LAS OPORTUNIDADES DERIVADAS DE LOS PARQUES EÓLICOS

L a proliferación de la energía eólica en el mercado de la electricidad mundial y el aumento de su ritmo de crecimiento con respecto a otras alternativas energéticas es un hecho indiscutible en el siglo XXI. Dicha expansión se sustenta en las importantes ventajas que aporta el aprovechamiento de la energía del viento y la presencia de una evolucionada tecnología, tal y como se ha puesto de manifiesto en epígrafes anteriores.

Las fuentes de energía tradicional - carbón, petróleo, gas natural y elementos radioactivos - presentan dos problemas esenciales de índole económica y ambiental:

- Su agotamiento, puesto que son recursos limitados y sometidos a una fuerte demanda en el panorama mundial

- La generación de emisiones y residuos no deseados en cantidades nada despreciables; así, los residuos resultantes de los procesos que intervienen en la generación de energía nuclear poseen un carácter peligroso con una alta potencialidad para provocar terribles accidentes, como el registrado en Chernobyl; por otro lado, la emisión de gases contaminantes o de efecto invernadero procedentes de las centrales térmicas convencionales inducen a problemas de escala global, reconocidos por los gobiernos mundiales a partir de la Cumbre de Kyoto.

De todos estos inconvenientes se hace eco el Plan Energético de Andalucía, 2003-2006 cuando propone, en su modelo de desarrollo energético, la promoción de las energías renovables como fuentes de electricidad, entre las que figura de manera relevante la de origen eólico.

Su carácter como "fuente inagotable y limpia" constituye, seguramente, la más notable de las ventajas que distinguen a la energía eólica, pero no la única. Por ello, entre las consideraciones referentes a la implantación de parques eólicos cabe destacar las siguientes:

LAS OPORTUNIDADES AMBIENTALES

Los beneficios aportados por la generación de energía eólica a nivel nacional, e incluso mundial, son oportunidades que a todos nos competen, dentro del objetivo común de nuestro planeta.

La reducción de las emisiones habituales procedentes de la combustión de carburantes fósiles, en la producción de energía eléctrica: dióxido de carbono (C02), óxidos de

nitrógeno (NOx) y dióxido de azufre (SO 23 es suficiente motivo para que el desarrollo de las energías renovables sea considerado como uno de los principales retos de este comienzo de siglo.

El CO2 es un contaminante para el que actualmente no se han desarrollado tecnologías que reduzcan sus niveles de manera eficiente, y casi un 75% de sus emisiones en Europa proceden de la generación de energía eléctrica; se puede aproximar que, por cada 10% de electricidad producida mediante fuentes eólicas, se evitará un 3% de emisiones de C02. De otro modo, cada GW-h de energía eléctrica de procedencia eólica evita el empleo de 90 Tn equivalentes de petróleo, cuya combustión generaría 60 Tn de C02, 5 Tn de S02y5TndeN02.

La energía eólica tampoco origina productos secundarios peligrosos ni residuos contaminantes. De esta manera, el funcionamiento de un Parque Eólico suprime los impactos originados por los combustibles tradicionales, tanto en su combustión como durante su extracción, transformación y transporte. Especial mención requiere este último aspecto ya que la eliminación del transporte reduce, por un lado, el intenso tráfico marítimo y terrestre de los combustibles y, por otro, los riesgos de accidentes petroleros.

LAS OPORTUNIDADES SOCIOECONÓMICAS

A pesar de que los Parques Eólicos suelen buscar emplazamiento en las zonas rurales, el funcionamiento de los mismos no requiere de una importante plantilla de trabajadores. Por el contrario, la automatización de sus instalaciones y procesos deriva en la necesidad de tan sólo uno o dos operarios, durante la fase de explotación, de modo que la generación de empleo corresponde esencialmente a las fases de diseño y construcción y, en su caso, desmantelamiento de la instalación por clausura. La gran especialización que se requiere en la mano de obra necesaria para llevar a cabo estas dos fases justifican la escasa inducción de economías de escala sobre los lugares en los que se ubican estas centrales.

