AGRICULTURA Y PAISAJE EN EL VALLE DE LECRÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XVI. UNA APROXIMACIÓN A PARTIR DE LA RECAPITULACIÓN CRÍTICA DE LAS FUENTES DOCUMENTALES

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En este trabajo se presenta una aproximación al estudio del paisaje del Valle de Lecrín en el último cuarto del siglo XVI a partir de la recapitulación y estudio de las fuentes documentales existentes, tanto a partir de trabajos publicados como de la transcripción de material original. El gran detalle de estas fuentes, que aportan un rico vocabulario toponímico, geográfico, agronómico, arquitectónico e hidráulico, permite reconstruir con un notable grado de precisión el paisaje agrario y natural de esta comarca granadina. Esta recapitulación es el necesario paso preliminar que fijar las bases para establecer una imagen territorial de los lugares del territorio del Valle de Lecrín de ese periodo temporal que facilite la interpretación de su evolución histórica.

Trabajo de José Ramón Guzmán Álvarez. ramonguzmanalvarez@gmail.com

A continuación resaltamos algunos apartados. El trabajo entero se puede consultar en el pdf adjunto

LOS RÍOS

Drena el Valle de Lecrín un río comarcano que nace en la montaña madre, en la vertiente noroccidental del Caballo, que ha recibido y recibe distintos nombres a medida que deja pasar sus pueblos (río Grande, río de Márgina, río Dúrcal, río de Cónchar) hasta su confluencia con el otro río, el que procede de la segunda sierra del Valle, el río Santo, o de Saleres, o de Albuñuelas. Es entonces cuando este cauce, allá por Melegís y Restábal, contrapone su denominación de río Grande (el Guadalquibir de los pobladores moriscos) con el del río Chico, que traía las aguas del oeste.

Un tercero, el Torrente, impetuoso y espasmódico, procede también de la gran sierra y recorre la misma halda del cerro del Caballo, pero en su lado oriental.

A estos tres ríos principales se les unen decenas de barrancos, cauces hoy secos durante la práctica totalidad del año, pero que muchos tenían el carácter de arroyos de caudal permanente o casi permanente en épocas pasadas, al socaire de las fluctuaciones climáticas. Son cauces jóvenes, que apenas llevan unos millones de años excavando las arcillas, arenas y cantos rodados que han recubierto la base de este flanco de Sierra Nevada. Se han sobreimpuesto sobre diferentes niveles de sedimentación a medida que las fuerzas orogénicas elevaban y basculaban los depósitos tras el periodo convulso miocénico que forjó la cordillera. Y continúan royendo los materiales, porque las montañas prosiguen creciendo, a un ritmo geológico aparentemente nimio pero perseverante (se han estimado valores de en torno a 1,8 mm/año en la zona de Conchar y de 0,5 mm/año en el barranco de Zaza).

ÁMBITO GEOGRÁFICO, donde se describen las diferentes localidades y barrios de entonces

El Valle de Lecrín está compuesto en la actualidad por 8 términos municipales: El Padul, Villamena, Dúrcal, Nigüelas, El Valle, Lecrín, El Pinar y Albuñuelas. Esta demarcación administrativa, madurada en la década de 1970, enmascara la estructura de poblamiento por la que el Valle de Lecrín fue conocido durante los últimos cinco siglos: los 18 lugares de El Padul, Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal, Nigüelas, Acequias, Mondújar, El Chite-Talará, Murchas, Béznar, Melegís, Restábal, Saleres, Pinos del Valle, Ízbor, Tablate, Albuñuelas y Lanjarón.

Lanjarón ha formado parte de la comarca administrativa del Valle, si bien desde el punto de vista geográfico su adscripción no resulta cómoda. En la charnela de contacto entre las cercanías de Granada y la Alpujarra, situado en donde el piedemonte de la sierra tiene ya carácter netamente meridional y, sobre todo, más allá de la brecha del barranco de Tablate, se comprenden las dudas y vacilaciones a la hora de asignar su pertenencia a la Alpujarra o al Valle de Lecrín, ambas comarcas de notable personalidad y la solución aportada por algunas fuentes de dotarle de entidad propia.

