EL VALLE DE LECRÍN EN LOS DICCIONARIOS GEOGRÁFICOS (SIGLO XVIII - PRIMERA MITAD DEL XX)

Hacia finales del siglo XVI, dentro de la línea de erudición y compilación del saber inaugurada por el Renacimiento, se puede establecer la génesis de los llamados Diccionarios Geográficos. Surgen como un importante corpus ordenado de noticias, instrumentos fundamentales para los estudios históricos y para la comprensión de las fuentes antiguas y medievales; así como por la necesidad imperante de reordenar y sistematizar el conocimiento geográfico tras los nuevos descubrimientos que ampliaron el horizonte espacial europeo.

La realización de estas grandes obras será frecuente en los siglos XVII y XVIII, siendo muy apreciados por la erudición histórica y la crítica, al permitir una rápida identificación y localización de entidades geográficas o acontecimientos históricos sin la necesidad de acudir a una multitud de obras generales. Con el tiempo, esta tendencia a la realización de diccionarios se enriqueció y dio origen al magno proyecto de resumen ordenado del saber universal, que culminaría con la Enciclopedia francesa.

Durante el siglo XIX, los diccionarios geográficos siguieron gozando de gran prestigio y popularidad, manteniendo el hermanamiento tradicional entre geografía e historia publicándose como “Diccionarios Histórico-Geográficos”. En España, la Academia de Historia va a concebir la creación del Diccionario Geográfico e Histórico de España, extraordinaria empresa que se vio truncada por los acontecimientos desafortunados del momento. Pero lo importante es que estos esfuerzos no cayeron en saco roto, y abrieron camino a otros trabajos orientados en la misma dirección; como el Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal de Sebastián Miñano (Madrid 1826-1829), o el importantísimo Diccionario Geográfico- Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual Madoz, publicado en 1845-1850. En el siglo XX esta línea de trabajo siguió vigente, dando lugar a iniciativas como el Diccionario Geográfico de España de Ediciones del Movimiento, publicado en Madrid en 1956-196168.

Para emprender la revisión de la bibliografía geográfica del Valle de Lecrín, resulta preciso partir de la valiosa información volcada en estos ricos compendios. Para ello, he seleccionado entre las diferentes obras, el inacabado Diccionario Geográfico de Tomás López, iniciado en 1776 y paralizado tras su muerte en 1802, pues sus datos nos sitúan en el último tercio del siglo XVIII; continuaré con el inestimable Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz, (1845-1850), que nos ayudará a dar una visión de la situación de la comarca en el siglo XIX. Finalmente, y para acercarme al conocimiento del Valle en la primera mitad del siglo XX, tomaré los datos proporcionados en el Diccionario Geográfico de España, de Ediciones del Movimiento.

TOMÁS LÓPEZ Y SU DICCIONARIO GEOGRÁFICO

Tomás López y Vargas Machuca nació en Madrid en 1731 dentro de una familia acomodada. Desde temprana edad mostró gran interés por los temas geográficos y cartográficos, aspectos ambos poco desarrollados en España, que vivía a expensas de los geógrafos franceses. Pero poco a poco, estos contenidos van a empezar a adquirir notable importancia, gracias a los ilustrados españoles que van a comprender la necesidad de formar geógrafos que aunaran conocimientos científicos y técnicas precisas para la realización de mapas. Tomás López se va a beneficiar de este creciente interés y gozó de la protección del ministro de Fernando VII, que lo envió durante nueve años becado a Paris, para que completara su formación y aprendiera la estampación de mapas. A su regreso a Madrid empezó a obtener reconocimientos, como el ser Académico de la Historia y participar en el proyecto del Diccionario Histórico-Geográfico que se estaba elaborando en la Academia, donde tomará gran experiencia. En 1776 va a iniciar su gran obra, su Diccionario Geográfico-Histórico69, material riquísimo que pretendía proporcionar una descripción lo más detallada posible de toda la nación española y así “desterrar de los mapas extranjeros, de las descripciones y geografías de España, muchos errores que nos ponen, unos cautelosamente, otros ocultando nuestras producciones y ventajas, para mantenernos en la ignorancia, con aprovechamiento suyo…70. Desgraciadamente, la muerte le sorprendió en 1802, cuando solo le faltaba iniciar la elaboración del material y prepararlo para la publicación.

