del macizo superior, que se revelan como fracturas subverticales, paralelas y normales al río, rellenas con materiales arcilloso-arenosos y piedras encontradas.

El barranco de Chite, antes afluente del Ízbor, llega hasta el embalse por debajo de Lecrín, y se forma por la unión de los barrancos de la Fuentezuela y de las Colmenillas.

A la entrada de Pinos del Valle, a la derecha, junto a un polideportivo, nacen las aguas del Juncal, al pie del Crucero de los Pinos (1.052 m), donde se alza la ermita del Santo Cristo del Zapato. Las aguas afloran captadas por una especie de mina perforada en dolomías de la sierra. De caudal abundante, se emplean en el abastecimiento y son de mineralización y temperatura medias. Cerca existía un manantial clásico, el Manantial del Calvario, hoy seco por la apertura de sondeos próximos. Ya en el pueblo puede visitarse la Fuente de la Plaza, junto a la Iglesia.

En la carretera de Guajar-Faragüit, a unos dos kilómetros, encontramos unos chorros de agua a nuestra derecha, junto a un antiguo molino, que provienen del Manantial de la Zaza. El agua nace de forma difusa unos 100 metros más arriba, en un paraje de juncos y zarzas, que dificultan el acceso.

A la salida del embalse, el río ízbor recibe, por la derecha, las aguas del barranco de la Zaza y por la izquierda las del barranco de Tablate. Finalmente, fuera del Valle de Lecrín, recibe al río Lanjarón, que nace en la Laguna, al pie del Fraile del Veleta, y desciende por la sierra por un valle angosto y encajado, para unirse al río Izbor, antes de que éste lo haga con el Guadalfeo.


Vista del Embalse de Béznar desde la Presa.