El Valle de Lecrín es una pequeña comarca enclavada en la vertiente meridional de Sierra Nevada, al Sur de la provincia de Granada. Su situación privilegiada, a medio camino entre la Vega del Genil, la Costa, la Alpujarra y el Temple, hacen de este Valle un estratégico pasillo natural que va a marcar su historia y modos de vida.
Cuenta con una extensión de 528 Km² (el 4’1% de la provincia de Granada) y unos 26.293 habitantes1 repartidos en diecinueve núcleos de población, que tras las últimas fusiones y cambios administrativos (1960-1975), se han constituido en nueve municipios:
Albuñuelas,
Dúrcal,
Lanjarón,
Lecrín (que comprende los pueblos de Acequias, Béznar, Chite, Mondújar, Murchas y Talará),
Nigüelas,
Padul,
El Pinar (con Ízbor, Pinos del Valle y el despoblado Tablate),
El Valle (que agrupa los lugares de Melegís, Restábal y Saleres)
y Villamena (Cónchar y Cozvíjar).
Este Valle es una típica fosa de hundimiento, una fosa tectónica que los movimientos post-alpinos formaron en la Cordillera Penibética. Tras la aparición de los grandes mantos de corrimiento que constituyen Sierra Nevada, una sucesión de movimientos dieron lugar a fallas y fracturas y delimitaron una serie de fosas tectónicas, entre las que se encuentra el Valle de Lecrín. Ésta, se separa de Sierra Nevada por una línea de falla que se inicia al Noroeste de Padul y bordea la depresión de este nombre por el Norte y Noreste hasta llegar al río Torrente, en el límite de los municipios de Acequias y Nigüelas. La falla, que inició su formación en la era Terciaria, ha seguido moviéndose durante el Cuaternario y sus reajustes han continuado hasta nuestros días, de ahí, los frecuentes movimientos sísmicos que han afectado a la región.
Otra serie de fallas delimitan la fosa por el Sur, como la que separa la Depresión de Albuñuelas del resto del Valle de Lecrín por un espolón rocoso emitido hacia el Este desde la meseta de Albuñuelas. Ambas fosas tectónicas, Albuñuelas y Lecrín, se unen más al Este una vez superado el obstáculo rocoso.2
A lo largo del Plioceno y del Cuaternario, se produjo una gran actividad erosiva y sedimentaria que descompuso el Valle en unidades menores con características e identidades propias:
la Depresión del Padul,
el Valle del río Dúrcal,
el Valle o concavidad de Dúrcal-Nigüelas,
el Valle del río Torrente,
la Depresión de Melegís,
la Depresión de Albuñuelas
y el Valle encajado del río Ízbor.
Otra característica a destacar de esta comarca es su amplia red fluvial. El río situado más al Norte es el Dúrcal o Grande, que recorre el conjunto longitudinalmente; al Oeste, se encuentra el río Torrente, y al Sur, de forma transversal se halla el río de Albuñuelas o Santo. Todos ellos se unen a la altura de Restábal, para formar el río Ízbor, que es afluente del Guadalfeo. Muy significativa también, es la existencia de una laguna en la población de Padul, importante humedal desecado por el hombre a finales del siglo XVIII, dándole salida a sus aguas hacia el río Dúrcal a la altura de Cozvíjar3.
En resumen, podemos describir el Valle de Lecrín como una estrecha y larga grieta tectónica acentuada por la erosión, de unos 20 Km de longitud por ocho a diez de anchura. Está delimitada por una serie de altas serranías que se alzan casi verticalmente hasta los 1.500 m por la parte de Sierra Nevada, y más suavemente, hasta los 1.000 m, por su parte occidental, en las Sierras de la Almijara y Albuñuelas. Al Norte, la laguna del Padul y el Suspiro del Moro separan al Valle de la depresión y la Vega de Granada, y al Sur, las estribaciones de la Sierra de Lújar y de Almijara, lo separan de la costa motrileña4.
Esta peculiar morfología, unida a su altitud, aislamiento del Mediterráneo y situación intermedia entre la Vega, la Costa, la Alpujarra y el Temple, va a determinar que el Valle sea un territorio de acusada personalidad, que participa de las características de las comarcas circundantes, pero que a su vez goza de unas especiales condiciones climáticas al constituir un magnífica solana y estar resguardado de los vientos fríos del Norte por la propia Sierra.
Tanto para Villegas Molina5, como para Bosque Maurel6, se puede hablar de un auténtico microclima, que ha permitido el desarrollo de una agricultura totalmente diferente al resto de la provincia, destacando los cultivos termófilos, como los agrios, que no resisten los fríos ni las heladas intensas y duraderas. Se puede hablar de un clima de transición entre el de Granada, mediterráneo-continental, y el de Motril, mediterráneo de matiz tropical. Pero esta singularidad afecta más directamente a los municipios situados en el fondo de la depresión, pues los que limitan con las comarcas próximas, van a participar de las características de éstas: así Padul recuerda a la Vega de Granada, Lanjarón a la Alpujarra y Albuñuelas a las tierras de Alhama.
