María Zayas, la mujer que se esconde tras la casa señorial de Nigüelas

Este palacio de verano fue construido en el siglo XVI y presenta la típica arquitectura señorial granadina

Sacado de El Comarcal de Lecrín

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Casa Zayas te da la bienvenida a Nigüelas y te traslada a una época en la que la explotación del olivar configuraba la estructura económica y social de este pueblo situado a los pies de Sierra Nevada, en nuestro Valle de Lecrín.

Este palacio de verano fue construido en el siglo XVI y presenta la típica arquitectura señorial granadina. El patio central actúa como eje vertebrador del edificio y aloja la fuente que marca el ritmo del tiempo al son del murmullo del agua. El mobiliario que viste las estancias y zonas de acceso a los salones proviene de la Exposición Universal de Sevilla y del antiguo palacio de Bibataubín, un emblemático edificio de Granada situado entre la Fuente de las Batallas y la Plaza Mariana Pineda. Adosados al inmueble se encontraban la zona de huerta y el actual jardín que cubre con un manto verde y romántico el entorno de esta casa señorial concebida como finca de recreo.

¿Pero quién era realmente María Zayas?

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María Zayas fue la primera hija de un matrimonio de la nobleza, aspecto que sería decisivo en su vida. Pasó su infancia en una casa situada en el corazón de la ciudad, junto a la zona que ocupa hoy en día el Mercado de San Agustín. Si bien las fuentes bibliográficas y documentales que arrojarían luz sobre sus primeros años son escasas, la información disponible sobre ella es más abundante desde su casamiento.

El 5 de diciembre de 1904 se unió en matrimonio, en Almería, con Francisco Laynez-Manuel y Fernández, miembro de una familia pudiente. Sin embargo, parece ser que ese matrimonio se celebró sin el consentimiento de los padres de María, ya que, según algunos testimonios orales, la joven huyó a Almería en contra de los deseos de su familia. El hecho de que ningún diario granadino se hiciese eco de este acontecimiento, siendo protagonista una de las familias más representativas de la clase alta granadina, refuerza esta hipótesis.

Desgraciadamente, el matrimonio fracasó al poco tiempo y, por si esto fuera poco, María perdió a sus padres en un momento en el que España estaba atravesando por uno de sus períodos más difíciles: el estallido de la guerra civil. Desde 1933, año del fallecimiento de su padre, María encargó una misa anual en memoria de sus almas, oficio que se llevaría a cabo tanto en la capital como en el resto de pueblos en los que la familia tenía propiedades, como era el caso de Nigüelas.

María heredó un total de diez propiedades que supo gestionar muy favorablemente. Su patrimonio era uno de los más influyentes y relevantes de la provincia y ella se convirtió en una mujer influyente pero tremendamente angustiada por su profunda soledad. No solo le faltaba el apoyo fundamental de sus padres, sino que, tras la decepción matrimonial y la posterior muerte de su marido en 1945, decidió hacer frente ella sola a la administración de todo cuanto poseía. Su personalidad era bastante atípica para la época: una mujer independiente, aunque rodeada de personas de confianza que le ayudaban a gestionar su vasta fortuna.

Pero había algo que sorprendía aún más sobre su comportamiento: su faceta solidaria. Uno de los motivos por los que luchó por conservar su patrimonio fue su afán por prestar ayuda a los colectivos desamparados. Donativos a corporaciones de distinta naturaleza como la Asociación Granadina de Caridad, el asilo de San Rafael o distintas iglesias, aparecen registradas en sus libros de cuentas. Fue una mujer muy comprometida con la política de la época, si bien el contexto fue muy convulso (los años de la Restauración, el Trienio Bolchevique, la República y la posterior dictadura franquista) y teniendo en cuenta el seno familiar en el que creció. María ejerció su derecho al voto durante las primeras elecciones que dieron voz a la mujer en la historia de España, en los años 1933 y 1936. Su trayectoria e implicación pública estuvo muy impregnada por su carácter conservador, aunque con el paso del tiempo, según algunas fuentes, se produjo un cambio en su modo de vida y la austeridad pasó a convertirse en la verdadera protagonista de su día a día.

Tras su muerte dejó constancia en su testamento del destino que deseaba para su fortuna: la creación de la Fundación Zayas, para cuyo funcionamiento dejó a cargo al Rector de la Universidad de Granada, al Presidente de la Audiencia Territorial, al Presidente de la Diputación y a Francisco de Paula Garrido Rodríguez, Gobernador Civil. Así, dejó para Granada y los más necesitados el patrimonio que administró en vida y se aseguró de que sus recuerdos y bienes materiales quedasen a buen recaudo. Una mujer enigmática, presa de su linaje y de su tiempo que dejó su impronta en un proyecto que sigue funcionando en la actualidad. Hoy en día, la Fundación Zayas lleva a cabo distintos proyectos de ayuda a personas mayores y a otros grupos sociales desfavorecidos. El Centro de Interpretación Almazara La Erilla, otro de los grandes atractivos de Nigüelas y referente en oleoturismo, también colabora estrechamente con la Fundación.

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