HIMNO A SAN SEBASTIÁN
Somos soldados de Cristo,
Lucharemos por la paz
Y Tú serás nuestro jefe
Glorioso San Sebastián.
En tu martirio hay ejemplos
De fe, valor y humildad
En Albuñuelas los corazones
En tus filas morirán,
En tus filas, en tus filas
En tus filas morirán.
No quisiste gozar en la tierra
Ni festines del mundo brillar,
Dedicaste tu vida de Apóstol
Mostrando al hereje
La luz del Altar.
Si la hoguera de amor
De tu pecho
El mío consigo abrazar
Al martirio yo iré satisfecho
Y contigo de Dios a gozar,
Y contigo de Dios a gozar.
Somos soldados de Cristo,
Lucharemos por la paz
Y Tú serás nuestro jefe
Este es el himno que se canta en la procesión de San Sebastián, Patrono de Albuñuelas (perdido durante algún tiempo, pero recuperado actualmente). San Sebastián es subido desde la ermita del Barrio bajo (lugar donde se encuentra todo el año), hasta la Iglesia parroquial de Ntro. Salvador, días antes del 20 de Enero y el día 20 se le lleva en solemne procesión hasta su ermita, acompañado de cohetes. También se le procesiona el 15 de Agosto, día de la festividad de la Virgen, en compañía de Ntro. Padre Jesús Nazareno y la Virgen de las Angustias.
Las Rosas de San Sebastián.
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San Sebastián patrón del pueblo desde 1798, se encuentra en su ermita homónima del Barrio Bajo, como ya se ha señalado. Y solo abandona el Barrio Bajo y su ermita para salir en procesión por las calles del pueblo. Antiguamente desfilaba procesionalmente el día en que la iglesia celebra su martirio, el 20 de Enero (salía de la ermita la tarde del 19) y en el domingo de carnestolendas (el domingo de carnavales). Actualmente sale en procesión el día 20 de Enero y en las fiestas patronales en honor a la Virgen de las Angustias el 15 de Agosto. |
Antiguamente cuando San Sebastián, abandonaba su ermita para ser subido a la Iglesia la tarde del 19 de Enero, las gentes del Barrio Bajo hacían aquella noche (y solo esa noche) sartenadas de rosas (palomitas de maíz). Para tirarlas por los tejados con la intención de entretener a los diablos, aquella noche. Ya que pensaban que al no encontrarse tan ilustre vecino entre ellos, sus casas, serían acechadas por los demonios. Y en la plaza frente a la puerta de la ermita, colocaban una enorme pira de ulagas, donde hacían varias sartenadas de rosas, que salían disparadas en todas direcciones. Sin duda eran los niños del Barrio Bajo los que más disfrutaban aquella noche, ya que iban de un lado a otro buscando las rosas disparadas, para comérselas. Al día siguiente quien disfrutaba de la fiesta eran los pájaros. Esta tradición se perdió entre finales de la década de los treinta y principios de los años cuarenta.
Recopilado por David Palma Izquierdo