(y la fortaleza de Monte Sacro o hisn Munt Sakr, también conocida como hisn Garnata / hisn Roman / hisn Astiban / hisn Nawalas / qala Al-Hamra )
En el nombre de Dios / Al-lah / Yaveh
la paz sea contigo / as salam alaykum / shalom aleijem
Agradecimientos a:
- D. Jose Antonio González Alcantud, antropólogo, a D. José Mª Martín Civantos, arqueólogo, y a D. Enrique Yerves Cazorla, filólogo, por el apoyo incondicional que me han ofrecido en todo momento.
- D. Yusuf Idris Martínez Fernández y a Dña. Farah Marzok Ben Omar, por facilitarme la traducción de las fuentes árabes.
- Dña. María Hidalgo Martos y a D. Steve Huges por facilitarme la traducción de los textos en francés e inglés respectivamente.
- Dña. Amalia García Pedraza, responsable del Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Granada, por su diligencia y profesionalidad.
Planimetría: D. Antonio Martín Muñoz, arquitecto.
Fotografías: Miguel Angel Nonay Calvente.
GRANADA
2018
Los tres supuestos arrabales fortificados: Ilipula Magna, Natiuola y Garnāta, que ciertos autores han querido situar falaz o erróneamente en el entorno de Iliberri, están relacionados con las falsificaciones contrarreformistas del siglo XVI cuyo único objetivo era dar continuidad histórica a la misma. Son topónimos que corresponden a un único lugar: el actual municipio de Nigüelas. La interrelación que se da entre ellos es la siguiente:
Ilipula Magna fue un antiguo asentamiento de origen turdetano que C. Ptolomeo equiparó con la Granata romana, y que se encontraba en las inmediaciones del Mons Ilipula, es decir, en la vertiente occidental de Sierra Nevada.
Granata, en época visigoda, se denominó Natiuola, si nos atenemos a la expresión in locum Natiuola aparecida en la famosa placa conmemorativa de tres iglesias de época tardorromana; y Natiuola, residencia del poder militar, político y religioso durante la etapa gótica, sería la Garnāta judeocristiana que encontraron los árabes en el siglo VIII y reconocida por ellos como capital de la kūra.
Garnāta al Yahūd, pues, nunca estuvo en el solar de la extinta Iliberri sino en el de la antigua Natiuola visigoda, topónimo que las fuentes árabes denominaban Garnāta, Garnatila, Garnatalah, y que, siempre que aparece, lo encontramos conectado con el topónimo Nawālas. Esto se debe a la evolución del nombre propio Garnatiuola que, en lenguaje coloquial, devino en Nawālas o Niwālas, para identificar un lugar habitado por judíos. Finalmente, el mozarabismo Niwālas dió lugar a Nigüelas.
De igual manera, los husūn relacionados con Garnāta, Natiuola e Ilipula, esto es, hisn Garnāta, hisn Astīban, hisn Sakr y hisn Niwālas, de los que hasta hoy nada se sabía, equivalen todos ellos a una misma fortaleza con diversas denominaciones:
Hisn Garnāta. En los primeros años de dominio árabe (s.VIII) la Granata judía era conocida como hisn Garnāta y hacía mención a un centro de poder cuyos muros fueron rehabilitados. Se conocía también por Dar Garnathah, vivienda fortificada de Garnāta. El emir de al-Andalus, Yūsuf al-Fihrī, se refugió aquí en su lucha por mantenerse en el poder ante el pretendiente al trono Abd al- Rahmān I. En ese tiempo también se hacía mención a la Garnata judía como hisn Roman (castillo de Granada, o castillo romano/cristiano) por ser en Garnāta donde se hallaba esta construcción de origen preislámico.
Hisn Sakr. Alude a un centro de poder que llegó a conocerse como castillo sagrado por su halo de antigüedad y por la sacralización del lugar en donde se situaba: el Monte Sacro o Monte de la Nieve (vertiente occidental de Sierra Nevada), hasta el punto y hora de que surgían historias legendarias como la del olivo maravilloso. La dominación de este enclave originó la fitna o guerra civil (s. IX- X ) en la cora de Elvira. El hisn Sakr ubicado en Garnāta fue, durante toda esta etapa, residencia del poder árabe, porque Garnāta compartía con Ilbīra la capitalidad de la cora, ciudad con la que mantuvo una continua actitud bélica.
Hisn Astīban. Aparece en las crónicas árabes que relatan las luchas tribales del siglo IX, es el mismo centro de poder conocido como hisn Garnāta- o hisn Sakr y que fue consagrado en época visigoda por el comes Gudiliuua a San Esteban.
Los líderes de la facción árabe que conquistaron y residieron en el hisn Garnāta o hisn Sakr fueron: Yahyà ibn Suqāla, Sawwār ibn Hamdūm, Saīd ibn Djūdī y Muhammad ibn Adhā al-Hamdānī, este último disputó a Saīd ibn Djūdī el poder en el hisn Niwālas, en el que se proclamó jefe de los árabes de Garnāta y en el que se sublevó contra el poder de Abd al-Rahmān III. De esta fortaleza, finalmente, fue depuesto tras la campaña de Esteban en el año 925 (313 de la H.) Por si fuera poco, los poetas del siglo IX denominaron esta torre con el apelativo al-Hamrā, la Roja, por el color rojo granate predominante en la edificación.
