CALIDAD DEL PAISAJE

Junto a la elevada perceptibilidad, el Valle de Lecrín añade una alta calidad paisajística, en tanto que resulta de una conspicua riqueza de elementos tanto naturales como culturales, desde la variedad e interés de las formas de relieve hasta la diversidad de vegetación silvestre, dentro de los primeros, y desde la singularidad de los asentamientos tradicionales hasta la variedad de cultivos, pasando por numerosas manifestaciones etnológicas y constructivas, entre los segundos.

Toda esa riqueza de elementos se expresa formalmente con fuertes contrastes cromáticos, de textura, de líneas y de formas; de hecho, en determinados escenarios alcanza una gran armonía y belleza (entorno de la laguna de Padul; frente orográfico del Calar de Sierra Nevada, incluyendo la gran falla de Padul-Dúrcal-Nigüelas; escalón topográfico de Acequias; garganta del río Dúrcal; depresión de Mclegís- Restábal; entorno del embalse Béznar; encajamiento del río Albuñuelas..., por citar algunos de los más importantes por sus dimensiones y acumulación de elementos de interés, pero sin menoscabo de otros numerosos pequeños escenarios que igualmente ofrecen una elevada calidad).

A su vez, es de destacar la pervivencia, en la mayor parte del Valle de Lecrín, sobre todo en el valle bajo, de referentes paisajísticos de carácter rural tradicional (se encuentran más desleídos en el valle alto por la mayor importancia del desarrollo urbanístico, industrial y de las infraestructuras); esto es: pequeños núcleos de población bien integrados en el espacio, agricultura tradicional tanto de regadío como de secano, red viaria de pequeña sección y en general adaptada a la topografía, abundancia de zonas boscosas en laderas montañosas y de sotos en los cursos de aguas, etc. Este es un hecho especialmente relevante cara a una posible potenciación de actividades eco-turísticas (turismo rural, deportes de naturaleza...), incluso de carácter residencial, donde el paisaje constituye uno de sus más apreciados activos.

Pero, ciertamente, esa aludida calidad paisajística que exhibe el Valle de Lecrín se fundamenta tanto en los atractivos de carácter unitario (ciertos elementos singulares, determinados escenarios más o menos amplios), como en la integración de diversas manifestaciones, es decir, como suma o conjunto de las numerosas singularidades; por tanto, no sólo es preciso conservar y potenciar el disfrute paisajístico de esas singularidades, sino del conjunto, que adquiere mucho mayor interés que la mera suma de las distintas partes.