La forma en que López atesoró esta magnífica información, fue haciendo llegar un exhaustivo cuestionario a los prelados de cada diócesis para que estos a su vez se lo remitieran a sus distintos párrocos, y así facilitaran los datos requeridos. Unos se emplearon en esta tarea con auténtico celo, otros en cambio, no se molestaron ni en contestar. Además de cumplimentar el cuestionario, se les pedía que intentaran formar un mapa o plano con sus respectivos territorios, en donde señalaran las villas, lugares, bosques, caminos, y demás elementos de interés. Si analizamos el susodicho cuestionario, podemos extraer una serie de preguntas que si bien, aparecen recogidas en la respuesta de los párrocos informantes, pueden proporcionar datos útiles para el estudio de la Historia y del Arte en el Valle de Lecrín.

Por ejemplo:

- Si es cabeza de vicaría o partido, parroquia, anejo y de qué parroquias, y si tiene convento decir de qué orden y sexo, como también si dentro de la población o extramuros hay algún santuario e imagen célebre, declarar su nombre y distancia: así mismo el nombre antiguo y moderno del pueblo, la advocación de la parroquia, y el patrón del pueblo.

- Dirá si está a orilla de algún río, arroyo o laguna, si a la derecha o a la izquierda de él bajando agua abajo: dónde nacen estas aguas, en dónde y con quién se juntan, y cómo se llaman. Si tienen puentes de piedra, de madera o barcas, con sus nombres y por qué lugares pasan.

- Cuándo y por quién se fundó el lugar, qué armas tiene y con qué motivo, los sucesos notables de su historia, hombres ilustres que ha tenido, y los edificios o castillos memorables que aún conserva.

- Cuales son los frutos más singulares de su terreno, los que carece: cuál la cantidad a que ascienden cada año.

- Manufacturas y fábricas que tiene, de qué especies, y por quién establecidas: qué cantidades elaboran cada año: qué artífices sobresalientes en ella: que inventos, instrumentos o máquinas ha encontrado la industria para facilitar trabajos.

- Cuál es su gobierno político y económico: si tiene privilegios, y si erigió a favor de la enseñanza pública algún seminario, colegio, hospital, casa de recolección y piedad.

- Si hay alguna inscripción sepulcral, u otras, en cualquier idioma que sea.

- Finalmente todo cuanto pueda conducir a ilustrar el pueblo, aunque no sea prevenido en este interrogatorio71.

Desgraciadamente, no todas estas cuestiones obtuvieron respuesta, o bien, fueron muy breves; hay que tener en cuenta el bajo nivel cultural de casi todos estos párrocos, que por lo general se van a centrar en proporcionar una descripción geográfica y económica del lugar, dejando de lado la información histórica y cultural. Cuando la dan, generalmente, se limitan al episodio de la rebelión morisca. Estas preguntas son interesantes, en tanto en cuanto nos procuran datos sobre las iglesias, ermitas, conventos de la zona, sus advocaciones, existencia de puentes y demás infraestructuras, de antiguas ruinas islámicas, restos arqueológicos, personajes destacados de la época y sus posibles fundaciones, cultivos y demás producciones agrícolas y ganaderas que van a determinar la existencia de construcciones como molinos, lagares, arquitectura doméstica típica de la comarca, etc.

En la descripción que hace del Valle de Lecrín, o “de la alegría”, por su amenísima situación72, enumera las distintas villas y lugares, y se centra en señalar las riquezas de la zona, su abundancia en agua, frutos, sobre todo aceite, indicando también la crianza de seda, aunque advierte que en otra época tuvo más importancia. Este último dato es significativo, pues nos informa de la destrucción de los morales, que cincuenta años más tarde en el Diccionario de Madoz, no aparecen reflejados.

Cuando describe la situación geográfica de cada pueblo, un aspecto que señala es el asentamiento de cada uno de estos núcleos a la margen de algún río de los que transcurren por el Valle. Es importante conocer esta ubicación, pues va a determinar la ocupación del territorio, modos agrícolas, e incluso ciertas infraestructuras e industrias del lugar. Influye en el urbanismo y configuración del paisaje, situándose generalmente la vega de estos pueblos en las proximidades de los ríos, los núcleos urbanos en un estrato superior y el secano en los márgenes montañosos.