La unión administrativa de El Chite y Talará hunde sus raíces en los años de la repoblación. Tablate en la actualidad es un despoblado, habiendo dejado de tener el carácter de pueblo hacia mediados del siglo XX. A este pequeño lugar también se le podría aplicar el criterio de hallarse situado más allá de la quebrada del barranco de Tablate; sin embargo, su ubicación geográfica guarda continuidad con los pueblos del entorno con una urdimbre territorial (caminos, acequias, fuentes) claramente relacionada e interdependiente de ellos.

Esta relación de 18 pueblos es producto de la repoblación de finales del siglo XVI. De hecho, los pobladores llegaron a asentarse en un lugar que sería abandonado pocas décadas después, Lojuela, y en otro, Márjena, que si bien en aquellos tiempos recibía el nombre de barrio, sería también abandonado en los años posteriores. De modo que si sumamos Lojuela y desdoblamos Chite y Talará, obtenemos los 20 lugares con que se encontraron las tropas castellanas que fueron a sofocar el alzamiento.

Hacia esos años (1572), el número de lugares dignos de mención ya había experimentado algunos cambios. Tenemos noticia de ello a partir de dos fuentes: la bula de erección del arzobispado de Granada de 1505 y el inventario de habices de 1501.

En la primera (1505) se citan 21 lugares (22 con Lanjarón). Se echa en falta Talará, Pinos e Ízbor, cuyas iglesias estarían integradas en alguna de las citadas (aunque la ausencia de los dos últimos es problemática dada su lejanía relativa a otras poblaciones y, especialmente, a la importancia relativa que tendría Pinos, junto al camino de la costa) y aparecen tres lugares que no nos resultan familiares: Barmelaz, Najo y Cautil.

Barmelaz debe ser una transcripción o lectura errónea de Burnielas (en letra renacentista no es infrecuente confndir la “a” y la “u” y la “m” con otras letras encadenadas). Najo y Cautil son dos lugares que se integraron posteriormente en Burnielas o Buñuelas (que a su vez reunía a principios del siglo XVI a los barrios de Tautila y Trocta o Trota). Así se deduce del Libro de Repartimiento (documento relativamente tardío, pues se hizo en 1572) y, en particular, de la Capitulación de las villas de Tautila, Trocta y Najo que son en las Buñuelas de fecha 8 de mayo de 1491.

La segunda fuente que contempla un listado exhaustivo de lugares es el inventario de habices de inicios del siglo XVI (1501), el cual incluye la relación de bienes de los siguientes lugares: Çeca, Albuñuelas, Achit, Beznar, Concha, Coxbixa, Durcal, Exbor, Leuxa, Melexix, Molchas, Mondujar, Padul, Rastaval, Saleres, Tablate y Harat Alharab.

Los anteriores no eran los únicos lugares de los que se guardaba memoria en el Valle de Lecrín del siglo XVI. Memoria como recuerdo vivo o como el archivo del tiempo que son los topónimos. En cualquier caso, hay que tener presente que para poder proponer una relación tentativa de lugares históricos, es preciso recordar (a pesar de su aparente obviedad) que la estructura en demarcaciones por concejos del siglo XVI se superpuso a una estructura de poblamiento que había evolucionado desde un pasado desconocido. Distintos lugares (alquerías, barrios u otro tipo de población) podían haber coincidido en vecindad en un espacio que posteriormente fue nombrado como una entidad única. La propia terminología es confusa: lugar, pueblo, aldea, alquería o barrio (y sus equivalentes en árabe) son conceptos en ocasiones difíciles de diferenciar.

Las fuentes escritas del siglo XVI nos permiten identificar algunos de ellos, si bien la prospección arqueológica denuncia la presencia de otros cuyo nombre permanece oculto. El nombre de las rábitas y los harat o barrios de las fuentes documentales nos aportan pistas sobre este poblamiento anterior, contando con la limitación de que a menudo el nombre de la rábita o barrio sólo respondía a una distinción o característica geográfica. En la Tabla 1 se incluye una relación de rábitas y barrios extraída del Inventario de Habices de 1501, con la inclusión adicional de pagos que parecen tener un origen gentilicio.

