UN ANÁLISIS DE LA POLÍTICA EXTERIOR
El primer gobierno de la monarquía
La política exterior de Adolfo Suárez y Marcelino Oreja
El ultimo ministro de asuntos exteriores de UCD
Como todavía la mayoría de los españoles recuerda, los primeros largos meses posteriores a la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975 fueron vividos por la población con una mezcla de esperanza y temor, de ilusión por el arribo de un nuevo sistema de libertades públicas (y también privadas) y de preocupación e intriga por el modo concreto que utilizaríamos para llegar a él.
Si a los que vivimos dentro del país el tema nos provocaba atención, interés o ansia, a numerosos gobiernos y a la opinión pública extranjera les creó-según casos y latitudes-interés, curiosidad o espanto. Casi nadie fue, en cualquier caso, indiferente.
No era para menos, ni dentro ni fuera, después del largo y sombrío período que sumió a los españoles en tantísimas carencias y que nos alejó-en modos y maneras, en tipo de vida y en ritmo histórico-y aisló del mundo exterior, en especial del mundo europeo democrático.
De ahí que ya en los primeros meses posteriores a noviembre del 75 las diversas fuerzas sociales, políticas y económicas españolas se movilizaran tratando de buscar una vía que facilitara unas mínimas libertades en el interior y un acercamiento a Europa en lo exterior.
Las fuerzas democráticas, aún ilegales pero activas en un clima de permisividad logrado por su propia lucha y por la decadencia del antiguo régimen, trataron de que las libertades fueran completes, entendiendo por ello una homologación plena con los baremos de Europa Occidental. La discusión con los elementos no originalmente democráticos, que en los últimos tiempos habían comprendido que no existía otra salida que la transformación del franquismo en otro sistema más acorde con la era que se avecinaba, fue tensa.
Pero, en lo interior-por mor de algunos intereses que se juzgaron comunes y por la inteligencia con que se asumió la imponente realidad-y, en lo exterior, porque existía asimismo una similar visión de que era conveniente para España integrarse en el moderno, libre y democrático continente al que geográficamente pertenecíamos, llegó tras unos años, que ahora pueden parecernos breves, a triunfar el sentido común mayoritario compartido que permitió la plasmación de nuestro sistema de libertades, públicas y privadas, en la Constitución de 1978.
Durante ese lapso, sólo un sector recalcitrante y "nostálgico", que había gozado y abusado de las prebendas del viejo régimen hasta el último momento i, libró batalla intentando perpetuar, vanamente, el franquismo después de Franco.
Dado que esa fuerza retrógrada y aún importante en la España de la época, políticamente conocida como el búnker, comprendía perfectamente que el tinglado de privilegios abusivos que defendían desaparecía más fácilmente cuanto más nos acercáramos a Europa, hizo todo lo posible por conservar el poder internamente y bloquear el proceso conducente ala asunción de nuestras señas de identidad continentales.
Fue justamente durante el periodo en el que el búnker disfrutó de mayor poder-esto es, durante el algo más de medio año que duró el primer Gobierno de la Monarquía-cuando redobló sus esfuerzos para bloquear la salida europea y democrática española.
Pensamos que, en este sentido, la fase más importante e interesante de la política exterior de la transición es la que coincide con el primer semestre de 1976, en el que el papel del Rey, como veremos, resulta fundamental para convencer a Europa y a Estados Unidos de la credibilidad de la operación en marcha en España.
Durante ese semestre, en que José M. de Areilza es ministro de Asuntos Exteriores, nos jugamos casi todo en política interior y exterior. Semestre que hizo patente el universal e inevitable mutuo condicionamiento-y en ocasiones determinación- entre ambas políticas. De ahí que este trabajo, que considera nuestras relaciones internacionales hasta la llegada del Partido Socialista al Gobierno, dé preferencia en profundidad y extensión a la fase que llega hasta julio de 1976. Poco de lo llevado a cabo después por Oreja y Suárez en política exterior habría sido posible sin los pasos dados, en muchas ocasiones por encima o al margen de Arias Navarro, por el Rey y Areilza.
Son muy escasos los artículos específicamente dedicados al estudio de la política exterior durante la transición española.
En el titulado "Una aproximación a la política exterior de la España democrática: el primer lustro constitucional (1979-1983)", el profesor Francisco Aldecoa sienta las bases para cualquier obra en profundidad sobre el tema. Considera-criterio compartido por todos quienes nos hemos ocupado de una u otra manera de la política exterior española-que la etapa del ministro Castiella crea las condiciones que permiten pasar del aislamiento internacional a la plena participación en las relaciones internacionales de la transición democrática.
La etapa Castiella (1958-1969)---que facilita una relativa incorporación de la España franquista a la sociedad internacional- supone el apoyo a la descolonización del Tercer Mundo, la defensa de la neutralidad del Mediterráneo, lo que Aldecoa denomina puesta en valor del espacio estratégico español 6 y el alineamiento con las causas árabes, especialmente la de los legítimos derechos del pueblo palestino y el rechazo de Israel.
Hay que advertir, empero, que Castiella no tuvo más remedio que dedicarse casi monográficamente al Tercer Mundo porque el occidental europeo rechazaba cualquier protagonismo del franquismo en política exterior. Por otra parte, las buenas relaciones con los Estados tercermundistas eran, en gran medida, retóricas. Los beneficios materiales (a diferencia de los obtenidos por países como Francia, Holanda, Alemania Federal o Italia) fueron escasos. La presencia real española en sus economías, nuestras inversiones o participación en sus planes de desarrollo, casi inexistentes.
Después de la época Castiella se suceden diversas vicisitudes que, tras una etapa de aislamiento internacional coincidente con los dos últimos años del régimen, nos sitúan en el objeto principal de nuestro estudio: la transición democrática propiamente dicha.
El primer gobierno de la monarquía
Interna y externamente se trata de la fase más difícil. EL búnker está al asalto, inmediatamente después de muerto el dictador, intentando bloquear la apertura política. Es la etapa en que con mayor claridad, por su dramática incidencia, se percibe la importancia de los elementos externos en la transición española.
EL ministro de Asuntos Exteriores, Areilza, bien sintonizado con el Rey, está empeñado en vender en el extranjero y recabar apoyo para el proceso político evolutivo que debía alejarnos del franquismo, o mejor dicho, del postfranquismo. Este, sociológica y políticamente, se revuelve a capa y espada. Areilza debe "colocar" fuera algo que no está del todo asumido dentro.
Como escribió Aguilar Navarro, " el primer Gobierno monárquico debía comenzar por consolidar las viejas amistades establecidas por el Príncipe y proceder a darles otro significado ideológico e histórico". Se trata de obtener el visto bueno y apoyo a la operación en marcha de Giscard d'Estaing en Francia, Walter Scheel en Alemania, Kissinger en Estados Unidos...
En suma, "el nuevo régimen tuvo que abordarla política exterior española desde supuestos democráticos y, en consecuencia, se encontró con un peligroso vacío. Al borde del abismo, y desde la nada, ha tenido que levantar una concepción distinta del sistema de relaciones con otros países".
Así, mientras los importantes sectores fascistas que perduran, animados por el juego que les da el propio presidente del Gobierno, Arias Navarro, intentan reorganizarse para perdurar, Areilza recorre Europa y recibe a Kissinger en Madrid.
