Sacado de Los Habices de las iglesias del Valle de Lecrín de Lorenzo Luís Padilla Mellado
Según Simonet, Murchas era una alquería de la Taha de Valdelecrín y
significa Mirto, Su nombre en árabe
(مرجيقة )
Murŷīqa, también podría referirse a mora chica, morilla o zarzamora.
Su casco urbano presenta un moderno trazado, ya que a causa del terremoto del día 25 de diciembre del año 1884, quedó arruinado casi todo su entramado urbanístico, siendo reconstruido un año después según un pretendido esquema de cuadrícula, con arreglo a un tipo de vivienda de ladrillo, con casas de dos plantas en la mayoría de los casos, con un balcón central y ventanas a los lados de éste y de puerta central, conservándose aún algunos rincones y zonas de interés histórico y medio ambiental.
Perderse en el entramado de sus calles o entre sus olivos y naranjos, es un placer y disfrute para todo aficionado a la historia, arqueología o simplemente amante de la naturaleza. Destacan en su entorno diferentes restos arqueológicos de época romana y medieval, como un castillo de época musulmana y que con bastante probabilidad sea el castillo más antiguo de la zona y un sin fin de caminos y huertas que es difícil no impresionar a cualquier amante del paisaje campestre.
No se tiene constancia de los primeros pobladores que ocuparon este lugar, ni tampoco de los primeros hechos históricos en fuentes o crónicas que se relacionen con el lugar de Murchas. Por nuestra parte se ha intentado buscar en textos medievales realizados por geógrafos e historiadores árabes o cristianos y no se ha logrado encontrar nada sobre esta alquería. Esto podría deberse a que la comarca del Valle es tratada en las fuentes y crónicas de época medieval como una unidad de asentamiento de población y casi siempre aparecen estos lugares incluidos en la voz genérica de Valle de Lecrín -Val de Iqlin.
Tan solo Mármol Carvajal, con motivo de la ocupación de Tablate durante la sublevación morisca de fines del s. XVI, al describir los confines de esta comarca, menciona la localidad de Mulchas. “Hay en este valle veinte lugares, llamados Padul, Dúrcal, Nigüelas, Acequia, Mondújar, Harat Alarabat, el Chite, Béznar, Tablate, Lanjarón, Ixbor, Concha, Guzbíjar, Melegix, Mulchas, Restábal, las Albuñuelas, Salares, Lújar, Pinos del Rich o del Vall.”
En la actualidad se yergue todavía como fiel baluarte de los tiempos pasados los restos de un hisn conocido como Castillo de Lojuela, el cual se encuentra bastante alejado del pueblo y en plena vega. Es uno de los más interesantes y mejor conservados de la comarca. Realmente esta estructura no perteneció a la alquería de Mulchas, sino a un hábitat que existió y que posteriormente se despobló y que aparece en la documentación como Loxuela, Luxar, Alauxa, y en la actualidad se conoce como Lojuela. Tal alquería sería una aneja a la de Murchas, pero con una organización administrativa propia. De ella se conservan el referido castillo y unas cuantas cortijadas que se reparten en la zona inferior del emplazamiento defensivo, como son el Cortijo de la Bala o también el Cortijo que toma el nombre del mismo castillo “Lojuela”.
Existe en la actualidad un sitio llamado Pago de los Caserones, que ocupa una amplia zona dedicada al cultivo de cítricos y olivar, que los lugareños más viejos recuerdan que en esa zona hubo un poblamiento humano muy antiguo.
Quizás por su gran cercanía al río Dúrcal, la bonanza de su clima y fertilidad de su tierra etc., pues se ha documentado gran cantidad de restos cerámicos en sus inmediaciones, constatándose un yacimiento prehistórico en su cercanía. También se han hallado restos de la cultura ibérica, romana y medieval, siendo esta última la que más cantidad de restos arroja, encontrándose restos de tejas y otros materiales empleados en la construcción.
Madoz nos hace la descripción de este lugar, pero ya es de mediados del s. XIX. Nos dice que tenía 58 casas de construcción muy vieja, de calles irregulares y de mal piso, que forman dos barrios, una plaza, un aljibe para el abastecimiento del vecindario. Su terreno de cultivado es casi todo de riego en su mayor parte y lo demás de secano, se riega con las aguas de dos ríos, el Torrente y Grande Sus caminos son locales y malos. Su principal producción es el aceite, también se cultiva el trigo, maíz, habas, cebada y frutas, no hay más ganado que el de labor. Su industria es la propia de la agrícola, tiene 3 molinos do aceite y uno harinero.
El castillo se encuentra en una ladera que cae bruscamente sobre la margen izquierda del río Dúrcal, a 1,5 Km. al oeste de la localidad de Murchas y a una altitud de 601 metros. Está formado por dos elementos bien definidos. Tiene una torre fortificada de planta rectangular de 9’85 m. por 7’80 m., asentada en el extremo noroeste, sobre un cortado encima del río Dúrcal. Su construcción en la parte baja es de mampuesto con argamasa, a partir de mediana altura se emplea el tapial, que como en la muralla es muy terroso y contiene numerosos fragmentos de cerámica romana. Su parte exterior esta revestida de una capa de enlucido color terroso rojizo que le da una apariencia uniforme. Se observan las huellas del encofrado que permiten medir unos cajones de 80 cm. de altura
Esta torre o donjón está circundada por un lienzo de murallas que se apoyan directamente en ella, de forma escalonada adaptándose al relieve. Al Sur- Este queda en pie un gran lienzo de muralla que llega a sobrepasar los 6 m. de altura y los 44 m. de longitud. Este lienzo se organiza escalonadamente adaptándose al desnivel del terreno, su construcción al igual que la torre, es de tapial muy terroso que monta sobre una base de mampostería.