Rábitas

Acequia

Alolia

Alguazta

Albuñuelas

 

Najo

Alcabtyl

Axablil

Alhanut

Tayb

Latyr

Béznar

Alolia

El Chite

Alcudia

Cónchar

Açufla

Dúrcal

Abdarrof

Almauçata Alolia (alta)

Almauçata

Azucac

Beninar

Belina

Margina

Padul

Alguaztia

Alhamet

Restábal

Alandar

Saleres

Alandar Alolia

 

Barrios (a partir de la terminología árabe)

Acequia             

Hara Ynbran

Albuñuelas       

Harad Beni Tehed

Béznar               

Alcaria baxa

Alcaria Çuflia

Alcaria del Cudia

Conchar            

Harat Beni Amir

Murchas

Harat Yzara

Harad Guazara

Harad Morres / Harat Morric

Restábal            

Harad More / Mored

Harat Adoc

Harat Aldaor

Saleres               

Harad Roay

Tablate              

Harat Albolot

 

Otros pagos gentilicios

Béznar               

Ben Ahiar

Murchas            

 Ben Xit / Benexid

Saleres               

Beniar

Harat

 

Alharab             

Beni (Beyn) Alcuadiatey / Alcuadiatey

Relación de rábitas y barrios extraída del Inventario de Habices de 1501.

Los barrios (harat) con carácter gentilicio son Harat Ymbran en Acequias, Harad Beni Tehed en Albuñuelas y Harat Beni Amir en Cónchar. Algunos de ellos aún estaban habitados en 1501, aunque su huella se perdió después.

Es el caso de los barrios de Restábal Harat Adoc (que tenía un horno), Harad More o Mores, también citado en el inventario de habices de Murchas (que es calificado como alcaría y en donde había casas caídas) y Harat Aldaor, del cual se cita su arrabal.

En el listado de rábitas destacan los lugares de Dúrcal y Albuñuelas (en el resto parecen responder a características de su ubicación geográfica como Alcudia – en el cerro -, Alandar – en las eras - , o Alolia – alta).

Las rábitas de Dúrcal se corresponden con el nombre de los barrios en que se dividía el lugar en 1572 con dos salvedades: aparece el topónimo de Beninar y no se asigna ninguna rábita al sexto barrio de Dúrcal, Loxuela o Alaux.. Compartían denominación con los pagos respectivos, nombres que han perdurado hasta nuestros días: Abdarrof (transcrito también como Darro o Darrón), Almauçata (Almocita), Azucac (Zocaque), Belina (Balina) y Margina (Márjena). Como decíamos, a esta relación hay que añadir el barrio de Alauxa (lectura del apeo de 1572) o Loxuela (nombre que utiliza el escribano que elaboró la relación de suertes de 1593). Este topónimo aparece en el inventario de 1501 citado como Leyxa e implícitamente se deduce su condición de barrio al mencionar que cuenta con un horno (aunque no tiene rábita). En la actualidad, el nombre de este barrio se conserva como un topónimo menor ubicado cerca de los lavaderos.

Abdarro, Çocaque, Alauxa, Balina y Almocita formaban el núcleo del lugar de Dúrcal (un topónimo que genera muchos interrogantes: ¿qué significa?, ¿cuándo aparece?). En la relación de suertes de 1593 se menciona un barrio de Enmedio que haría referencia al caserío construido entre los barrios históricos anteriormente citados.

Márjena, aunque próximo, tenía una situación algo más excéntrica, hacia el oeste, y contaba con una clara singularidad que hace pensar su carácter previo de alquería, como demuestra el hecho de contar con una fuente propia, una acequia de largo recorrido (que compartía con Almocita), un sitio de eras, una iglesia, una torre de alquería (que recibe la designación de torre calahorra en el libro de apeo de 1593) y, especialmente, por el hecho de que por este lugar pasaba una vía de comunicación importante: el que era conocido como camino real de Granada a Nigüelas que procedente de Marchena atravesaba un vado (situado en las proximidades de las fuentes) y se dirigía hacia el camino de Acequias para bajar al río Torrente tras atravesar los pago de Márjena, Almocita y el Darro.