Por tanto, el impulso económico local de un Parque Eólico no puede medirse en la creación de puestos de trabajo, sino que se reduce a las compensaciones económicas que reciben, bien el municipio a través de su administración local, bien los propietarios de los terrenos donde se emplazan los aerogeneradores.

En este sentido, iniciativas en la regulación de la producción de energía eólica, como la propuesta en el Decreto 19212005, de 30 de agosto, por el que se regula el procedimiento para la autorización de las instalaciones de producción de energía eléctrica a partir de la energía eólica, a través de parques eólicos, en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Extremadura, suponen un gran avance sobre el papel que las empresas energéticas deben jugar en el desarrollo socioeconómico de la zona en la que implanten sus infraestructuras.

Dicho Decreto extremeño reconoce las ventajas que comportan la fuente renovable de energía, pero al mismo tiempo, determina la necesidad de aplicación de criterios que hagan compatibles la construcción de parques eólicos con la protección de los valores preservados. Tales criterios se sintetizan claramente en la exposición de motivos, en los siguientes:

a) Promocionar el desarrollo de las energías renovables, mediante el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

b) Compafbífzar el aprovechamiento de la energía eólica con la conservación y mantenimiento de los valores ambientales del medio natural.

c) Garantizar la viabilidad técnica y económica de los parques eólicos, así como la seguridad de las instalaciones.

d) Impulsar la creación de infraestructuras industriales en el marco de un desarrollo sostenible, la generación de empleo, así como el desarrollo socioeconómico y tecnológico de Extremadura, en las áreas de influencia socioeconómicas de las instalaciones generadoras de energía eólica.

Para la definición de estas áreas de influencia socioeconómicas se han tenido en cuenta criterios territoriales y organizativos que permiten el fomento de las condiciones de empleabilidad en áreas de aprovechamiento de recursos y servicios integrados en el marco de una política de desarrollo sostenible.

Esta declaración de intenciones adopta un carácter normativo y regulador cuando el artículo 8 del citado Decreto establece como requisito material de desarrollo sostenible que el proyecto de instalación y/o explotación prevea un programa de actuaciones para minimizar el impacto medioambiental y promover un desarrollo económico sostenible en la región, con una cuantificación singularizada de las inversiones para una serie de actuaciones entre las que destaca, por su índole socioeconómica, la siguiente:

«Incidencia en materia de desarrollo sostenible del proyecto en la región, en términos de empleo directo e indirecto a generar e impacto económico que tendrá el proyecto en el área de influencia socioeconómica, siendo necesario que la propuesta recoja un mínimo de creación de tres empleos estables y directos en proyectos industriales y/o empresariales promovidos con ocasión de la instalación, pero diferentes a los creados por la construcción y mantenimiento del parque, por cada megavatio de potencia que se pretenda instalar en el parque eólico.

A estos efectos, se considerará área de influencia socioeconómica el territorio de la Comunidad Autónoma de Extremadura comprendido en los límites territoriales de la mancomunidad o mancomunidades integrales en la que se instale el parque eólico, o bien el territorio de la Comunidad Autónoma de Extremadura que diste menos de treinta kilómetros en línea recta desde cualquier punto del parque eólico».

La iniciativa del gobierno extremeño, lejos de suponer una traba al desarrollo de la energía eólica en la región, ha supuesto un éxito sin precedentes al recibir, antes de la conclusión del plazo establecido para ello, 119 propuestas viables de parques eólicos adaptados a las exigencias ambientales y socioeconómicas impuestas por el Decreto.

Aunque la implantación de las 119 propuestas resulte imposible, puesto que sobre las 18 áreas de mayor aptitud eólica se han recibido más de una petición, y a falta de las cifras definitivas una vez se resuelva el concurso público, dichas propuestas, de poder llevarse a cabo íntegramente, suponen la instalación de 2.034 aerogeneradores que supondrían una generación de empleo directo de 11.600 puestos de trabajo, que afectarían a 51 municipios de la provincia de Badajoz y 53 municipios de la provincia de Cáceres, con una inversión complementaria en generación de empleo de 3.079 millones de euros.

Desafortunadamente, la situación andaluza no contempla, al menos en su ordenamiento, exigencias como las descritas, y ello deja en manos del sector energético la mayor o menor capacidad de desarrollo económico inducido por las grandes infraestructuras.