María del Mar Palma Maroto
“Palabra” viene del latín “parabolam”, que viene del griego “parabole” (alegoría).
“Palabra” posee muchas definiciones, pero no creo que ninguna pueda asemejarse a su verdadero significado, a lo que realmente significa, semánticamente, pero también psicológica, sentimental y emocionalmente.
Una palabra puede tener un significado positivo o negativo: puede promover una guerra, pero también puede promover un acto de amor o de caridad; puede favorecer a la rebelión armada, pude engañar, puede dañar, puede, incluso, matar. Pero también puede hacer reír, soñar, amar. La palabra está dotada de gran importancia: hace posible la comunicación entre la mayoría de los humanos.
Decir “palabra” es referirse a la expresión del pensamiento y el sentimiento por medio del lenguaje articulado, pero mirándolo subjetivamente, ¿no podemos comunicarnos también los humanos mediante el lenguaje de signos? En esta ocasión y contexto, deberíamos decir que todo tipo de comunicación está formado por palabras.
No se sabe a ciencia cierta cómo el hombre empezó a entenderse mediante la lengua hablada, pero lo que sí se sabe es que en un principio se entendía sólo mediante signos, seguramente porque no tendría suficientemente desarrollada la capacidad de comunicación mediante la lengua hablada. Todo lo expresaba mediante gestos hasta que fue capaz de crear una legua rudimentaria, muy rudimentaria, pero que ha ido evolucionando en muchas otras y ha llegado hasta las contemporáneas, entre ellas a la nuestra: el castellano (o en otra dimensión, el español).
A través de esas lenguas creadas que han ido evolucionando, se han llegado a crear obras literarias maestras, maravillosas. Es el caso de la lengua castellana (proveniente del latín y éste del indoeuropeo –rama común de todas las lenguas-), donde destacan obras tan importantes escritas ya en lengua romance por evolución del latín como el “Cantar de Mio Cid”, el “Libro de Buen Amor” o los “Milagros de Nuestra Señora” (todos ellos de la Edad Media), o, la más entrañable y destacada novela de aventuras escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, y diría que la mejor de toda la literatura española de todas las épocas: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Podríamos seguir citando obras en prosa y en verso hasta la saciedad, pero lo más importante es que todas están hechas de PALABRAS. Lo que han hecho que esas y otras obras hayan tenido tanto éxito ha sido el hecho de estar compuestas por palabras, unas palabras unidas con coherencia, y bien cohesionadas, pero, lo más importante, semánticamente apropiadas para dar un significado profundo y cargado de expresiones.
Si no tuviéramos una lengua compuesta por palabras, la comunicación sería casi imposible, o, al menos, más dificultosa. Pero no es así, y la palabra tiene el monopolio de la comunicación: amamos la palabra. Con la palabra se pueden expresar multitud de sentimientos: desde un “Te odio” hasta un “Te quiero”; y esos momentos que nos hacen vivir, y que apenas apreciamos, son únicos e irrepetibles. Cuando pronunciamos una palabra, o cuando la escuchamos, podemos llorar de pena, pero también de alegría, podemos sentirnos bien, podemos darnos cuenta de muchas cosas que nunca antes nos habíamos parado a pensar. En la conversación normal es más difícil por la rapidez del discurso, pero cuando se escribe o se lee todo cambia: la escritura y la lectura invitan a la reflexión, de ahí la gran importancia de ambas, ya que favorecen al conocimiento de la propia persona. La palabra puede hacernos reír, puede hacernos llorar, puede hacernos querer, puede hacernos amar. Por eso es tan importante la palabra, porque gracias a ella es posible la comunicación entre el homo sapiens.
El día 23 de abril se celebra el Día del Libro. En ella se rememora a esos dos escritores que tanto amaron la palabra que les hizo reír y llorar: Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Sus obras han sido maestras para todas las épocas, y aún hoy no han perdido la fuerza con la que fueron escritas, porque le rindieron un homenaje a la palabra, y el amor que sus autores reflejaron por ella no las ha dejado caer en el olvido. Ése es el caso de nuestro “Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, del que este año celebramos su IV centenario, y sigue teniendo la misma fuerza que siempre tuvo.
Aprovechando la coincidencia de ambos acontecimientos, no estaría mal que los ayuntamientos del Valle de Lecrín organizaran algún acto para pequeños y mayores, donde pudiéramos asistir todos, para dotar a este día de la importancia que merece. Pensemos que la cultura es algo muy importante y que cada vez va cayendo más en picado, y que la educación no está sólo en las escuelas, sino que es trabajo y obligación de la sociedad al completo; y los Ayuntamientos, que tienen el poder, deberían trabajar por ella sin descanso, y no dejarla al libre albedrío. Les pediría que pensaran esta posibilidad, porque todos merecemos rendirle homenaje a estos dos amantes de la palabra, y, sobre todo, al gran novelista español Miguel de Cervantes. Desde luego, harían un bien a la sociedad y no creo que deba conllevar muchos gastos económicos que puedan entorpecer el desarrollo de otras cuestiones. Si la palabra no hubiese existido, la política no sería nada sin la oratoria, que tan importante es.
Bien es cierto que, a veces, un gesto o una mirada valen más que mil palabras, porque con ellos somos capaces de expresar sentimientos que no podemos expresar por medio de la palabra, pero también es cierto que si no existiera la palabra, nos perderíamos tres de los placeres más intensos de la vida: el poder disfrutar de la lectura, el poder disfrutar de la escritura y el poder disfrutar de una conversación agradable. Y todo ello gracias a la PALABRA.