Un camino real paralelo al que atravesaba los barrios centrales de Dúrcal (Zocaque y Balina) tras cruzar el río Dúrcal por un puente y que en el siglo XVI era conocido como el camino de la Alpujarra. Por su posición y la fórmula elegida para atravesar los dos ríos (un vado en lugar de un puente, en el caso del río Dúrcal, y una cuesta al río Torrente de menor longitud, 470 m frente a 590 m) el camino de Márjena debió ser un camino anterior para acceder a la Alpujarra. Durante el levantamiento recobró importancia como ruta que siguió la escolta castellana en la campaña de Órgiva para soslayar el paso de Tablate, denominación (“camino de l Escolta”) con la que todavía es conocido en algunos de sus tramos.

Aunque no es citado explícitamente como barrio en la documentación conservada, hay que incluir entre esta relación de lugares a Marchena, topónimo que en 1572 hacía referencia (como en la actualidad) a un pago colindante con las tierras de Cozvíjar y El Padul, al otro lado del barranco del río Dúrcal (alejado, por tanto de la ubicación de Márgena, de cuyos restos pasados resta en pie la torre defensiva). Como en el caso de Márgena, hubo de tener con anterioridad carácter de alquería, lo cual se apoya en varias consideraciones como la presencia de tierras que fueron huertos con anterioridad, la existencia de un molino, una acequia de largo recorrido (que compartía con Covíjar), una fuente y unas eras propias y, especialmente, el testimonio del morisco conocedor Miguel de Baeça, que declaró ser vecino de Marchena.

En Albuñuelas había tres alfaquíes: en la iglesia mayor, en la rabita de Najo y en la rabita de Alcabtyl. El alfaquí de esta iglesia disponía de una casa en Trota y del horno de Tautila, por lo que es de suponer que estos dos barrios dependían de la misma iglesia. Se citan, además, las rábitas Axablil, Alhanut, Tayb y Latyr. De ellas solo se encuentran referencias en documentos posteriores al topónimo Latyr, que aparece en el Libro de los Habices de 1547 de Albuñuelas como un pago (mencionado como Alatir o Aletir) y en el Libro de Repartimiento de suertes de 1572, denominando a un pago de regadío, a una acequia y a un barranco que estaba ubicado al otro lado del río, cerca del castillo y sobre la acequia de Saleres. Es probable que fuera una alquería o un barrio próximo al castillo (en las proximidades de la acequia del castillo y de una fuente) que hubiera sido abandonado. De Alhanut sabemos que era un barrio en 1501; del resto no se han hallado referencias.

En cuanto a la ubicación de los barrios de Albuñuelas, por el Libro de Repartimiento podemos deducir que el barrio del Cautil (aunque la transcripción del siglo XVIII lo cita como “Cantil”) corresponde al actual barrio bajo (con sus eras y fuentes y acequia de largo recorrido). Tantila debía estar en las proximidades del río, como se desprende de la lectura de algunos pasajes de las suertes. En cuanto al barrio de Trota, este estaba por encima de Tantila, bajo el acequia alta y cerca del acequia del Moxinar. Entre medias, se extendían tierras de riego, algunos de cuyos pagos son reconocibles hoy en día. Naxo estaba situado sobre Tantila, concretamente en las proximidades de la peña de la Goleta, topónimo con que aún se conoce una gran roca desprendida junto al río

Los nombres de estos lugares – Tantila, Trota, Najo, Cautil, Latir - han desaparecido prácticamente: de hecho, se desvanecieron pronto empujados por la nueva realidad social y su consolidación a través de estímulos lingüísticos, culturales y religiosos que hicieron que desde el mismo año del repartimiento de suertes (1572), Albuñuelas quedara dividida solamente en tres barrios (de Santiago, de San Sebastián y de la Iglesia), que serían al poco conocidos como Barrio Bajo (de Santiago) y Barrio Alto (de San Sebastián y de la Iglesia).