En todos sus desplazamientos, el Conde de Motrico persigue el mismo objetivo: informar a los gobiernos occidentales de los propósitos democratizadores de la recién reinstaurada Monarquía española y solicitar su apoyo y comprensión. Ello supone un auténtico encaje de bolillos: por un lado se pide comprensión a pesar de que todavía habría de pasar el tiempo antes de que se celebraran elecciones libres que nos equiparasen a Europa. Y por otro, apoyo. Pero simultáneamente debe evitarse que el mismo pueda identificarse con injerencia en los asuntos internos españoles.
En resumidas cuentas, y durante el primer semestre postfranquista, el ministro de Exteriores recorre nuestro continente vendiendo un producto, la democracia, que España está aún elaborando. Conversa y discute con la mayoría de los Gobiernos europeos y-conocedor del importante papel que los medios de comunicación juegan en las democracias-está siempre en contacto con ellos, consciente del valor del acceso a la opinión pública.
Hace propaganda de la nueva España, a veces con datos o apreciaciones un tanto discutibles, y reitera una serie de temas que, con acierto, juzga de interés para los europeos.
Areilza ha de moverse continuamente entre la imperiosa necesidad de exhortar a los europeos a que, de alguna manera, se muestren activos para impulsar el proceso democratizador en nuestro país y el peligro-con tal pretensión-de ser acusado dentro de España de promover la injerencia extranjera.
Y sin embargo, en el mutuo entramado de lo interno y de lo internacional está la clave de la orientación y propósitos de nuestra política exterior en el inmediato postfranquismo.
Durante el franquismo la política exterior fue tributaria de una concepción política reñida con las libertades que mantuvo a nuestro país aislado internacionalmente. La defensa del sistema autoritario se llevó a cabo con el alto coste de la marginación y subordinación internacionales. De ahí que los capítulos de relaciones exteriores de los programas de los partidos políticos de la oposición democrática (y en concreto el del PSOE) insistieran en la "recuperación de la independencia y de la integridad territorial".
A principios de 1977 el catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Complutense, Mariano Aguilar Navarro, pudo escribir: "En estos últimos días hemos comprobado que al pasado aislamiento ha sucedido una preocupación internacional máxima por todo cuanto pueda suceder en España. Tanto en el foro de las organizaciones europeas (Consejo, Comunidades) como en las actitudes unilaterales o bilaterales de los Gobiernos, la suerte del proceso democrático español pasa a ser una cuestión de interés internacional".
Añadiendo que "en la vida internacional no es infrecuente que se una a ese proceso de internacionalización de los asuntos internos de un país una dosis, mayor o menor, de intervencionismo extranjero. Lo que sucede en España ha pasado a ser una cuestión no exclusivamente doméstica".
Este fue justamente el ambiente en el que tuvo que desenvolverse Areilza. Durante su medio año como jefe de la diplomacia española hubo de aguantar las andanadas del búnker en esta dirección. Los residuos del fascismo lo tenían fácil porque la prensa española se encargaba de airear dentro del país los temas, la forma de presentarlos y la respuesta que obtenía nuestro Ministro en sus contactos europeos.
A este respecto, uno de los viajes más difíciles fue el realizado a Copenhague. Tras su larga entrevista con el ministro danés de Relaciones Exteriores, Andersen, el 4 de marzo de 1976, éste se expresó textualmente así: "España es parte natural de la Europa occidental, pero ponemos también claramente de relieve que las condiciones para que sea miembro tanto de la CEE como de la OTAN es que cumpla con los planes de reforma democrática que el Ministro de Asuntos Exteriores español nos ha señalado".
Andersen se preocupó de declarar que había tenido "oportunidad de plantear una serie de cuestiones sobre la situación de los derechos en España y la deseada libertad política... Es evidente que los deseos españoles de ingresar tanto en la OTAN como en las Comunidades Europeas no tienen ninguna oportunidad de ser cumplidos hasta que existan testimonios más convincentes de una democracia española que el que existe hoy. Esto no significa que habrá que rechazar al ministro Areilza. Seria cerrarlos ojos a las dificultades políticas que existen en España el requerir que la democracia sea un hecho mañana.
Pero está claro también que si hubiera que iniciar con la CEE verdaderas negociaciones de ingreso ya el verano que viene, tendrían que haberse celebrado o convocado elecciones parlamentarias, tal como lo han prometido varios ministros españoles, podo menos en el extranjero".
No cabe dude de que el propio Conde de Motrico era consciente de las dificultades que en su empresa política viajera encontraría-dentro y fuera-en relación con las etiquetas "injerencia" e "intervencionismo". El mismo hace referencia a ello en sus Memorias. Así, en Diario de un Ministro de la Monarquía escribe: "Hablé (9-12-1975) con el Embajador norteamericano, Wells Stabler, que vino a verme. Está satisfecho de que me ofrezcan el puesto de Exteriores... Kissinger sigue con gran atención el desarrollo de la crisis política española. Estados Unidos desea la democratización del sistema pero... sin demasiado afán, exigencies, ni prisas. Desean sobre todo que no vayamos por el camino de Portugal...".
Está Motrico tan sensibilizado con el asunto, que cuando un periodista en Madrid comenta la posibilidad de que la injerencia extranjera consista no sólo en la realizada de Gobierno a Gobierno sino también la de Partido a Partido, responde tajantemente: "El socialismo es una realidad que existe en Europa, que forma parte del contexto político de la comunidad de Occidente y creo que hay un mutuo respeto estricto entre los partidos socialistas, lo cual no excluye que haya una simpatía o una solidaridad, como la hay entre los grupos de la democracia cristiana. Hay y habrá apoyos internacionales a otros sectores. La Democracia Cristiana alemana, por ejemplo, se alineará de una manera indirecta con su solidaridad moral, con las actividades de la Democracia Cristiana española que, por supuesto, está compuesta de varios sectores",
Lo que obliga a escribir al propio periodista: "Para el ministro de Asuntos Exteriores, el apoyo del partido de Willy Brandt al PSOE de Felipe González no es una injerencia en los asuntos de España".
Viene al caso señalar que a Areilza le interesaron siempre sobremanera las posturas internacionales del Partido Socialista Obrero Español y su incidencia en el proceso democrático interno. Convencido de que el PSOE se convertiría en el verdadero partido de la izquierda en las primeras elecciones generales, Areilza tuvo siempre una buena comunicación con él.
Son curiosas e interesantes, por otro lado, las relaciones que mantiene con el representante diplomático germano-occidental en Madrid, que en alguna ocasión podrían haberse tachado de "injerencia a sensu contrario".
Así Areilza comenta: "Llamo al embajador alemán para decirle que el PSOE no cumple lo que pactó con la socialdemocracia en Bonn respecto al partido comunista. Me promete que hablará con el mando del SPD inmediatamente".
Eso ocurre el 29 de marzo. No ha transcurrido aún un mes cuando Areilza recibe la respuesta: "Me visita el embajador alemán, perplejo y confuso antela confusa situación. Me dice que pueden influir sobre el PSOE, pero no del todo. Y que semen pueda radicalizarse más y más, a medida que el tiempo transcurra. Le preocupa que el discurso de Arias resulte un colosal fiasco".
Si aura, políticamente hablando, fue la estancia de Areilza en Dinamarca con la finalidad de vender "el producto", no menos lo fue la que, un par de días después, protagonizó en Holanda. La opinión pública holandesa, como la danesa y en general las del centro y las noreuropeas-que de siempre habían apoyado las luchas por las libertades democráticas en España-, se encontraba plenamente sensibilizada ante la visita del ministro español de Exteriores.
