EL OCASO DEL RÉGIMEN DE FRANCO
La transición política institucional a la democracia experimentada por España durante el período que se abre con la muerte de Franco en noviembre de 1975 y termina con el referéndum constitucional de diciembre de 1978, fue precedida por profundos cambios que, durante los años anteriores habían afectado a la estructura de la sociedad. La instauración de la democracia en los años setenta y su consolidación en los 80 aparece como el resultado lógico del cambio social de los 60.
El caso del régimen franquista en su última etapa fue un claro ejemplo de como determinados planteamientos políticos "ideológicos" pueden ir deviniendo cada vez más claramente inútiles, incapaces de producir resultados prácticos y retardatarios del proceso de desarrollo y progreso económico y social de un país.
El franquismo se había prolongado en el tiempo sin haber sido capaz de evolucionar con la suficiente flexibilidad y rapidez, ello daba lugar a una falta de ajuste entre el sistema político y la realidad social.
¿Qué cambios sociales tuvieron lugar en los últimos años de los 60?
• Los cambios en el mundo agrario:
Los procesos de industrialización y cambio social, la agricultura sobrecargada de fuerza de trabajo, proporciona a la industria una ilimitada mano de obra y se convierte en demandante de productos industriales.
A medida que crecía el éxodo rural y se reducían los activos, los propietarios agrícolas se encontraron en la necesidad de sustituir mano de obra por mecanización y diversifcación de cultivos con objeto de hacer más rentables sus explotaciones. Los agricultores pasaron a la masiva utilización de máquinas y a la orientación hacia mercados europeos y mundiales y no solo nacionales.
La agricultura en los años 60 pasó a convertirse en factor de industrialización y en un soporte del sistema democrático
Pero ¿qué consecuencias tuvo este éxodo?. Para el análisis de estas consecuencias hemos de tener en cuenta los fenómenos migratorios.
Las migraciones interiores: urbanización y éxodo rural: la progresiva disolución de las estructuras de la sociedad tradicional dio lugar a un proceso de cambio social que supuso el desplazamiento de millones de personas por toda la geografía española. Por supuesto unos desplazamientos de población de tales magnitudes suponen una importante conmoción para toda la estructura social, ya que supone el despoblamiento de las zonas rurales; la reducción de población en núcleos rurales y la paralela tendencia a una creciente urbanización forman parte , obviamente, de un proceso de cambio y transformación social más global, pudiendo hablarse de un verdadero tránsito desde un tipo de sociedad rural estamental a una sociedad urbano ‑ industrial que implica un conjunto bastante amplio de cambios sociales, culturales y políticos de todo tipo.
Relacionado con el tema de la despoblación de las zonas rurales hay que hablar del proceso de las migraciones exteriores: Con posterioridad a 193 9 descendieron las corrientes migratorias hacia los países de ultramar y aumentaron las migraciones a los países europeos, que alcanzaron su máxima densidad en los años 60 y principios de los 70 mientras que la emigración a ultramar suponía un mayor grado de afincamiento y generalmente duraba toda la vida, la emigración a Europa era, generalmente una forma de cubrir unos objetivos económicos a corto plazo y solucionar unas necesidades inmediatas. La mayor parte de los emigrantes a Europa se vieron forzados a la emigración por imperiosas razones económicas y pensando en volver cuanto antes a España, la emigración se convirtió en una poderosa válvula de escape para los desajustes del sistema económico español, en el que no existía un puesto de trabajo para cada español, aliviando así el volumen global del paso. A su vez, la emigración dio lugar a la entrada en España de un flujo permanente de divisas que permitieron ir enjugando una parte de los saldos negativos de la deficitaria balanza comercial.
Transformaciones en la estructura de clases:
Un cambio muy importante en la estructura social española fue la transformación en la estructura de clase. España pasó de tener una estructura de clases típica de una sociedad rural y semi‑industrializada, a tener una estructura de clase tópica de una sociedad industrial.
El mundo campesino perdió su importancia en la estructura de clases, como consecuencia tanto de las drásticas reducciones de la población activa agrícola como de las alteraciones del peso específico de los distintos sectores laborales.
Una transformación importante en la estructura de clases ha sido el desarrollo de la clase obrera en su conjunto y su nuevo perfil social. Por primera vez en la historia de España, y como consecuencia del proceso de industrialización, existe una clase obrera industrial numerosa y prácticamente repartida por toda la geografía nacional.
A partir de los primeros años de los 60 y tras sufrir el deterioro de sus salarios *** y los rigores del Plan de Estabilización de 195 9, la clase obrera comenzó a utilizarla nueva legislación sobre convenios colectivos para negociar con los empresarios nuevos contratos de trabajo. La posibilidad de la negociación provocó un cambio significativo en la cultura política de la clase obrera y en su práctica sindical, favorecido por el hecho de su integración definitiva en barriadas o ciudades obreras y por la incorporación a empresas industriales.
De la subordinación y la pasividad que caracterizan en conjunto a los años cincuenta, la clase obrera industrial pasó en muy poco tiempo a la afirmación de la reivindicaciones y al enfrentamiento para conseguirlas.
