El deslizamiento de Olivares

Entre el 12 y el 27 de abril de 1986 tuvo lugar el deslizamiento de Olivares (Moclín), en el borde norte de la Depresión de Granada. Afectó al barranco del Hundidero y al sector de los Bujeos, toponímicos alusivos a la conocida inestabilidad de la zona. Se trató de un deslizamiento complejo en margas cretácicas, con movimiento rotacional en la parte de cabecera, que desembocó en un gran flujo de tierras (Figura 15). La lengua principal excavó los laterales movilizando a su vez pequeños lóbulos de materiales margosos y coluviones con un desarrollo limitado. En la complejidad del deslizamiento influyeron también las características tectónicas de la zona del barranco del Hundidero, borde norte de la depresión de Granada y segmento cortical de influencia de la gran falla Cádiz-Crevillente, así como la presencia en el borde norte del deslizamiento de una fractura preexistente. Los sondeos realizados posteriormente demostraron que bajo la masa movilizada se hallan depósitos potentes de deslizamientos anteriores (Chacón,1988; Chacón y López, 1988).

Al inicio del deslizamiento se pudo observar como la ladera, desde el escarpe principal situado al pie de la Sierra de Moclín hasta su base, en el río Velillos, se deformaba con evidencias de grietas longitudinales y abombamientos, denotando un deslizamiento complejo más o menos profundo tras el que siguió el flujo de margas durante unos 15 días, sepultando la ladera y llegando al cauce del río.

En los meses anteriores al movimiento, las lluvias no fueron particularmente importantes, ni se registró actividad sísmica por encima de la microsimicidad habitual en la región. La presencia de una cantera de áridos en un afloramiento de dolomías en el barranco del Hundidero, se barajó como posible factor incidente en la activación del movimiento.