A ello había contribuido la excepcionalmente buena entrevista (por parte del entrevistador) hecha al Conde de Motrico y recién publicada por el importante diario de Rotterdam NRCIHandelsblad, independiente, No difundida en España, la entrevista contiene un diálogo político muy interesante. EL periodista-que pone el dedo en la llaga en varias ocasiones-logra hacer perderlos nervios al ministro. Ello es sintomático porque, como he mencionado más arriba, Areilza mantiene una muy buena relación con la prensa.
Sin embargo-como veremos en los párrafos que siguen y que merece la pena reproducir íntegros a pesar de su extensión- llega un momento en que Areilza,acosado por el búnker y la falta de apoyo de Arias Navarro y, en mi opinión, condicionado él mismo por algunos antiguos resabios, salta ante la lógica, apegada a los hechos descarnados, del entrevistador del Handelsblad.
Ayudará a enmendar el estado de ánimo del ministro español si, por otro lado, recordamos asimismo algunos párrafos de sus Memorias-publicadas años después-que se refieren justamente a estas semanas clave. Cuentan la situación interna española y el papel de Arias.
Así, escribiendo sobre el final de su período como ministro y mientras asiste a una reunión de la OCDE en París el 2-10-1976, se refiere a "la operación Europa que yo llevé a cabo en estos meses por iniciativa propia, en medio del recelo y de la indiferencia del Gobierno...".
La falta de entendimiento con Arias Navarro fue permanente y casi total. Areilza: "Despacho con Arias el 23-ó-76. Lo encuentro sombrío, hundido, con talante cerrado y malhumorado. Le hablo de Europa, de la OCDE, de Kissinger, de Francia, de NATO, de Africa,de Argelia, de Marruecos, del tratado con USA, de Portugal. Me interrumpe sobre temas menores; pequeños chismes accidentales; informaciones semipolicíacas sobre cuestiones laterales... Este hombre parece reñido con la vida y con la realidad. Habla sobre clisés imaginarios. Desconoce el mundo exterior...".
La percepción que de Arias Navarro (y de la incidencia negativa que su programa tiene en la apertura política española) tiene Areilza es prácticamente la misma durante el escaso período que aura el primer Gobierno de la Monarquía: "Carlos Arias es un personaje enigmático... Su talla de gobernante era cuestionable; su autoridad, nula. No conocía a fondo los problemas políticos, económicos ni sociales del país. Su experiencia era esencialmente policíaca y represiva. Su pasión, los servicios secretos,... En materia internacional, su indiferencia y desconocimiento rayaban en lo extremo".
Es un hecho claro, reiterado en sus Memorias y atestiguado por la realidad, que José María de Areilza luchó durante un semestre por impulsar la reforma del sistema español que habría de conducir a la homologación política mediante la asunción de un sistema de libertades. Que fue la oveja negra del Gobierno Arias y que él mismo fue testigo de innumerables reafirmaciones del talante y de las convicciones franquistas de Arias Navarro.
Por eso resulta sorprendente el absurdo duelo que el ministro español de Exteriores mantiene con el periodista en la larga entrevista con el NCRIHandelsblad.
EL propio origen político de Areilza no justifica-dada su evolución posterior-el modus utilizado en sus declaraciones al diario de Rotterdam. Cabe únicamente una explicación lógica para los desafueros dialécticos que recoge la entrevista. Y es que tan sólo una semana antes de realizada ésta tiene lugar en Madrid la primera, lamentable, sesión de la inefable "Comisión mixta Gobierno-Consejo Nacional del Movimiento".
De la introducción de media hora hecha por Arias Navarro, Areilza-impresionado y muy alarmado-escribe lo siguiente:
"Su preámbulo fue increíble por inesperado. S e declaró mandatario de Franco y de su testamento. Habló del entierro, del funeral, de lo que se temía a su muerte, de que los enemigos de España pululaban en plena impunidad, que había que acabar con ellos Metió en un mismo saco a Carrillo, a Felipe González y a Llopis, excomulgándolos de la convivencia política. Dijo que se le acusaba a él de haber hecho un discurso decepcionante en las Cortes y de querer simplemente continuar el franquismo con un retoque de la fachada pero sin cambiar nada esencial. Entonces vino lo asombroso: "Pues bien, si Es cierto. Yo lo que deseo es continuar el franquismo. Y mientras esté aquí o actúe en la vida pública no seré sino un estricto continuador del franquismo en todos sus aspectos y lucharé contra los enemigos de España que han empezado a asomar su cabeza y son una minoría agazapada y clandestina en el país". En ese tono-que Carrero no hubiese igualado en sus mejores tiempos-continuó la soflama para desembocar en el tema de los trabajos y del orden del día. Fraga estaba colorado de ira. Yo estuve a punto de levantarme y marcharme. EL búnker escuchaba en silencio aprobador. No se mencionó la Monarquía. No se habló del Mensaje de la Corona. No se planteó el verdadero tema que es el de la reforma democrática urgente que la viabilidad de la Institución exige. Allí se partió de la base de que Franco sigue siendo desde el trasmundo el Jefe del Estado. Que su presencia es psicológicamente algo real y tangible. Y que a él se refieren en último término todas las actuaciones políticas. Esto es realmente una pesadilla. Arias habló como si al volver a su despacho le iban a llamar desde Cuelgamuros para pedirle cuentas. Fue algo alucinante. ¿Qué teme este hombre? ¿A quién teme? ¿Qué secretos hay aquí que condicionan al presidente y le convierten de golpe en errático, inseguro y cambiante? ¿Le queda ancho el traje? ¿Existe contra él una acusación que ignoramos? ¿Los militares "ultras" lo amenazan? ¿Tiene miedo a Girón, a Miguel Primo y a Fueyo? Mal empieza la reforma O acabamos en golpe de Estado de la derecha. O la marea revolucionaria acaba con todo. O se cambia de presidente y de Gobierno. La Monarquía no puede consolidarse con un hombre honesto y patriota pero vacilante, temeroso, que sigue creyendo que Franco está vivo y dirige el país desde la tumba".
Únicamente el pesimismo respecto al éxito de la operación política reformista que probablemente produjo en el ánimo de Areilza esa sesión conjunta Gobierno-Consejo Nacional y una cierta ausencia de ductilidad temperamental por su parte pueden explicar que protagonizara con el Handelsblad un "diálogo" de este tenor:
Handelsblad: "Como usted sabe, el gobierno holandés, la opinión pública y el Parlamento sólo pueden estar de acuerdo con una España democrática como miembro de la Comunidad Europea. ¿Cree Ud. que podrá convencer al Gobierno holandés de la evolución democrática en España, sobre todo después del vago discurso del presidente Arias ante las Cortes? (28-1-76)".
Areilza: "Yo creo que mi misión es solamente informar sobre lo que pensamos hacer. Vamos a seguir adelante con las reformas porque nosotros mismos queremos y no porque nos sintamos obligados. No tenemos por qué dar explicaciones a nadie. España es un país libre. Si el pueblo español aprueba las reformas no hace falta que éstas sean aprobadas por un "tribunal de virginidad democrática" que nos entregue un bonito diploma. Figúrese, esto sería absurdo. Somos la décima nación industrial del mundo. Somos un país soberano. Realizaremos un cambio democrático y construiremos en España una democracia en el tiempo que le he dicho. No pedimos permiso para poder hacerlo. Lo hacemos a nuestro modo".
Handelsblad: "Pero en el discurso de Arias no hallamos ninguna indicación sobre este tiempo".
Areilza: "EL Presidente Arias puede elegir sus propias palabras. Pero si Ud. Lee atentamente su discurso podrá encontrar en él todos los elementos, excepto la fecha, y ésta se la comunico yo ahora. Aunque es muy difícil fijarla exactamente".