También va a determinar la existencia de obras de ingeniería para salvar los profundos barrancos producidos por los cauces fluviales, como los puentes de piedra citados por López en el paso de Tablate y en Dúrcal; o la existencia de un original sistema de acequias, de origen andalusí aunque posiblemente con antecedentes romanos, para la canalización y repartimiento del agua. Igualmente, esta ubicación, junto con la importancia del olivar y cultivos como el trigo, el maíz, la cebada o el centeno, van a generar una notable red de molinos, unos de aceite, otros harineros, que se construyen buscando la fuerza hidráulica de estos cauces.

Respecto a la enumeración de “castillos y edificios memorables” de la comarca, los datos son muy parcos; se cita el Castillejo de Albuñuelas, hoy casi desaparecido: “En el distrito de su vega hay unas paredes de un castillo arruinado, cuya fábrica al parecer es de mahometanos, que fueron los primeros fundadores en este suelo73, pasando por alto la existencia en la misma localidad de una muy bien conservada torre de alquería, la Torre del Tío Vayo. Sólo se va a informar de otra fortaleza más, la de Mondújar, comentando que allí parece que se escondió y retiró por algún tiempo “don Fernando Abenumeya74, y que en sus inmediaciones se han hallado “algunas alhajas, al parecer de persona Real, según el uso de aquellos tiempos75.

Otros datos a tener en cuenta son los que aporta sobre los edificios de culto de la comarca: iglesias parroquiales, ermitas y conventos. Nos dice las distintas advocaciones de cada templo, pudiéndose comprobar que algunas de ellas han variado a lo largo del tiempo, como la Iglesia de Acequias, que la documenta con la advocación a Santiago, “los libros de la iglesia no dicen si es el menor o el mayor, ni hay quien lo sepa (…)76, en tiempo de Madoz se recoge bajo la advocación a San José y en la actualidad está dedicada a la Inmaculada Concepción; o la Iglesia de Mondújar, que la recoge consagrada a San Juan Bautista, en tiempos de Madoz aparece como Iglesia de la Encarnación, y en nuestros días está dedicada, igualmente, a la Inmaculada Concepción.

También documenta la existencia de ciertas construcciones que no han llegado a nuestros días, como la iglesia parroquial del Salvador de Albuñuelas, demolida unos años después al presentar ruina; o rememora algún acontecimiento histórico como que la iglesia de Mondújar fue incendiada por los moriscos durante la rebelión y que aún se podía ver parte de la armadura tostada por el fuego.

La nómina de personajes ilustres es igualmente escasa, se nombra a D. Francisco de Perea y Porras nacido en Albuñuelas, que fue arzobispo de Granada y obispo de Placencia y colegial del mayor de Cuenca en Salamanca, éste fundó la iglesia del convento de franciscanos del pueblo en 172677 , donde se conserva su retrato. Otros personajes insignes que cita son los dos hermanos del anterior, D. Juan de Perea, canónigo de Placencia, y D. José, inquisidor de Granada; también hace referencia al Conde de Villalmena o Villa Amena de Cozvíjar, señor de Cozvíjar y veinticuatro de Granada.

Respecto a las producciones y manufacturas principales, se incluye una importante elaboración de aceite, que justifica el gran número de almazaras con que cuenta la comarca, los vinos de Pinos del Valle, la crecida cosecha de seda de Lanjarón y el trabajo del esparto en Cónchar, con el que fabricaban tomiza, soga, cubiertas y afelpados, que luego se comerciaban en Granada, Cádiz y otros parajes a través del puerto de Motril y de Salobreña.

También indica que este partido del Valle de Lecrín estaba atravesado por el camino Real que conducía a la Alpujarra y a Motril, estando la ruta jalonada de hitos como la Venta del Torrente en Dúrcal, la Venta de Lanjarón, o la Venta de la Cebada.

