LOS PACTOS DE LA MONCLOA
El primer gobierno de la democracia (segundo de los formados por Suárez), tras el restablecimiento del pluralismo, tenía la necesidad de responder a múltiples retos pendientes. EL proceso de transformación de la sociedad española se había afrontado en un momento de grave crisis económica internacional y de la economía surgía el primer desafío. Serían sus instrumentos el vicepresidente Fernando Abril Martorell y el profesor Enrique Fuentes Quintana,
La imbricación del terrorismo sobre el problema vasco y el planteamiento general de las aspiraciones autonómicas constituían el segundo reto. Sobre ello tendría responsabilidad directa Rodolfo Martín Villa y Manuel Clavero Arévalo, juntamente con Fernando Abril Martorell. Y, por último, había que cuajar definitivamente la nueva monarquía democrática por medio de una Constitución sólida y estable, aceptada por la generalidad de los españoles, y en ese frente actuaban Landelino Lavilla, como titular de Justicia, y también Fernando Abril Martorell. O sea, que el vicepresidente político estaba en todas las responsabilidades, de ahí que se le llamase el todopoderoso.
Aparte de la gestión del segundo gobierno Suárez en sus distintos frentes, como líder de la flamante formación política vencedora, el presidente tenía también que fabricar el adhesivo que convirtiera la coalición en un auténtico partido capaz de servir al país en un auténtico partido capaz de servir al país durante al menos " ciento siete años ". EL proceso culminó en el I Congreso de la UCD en octubre de 1978 y, aparte de Rafael Aries Salgado como secretario general, también Fernando Abril gorbenaba la parcela. Sólo la cohesión alcanzaba por el disfrute de la responsabilidad de los cargos publicados llevaba en las entrañas una ambición particularizaba, fermento de la indisciplina y de la feudalización política de la que a la larga acabó siendo víctima, primero, el propio Abril Martorell; después, el presidente Suárez, y al final la propia UCD.
Si la etapa anterior se había caracterizado por la capacidad de Suárez para la convicción y el entendimiento de tipo personal desde el poder con la ilegalidad, la etapa constitucional estuvo presidida por la capacidad estuvo presidida por la capacidad de su vicepresidente para abrir zonas de consenso con otras fuerzas que negociaban ahora de poder a poder. Esta particular forma de acercamiento hizo célebre la palabra misma - consensuar - y la mecánica de superación de obstáculos - aparcar las diferencias para avanzar en las coincidencias.
Fruto de esta vía negociadora fue la consecución de los llamados Pactos de la Moncloa, cuya firma solemne tuvo lugar en el palacio el día 27 de octubre de 1977. Los pactos de obedecieron a la aceptación común por las principales fuerzas políticas, por los sindicatos obreros y por la fuerza patronal agrupada en la naciente CEDE del principio de que una economía en crisis constituye un problema político fundamental y prioritario, Y partidos y sindicatos, que antes de las elecciones no podían renunciar a una dialéctica de reclamaciones sin techo, se avinieron al acuerdo de contención de precios y salarios y a la disciplina de una acción concertada contra la crisis que se manifestaba en una inflación camino del tercermundismo - con un 35 % anual - y una pérdida de divisas de 100 millones de dólares diarios.
Este acuerdo iba a significar un cambio de tendencias en ambos caminos. Pero iba a significar, además, el inicio de una serie de reformas -comenzando pro la reforma fiscal - profundizadas luego por los socialistas y, lo que en aquel momento era más importante, la verificación de una vía de entendimiento que pronto se demostraría sumamente eficaz a la hora de elaborarla Constitución.