Handelsblad:" ¿Y sus declaraciones son al mismo tiempo las opiniones de su Gobierno?".
Areilza: "Creo que aún soy el ministro de Asuntos Exteriores. Si Ud. duda de mis palabras la entrevista puede darse por terminada".
Handelsblad: "Ud. tiene la reputación de haber mantenido una postura critica frente al antiguo régimen del general Franco. ¿Cómo juzga Ud. los 40 años de dictadura bajo Franco?, ¿como una época de estancamiento o como un periodo en el que ha tenido lugar una importante evolución?".
Areilza:"Si. El general Franco fue una persona excepcional... En general lo ha hecho muy bien. Digamos que ha impuesto orden y paz, un largo periodo de estabilidad impuesta que ha permitido a nuestro país durante cuarenta años desarrollarse hasta convertirse en un Estado moderno... En España no hay analfabetos... La décima potencia industrial del mundo. Y por primera vez existe una estructura social en la que la clase media y la clase superior de la clase obrera muestran una tendencia conservadora porque viven en una sociedad de consumo... Las condiciones para esta nueva estructura social son debidas sobre todo al general Franco".
Handelsblad:" ¿No fueron estas condiciones causadas por la creciente prosperidad en el Occidente?"
Areilza: "Desde luego también por ello, pero sin la estabilidad del régimen de Franco este cambio de las estructuras no seria posible".
Durante esta etapa, un tema que suscita interés en la opinión pública europea (y que a menudo es el punto de referencia para medir el grado de autenticidad que las nuevas autoridades en España conceder a la liberalización política en marcha) es la legalización o no del Partido Comunista en el futuro sistema de pluripartidismo.
Tema que también toca lidiar a nuestro ministro de Exteriores, teóricamente en el cuadro de restricciones impuesto a este respecto por el presidente del Gobierno y que Arias le plantea el mismo día (9-12-1975) que le cite para ofrecerle la cartera de Exteriores en el Gobierno que está intentando formar: "Solamente cuatro coordenadas ha de tener nuestra actuación como limites en el campo político: lealtad a la Monarquía, unidad nacional, anticomunismo y defensa y garantía del orden público.
En este sentido, las manifestaciones públicas de Areilza pasan por una fase de oposición a la legalización del PCE-fuertemente determinada por la fuerza del búnker en España-unida a otra de mayor relativismo y flexibilidad.
A la primera corresponden asertos como éste: "Queremos ser miembros de la CEE y no del COMECON. Tampoco queremos ingresar en el Pacto de Varsovia. En su tiempo queremos entrar en la CEE y en la Alianza Atlántica".
La opinión más contundente contraria a la participación del PCE en la futura vida multipartidista española la expresa Areilza en sus contactos con los medios de comunicación norteamericanos. Sabe que aquella sociedad no tiene complejo liberal alguno a este respecto, a diferencia de la europea, y se muestra categórico, sin tapujos.
Así, en entrevista que le hace a principios de marzo William Buckley en la televisión pública norteamericana (PBS), afirma: "No aceptamos la participación de los comunistas en el proceso de transición a un sistema democrático. No nos fiamos. Yo creo que engañarían desde el principio. Dirán, primero, que aceptan las elecciones pero al día siguiente, tras sólo conseguir un 8 ó 10 por ciento de los votos, mantendrán que esto no es lo importante y entonces proclamarán la revolución".
Con esta filosofía Areilza debió sentirse confortado cuando tres meses después, según él mismo relate, Kissingerle manifestó: "No vamos a decir nada si ustedes se empeñan en legalizar el partido comunista. Pero tampoco les vamos a poner mala cara si lo dejan ustedes sin legalizar unos años más".
Sería de todas maneras el ministro del Interior de la época, Manuel Fraga, quien rompería claramente una lanza internacional a favor de la incorporación del PCE a la vida democrática. EL propio Areilza lo relate así: " Sulzberger ha publicado hoy (19-6-1976) en el New York Times y en el Herald Tribune, un artículo que contiene declaraciones de Fraga que darán mucho juego y que en esencia confirman que el PC será legalizado en un futuro no muy lejano (¿junio de 1977?),aunque "de momento" no se le incluya en la transición. Fraga se declare partidario de esa legalización".
En fin, Areilza, que al final de su semestre como ministro harta algunas concesiones de estilo sobre la legalización del PCE, acabaría su participación en el Gobierno sin pronunciarse con claridad sobre el asunto.
Según él mismo escribe a posterior, habría de dejar el Gobierno para expresarse de otra manera sobre los comunistas. Sería en París, el 2 de agosto de 1976, comiendo en casa de Ricardo Bofill con Santiago Carrillo y Manuel Azcárate: "Santiago Carrillo estuvo sereno y moderado en su exposición. Era pesimista respecto a la legalización de su partido y consideraba esa discriminación un error fundamental... Me llamó optimista porque le dije que la presión social impondría de una u otra manera el cambio político en España y que habría elecciones generales antes de un año. En las que usted participará con los suyos, le dije".
Hitos de la ofensiva de Areilza para intentar el apoyo exterior al proceso evolutivo político español fueron la que él mismo denominó "Operación Europa", a la que acabamos de referirnos en profundidad, y la operación de relaciones públicas y políticas hacia Estados Unidos, que persiguió idéntica finalidad.
La operación americana quiere sentar las bases que más tarde habrían de conducirnos a la integración en la OTAN. EL primer contacto serio a este respecto lo tiene Areilza con Kissinger en París, el 21 de diciembre de 1975. EL ministro español lo comenta así: " Le expongo las líneas generales de lo que el acuerdo-marco necesita para que lo apruebe el Gobierno y el Rey. Que se convierta el acuerdo ejecutivo en tratado bilateral. Que se aumenten las contrapartidas hasta llegar a los mil millones de dólares. Que se fijen unas fechas tope concretas para la retirada de los ingenios nucleares de las bases de Rota; que se articule de una manera precise la vinculación orgánica de los planes defensivos a la estrategia de la Alianza Atlántica. Y que no hubiera ningún anejo o cláusula de índole secrete al tratado mismo".
A ello, el secretario de Estado norteamericano habría contestado:-"Gracias por su concisión. Hay cosas que dependen de mí y otras de Defensa y del Congreso. Pero yo asumo la tarea de hacer que se accede a todo en la forma en que ello sea posible".
Se conseguirá la firma de un Tratado de Cooperación y Amistad El24 de enero de 1976. Antes, Areilza es testigo, en una Junta de Defensa Nacional presidida por el Rey (7-1-76), de la oposición que él mismo suscita por parte de los militares. Relata: "Es curioso el recelo que despierta en estos hombres el acuerdo con Norteamérica, del que ellos disfrutan casi en absoluto. Sin la cooperación norteamericana, que data de 1953, ¿qué habría sido de nuestras Fuerzas Armadas? ¿De dónde desfiles, maniobras, supuestos tácticos, desembarcos anfibios? EL único que se atreve a decir la verdad es el ministro del Aire: no quiere que se vayan de Torrejón porque no tendría dónde meter las alas de la defensa aérea de Madrid, puesto que España sola no podría sostenerla base. Así es todo. Se habla de neutralismo, de cerrar las bases, de romper relaciones, de cualquier cosa. Les trato de convencer de que el acuerdo es parte de un todo y que en el contexto político-militar de hoy España tiene que optar por Occidente sin vacilaciones. Carlos Arias les recuerda que Franco no sólo había aprobado el "acuerdo-marco", sino que había dicho a los negociadores: "Y en último término, si no consiguen ustedes lo que quieren, firmen lo que les pongan delante. El acuerdo lo necesitamos. Después hay un largo y triste relato sobre la evacuación militar del Sahara que se acaba el 15 de enero".