No se han podido documentar estructuras hidráulicas en ningún punto del conjunto, pero si los lugareños desde tiempos antiguos tienen conocimiento y me han indicado la existencia de lo que ellos llaman un “pasadizo” que estaría situado en el centro de la torre y que bajaría hacia el río o una acequia. Sí que es una realidad que por esta zona discurre la llamada Acequia de los Arcos.
Quizás pueda sonar algo hipotético y sin comprobar que en el centro de la torre se aprecia como un rehundimiento del suelo, cubierto hoy totalmente de vegetación, y por otra parte, no muy lejos del Castillo, en el Peñón de los Moros de Dúrcal si se puede documentar la existencia de una estructura parecida, que desde la ladera donde se sitúa la estructura bajaba hacia el río y que ha estado practicable hasta no hace muchos años.
A unos 50 m. de la fortificación, hacia el noreste, sobre una elevación del terreno y formando parte de una propiedad particular actualmente cercada, se ha podido observar la existencia de una posible torre atalaya, que evidentemente formaría parte del conjunto defensivo del hisn de Lojuela. Los restos emergentes de esta posible torre atalaya es de forma circular, no medirá más de 1 m. de longitud y su aparejo es de mampostería. Desgraciadamente no se pueden dar más datos, pues como se ha señalado se encuentra en una propiedad privada cercada.
Respecto a la cronología de esta fortaleza, se piensa que puede ser de época emiral , esto explicaría que en tal época existiera un territorio perfectamente organizado, en el que posiblemente las alquerías jugaban un papel de gran importancia. Sin embargo, estos núcleos rurales no aparecen en las fuentes de manera precisa hasta fechas tardías. Es posible, de acuerdo con Carmen Jiménez Mata, que el Iqlim Laysar de al-Udrī, en el s. XI, corresponda al actual Valle de Lecrín, tal vez en relación a Lojuela
De los edificios dedicados a diferentes industrias quedan restos de molinos de aceite y fábricas de harina, que están en un estado avanzado de ruina y otros han desaparecido. En esta zona debieron de tener gran importancia estas infraestructuras fabriles por la abundancia de cursos de agua para mover sus palas. Destacan el molino de aceite de los Aponte Sánchez, que se situaba en el mismo centro del pueblo, propiedad de esta familia perteneciente a la antigua burguesía local. Otro de los molinos es el que está por debajo del castillo a orillas del río Grande. Era un molino de harina con tres piedras y la fuerza motriz la recibía por medio del acceso del agua a través de rampas que traía del río por medio de una acequia. Entre las hierbas y matorrales que cubren sus restos aún se pueden apreciar los cárcavos.
La fábrica harinera está situada a la misma orilla del río Grande y es algo más moderna que el molino de Lojuela. Se localiza en el mismo camino que lleva al molino, y perteneció a la familia de Antonio López y más tarde fue adquirida por "Los Pacorros" lo mismo que el molino.
Son un conjunto de edificios adosados entre sí y aun se puede ver la planta del primer piso aunque derruida en varios tramos del piso como consecuencia del mal estado de las vigas las vigas debido a la acción de la polilla. Por lo que el molino está en un estado lamentable de destrucción debido a su prolongado abandono. Se encuentra envuelto entre fincas plantadas de naranjos que dan al mismo río y hacen del paraje un lugar espectacular por su vegetación.
De la Iglesia de Murchas sabemos que en los primeros años después de la conquista castellana se debió de hacer uso de la mezquita como iglesia parroquial. Después las primeras noticias que se tiene de ella es que en 1501, Murchas fue adscrita como anejo a la Parroquia de Restábal. Más tarde pasó como aneja a la de Melegís, aunque seguía manteniendo pila bautismal desde antes de 1587. A mediados del siglo XVI se hizo una iglesia de una nave cubierta con armadura y algo más tarde ya en los primeros años del XVII se levantó el cuerpo de campanas de la torre y se hizo una nueva la Sacristía.
Así aparece en un informe de 1621: “Mulchas, anejo de Melegíx, dista de él media legua. Tiene iglesia de una nave, Santísimo Sacramento con su lámpara, pila bautismal y sacristía y torre”.
Una década más tarde, en 1634, el visitador del Arzobispado informó que tenía necesidad de repararse toda “y de alargada, porque no caben los vecinos ni tienen las sepulturas que han menester”. A mediados del siglo XIX la iglesia de Murchas, dedicada al Salvador, tenía contiguo el cementerio.
El terremoto de 25 de diciembre de 1884, dejo numerosas casas en ruinas y la Iglesia no escapó a los efectos del seísmo, ni a los del incendio posterior, que debieron arruinar su fábrica y la techumbre de madera. Su reconstrucción la podemos ver en su actual planta de una sola nave de 22 metros de largo y 6 de ancho, de cubierta adintelada de yeso y tres entrantes, a modo de capillas, en el lado del Evangelio y en las que se albergan. El espacio de subida a la torre es un prisma cuadrangular de 3,50 metros de lado y tres cuerpos embebidos con campanario
Existen varias capillas, una de ellas la capilla bautismal, otra dedicada al Corazón de Jesús y dos más una ciega y otra que sirve de sacristía con acceso por el exterior. De lo que fuera el antiguo retablo mayor de la Iglesia del Salvador, solo quedan algunas esculturas en madera tallada y policromada, probablemente del siglo XVII, tales como el Crucifijo de tres clavos, San Juan y la Virgen con el niño, en la cabecera plana de su ábside, y algunas otras tallas sobre ménsulas en los muros.