NOELIA M. ESTEBANÉ La
protección de la Vega de Granada, la mejora de las infraestructuras y
comunicaciones y la creación de áreas de oportunidad en el cinturón
granadino serán los aspectos más relevantes que se tratarán en la revisión
del Plan de Ordenación Territorial de Aglomeración Urbana de Granada (Potaug),
después de que ayer la comisión de seguimiento de la normativa (formada por
los 32 municipios del área metropolitana y la Junta de Andalucía) decidiera
modificar el documento.
En este sentido, el consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan
Espadas, anunció que –tras el visto bueno de los 32 alcaldes que conforman
el órgano– se encargará en septiembre el primer estudio técnico sobre las
necesidades del cinturón. Entre los puntos claves del futuro Potaug destaca
la búsqueda de nuevos centros de decisión (como es el caso del Parque Tecnológico
de la Salud), donde se centralicen distintos servicios especializados,
generando empleo y fomentando la implantación de la empresa privada, de modo
que se organice la vida de los municipios del Cinturón.
En este objetivo tendrán mucho que ver, según explicó Espadas, las
localidades de la llamada segunda corona del cinturón. “Es aquí donde está
la posibilidad de reequilibrar la primera corona”, aseguró. Por ello, la
revisión del documento también analizará la inclusión de 18 nuevos
municipios dentro de la categoría de área metropolitana. Los candidatos son
Beas de Granada, Calicasas, Cogollos Vega, Chimeneas, Deifontes, Dúdar, Dúrcal,
Escúzar, Huéjar Sierra, Huétor Santillán, La Malahá, Lecrín, Nívar,
Moclín, Padul, Quéntar, Ventas de Huelma y Villamena.
Por otro lado, Espadas reconoció que el mayor problema que presenta el cinturón
granadino es la movilidad y el uso del vehículo privado, en una zona donde el
70 por ciento de los habitantes no trabaja en el mismo municipio donde
trabaja. De ahí, que la revisión del Potaug apueste por el fomento del
transporte público, encabezado por el metro y el AVE. “Hacer
infraestructuras para transporte privado no tiene sentido sin primero
construir redes de transporte público”, añadió el consejero.
Junto a las comunicaciones y el desarrollo de conglomerados empresariales, la
conservación de la Vega se configura como un eje central del Potaug, por lo
que el futuro plan se centrará en mantener y proteger de forma activa zonas
de valor ambiental y ofrecer soluciones a los ayuntamientos con nuevos modelos
de ciudad más sostenibles y concentrados.
Nunca, ni en mis dieciséis
años como maestro de Saleres ni en mis más de cuarenta años, hasta mi
retirada del deporte, como secretario de la Sociedad de Cazadores de El
Valle, había hecho anteriormente mención alguna al respecto porque lo
considero como una de las acciones más execrables y vergonzosas de la
Historia de España, como el tramo final de nuestro largísimo ciclo
decadente. Siempre he estado rodeado por personas sencillas, honestas y de
una humanidad tal que, en cualquier momento en el que yo les hubiera hecho
el menor comentario, me hubieran dado pelos y señales de las personas que
causaron esos asesinatos tan inclementes de tantas criaturas indefensas como
perdieron la vida en El Valle de Lecrín durante aquellos vesánicos días,
cuando la ira y el odio se imponían a la cordura y a la razón. Y la verdad
es que, en aquellos crímenes, pudo haber, de hecho los hubo, algunas
personas, una o dos, cuatro o cinco cuando más, entre los asesinos que, a
sangre fría, le robaron la vida y le negaron cuartel a personas indefensas,
a las que asesinaron sin saber con seguridad si eran de derechas o de
izquierdas, porque les bastó con saber que eran prófugos de una Málaga
que acababa de caer bajo la férula derechista. Y con la suposición de que
huían porque algo temían fue suficiente para que los masacraran vilmente,
sin otorgarles ningún derecho.
No voy a erigirme en
juez de nadie, sino en simple transmisor de unos hechos, hoy quizá
desconocidos, que no van a acusar ni a defender, ni a humillar ni ensalzar a
nadie porque, en aquellos días, las primeras víctimas fueron las que
moralmente se conocen como virtudes humanas y que las personas virtuosas
nunca o casi nunca fueron escuchadas.