Finalmente, con Kissinger en Madrid, se firma el Tratado. Hay rueda de prensa posterior con la presencia conjunta de ambos ministros de Exteriores. En ella, Areilza se cuida de dejar sentado que "estamos ligados con este Tratado y con los anteriores acuerdos ejecutivos con el mayor y más importante socio de la Alianza Atlántica desde hace más de 22 años y en ese concepto hemos sido una contrapartida efectiva y QO formal de la estrategia defensiva de Occidente. Ahora, si me pregunta si tenemos interés en la Alianza Atlántica le contesto que sí, porque yo entiendo que la Alianza Atlántica es la infraestructura militar y estratégica de la CEE".
Hecho a destacar de esa rueda de prensa son las respuestas dadas por Areilza y Kissinger ala pregunta de un periodista: "¿Qué significado tiene para España y EE.UU. la desaparición de la base naval de Rota como base de submarinos nucleares en 1979?".
EL ministro español responde que se trata de "una petición española aceptada por parte norteamericana aún a riesgo de comprenderlo que significaba de sacrificio para su propio dispositivo estratégico".
Sin embargo, Kissinger, dejando en obvia evidencia a Areilza, expone: "Quisiera añadir... que hay otro factor y es el hecho de que para 1979 el alcance de los misiles basados en submarinos norteamericanos será de tal naturaleza que la importancia de una base adelantada será menor entonces". Ninguna elegancia por parte del secretario de Estado. No es que nos sacrifiquemos, es que ya no nos valen...
Pero, en finaras la firma del Tratado y con el viaje que los Reyes realizarán a EE.UU. en junio de ese mismo año, el apoyo americano al proceso de apertura español parece quedar garantizado.
Interesa asimismo destacar cómo Areilza en las semanas inmediatamente anteriores a la firma del Tratado de Cooperación con Washington y, esporádicamente, hasta que cesa como ministro, vuelve a mencionar la relación indirecta entre Tratado y Alianza Atlántica y la aspiración de España a integrarse en esta última. Veleidades que desaparecen durante algún tiempo tras la llegada al Gobierno de Adolfo Suárez, con Oreja de ministro de Asuntos Exteriores.
A Cambio 16, y en alusión a la OTAN, Areilza manifiesta: "Nuestra aportación efectiva al dispositivo estratégico de Occidente es un hecho indiscutible que hasta ahora no había tenido reconocimiento político explícito ni contrapartida establecida. Es hora de que esa situación se modifique reconociendo las realidades geopolíticas y la importancia decisiva de España en este terreno".
Durante su visita oficial a Bruselas, Areilza es preguntado poda prensa belga:" ¿Constituye el nuevo Tratado con los Estados Unidos un paso en dirección de una adhesión de España al Pacto Atlántico?".
Areilza: "Efectivamente, en el nuevo Tratado con Norteamérica se contempla el propósito de estrechar nuestra relación con la Alianza Atlántica. Creemos que nuestra contribución al sistema defensivo de Occidente ha sido y es importante y no se ha reconocido hasta ahora debidamente. España no ha solicitado formar parte de dicha Alianza pero no está excluido que así lo haga en un no muy lejano futuro si conviniese al interés nacional".
La política exterior de Adolfo Suárez y Marcelino Oreja
La designación, de entre una terna, de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno en julio de 1976 produce sorpresa en España. En el nuevo Gobierno, Marcelino Oreja se convierte en titular de la cartera de Exteriores. La política exterior por él desarrollada a partir del verano de 1976 continúa el esfuerzo iniciado y en gran parte consolidado por Areilza, tendente a lograr de Occidente la aceptación de las buenas intenciones españolas para establecer un sistema democrático basado en el pluripartidismo y en elecciones parlamentarias libres.
Se aumenta la presencia española en el exterior, se inicia un proceso que en poco tiempo conducirá a una normalización de relaciones diplomáticas con algunos países, en especial, los comunistas, crece la asunción por España de determinados tratados internacionales relacionados con la defensa de los derechos humanos y se avanza en el camino alela homologación europea.
Oreja resulta un ministro que se prodiga en sus declaraciones, entrevistas y ruedas de prensa con medios nacionales y extranjeros. Más que Areilza, que, como hemos visto, lo hacía a menudo y, desde luego, muchísimo más que su sucesor, Pérez Llorca, quien eludía el contacto con los medios siempre que le era posible.
Utiliza Oreja a menudo estos contactos para exportar líneas o programas de política exterior, algunos de ellos con cierto contenido. Tanto en estos (en especial los habidos con medios foráneos) como en los discursos que realiza con motivo de visitas de ministros extranjeros a España o de las suyas al exterior, se trasluce una mezcla de precaución y relativa timidez ante la carencia de credenciales democráticas que exhibir y un sentido de admiración, casi envidia, ante determinadas consecuciones y profundizaciones democráticas en el mundo occidental, de las que nosotros no podemos hacer gala. Ello es particularmente notorio hasta nuestras primeras elecciones democráticas de junio de 1977.
En algunos de los discursos o declaraciones del ministro Oreja es patente la situación en pañales, cogida con alfileres, heredada del inmediato postfranquismo. En ocasiones se dirige a sus colegas anfitriones o huéspedes con admiración o ansia de emulación de sus realidades democráticas. Hay frases que denotan una lógica orfandad española en la escena internacional democrática.
En sus declaraciones a los medios informativos durante su primer año como ministro hay prácticamente de todo. Temas recurrentes son la política exterior como reflejo de la interior (dificultades para realizar una política exterior coherente cuando aún no se han celebrado elecciones en España ni existe la Constitución). La política exterior es continuidad, tiene mínima base ideológica, viene condicionada por factores de muy diverso tipo ("no se hace la política exterior que se quiere, sino la que se puede").
Lo es todavía el tema de la "injerencia" exterior o el de la futura legalización o no del PCE. Así, a una pregunta sobre silos Estados Unidos han ejercido presiones directas o indirectas sobre la legalización de los comunistas y sobre el proceso democratizador en general, el ministro responde que "no existe ningún tipo de intervención política en nuestros asuntos internos por parte de los Estados Unidos... no existe ninguna presión respecto a la legalización del Partido Comunista ni en relación con el proceso democratizador. Lo que sí existe, y ello no deja de tener cierta lógica, es un interés en que este proceso culmine pacíficamente y con el mayor grado de estabilidad política, económica y social posible, teniendo en cuenta el papel que España está llevada a jugar en el mundo occidental".
1976 es el año en que, por primera vez, un ministro de Asuntos Exteriores de la Monarquía española se dirige ala Asamblea General de las Naciones Unidas. Le corresponde hacerlo a Marcelino Oreja en septiembre.
Se trata de un discurso de escasos vuelos en que se mencionan de pasada temas diversos. Hay que decir en su descargo que la mayoría de ellos en la Asamblea General son así. No obstante, en un foro tal, se nota el provincialismo y el escaso margen de maniobra de nuestra política exterior. Se habla de la "vigorización de nuestra comunidad nacional" en marcha, después del franquismo, se invoca a Angel Ganivet a propósito de una futura participación española en la escena internacional.