Los diferentes sobrenombres referidos a un mismo y desconocido hisn se deben vincular, como he dicho, con un mismo enclave: Nigüelas, y con una misma edificación fortificada o centro de poder: la torre Calahorra documentada a principios del siglo XVI como muy antigua. La mencionada torre no parece ser fábrica de origen íslámico, y sólo quedaría por confirmarla como el vestigio preislámico más importante de la historia de Granada. Esta torre pudo ser en época romana o tardorromana una turrem granatam o torre roja que cumpliera funciones de basílica (judicatura, transacciones comerciales y financieras…), que en época visigoda fuera consagrada a San Esteban y constituída en sede del poder cristiano-visigodo. Adjunta a esta sede se erigió el batisterio de San Juan Bautista con el fin de bautizar a los judíos convertidos al cristianismo.
La torre Calahorra o torre Vieja de Nigüelas confirma haber sido siempre, y sin solución de continuidad, el símbolo del poder político, jurídico y religioso de un territorio sacralizado por su fertilidad y situación estratégica desde tiempos primitivos. Esa simbología y continuidad en su uso, acreditada durante siglos por sucesivos poseedores, ha sido imprescindible para evitar su abandono y destrucción. La solidez de la torre es fruto de una poderosísima estructura singular de arcos de medio punto sostenidos por robustos pilares de ladrillo romano (didorón), perfectamente garantizada y protegida por otras estructuras murarias que la rodeaban.
Iliberri tuvo un incuestionable pasado íbero y en menor medida romano, con suntuosas villas esparcidas por toda la vega del Genil; y de manera testimonial cristiano, con la iglesia de San Vicente erigida en época visigoda. A partir del desmoronamiento del imperio romano se advierten varios siglos de abandono y desolación que se prolongaron hasta que, en su devastado solar, se fundara la Garnāta zirí del siglo XI, homónima de la antigua Garnāta judía. Durante el reinado de esta dinastía, el visir judío, Samuel ibn Nawala o Nawela (conocido en la historiografía con el ininteligible patronímico ibn Nagrala o Nagrela) sería el encargado de construir un nuevo centro de poder en la Garnāta zirí llamado al-Hamrā, la torre Roja, en alusión al antiguo centro de poder conocido en Garnatiuola. El término al-Hamrā está documentado en los poemas de Saīd ibn Djūdī sobre los hechos acaecidos en torno al hisn Sakr durante el siglo IX. En definitiva, nos encontramos con una duplicidad toponímica: Garnāta y al-Hamrā, que surgen en época zirí al tomar prestados los nombres de Garnāta (Nigüelas) y al- Hamrā (fortaleza de San Esteban o de Monte Sacro) de origen presislámico.
Si tenemos en cuenta lo señalado, se desvelarían los misterios acumulados en torno a estos topónimos y se despejarían todas las incógnitas respecto a estos husūn. El supuesto hisn Roman ubicado, de forma malintencionada, en una de las torres de la muralla zirí del Albaicín, y que se acondicionó como ermita a la memoria de San Cecilio, fue una más de las múltiples invenciones del siglo XVI que persiguieron dotar a la ciudad de un pasado cristiano. En la actualidad ha sido rehabilitado y se puede apreciar la fábrica de época Zirí.
Respecto al hisn Astiban, sólo ha habido meras conjeturas en cuanto a su ubicación felizmente superadas.
Por último, la teoría que dotaba al Sacromonte granadino de un hisn Sacro parte también de las mencionadas invenciones. El monte Valparaíso nunca debió llamarse Sacromonte pues hasta el nombre adjudicado surge del propio fraude documental. Desde la más remota antigüedad, el único Monte Sacro ha sido el Monte Ilipula, que no es otro que la vertiente suroccidental de Sierra Nevada, en cuyas inmediaciones se situaba el hisn Sakr o hisn Garnāta, es decir Niwalas.
Se ha podido constatar el extraordinario vínculo que mantuvo D. Juan de Flores con el lugar de Nigüelas (locum Natiuola). Es razonable, pues, pensar que este personaje ocultara y callara mucho más de lo que había señalado en el juicio por los fraudes del s. XVIII, quizá por dos motivos: primero, para que así quedara un poso de autenticidad que diera credibilidad, pese a toda la farsa, a la historia inventada que quisieron imponer, y segundo, para proteger a su familia vinculada a Nigüelas de la acusación de autoría, complicidad y colaboración necesaria en los fraudes perpetrados en el Albaicín.
La historia apócrifa contada sobre la antigua Iliberri se basa en puras ficciones originadas en virtud de meros intereses político- religiosos del siglo XVI, cuyo fin último era probar el pasado judeocristiano de la Granada islámica que surgió con el reino zirí en el siglo XI.
Los libros plúmbleos y todos los fraudes anexos fueron posteriormente condenados.
Durante el siglo XVIII hubo un nuevo intento de rehabilitar esa pseudo-historia con las falsificaciones del Albaicín de D. Juan de Flores. No fue casual que los instigadores y actores de estos hechos fueran todos canónicos o eclesiásticos relevantes, como tampoco es casual que se mantenga en la actualidad un museo en la Abadía del Sacromonte que, de manera solapada y subliminal, mantiene la veracidad de unos hechos judicialmente reprobados por su impostura y artificio.
El interés y el poder de unos pocos ha bastado para perpetuar una falsedad histórica basada en la manipulación y tergiversación de las fuentes. Hoy no se puede ser condescendiente con los que otorgaron un falso pasado judeocristiano a la actual Granada y no trataron de esclarecer la verdad contenida en las fuentes.
En efecto, existió una Garnāta judeocristiana, preislámica, distinta a la fundada en el s. XI, pero ubicada en otro lugar verdaderamente sacralizado desde la antigüedad: NIGÜELAS.