Del resto de rábitas y barrios, sólo encontramos la referencia de que la rábita de Alandar de Restábal estaba en el barrio de este nombre (de las eras) que podemos identificar con el barrio alto o de las eras de esta localidad. Aparte de estos lugares, debieron existir otros a lo largo y ancho del valle. Así lo ponen de manifiesto los restos arqueológicos dispersos.

 Desafortunadamente, en las fuentes escritas han quedado pocas referencias a estos despoblados medievales. Contamos con una escritura del lugar de Melegís que hace mención a un sitio de rábita perteneciente a la iglesia de Lojuela que estaba en un lugar que se perdió al que decían Alharaycal (según la lectura del Libro del Becerro de una escritura de 31/10/1547) o Arayali (según una escritura de 27/12/1592). Ambas menciones parecen derivarse, a su vez, de una escritura previa de en torno a la segunda década del siglo XVI.

En Cónchar, por su parte, una escritura de 1559 menciona el paho de Harangalit.

En resumen, la estructura administrativa de los concejos del Valle de Lecrín en 1571-1572 se componía de veinte lugares que fueron apeados y deslindados y las propiedades de moriscos alzados y rebelados repartidas: El Padul, Cozvíjar, Cónchar, Dúrcal, Nigüelas, Acequias, Mondújar, El Chite, Talará, Murchas, Loxuela, Béznar, Melegís, Restábal, Saleres, Pinos del Valle, Ízbor, Tablate, Albuñuelas y Lanjarón.

Dos de estos lugares habían integrado más o menos recientemente un conjunto de alquerías (Márjena y Marchena en el caso de Dúrcal y sus barrios Abdarro, Zocaque, Almocita, Balina y Lojuela; y Tantila, Trota, Najo, Cautil y, probablemente, Latir, en el caso de las Albuñuelas).

Las décadas posteriores hasta finales de siglo XVI y los primeros años de ese siglo verían despoblarse a una de las antiguas alquerías (Márjena) y a uno de los lugares (Lojuela), y presenciaron la unión administrativa bajo un único concejo de El Chite y Talará quedando los 18 pueblos del Valle que perduraron hasta mediados el siglo XX cuando Tablate fue abandonado.

Repobladores

Los nuevos pobladores desconocían el árabe. Para ellos resultarían un arcano los nombres por los que eran conocidos los pagos en donde estaban las hazas que les tocó en suerte cultivar y que los conocedores moriscos o los cristianos viejos mentaban. La presencia de esta población residual permitió que no se produjera una ruptura total en la toponimia, por más que el territorio fue rebautizado en gran medida. La sustitución no podía ser total porque los nuevos pobladores no se enfrentaban a un lienzo en blanco: recibían la suerte tras el apeo realizado bajo la enseñanza de un antiguo poblador morisco (como Miguel de Baeça en Dúrcal y el Padul, Bartolomé Medrano en Pinos, Ízbor y Béznar, o Domingo de Çafra) o de alguno de los pocos cristianos viejos que habitaban en el Valle, algunos de los cuales llevaban arraigados en sus lugares tres generaciones. De modo que se mantuvieron nombres antiguos, si bien a menudo reinterpretados bajo la nueva fonética.

Libros de Apeo

Se han conservado los Libros de Apeo originales realizados en el año de 1572 por la pareja de oficiales reales formada por el juez de comisión, el licenciado Jusepe Machuca, y el escribano que actuaba como secretario, Antonio Pérez de Badajoz de Acequias, Dúrcal, Lojuela, Melegís, Mondújar, Murchas, Restábal y Tablate.

De los mismos autores y año son los apeos y averiguaciones de El Chite y Talará, Nigüelas, El Padul y Pinos del Rey, aunque lo que se ha conservado han sido las copias realizadas entre 1765 y 1775 por Pedro Osorio Varona y Marín, familiar del Santo Oficio y Contador Perpetuo de la Catedral de Granada. El apeo de Albuñuelas fue realizado el 14 de enero de 1572 por el juez Luis de Godoy (copia del XVIII), el del Padul el 5 de julio de 1571 por el juez Pedro Guerra de la Vega (copia de 1772) y el de Acequias el 27 de noviembre de 1574 por el juez Alonso Sánchez.