Hay, empero, escarceos interesantes a la hora de hablar de los imperativos de un nuevo concepto de seguridad:" Vana fue siempre la seguridad que tuvo como único objetivo el evitar la guerra. Más allá de los conflictos bélicos... están las situaciones injustas que las provocan y las alimentan. Gravemente erraríamos sien la búsqueda de la seguridad no acompañáramos el necesario mantenimiento de la paz con la puesta en práctica efectiva y el respeto eficaz de todos los derechos humanos, único fundamento auténtico de una verdadera paz".
Entronca así Oreja con la tests mayoritaria entre los miembros de la ONU en aquellos años (y después) consistente en que es imposible combatir las situaciones de violencia que se producen en el mundo, a menudo provocadas por un estado extremo de desesperación social, sin analizar las causas profundas que originan el malestar, esto es, la injusticia social y política. Esta es la razón por la que Occidente y Tercer Mundo no han podido nunca ponerse de acuerdo para elaborar conjuntamente una Convención sobre el terrorismo.
Aunque Oreja menciona en 1976 el terrorismo, lo hace de pasada. No es hasta 1978 que liga directamente terrorismo, derechos humanos y causas sociales: "No puedo dejar de referirme, al hablar del tema esencial de los derechos humanos, a una de sus violaciones más odiosas y brutales: el terrorismo... nuestra Organización tiene que hacer frente a este reto sentando las bases de un acuerdo internacional que permita tipificar jurídicamente y combatir con eficacia este azote de nuestro tiempo.
Consideramos que la pobreza, el hambre y la miseria constituyen también gravísimos atentados a los derechos humanos.. incluyen los derechos económicos, sociales y culturales al igual que los civiles y políticos y son interdependientes e inseparables. No es posible concebir la paz, la justicia y la equidad sin la garantía que su respeto ofrece contra la arbitrariedad y contra todas las formas de opresión",
Conoce también 1976 el lanzamiento, desde el punto de vista del segundo Gobierno de la transición, de la especial relación que se desea lograr con Iberoamérica. Se quiere huir, en la exposición, del cliché franquista, pero hay en ella todavía mucho de retórica. Tanto que, en alguna ocasión, Oreja parece carecer de sentido del ridículo. Así, cuando dice a José Oneto, citando, nada menos, que a Tierno Galván:"...entre el español y el hispanoamericano existe una valoración íntima coincidente que revela su enorme fuerza y profundidad, valoración que se aprecia frente a los grandes impulsos vitales, frente al amor como sublimación del impulso del sexo... desgraciadamente en el pasado hemos visto cómo en muchas ocasiones nuestras relaciones han estado excesivamente influidas por la retórica".
En los años subsiguientes, el ministro Oreja-en gran parte a causa de la amalgama ideológica que representa UCD-tendría en ocasiones dificultades para resultar coherente al manifestarse sobre los objetivos de política exterior que persigue el Gobierno al que él pertenece. Pero las contradicciones son ya notorias, aunque en este caso no achacables a Unión de Centro Democrático, que aún no existía.
Oreja llega incluso a armarse un cierto lío conceptual cuando decide, a menudo, explayarse sobre concepciones de política exterior. Hay una larga etapa en que se empeña en aludir a las "prioridades" de la política exterior, a propósito de las cuales entra en contradicción y confusión permanentes. Hay un momento en que baraja indistintamente "prioridades" e "intereses" sin que el norte esté claro.
Se refiere así a "la necesidad de diversificar, porque sería absurdo y contrario a nuestros múltiples intereses mantener una política exterior monotemática...", al tiempo que, pocos días después, elude a las limitaciones de la política exterior, que está condicionada por varios factores.
Asegura que "la política exterior del Gobierno no tiene prioridades" en una entrevista y, literalmente, en la misma afirma, contradictoriamente, que "para nosotros, Gibraltar es uno de los temas prioritarios de nuestra acción exterior".
Al parecer por aquellas fechas ese tema preocupaba en demasía a nuestro ministro, quien se refiere a él a menudo, pero sin que acabemos de saber con certeza si, en su opinión, hay o no prioridades.
De cualquier manera, resulta evidente que Oreja se siente a gusto intentando perfilar una política hacia Iberoamérica, lo que Areilza no intentó (no tuvo tiempo) y se refiere a ello siempre que le parece pertinente, en especial cuando se encuentra con personalidades latinoamericanas: "Creemos llegado el momento de formular una política exterior con respecto a Iberoamérica". Y comienza a lanzar la idea que se repetirá en años sucesivos: "España, en cuanto parte geográfica de Europa, aspire a incorporarse a ésta, con el firme propósito de llegar a servir de puente entre ella e Iberoamérica".
Su pasión por el continente fraterno lleva a Oreja a afirmar en Naciones Unidas que "en la misma línea solidaria, nos felicitamos por las perspectivas que abre la Declaración sobre el Canal de Panamá, adoptada unánimemente por la Asamblea General de la OEA. La negociación bilateral, en este tema, como en el de Belice, hace esperar frutos... Igual es nuestro deseo en cuanto al problema de las Malvinas. En todos ellos, sepan nuestros hermanos iberoamericanos que España está siempre a su lado".
Sin embargo, aun cuando la posición española sobre las Malvinas ha sido tradicionalmente de apoyo a Buenos Aires y de rechazo de las tests británicas, reflejando probablemente el enorme peso de Argentina en el continente, no se ha mantenido la misma postura con igual contundencia en el contencioso entre Londres y Guatemala respecto a Belice.
Como dice Benny Pollack,"la incorporación de Belice a las Naciones Unidas ha debilitado la legitimidad del caso guatemalteco y España ha preferido mantenerse al margen, considerando el asunto potencialmente arriesgado para su relación con el Reino Unido... la importancia para España del contencioso gibraltareño ha impedido la formulación de una política de solidaridad o apoyo hacia sus antiguas colonias".
Encuentra Marcelino Oreja en 1977 cronistas que ensalzan su concepción de la política exterior y que, sin dude, le ayudan a continuarla marcha a poco de las primeras elecciones democráticas después de Franco. Nada menos que el Arriba le obsequia con un rimbombante editorial que dice:" No hay un solo "pero" posible ala conferencia del ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, en la Escuela Diplomática. Su proposición de que la política exterior de la nación sea la suprema manifestación de la voluntad popular es, sin dude, el plan más ambicioso de los últimos cuarenta años...".
Esas primeras elecciones democráticas iban a elevar muchos grados el optimismo en la vida social y política españolas. Sintomáticamente, el mismo diario Arriba continúa ocupándose editorialmente de la política exterior, en una mezcla de entusiasmo, retórica, ingenuidad y desconocimiento, pero elogiando a los artífices de nuestra diplomacia. Así: "La posición de nuestro país en el tablero internacional ha variado sustancialmente desde el 15 de junio. Nuestros diplomáticos y negociadores representan y defienden, ahora, los intereses de la totalidad del pueblo español, con arreglo alas directrices de un Gobierno democráticamente emanado de las ureas. Nuestra política exterior no depende ya de una persona ni de la sustentación del poder de esa persona".
O así: "La reiteración por el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, de la conveniencia del control democrático de la política exterior en su última conferencia de prensa se merece, cuanto menos, el reconocimiento a su insistencia".
Es también el año en que el África subsahariana conoce por vez primera la visita de un ministro español de Asuntos Exteriores. En abril Oreja viaja a Senegal, en visita oficial, pero además se reúne allí con los doce embajadores de España de la zona, acreditados ante 26 países. Aprovecha el ministro la ocasión para anunciar que se está poniendo en marcha una política de cooperación internacional al desarrollo, pero la verdad es que no hay medios, dinero presupuestado para ella.