Desgraciadamente, dar una visión completa del Valle a través de este Diccionario es una tarea difícil, pues nos falta información de pueblos como Dúrcal o Padul, aún así, no deja de ser un material insustituible, por constituir uno de los primeros proyectos que abordan el estudio y la recopilación de datos sobre la región.

PASCUAL MADOZ IBÁÑEZ Y SU DICCIONARIO GEOGRÁFICO- ESTADÍSTICO-HISTÓRICO DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR

Pascual Madoz Ibáñez, (Pamplona 1806–Génova 1870), fue además de escritor un activo y decidido político liberal. Su vida fue exaltada e intensa, desde muy joven participó y combatió con el movimiento liberal, lo que le obligó a emigrar a Francia de 1830 a 1832 donde estudió Geografía y Estadística. Tras la amnistía decretada por María Cristina pudo volver a España, asentándose en Barcelona como abogado, y trabajando en la elaboración del Diccionario Geográfico Universal de López Berges, (1829-1834), que se estaba preparando en aquella ciudad, a la vez que fue ideando la elaboración de su propio Diccionario Geográfico, que vería culminado en 1850. Su vida política fue muy activa, primero como Gobernador del Valle de Arán, luego como diputado por Lérida en las Cortes, ocupó un puesto en el Tribunal Supremo, fue Gobernador Civil de Barcelona (1854), alcanzando el Ministerio de Hacienda en 1855, desde donde llevó a cabo una importante desamortización de bienes tanto regulares como seculares, Gobernador de Madrid tras la revolución de 1868, apoyó la candidatura de Amadeo de Saboya para ocupar el trono de España y conoció la prisión en diversas ocasiones78.

Pero si por algo nos interesa la figura de Pascual Madoz en este estudio, es por su célebre y útil Diccionario, obra que sintetiza la mayor parte de las producciones anteriores (Tomás López, Sebastián Miñano, el Censo de España de 1797, las noticias del Diccionario Geográfico Universal de Barcelona…), enriqueciéndolas, más si cabe, con las valiosas informaciones proporcionadas por los numerosos colaboradores que tenía dispuestos por todo el país; presentando así una completa obra, hecha con esmero y con abundantes e importantes datos para el conocimiento de la España del siglo XIX.

Para llevar a cabo la descripción exacta de cada lugar sin que se escapara ningún detalle, Madoz va a establecer unas ajustadas pautas de redacción. Comenzaba informando sobre la situación del término, su ubicación topográfica, los montes que tenía cercanos, los ríos que lo bañaban, los vientos que soportaba; luego describía el clima de la zona y las enfermedades frecuentes que padecía la población. El siguiente punto a tratar era el llamado “casas”, de gran interés para nuestro estudio, por dar una descripción del lugar con sus elementos más destacados, viviendas, calles, plazas, escuelas, iglesias con sus obras más valiosas, ermitas, edificios públicos o particulares que por su historia o singularidad pudieran resultar dignos de mención, paseos, fuentes, etc. Prosigue describiendo el término señalando sus confines e incluyendo datos sobre el terreno cultivado y sus producciones, la vegetación que se da, las aguas de riego y los distintos sistemas para efectuarlos, los caminos, la industria presente en los distintos lugares, y demás datos útiles para el correcto reconocimiento de la zona, dándole una justa importancia pues, en todos estos elementos residía la riqueza de un país agrícola como lo era la España de entonces. De estos datos se pueden extraer valiosas informaciones, como la existencia de numerosos tipos arquitectónicos ligados a las explotaciones agropecuarias, molinos, almazaras, secaderos, establos, aljibes, acequias, puentes, etc., a la vez que nos dan una idea de la forma de vida y ocupación del territorio existente. Para concluir las descripciones, Madoz introduce un breve relato de los hechos históricos más sobresalientes acaecidos en el lugar.

Aunque las explicaciones y referencias de Madoz deben de tomarse siempre con cierta precaución, no dejan de ser una fuente rica de información, necesaria para el estudio de las poblaciones del Valle de Lecrín a mediados del siglo XIX. Si atendemos a la información que aporta sobre casas, calles, barrios, caminos y demás elementos conformadores de la trama urbana, podemos deducir que: son núcleos de población pequeños, aunque dentro de ellos hay pueblos con más entidad que otros, destacan Lanjarón con 700 casas, o Padul con 600 frente a Murchas con 58 casas o Ízbor y Cozvíjar con 80, de algunos pueblos como Albuñuelas o Dúrcal no se proporciona este dato, aunque hemos de suponer que tendrían una entidad considerable. Las casas según Madoz, son de uno, dos o tres pisos, a veces con azoteas, dedicando el último a guardar granos y otros frutos. La mayoría son viejas, de mala construcción y dimensiones reducidas.

