LA DIMISIÓN DE ADOLFO SUÁREZ
La dimisión, el 27 de enero de 1981, del presidente Suárez fue el máximo indicador de la tensión política que existía en España en esas fechas, previa a los lamentables sucesos del 23 de febrero. Con el nombramiento dos días después de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente, quien mantuvo a Pérez Llorca como ministro de Exteriores, entramos en la última fase de la transición política que, metodológicamente al menos, puede darse por terminada en octubre de 1982 con la victoria electoral socialista. . Resulta evidente que si la mayoría de UCD llevaba tiempo deseando integrar a nuestro país en la OTAN, el intento de golpe de Estado es el detonador que hace que Calvo Sotelo tenga como principal objetivo inmediato de política exterior el ingresar en ella lo más rápidamente posible. Si bien es algo exagerado afirmar que Santa Cruz se convirtió en esa época (como en la de Castiella con Gibraltar) en el Ministerio "del Asunto Exterior", no cabe dude de que hubo una enorme concentración en el tema Atlántico, despreocupándose un tanto de lo demás. Es más, en sus escasas declaraciones a los medios de comunicación o en sus intervenciones políticas públicas,, Pérez-Llorca liga a propósito el tema OTAN con algunos otros de nuestra política exterior tradicional, en especial l del conflicto de Oriente Próximo. Así, ante las críticas surgidas sobre el hecho de que nuestra pertenencia al bloque militar occidental nos alejaría de los amigos del Tercer Mundo, el ministro declare que ello no condicionará las relaciones con estos últimos: "Nuestra política de amistad con los países árabes se mantendrá. Y más de un país árabe, lo sé positivamente, considera vital tener un país amigo, como España, en el seno de la Organización Atlántica... La entrada en la Alianza no significa una renuncia a nuestras posiciones sobre un determinado conflicto o un área geográfica. Por el contrario, implica alcanzar un mayor grado de audiencia y respetabilidad! de nuestras posiciones. Nuestra política de amistad con los árabes permanecerá inalterada".
Tres semanas después insiste: Lo van a entender también los países árabes. Puede haber alguna reticencia de algún país árabe; no moderado. Pero hemos tenido muchos contactos con ellos. Llevamos informando de esta decisión hace mucho. Personalmente encuentro en los países árabes, con los que tenemos muchas relaciones, el interés de saber que van atener un amigo dentro de la OTAN y a un país que tradicionalmente ha sido sensible para entenderlos y tiene buenas relaciones con ellos. Y, por supuesto, con los países iberoamericanos... Desde Occidente y desde la OTAN se pueden mantener unas magníficas relaciones con el Tercer Mundo".
Un mes después, al comentársele que la OTAN se preocupa por el problema de Oriente Próximo, pero sin querer implicarse en él, y al ser preguntado sobre si con el ingreso en la Alianza variaremos nuestra política, dando incluso facilidades a los norteamericanos y a los aliados en un posible despliegue de tropas o aviones hacia el área, Pérez-Llorca contesta: "No. España conservará su libertad de movimientos dentro de la Alianza Atlántica y, a mi juicio, incluso ve reforzada la importancia de sus posiciones. Conservará su propia postura en el Oriente Medio".
Pocos días antes de estas declaraciones, el presidente Calvo Sotelo había viajado (9-1-81) a El Cairo para asistir alas honras fúnebres del asesinado presidente Sadat.
Pérez-Llorca-que había comprendido que la opinión pública española no iba a digerir fácilmente el ingreso en la Alianza, sobre todo sin referéndum-prodiga sus referencias a la tradicional política progresista española hacia el Tercer Mundo. Y lo hace incluso desde el podio de la XXXVI Asamblea General de las Naciones Unidas, donde pronuncia, como dice Remiro Brotons, un expresivo discurso sobre este particular, coincidiendo con las fechas en que se iniciaba la tramitación parlamentaria de la adhesión de España al Tratado del Atlántico Norte.
"El Gobierno español sigue firmemente convencido", dice el ministro, y, en un fino malabarismo, apostilla: "y esta convicción parecen haberla compartido los Estados europeos de las Comunidades en su reunión de Venecia-de que el conflicto de Oriente Medio no puede entenderse ni resolverse sin contar con el pueblo palestino... mientras no se reconozcan los legítimos derechos del pueblo palestino es impensable la paz... Debe alcanzarse un acuerdo global en el que, a partir de la premisa de la retirada de todos los territorios árabes ocupados desde 1967, se consiga, mediante la autodeterminación, la puesta en práctica de los derechos nacionales palestinos...".
Pero es que, además, Pérez-Llorca "vende" también el ingreso de España en la OTAN en relación con el asunto gibraltareño. Así: " E1 calendario (para incorporarnos a la Alianza) surge en el momento en que tenemos la certeza absoluta de que hay unanimidad de invitación y de que en algún problema que está vinculado a la decisión atlántica, como el tema de Gibraltar, puede haber progresos".
O así: "E1 Gobierno está persuadido de que respecto al Mercado Común es evidente que la entrada en la Alianza es una decisión positiva para nuestros intereses. Y respecto a Gibraltar, yo entiendo que una España dentro de la Alianza tiene muchas más posibilidades de decisión en eltema de Gibraltar que una España fuera de la Alianza".
En fin, el propósito principal del último Gobierno de UCD -nuestro ingreso en la Alianza Atlántica-se logra e130 de mayo de 1982, fecha en que España deposita en Washington -tras muchas vicisitudes dentro de España, parlamentarias y de opinión pública-el instrumento de adhesión a la OTAN, convirtiéndose en el decimosexto país miembro de la Alianza Atlántica.
Eseidia,la Secretaría General de la OTAN publica el siguiente comunicado: "Habiendo depositado todos los Gobiernos aliados los instrumentos de ratificación relativos al acceso de España al Tratado del Atlántico Norte, el secretario general de la OTAN, Joseph Luns,invitó ayer al Gobierno español a adherirse al Tratado.
Esta mañana, 30 de mayo de 1982, e1 Gobierno español depositó el instrumento de adhesión español ante el Gobierno de los Estados Unidos de América. A partir de hoy España es miembro pleno de la Alianza".
Haciéndolo así-sin someter a referéndum un tema que no solo por tratarse de un bloque militar sino que, por su especial naturaleza, configura un modelo de sociedad-el Gobierno centrista dejó a Felipe González un regalo envenenado en el enmarañado legado que éste heredó de sus predecesores. En la memoria de todos los españoles-y de muchísimos extranjeros que lo siguieron con inusitado, por lo insólito, interés-están los avatares que se sucedieron hasta que unos años después el Gobierno socialista cumplió su promesa de someter a la opinión popular nuestra adhesión ala Alianza.
La opinión general-sin que ello tenga mayor valor que el otorgado a una simple convención-estima que la transición política de la dictadura a la democracia puede darse por concluida cuando tome posesión el primer Gobierno socialista.
Cabe aplicar algunos matices en lo que se refiere ala política exterior, dado que, en un sentido, la transición en este campo continúa hasta 1986, año en que tres elementos clave-que habían gravitado como factores de perturbación de nuestro margen de maniobra exterior durante años-son zanjados: OTAN, CEE y relaciones diplomáticas con Israel. Después de ellos, la actividad exterior de nuestro país, que decide impulsar con entusiasmo la Cooperación Política Europea, se desarrolla antidemocrático.