Estamos en la época en que comienza a insistir, creyendo ya asentadas las bases que inevitablemente acabarían llevándonos a la integración en la CEE, en los tres ejes de la política exterior española: Europa, América Latina y países árabes. Hacia éstos, dice el ministro por aquel entonces, "estamos planeando una acción conjunta de gran envergadura...".
EL 9 de marzo de 1978 Marcelino Oreja pronuncia un largo discurso en el Senado sobre la política exterior del Gobierno español, donde expone concienzudamente los puntos que hemos venido comentando. Se trata de una catálogo que servirá en el futuro de referencia a propios y a extraños. EL 2 de octubre de ese mismo año el ministro lee el discurso anual ante la Asamblea General de la ONU. Los suyos (algún compañero de Gobierno, sectores importantes del propio partido UCD y algunos más) lo tachan de "tercermundista".
El conglomerado ideológico en que se apoyan UCD y su Gobierno ha permitido a éste esbozar unas relaciones exteriores que, impulsadas en última instancia por el propio Adolfo Suárez, se caracterizan también (pero no sólo) por un marchamo progresista-populista.
EL primer aviso de que mucha gente en UCD no está por tales alegrías lo recibe Oreja a raíz del susodicho discurso de Naciones Unidas, donde se extiende sobre la necesidad de contribuir a una verdadera estrategia internacional de desarrollo que tenga en cuenta los derechos humanos de todos los pueblos.
EL segundo viene del Congreso Nacional de UCD (octubre 1978), que se decanta claramente a favor del ingreso de España en la OTAN.
Oreja da el 21 de diciembre de 1978 una nutrida conferencia de prensa en el propio Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, para hacer un balance del año. Se inicia un cambio de tercio, que, sin embargo, tardará bastante tiempo en hacerse definitivo.
Hay ese día alusiones a su discurso "tercermundista" en la ONU, al viaje que realiza en septiembre de ese año a Cuba Adolfo Suárez (el primer presidente occidental) y al discurso que el Rey hace en China junio de 1978) sobre el papel de las potencias hegemónicas en las relaciones internacionales.
Oreja, tras afirmar que el final de 1977 y todo 1978 han servido "para sentarlas bases de la política exterior", se defiende como puede en un clima no demasiado favorable. Defiende a España como país europeo, democrático y occidental... con una doble dimensión: la americana y la africana".
EL ambiente político en torno a su persona lleva caldeado ya unos cuantos meses. EL, que lo sabe y a quien preocupan las repercusiones en la Europa "democrática y occidental", concede una larga entrevista a un importante medio europeo, La Libre Belgique. EL enviado del periódico, Christian Galloy, dispuesto a poner las cosas difíciles desde la primera línea, escribe:
"España, parte de Europa, vecina de Africa y especialmente unida a los pueblos de Iberoamérica ...Esta frase, extraída del discurso que pronunció usted el pasado 2 de octubre ante la Asamblea de las Naciones Unidas..." Para añadir: "La vocación europea de España, ¿no está más motivada por la geografía que por la elección fundamental de un modelo de sociedad?"
El ministro responde que "... en cuanto al modelo de sociedad al que usted se refiere, el presidente Suárez acaba de declarar solemnemente ante el Congreso de UCD que... defendemos para España el modelo político de Europa occidental...".
Pero La Libre Belgique está resuelta a echar leña al fuego que aviva la teoría del "tercermundismo" de la política exterior española. Así escribe: "Distintos observadores hacen referencia a una tentación tercermundista o neutralista de España, la voluntad de fortalecer los vínculos con Cuba... la visita a La Habana del primer ministro Adolfo Suárez... el tono general de su reciente intervención en la Asamblea de la ONU...".
Por si fuera poco, la redacción del diario apostilla con comentarios de este tenor: "El pasaje más destacado de la intervención del Sr. Oreja en las Naciones Unidas presenta las "nuevas fronteras" aportadas por la diplomacia española a los derechos del hombre debiendo concederse la misma importancia, según el Sr. Oreja, a los "derechos económicos" de los individuos que a sus derechos políticos. La citación por parte del Sr. Oreja de los "derechos económicos", habitual en la diplomacia soviética cuando presenta el paro en Occidente como un atentado a los derechos humanos, causó asombro a muchos comentaristas españoles".
Durante el año 1979 va aumentando la discusión interna en el seno del partido del Gobierno. Sobre política interna y sobre el modelo de relaciones internacionales que se desea impulsar.
Determinadas posiciones de nuestra acción exterior en relación al Tercer Mundo incomodan a muchos.
En entrevista a Le Monde, Oreja tiene que esforzarse en intentar "disipar los malentendidos" suscitados por el anuncio de la presencia de España, a título de observador, en la Conferencia de los Países No Alineados a celebrarse en La Habana en septiembre de 1979.
Declara:""Al decidir acudir a la cumbre de La Habana, España ha respondido a la petición hecha por una gran parte de los países de la América hispana...".
Los resquemores y sarpullidos ideológicos continuarían todavía un año después. En 1980, Oreja manifiesta: "España asistió ala cumbre de La Habana por celebrarse en ese país latinoamericano. Tendría que haber razones muy poderosas para que se justificase la presencia española en un país de otra área".
Pero un año antes, al mismo Le Monde había brindado no sólo un argumento de carácter geográfico-cultural (la común familia iberoamericana), sino también otro ideológico-político: "Nuestra presencia en La Habana no debe juzgarse únicamente dentro del contexto Este-Oeste... hay que considerar también el contexto Norte-Sur y la necesidad de definir un nuevo orden económico internacional. Nuestra posición como intermediario entre los países industrializados y los países en vías de desarrollo deberá permitir desempeñar un papel en este campo".
Hay que señalar, no obstante, que el asunto revistió una especial espectacularidad porque el 3 de septiembre de 1979 Fidel Castro pide la España, en su discurso inaugural de la Conferencia, que haga de puente entre Europa y América Latina y que no ingrese en la OTAN.
Lo que provocaría una inmediata reacción de condena del Ministerio español de Asuntos Exteriores. No cabe dude de que la extemporánea alusión de Castro hizo que los partidarios, dentro y fuera de España, de nuestro ingreso en la Alianza Atlántica, se congratularan ese día.
A lo largo de 1979 Oreja se sigue ocupando de Africa y el propio Suárez viaja a Argel, donde se reúne por un lado con el presidente: Benjedid, y, por otro, con el secretario general del Frente Polisario, Abdelaziz. A1 ministro de Exteriores se le llega a denominar "el Africano", a causa de su política viajera por ese continente.
Es el año en que Mauritania abandona su parte del Sahara, que es ocupada por Marruecos. El ministro Oreja se extiende sobre el particular: "Nuestra postura con respecto a uno de los problemas más graves existentes en Africa jamás ha variado desde 1976. Queremos que un referéndum permita a la población saharaui autodeterminarse. Se trata de un problema de descolonización... La postura de mi Gobierno es idéntica a la de UCD, que reconoce al Polisario como único y legitimo representante del pueblo saharaui en lucha. Insisto en la expresión en lucha. Otros saharauis que no luchan no se consideran miembros del Polisario...".
EL ministro añade que el Gobierno está dispuesto incluso a "permitir a las partes interesadas que se reúnan en Madrid, con tal de que ya no se considere a España como potencia administradora del Sahara".