Por otra parte, todos los municipios, exceptuando Melegís, aunque ocupan una parte de la fosa tectónica, se extienden por las sierras próximas, con un medio natural diferente al de la depresión. Se puede decir que los inviernos son suaves, y los veranos calurosos y secos; las lluvias, escasas e irregulares, se concentran en el otoño e invierno, siendo el verano una estación totalmente seca.
Su privilegiada situación, bonanza climática, fértil tierra y abundante agua (gracias a las numerosas fuentes cársticas y cursos de agua que bajan de las cumbres serranas), han propiciado una rica agricultura, con una gran importancia del regadío (35% de la superficie total) en la que destacan los cultivos arborescentes, olivos y frutales, sobre todo almendros y agrios, siendo el Valle la comarca naranjera más importante de toda la provincia de Granada.
Respecto a su geografía humana, hay que empezar señalando la importancia que ha tenido su situación espacial, convirtiendo a la comarca en una de las más viejas rutas de Andalucía Oriental7. Ocupada desde muy antiguo, la mayor parte de sus núcleos de población se documentan desde la Edad Media. Tras la expulsión de los moriscos se repuebla con unos tres mil habitantes, que crecieron de forma importante a lo largo de los siglos XVII y XVIII, aunque sometidos en ocasiones, a fuertes crisis por epidemias, hambrunas, etc.
Durante el siglo XX, la población osciló entre las veinte mil y treinta mil almas, llegando a su valor máximo en los años 60, para luego caer fuertemente debido a importantes movimientos migratorios, que fijaban su destino en el Norte de España (sobre todo Cataluña), Francia y Alemania.
Desde los años 80 del siglo XX, estos flujos migratorios se han reducido hasta casi desaparecer y ha tenido lugar un importante retorno de emigrantes a sus lugares de origen. Un fenómeno novedoso para este Valle, es el haberse convertido en centro de atracción de inmigrantes, unos “económicos”, asentados en su mayor parte en poblaciones como Dúrcal o Padul (destacan los procedentes de Magreb, África Subsahariana, Este de Europa y Suramérica), así como inmigrantes comunitarios, procedentes de países como Inglaterra, Francia, o Alemania, que deciden establecerse en la comarca por la bonanza de su clima, su paz y tranquilidad, la autenticidad de sus modos de vida, etc.
Tradicionalmente, la vida en el Valle ha estado ligada a actividades agrícolas, sobre todo a los cultivos de regadío, que se complementan con los de secano y con actividades ganaderas (pequeños rebaños de cabras y ovejas, ganado vacuno estabulado o semiestabulado) y forestales, poco importantes. Este panorama, poco a poco, se está diversificando, cobrando fuerza actividades no rurales ligadas a los sectores secundario y terciario.
En el sector secundario destacan empresas dedicadas a la construcción, la explotación de la turba en Padul, la extracción de áridos en varias canteras, el embasado de agua en Lanjarón y próximamente en Dúrcal, etc. El desarrollo industrial se asienta mayoritariamente en los pueblos de Dúrcal y Padul, que gozan de excelentes comunicaciones (N-323 y A-44), tanto con Granada como con Motril, y constituyen verdaderos centros estratégicos para el establecimiento empresarial.
El sector terciario, presente desde mediados del siglo XIX en Lanjarón gracias a su balneario, se ha extendido por toda la comarca, debido a un destacado auge turístico que busca la belleza de sus paisajes, la dulzura de su clima y su buena situación, próximo a lugares tan atractivos como Granada, la Alpujarra o la Costa. Hay que destacar la creación, a finales de 1996, de la Asociación para la Promoción Económica del Valle de Lecrín-Temple y Costa Interior, (PRODER)8, con sede en Padul. Constituye un Grupo de Acción Local que pretende mejorar las posibilidades de desarrollo y diversificación económica de estas zonas rurales, apoyándose en iniciativas locales.
1 Número de habitantes extraído de la revisión del padrón municipal del 1 de enero de 2006. Instituto de Estadística de Andalucía. Consejería de Economía y Hacienda.
2 VILLEGAS MOLINA, Francisco. “El Valle de Lecrín”. En: Nuevos paseos por Granada y sus contornos. Vol. II. TITOS, Manuel (Coord.). Granada, Caja General de Ahorros de Granada, 1993, p. 456.
3 Para más información sobre la Laguna del Padul, consultar: VILLEGAS MOLINA, F. “Laguna del Padul. Evolución geológico-histórica”. Revista Estudios Geográficos, Madrid, T.XXVIII, 1967, pp. 561- 576.
4 BOSQUE MAUREL, Joaquín y FERRER RODRÍGUEZ, Amparo. Granada, la tierra y sus hombres. Granada: Universidad de Granada, Caja General de Ahorros de Granada, 1999, p. 119.
5 VILLEGAS MOLINA, Francisco. El Valle de Lecrín. Estudio Geográfico. Granada: CSIC, Instituto de Geografía aplicada del Patronato “Alonso de Herrera”, 1972, p. 3.
6 BOSQUE MAUREL, Joaquín y FERRER RODRÍGUEZ, Amparo. Granada,la tierra y…, p. 119.
7 BOSQUE MAUREL, Joaquín y FERRER RODRÍGUEZ, Amparo. Ibidem, p. 128.