Dúrcal, situada en la comarca del Valle de Lecrín
granadino, celebra sus famosas y divertidas fiestas (no patronales por que
el patrón es San Blas) en honor a San Ramón Nonato desde el pasado sábado y
hasta esta noche. Hoy miércoles, entre otras cosas, se celebrarán dos misas,
una a las doce del medio día y otra a las siete de la tarde. A la una de la
tarde comenzará el tradicional concierto en la Plaza a cargo de la excelente
y prestigiosa Banda Amigos de la Música de Dúrcal. También, un poco más
tarde actuará la orquesta ‘Coconut’ en el Parque de la Estación y la
charanga ‘Apaches’. La procesión con la imagen de San Ramón Nonato comenzará
a las ocho de la tarde.
El primer día tuvo lugar el gran desfile de gigantes,
cabezudos y carrozas acompañado de la Agrupación Musical y Majorettes Virgen
del Carmen, de Dúrcal y del magnífico y veterano grupo local ‘Los Diablos
Negros’, montado en un camión. También, hubo concursos, feria del medio día,
conciertos y veladas musicales. En los siguientes días de fiesta se han
desarrollado un sin fin de eventos, concursos, torneos y encuentros. Ayer, y
entre otros grupos, volvieron a actuar los ‘Los Diablos Negros’. Es
costumbre consumir en estas fiestas higos chumbos con anís en las casas y
también (este año ha sido el pasado domingo por la mañana) el la plaza de
Almócita. Uno de los grandes consumidores de higos chumbos es el célebre
Juan Antonio Valdés ‘El de la Autoescuela Valle de Lecrín’.
Dúrcal es un pueblo fascinante. De indudables
contrastes visuales. Llanos, bancales, secanos, puentes (uno de ellos
romano), baños sanadores, un río, montañas con misteriosas grutas, restos
del pasado árabe o la cueva ‘encantada’ de ‘Vacamía’. Por esto y mucho más,
no es de extrañar que cada vez más personas escojan este bendito lugar del
Valle de Lecrín para disfrutar de todos sus encantos.
Dúrcal en otros tiempos fue tierra de emigrantes y
vendedores de papas. Existe un dicho que dice que cuando los astronautas
americanos pisaron por primera vez la luna se encontraron allí a ‘Los
regalos’ pregonando, más solos que la una, papas a dos pesetas el kilo.
Asimismo, y fuera de bromas, hace muchos años, Rosa la ‘Rorra’, vendía por
el pueblo y junto a las dos carteleras del cine chucherías acunadas en su
cesta. Pura, tirando del carrito pregonaba helado con una trompetilla.
Manuel Padial se encargaba del cine. Ángela y el padre de Paquito de sus
estancos; Serrano mercaba jamones para revenderlos a los más pudientes.
Maria defendía su posada. Antonio ‘El sastre’ y las modistas se empleaban a
fondo para que todos los encargos estuviesen a punto para las fiestas.
Juan y Bautista y el otro Juan ‘El de la tienda’ se
encargaban de sus talabarterías. Miguel vigilaba sus futbolines para que no
le hiciesen trampa. Maria hacía tejeringos y freía papas. Los hermanos José,
Ramón y Rafael confeccionaban sillas con madera de álamo y asientos de anea
de la laguna de El Padul y de Órgiva. Mateo vendía botones, cremalleras,
quincallas, etcétera. Rosario y Ana, en sus respectivas tiendecillas,
partían bacalao con mucha destreza. Pedro, que tenía un coche muy pequeño
que carecía de marcha atrás, se encargaba de los recibos de la luz.
Alrededor de la plaza había espléndidos comercios, un quiosco y un despacho
de gasolina. Funcionaban varios molinos. Gregorio Ortiz, Concha ‘La
boticaria’, Diego y otros, vendían vino a granel. Francisco, ayudado por
Fernando y Antonio, se encargaba del calzado para las fiestas y días
laborables.
Juanico ‘El herraor’ hacía su trabajo después de
‘apañar’ y ordeñar a mano a sus vacas. ‘Pipa’ y Justo pastoreaban las cabras
del vecindario. Un niño de la María `La Picanta’ que ha prosperado muchísimo
por que es muy listo y trabajador pregonaba tortas y bollos por las calles.
José Valero, en silla provista de cuatro cojinetes, vendía en su taberna de
‘El Darrón’ vino costa de Albondón. Juan, Diego, y otros, vendían y
pregonaban rico pan con sus dóciles burras de pelo blanco. Escamez,
‘Pionono’ Bautista, ‘El Corona’ y un sin fin de taberneros se encargaban de
las bebidas y de las olorosas tapas. Federico y sus hermanos, y otros
ilustres carpinteros, de los trabajos en madera; ‘Bombea’ de la fragua.
Candido, que también era zapatero, y sus demás compañeros, de la banda de
música.
Don José Puertas se encargaba de la ‘eterna’ alcaldía
y de dar clase en las escuelas nacionales junto a Don Juan Tamayo, Don
Ramón, Don Enrique, Don Diego de El Padul… Don Eugenio se encargaba de la
iglesia. Blas, Antonio y otros compañeros de afeitar y pelar. El ‘Izforeño’
se encargaba del desaparecido palacio de Don Celestino (que nunca tuvo que
desaparecer). La familia Ferrer se encargaba de fabricar gaseosas y barras
de hielo… Vicente Gutiérrez vendía guano y Gijón tenía una ferretería y
vendía espejos, marcos y cristales. Penela y Ángel se encargaban de las
confecciones. Blas confeccionaba serones y espuertas con pleita. Joaquín y
Barragán pastoreaban y vendía carne. El ‘Niño la Virgen’ compraba fruta en
el árbol. Otros se dedicaban al trasporte público como, y por ejemplo,
Manolo ‘Fonda’. Eran otros tiempos.