Libro de Repartimiento de Suertes

Las primeras relaciones de suertes debieron elaborarse durante los primeros meses de la repoblación (hacia 1572). Sin embargo, las que han llegado hasta nosotros son de 1574 (Acequias, Albuñuelas y, posiblemente, Cónchar), de 1575 (Acequias, Ízbor y Tablate) y de 1583 (Pinos). Estas relaciones serían incluidas en el Libro del cabildo pero a menudo se perderían o deteriorarían o, simplemente, no se harían, lo que fue puesto de manifiesto por la visita de inspección que cursaron entre 1592 y 1593 Diego Hurtado de Mendoza y el escribano Ginés Solier, a raíz de la cual los oficiales reales conminaron a los lugares a que dispusieran de los libros y que estos estuvieran a buen recaudo y se fueran actualizando. Este fue el origen de las relaciones de suertes de 1593 que se conservan de Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal, El Chite y Talará, Mondújar y Restábal. El caso de Nigüelas es particular porque se conservan dos relaciones de suertes que no están fechadas pero que por el nombre de los habitantes del lugar podemos datar hacia 1605-1610 la primera y una generación después (hacia 1625) la segunda. Adicionalmente a la descripción de la hacienda de cada suerte se conservan otras anotaciones y documentos (traspasos, sucesiones y otros) que aportan información de interés.

La repoblación de Acequias ofrece un buen ejemplo de este trasegar de pobladores. La documentación conservada incluye las instrucciones dadas por Juan Rodríguez de Villafuerte, del Consejo de Población, el 16 de enero de 1574, con la relación de los 14 primeros pobladores y la observación de que habría que buscar dos pobladores adicionales hasta llegar al número fijado de 16. En un documento posterior, el 30 de julio de 1575, los vecinos se obligaron al censo de la hacienda. Por último, el 12 de marzo de 1576, el escribano Alonso Sánchez, por mandato del Consejo de Población, escribió el Libro de suertes. Entre una y otra fecha solo permanecen cuatro de los 14 pobladores iniciales. Y de los 10 que entraron con posterioridad, 3 habían sido reemplazados

Los libros habices

Las relaciones de habices constituyen un conjunto abigarrado dado su diferente contenido. A la detallada relación de haciendas de 1501 (que posiblemente fue desconocida por los administradores de la iglesia, puesto que no se hace referencia a ellos con posterioridad) le siguen unas mucho más escuetas relaciones de 1516, 1520 y 1534 (cuyos bienes son equivalentes entre ellas, aunque con diferencias en los términos de pagos y personas).

En 1547 el arzobispo Pedro Guerrero debió impulsar la clarificación y regulación de las rentas de la iglesia, como ponen de manifiesto las numerosas menciones a escrituras de esta fecha en los libros del becerro y en las propias relaciones de escrituras. De ese año se conservan apeos (muy detallados) de Albuñuelas, el Chite y Talará, Lojuela, Mondújar y Nigüelas. Posteriormente, la Iglesia cambia de actitud en relación con los habices: ante la fragmentación de la propiedad, le resultaría más eficiente su arrendamiento a un único pujador. Este cambio en el planteamiento dio lugar a unas relaciones de habices exhaustivas pero integradas en escrituras particulares de censo (como en Dúrcal en 1545 y Cónchar en 1559). Este enfoque permitió la consolidación de un reducido número de hacendados, cristianos viejos, que debieron tener una relación de preeminencia en los concejos del Valle. Las fuentes, en este sentido, hacen posible elaborar una historia de las relaciones sociales y económicas del Valle de Lecrín con un apreciable grado de detalle, incluso recorriendo jalones de la vida de varias generaciones. En cualquier caso, hubo otros dos momentos en los que se realizaron apeos de modo sistemático: en 1572, coincidiendo con el apeo y averiguación de las propiedades de los moriscos levantados, y en 1592-1593, cuando aparece la figura de Alonso de Solís como administrador de los bienes habices de las iglesias del Valle.

Mapa de posible situación de barrios y caminos en el S. XVI