Ello no debería ser obstáculo para el entendimiento entre España y Marruecos: "...sentimos la mayor estima hacia el pueblo y las autoridades marroquíes, con las cuales queremos desarrollar una política de cooperación, cuya base se estableció con la visita del rey Juan Carlos a Marruecos en junio pasado. Nuestras relaciones bilaterales son buenas, pero existe entre nosotros un problema de interpretación de una cuestión internacional que quisiéramos ver resuelto, a fin de favorecer nuestra sincere voluntad de diálogo".
Durante el último año (1980) de Marcelino Oreja como ministro de Asuntos Exteriores, UCD inicia la última fase previa a la desintegración como partido, lo que provocará, en 1982, el adelantamiento de la elecciones generales y el acceso del PSOE al Gobierno.
Por otro lado, España se encuentra en una situación difícil para sus relaciones exteriores. A tres meses de su cese, Oreja tiene ante si un panorama externo dominado por el parón que, para defender sus propios intereses económicos y políticos internos, ha impuesto Francia al proceso de negociación con España para nuestro ingreso en las Comunidades Europeas.
El propio Oreja-aun cuando manifiesta su convencimiento de que en el Consejo Europeo de junio de 1980 en Venecia se ha producido un "parón" al "parón" no está demasiado optimista sobre este particular. Llega a recordar que "la tentación de algún país europeo de suspender este proceso (de integración española en la CEE) pudiera llevarnos a situaciones graves, con el riesgo de alterarla posición de España en el mundo. A la vez, provocaría un enorme desencanto en muchos españoles que en el pasado vieron el ingreso de España en la CEE como el mejor estimulo al proceso democrático... Asimismo, vale la pena recordar aquí la tentación tercermundista y centralista de muchos españoles, que podría renacer como reflejo a un rechazo de la CEE".
Vivimos meses en que Oreja ha evolucionado hasta las máximas cotas de atlantismo y de realismo en lo que a algunos problemas se; refiere. En concreto, respecto a Israel dice entonces que España podría establecer relaciones diplomáticas con TelAviv si se reformara la resolución 242 de Naciones Unidas en el sentido de incorporar la consideración de los legítimos derechos de los palestinos, a quienes, hasta ahora, se trata como meros refugiados. Mientras tanto, añade, "hay que recordar que España no se opone a la existencia de Israel. Además, UCD asilo ha declarado en su compromiso electoral de 1979".
Pero lo más destacable de esta última etapa de Oreja es su tome de posición pública y sin rodeos respecto a la adhesión de España ala OTAN. Dice en junio de 1980:"Quiero dejar bien clara la posición del Gobierno antela opción atlántica. El Gobierno es totalmente favorable a la pronta incorporación de España en la Alianza Atlántica. Para ello debemos tener la garantía de que proseguirá el proceso de integración de España a la CEE y que esté en marcha la negociación hispano-británica y en vías de solución el traspaso de la soberanía de Gibraltar a España".
Preguntando sobre las perspectivas de la política exterior española hasta 1983, fecha de las normales siguientes elecciones generales, el ministro remacha: "Pensamos seguir manteniendo una política coherente, realista, dinámica e independiente. Una política europea, democrática y occidental, de defensa de los derechos humanos y en favor de la distensión y de la paz... Mantendremos nuestra dimensión europea y occidental en todos sus ámbitos, incluso en el defensivo, con nuestra adhesión ala Alianza Atlántica, así como nuestro proceso de integración en la CEE".
Adolfo Suárez cesaría a Oreja a la vuelta del verano, ochenta y cuatro días después de estas declaraciones y uno antes de que comenzara en Madrid la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE).
El ultimo ministro de asuntos exteriores de ucd
Marcelino Oreja fue un buen ministro, empeñado en sacar adelante una política exterior que-impulsada el principio por el presidente del Gobierno con ánimo de dotarla de una cierta independencia ante los bloques-acabó naufragando (mucho tiempo antes de la dimisión de Suárez en enero de 1981) en gran medida por el caos y confusión internos de UCD. Una frase de la época, de José V.Colchero, refleja a qué extremos se había llegado: "No ha fallado la clase diplomática, sino la gobernante, y, sobre todo, la definición dentro de UCD, donde se juntan pero no se mezclan tendencias tan diversas que llegan a posiciones dispares en temas cruciales de nuestras relaciones internacionales. Mientras algunos no quieren la integración en la OTAN, otros recuerdan con nostalgia los tiempos de la división azul".
El talante liberal y democrático de Oreja-más de agradecer en los primeros tiempos del postfranquismo-se hizo notar durante su prolongada estancia en Exteriores y fue el ministro de la transición que mejor supo relacionarse con los medios de comunicación y con los partidos de la oposición. En 1979 llevó a cabo una iniciativa singular en las relaciones entre Gobierno y oposición: invitó a los diversos partidos del arco parlamentario a que designasen un representante que le acompañara, integrándose en la delegación española, durante su estancia en Nueva York para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas. Los partidos respondieron afirmativamente y la experiencia se desarrolló con éxito.
José Pedro Pérez-Llorca, último ministro de Asuntos Exteriores de la transición política española, es una personalidad bien diferente de la dé su predecesor. Inteligente y menos extrovertido que Oreja, no mantuvo frecuentes contactos con los medios de comunicación, ni nacionales ni extranjeros.
Cuando accede al Gobierno, el acoso terrorista de ETA es muy grande, lo que está progresivamente enrareciendo el clima político, cuya principal característica es la galopante desagregación del partido mayoritario.
En cuanto a las relaciones exteriores, el tema principal -nuestro prolongado intento a acceder a las Comunidades Europeas-es también fundamental para nuestra estabilidad política y económica interna, ya que hablamos de un modelo sociopolítico del que se desea formar parte. Se trata de nuestras señas de identidad, de la mete a la que hemos aspirado desde 1976, que el Rey y Areilza comenzaron con decisión a propalar y ala que no acabamos de arribar. Somos demócratas desde hace años, pero Europa, torpemente, no nos ha abierto todavía la puerta. Ni UCD ni su Gobierno, crecientemente debilitados, han sabido articular una estrategia feliz. Comienza a ser peligrosamente palpable en la opinión pública un cierto sentimiento de rechazo hacia la CEE.
En las últimas semanas de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno los vaivenes de la política exterior se acrecientan. Se percibe, como hemos apuntado más arriba, un impulso atlantista, lo que a algunos hace pensar que se perfila "una más clara voluntad gubernamental en favor del ingreso de España en la OTAN para antes del final de la presente legislatura, lo que supone aceptar, desde ahora, la idea de que España estará incorporada al Tratado del Atlántico Norte antes que al Tratado de Roma".
La absurda decisión de establecer ("el órgano crea la función") un Ministerio de Asuntos de Europa que satisficiera las aspiraciones de reajuste ministerial de algunos "barones" de UCD, colaboró en los últimos tiempos de Suárez a incrementar el fracaso de la diplomacia española en la operación CEE.
No sólo había dos "Ministerios de Asuntos Exteriores", con evidente enfrentamiento y descoordinación mutuos, sino que en la práctica, al ser nombrado Calvo Sotelo ministro para Europa asumió la responsabilidad de la iniciativa hacia la CEE, vaciando al Palacio de Santa Cruz de su cometido más importante.
La pugna entre quien a partir de febrero de 1981 se convertiría en presidente del Gobierno y Oreja tuvo su continuación entre el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Pérez-Llora, y el nuevo para Europa, Eduardo Puniste. Para colmo-fiel reflejo de la realidad que Oreja nunca pudo importar, la ausencia de la unidad de acción exterior-,un así llamado Consejo Coordinador de la CEE, que debería haber presidido el ministro de Asuntos Exteriores, no llegó nunca a funcionar.