En Béznar señala que muchas viviendas son “de los moriscos, que mas bien parecen mazmorras, mal construidas, oscuras y algunas tan deterioradas, que no pueden habitarse79.

En pueblos como Albuñuelas cita la existencia de algunas casas con mayor entidad por tener buenas portadas de piedra, y de un palacio, hoy desaparecido, perteneciente a D. Francisco Perea y Porras; también Lanjarón va a contar con 60 viviendas de sólida construcción y buenas habitaciones con huertos y jardines frondosos.

Las viviendas se distribuyen habitualmente en barrios que configuran los núcleos poblacionales, estos barrios resultan imprescindibles de conocer y documentar por constituir un vestigio urbano y social del Valle de Lecrín andalusí, podemos suponer que en muchos casos estos barrios estarían habitados por un clan familiar patriarcal, es decir, por una serie de familias, tanto ascendientes como colaterales, con un antepasado común, que vivían en vecindad bajo la autoridad del jefe del clan o linaje, usualmente el más anciano de ellos. Este tipo de estructura social y familiar islámica fue muy duradera, sobre todo en los ambientes rurales, documentándose incluso en época morisca, pudiendo ser factible que estuviera presente en el Valle de Lecrín.

En Albuñuelas, Madoz cita tres barrios, el Alto, el de la Iglesia y el Bajo, en Béznar el Alto, el Bajo y el de Jávita, en Dúrcal, Danon, Nigüelas y Almócita, en Pinos del Rey, el de arriba y el de abajo, entre otros. Lo interesante es que algunos de estos barrios han desaparecido, y gracias a Madoz es posible su conocimiento y documentación, otros afortunadamente, han permanecido dándonos una idea del perímetro y extensión de las localidades en esta época y las transformaciones sufridas por su crecimiento posterior.

Estos barrios se conforman por calles, que según informa Madoz, son irregulares, estrechas, tortuosas, mal empedradas, de piso incómodo y muchas veces en pendiente, herencia del entramado urbano islámico. Dentro de los pueblos van a destacar elementos como las plazas, de poca entidad, muchas veces irregulares aunque en poblaciones como Cónchar, Cozvíjar y Lanjarón van a ser cuadradas; también otras estructuras como las casas consistoriales, en pueblos como Albuñuelas, Dúrcal o Padul; aljibes, fuentes, pozos y acequias que suministraban el agua a los poblados, pósitos, cárceles, posadas, destacando las 5 de Lanjarón por su calidad, escuelas de enseñanza primaria para ambos sexos en cada pueblo y la existencia de construcciones como una torre cuadrada80 en Restábal, que seguramente se pueda identificar con los restos, hoy asumidos en una vivienda, de una torre posiblemente de alquería presente en dicha localidad, o el “edificio ant. y casi arruinado, que llaman el Fuerte, propiedad de los marqueses de la Conquista” en Béznar81 del que no nos ha quedado constancia.

Otro dato que da el Diccionario es la construcción en ese tiempo de una nueva carretera que enlazaba Granada con la Costa y con la Alpujarra, que sustituía al antiguo Camino de Real. Ésta carretera pasaba por Padul, Dúrcal (por el barrio del Danon, actual Darrón), Talará, Béznar (donde se derribaron muchas casas para dicha construcción), Tablate (atravesando su puente) e Ízbor.

Noticias de gran valor para nuestro estudio, son las que proporciona sobre las iglesias, ermitas y convento del Valle, refiere sus advocaciones, describe escuetamente los distintos edificios con sus obras más destacadas, dando algunas veces una cronología, arquitecto o promotor para dichas construcciones. Entre las iglesias mejor documentadas está la de Acequias, datándola de mediados del siglo XVI y realizada por “Alonso Vico, maestro mayor de las obras de la cated. de Granada”82. Señala su magnífico retablo con pinturas de la vida de San Benito83 y las armas de D. Pedro de Castro Vaca y Quiñones, que incluiría este templo en su visita pastoral a finales del siglo XVI84.