Eran los días del
reventón de Málaga, cuando tantísimas personas de izquierdas, al
ver la llegada de los falangistas y de los militares,
optaron por la huida hacia el levante, donde todavía se mantenían con
fuerza los destacamentos republicanos; pero entre la zona serrana de La
Axarquía, Bentomiz, La Alminara y la Sierra de Tejeda o de Las Albuñuelas,
entre Málaga y Sierra Nevada, donde se parapetaban los izquierdistas o
republicanos, existía y existe una falla enorme, una gran falla, derechista
a la sazón, que era el Valle del Río Guadalfeo Menor o Río del Margen, o
río de La Laguna del Padul, donde se aposentaba una gran cantidad de
falangistas y de regulares, porque eran el baluarte que impedía que se
unieran el levante con el poniente izquierdista del principal coloso
granadino, que es la cordillera penibética. Y los huidos de Málaga, donde
habían sido asesinadas también muchas personas inocentes, como mi primo
José García Molina, hermano jesuita, a sus 25 años, lo fue en Los
Martiricos, hubieron de cruzar, con distintas suertes, las líneas
derechistas.
Hubo fugados que
siguieron la entonces inacabada carretera de Almuñécar, (hoy, de forma
absurda, conocida como la de La Cabra) aunque su recorrido era muy largo,
pues habrían de atravesar todos los altiplanos de El Padul, donde la
guardia civil los podría detectar. Pero muchísimos la cruzaron en la
noche, y algunos en el día, sin que nadie los detectara. Sin embargo,
algunos fueron detectados ya en Sierra Nevada y masacrados sin clemencia. Al
día siguiente, por imperativo político, IDEAL dio la noticia: Un grupo de
valientes falangistas exterminan a una numerosa expedición de milicianos
escapados de Málaga. Los izquierdistas murieron todos; de los falangistas,
ni un herido siquiera. O sea, que machacaron sin clemencia a una expedición
de ancianos, de mujeres y de niños, en su inofensiva huida.
Por aquellos días, una
expedición de huidos de Málaga aterrizó en la localidad de Murchas, donde
fueron asistidos por el vecindario, que les dio ropa, comida y alojamiento;
al día siguiente, el mismo vecindario impidió que se los llevaran los
derechistas y los acompañaron a un camino de carboneros, por donde, quizá
por la Rinconá, se dieron a la sierra.
Fue en aquellos días
cuando otro grupo, perdido en los desfiladeros del los ríos de La Laguna y
de Dúrcal, remansaron en Cónchar, donde los vecinos repitieron con ellos
la misma acción humanitaria. Pero la guardia civil se presentó en el
pueblo y se los llevó a la estación del tranvía de Marchena, donde
posiblemente vieron por última vez los primeros farallones de nuestra
sierra.
Por aquellos días, una
mañana temprano, se presentaron en el cementerio de El Padul dos camionetas
cargadas con gente menuda: eran muchachos todavía lampiños, algunos ni
siquiera habían echado el bozo, posiblemente militantes de las juventudes
de algún partido de izquierdas, que fueron obligados por los falangistas a
abrir una gran fosa. Al momento, los falangistas, que eran foráneos,
reforzados por El Verdugo, que tampoco era del Padul, y por El Terrible,
asesinaron a los ochenta. El teniente coronel Maldonado, Chacho Pico,
alcalde del Padul, a la sazón y a la fuerza, partió en dos la vara de
alcalde de El Padul ante el teniente coronel del Campo, en su despacho de
alcalde del ayuntamiento de Granada.
Cuando, con
sentimientos triunfalistas, los criminales se fumaban un cigarro tras su
proeza, un muchacho, de unos trece o catorce años, salió malherido de la
fosa y pidió que lo confesaran. El párroco, que andaba por allí de forma
casual, le dio la confesión. Cuando hubo concluido, se dirigió a los héroes
del yugo y la flechas:
-¿Por qué no le
perdonáis la vida, no veis que es un buen muchacho?
Y el jefe falangista le
presentó sus disculpas:
-Lo sentimos pero
tenemos la orden de no dejar testigos.
Y lo remataron sin
piedad.
Esta fosa se halla
exactamente debajo del columbario donde se dio sepultura a las víctimas del
accidente de Lozoyuela y donde ya hay bastantes más difuntos en su reposo
eterno. Estos hechos los tengo recogidos en mi novela "Los días de la
ira", que es la segunda parte de "Y se fue con el viento de
arriba", y no los había recogido antes por la pena que sentía por las
víctimas y por la repugnancia que sentía y siento por los autores, tanto
de la muerte de estos muchachos como por los asesinos de mi primo José El
Catira y de tantas criaturas inocentes que murieron de forma tan absurda e
innecesaria como ellos, como unos y otros.
En su día, cuando
parecía que el proyecto de "La Memoria Histórica" iba a ser una
idea sensata, le ofrecí todos los datos y documentos que poseo a dos cargos
socialistas, pero, tras conocer la censura que sufro por mi militancia en la
Plataforma Por Andalucía Oriental, para segregar el Reino de Granada de
Andalucía, el PSOE y la Junta de Sevilla carecen de dinero para
compensarme, porque prefiero quemarlos. Sí les puedo decir que hay algunas
fosas comunes más, esparcidas y olvidadas por nuestras sierras.