Un cambio muy importante en la estructura de clases es el crecimiento del personal administrativo, comercial y técnico, lo que se denominó la "nueva clase media". Entre 1964 -1970 la estructura social de España cambió sensiblemente hacia un mayor peso de las categorías de asalariados que integran lo que se ha venido en llamar nuevas clases medias.
Junto a todo lo anterior se produjeron también en España un conjunto muy amplio de otros cambios sociales importantes. A este respecto es necesario mencionarlos cambios de mentalidad en las nuevas generaciones, que fueron asumiendo los modelos culturales predominantes en los países occidentales.
Paralelamente, habrá que destacar la importancia excepcional que, en todo este proceso, van a desempeñarlos medios de comunicación, especialmente la prensa periódica y las revistas político ‑ culturales, agencias y radio. Obviamente la TV que estaba muy controlada, quedaba excluida de esta operación crítica.
En todos estos cambios sociales debía buscarse uno de los más sólidos fundamentes sociales que hicieron objetivamente posible, a la muerte de Franco, iniciar la transición a otra forma de sistema político.
E1 interior del régimen franquista.
Para que la posibilidad de pacto entre Gobierno y Oposición se diera en la práctica, fue necesario que fracasaran las diferentes tentativas diseñadas desde el Poder para asegurar una continuidad sin cambio radical de la legalidad. Para entender porqué ocurrió esto es necesario tener en cuenta las contradicciones internas en el régimen y las luchas de las distintas facciones para asegurar una posición hegemónica a la muerte de Franco. La década de los 60 presenció los conflictos permanentes entre el sector del movimiento, que pretendía asegurar la continuidad de régimen empleando una base social y la participación política por medio de asociaciones integradas en el propio Movimiento, y el grupo de tecnócratas vinculados al Opus Dei que, al reforzar la administración pública, se habían propuesto desmontar progresivamente el Movimiento y asegurar una solución monárquica en vida de Franco manteniendo la estructura autoritaria del sistema político.
Las contradicciones internas entre los distintos grupos que ejercían el poder y la disfuncionalidad de su actuación respecto de las necesidades del propio bloque en el poder no hacían sino poner de manifiesto la conveniencia de reestructurar un sistema político a la vez más integrador y eficaz que se sustentara en nuevos pilares. La corrupción dentro del propio aparato político (caso Matesa ), el enfrentamiento escasamente institucionalizado entre diversas fracciones, la crisis fiscal (que ponía de manifiesto la incapacidad del Estado para hacer frente a las necesidades del moderno capitalismo) mostraban la poca utilidad del mantenimiento de las relaciones tradicionales de dominación política ala vez que exigían cada vez más apremiantemente a los sectores punta modernizados de la burguesía española la elaboración de fórmulas sustitutorias que continuaran asegurando su dominación económica y aun política mediante mecanismos equiparables a los ya existentes en el resto de Europa Occidental.
La pugna de fuerzas en el interior del régimen tuvo un resultado más significativo con la aprobación, en 1966, de la Ley Orgánica del Estado, que, si establecía la monarquía como forma de Estado, no excluía la posibilidad de una regencia ni designaba sucesor. Resuelta aparentemente en 1969 a favor de los llamados tecnócratas, con la designación de Juan Carlos como sucesor y la formación de un gobierno casi homogéneo, bajo la presidencia de hecho del almirante Carrero Blanco. Todos los intentos "aperturistas" favorecidos desde el Movimiento fueron cercenados y liquidados. La política seguida preveía el paso hacia la monarquía como mera continuidad de la dictadura, esta política quedó confirmada en Junio de 1973 con la desvinculación de la presidencia del Consejo de Ministros de la Jefatura del Estado y el nombramiento formal por vez primera de un presidente de Gobierno en el periodo del Almirante Carrero Blanco.
Bajo el liderazgo del almirante Carrero Blanco aumentaron las acciones represivas para frenar el avance obrero y para desorganizar la oposición democrática. Durante estos años fueron detenidos, al menos, quinientos líderes sindicales, se decretaron 3 estados de excepción y la represión no sólo se intensificó, sino que se extendió a otros
sectores. La Universidad fue ocupada permanentemente por la policía y algunos profesores y estudiantes fueron detenidos. Aumenta la persecución a los grupos de la oposición.
La muerte de Carrero Blanco tras el atentado de ETA en diciembre de 1973, dinamitó el proyecto continuista preparado por López Rodó y formalizado en la Ley Orgánica del Estado, que concentraba en el futuro rey los supremos poderes políticos y administrativos y le otorgaba facultades colegislativas. Pero para el desarrollo de este proyecto se necesitaba la presencia junto al Rey de una personalidad del franquismo con poder suficiente para mantener la disciplina del ejercito y el equilibrio entre todas las facciones políticas. Esa persona era Carrero Blanco.
La Muerte de Carrero Blanco hizo patente el fin de la dictadura. Por ello las distintas fuerzas políticas, más o menos organizadas, se prepararon para el inevitable cambio de régimen, tratando de orientar a este en el sentido más favorable a sus convicciones y programas.