El milagro del Barranco Porras
Uno
de los barrios de Dúrcal más devotos al patrón es la barrio del Darron por
uno de los milagros acaecidos a esta zona. De no haber sido así, el barrio del
Darron no existiría hoy día.
Según
cuenta la tradición oral del pueblo, todo sucedió de la siguiente manera:
Un
inverno de frío congelador, cuando todos deambulaban por sus casas a causa del
frío y la lluvia, preocupados miraban desde sus ventanas viendo que una
tremenda tromba de agua caía sobre el pueblo de Dúrcal. El día parecía noche
de la oscuridad del cielo, y el agua caía a haces como si quisiera romper los
tejados del pueblo.
La
gente del Darron veían desde sus ventanas una gran tromba de agua que se les
avecinaba por el barranco porras. No sabían qué hacer. Las mujeres gimoteaban
tras los visillos orando a Dios, y pidiendo que el agua no arramblara con sus
casas.
La
tromba de agua se veía cada vez más
cerca.
Un
grupo de hombres del barrio se armaron de valor con picos, palas, y azadas para
desviar el cauce del río que acabaría con su barrio. Corrían y corrían con
la intención de llegar lo antes posible para evitar la catástrofe.
Cuando
llegaron cerca de unas eras y en el camino de Nigüelas vieron a un hombre
empapado de agua con un rostro muy dulce, lleno de paz, sin cansancio aparente que portaba una azada en sus
manos con la que desvió aquel amenazador cauce. No les dio tiempo a llegar
hasta el lugar donde estaba, porque desapareció como por arte de magia sin
dejar rastro, sin cruzarse o poder verlo para agradecérselo.
La
gente muy agradecida a Dios por ayudarles se acercaron a la ermita y vieron a
San Blas empapado, que chorreaba hacia el altar y sin su cetro en las manos.