También se dan bastantes noticias de las iglesias de Albuñuelas, refiriere la ruina de la iglesia del Salvador y el traslado del culto, después de la exclaustración, al templo del convento franciscano del pueblo, informando de su construcción en 1742 a expensas de D. Francisco Perea y Porras y la existencia de tres magníficas imágenes, un Jesús Nazareno, una Virgen de la Angustias y un San Roque. Otros templos que ofrecen buenos datos son el de Dúrcal, señalando su tabernáculo de mármol y su Cristo crucificado “que, según la tradición, fue donado por los Reyes Católicos”85; el de Lanjarón, que presentaba ruina (se amplió y reparó entre 1876 y 1882)86, el de Saleres, reedificado en tiempo del Sr. Perea y Porras dejando sus armas en la puerta, o la ermita de San Sebastián, reedificada después de la Guerra de la Independencia por mediación de D. Juan José Bonel y Orbe, “patriarca que ha sido de las Indias y hoy arz. de Toledo, natural de este pueblo87, arrojando así alguna luz sobre la construcción y promotor de este magnífico templo tan desconocido.

Siguiendo con el análisis de las informaciones más destacadas que proporciona Madoz para el conocimiento del patrimonio del Valle de Lecrín, hay que mencionar las noticias que da sobre las ruinas arqueológicas y antigüedades de la comarca, que son bastante breves, enumerando únicamente algunos de los fuertes o castillejos islámicos repartidos por este lugar. Cita el Castillejo de Albuñuelas, como “restos de un fuerte, cuyos cimientos están sólidamente construidos88; en la población de Dúrcal, señala “en lo ant. tuvo este pueblo otro barrio llamado Mahigena, en el sitio que hoy se denomina Márgena, donde existen las ruinas de un fuerte de construcción árabe y varios cimientos89, refiriéndose a la torre de alquería de Mahina o Márgena, hoy en la vega de dicha localidad, y prosigue “otro barrio hubo, llamado Almohasa, por encima del que en su día se conoce con el nombre de Almocita, y en él se descubren también cimientos”90, este barrio ha desaparecido y no tenemos más datos sobre los referidos cimientos.

También señala la existencia de “un castillo ruinoso, obra de moros, llamado el Castillejo” en Mondújar91, y de una torre atalaya del tiempo de los moros en Saleres que se comunica con otra de Cónchar, refiriéndose a la torre atalaya enclavada en la finca del Marchal (Saleres), que efectivamente, se comunica con la situada en el término de Cónchar.

En Albuñuelas documenta unas 15 o 20 cuevas construidas en un tajo con difícil acceso por la altura de sus entradas. Señala que en el interior de éstas, existen habitaciones capaces con troneras, repisas en las paredes en forma de vasares, y en algunas habitaciones queda como un hoyo en el suelo para hacer fuego, entendiendo que habrían sido habitadas desde tiempos muy remotos, ignorando la época exacta. Con esta descripción parece referirse a lo que los lugareños denominan las Cuevas de los Moros.

Casi cerrando la descripción de cada pueblo, Madoz proporciona datos sobre sus producciones e industrias, que resultan realmente útiles al enumerar una serie de edificios que en muchos casos han perdurado desde el siglo XIV hasta nuestro días, y que son piezas fundamentales para llevar a cabo un reconstrucción acertada del paisaje histórico de la comarca; me estoy refiriendo al importante número de molinos tanto aceiteros como harineros que se organizan en torno de la abundante red hidráulica del Valle. Madoz documentó la existencia de un total de 56 molinos aceiteros o almazaras y 41 de harina, número muy notable si tenemos en cuenta la extensión de la comarca.

Otra industria que cita es la del trabajo del esparto, ya recogida en algunos Libros de Apeo o por Tomás López, y que ha tenido cierta importancia hasta no hace muchos años en pueblos como Cónchar, Cozvíjar y Dúrcal.

Para finalizar, el autor proporciona pequeñas narraciones de los acontecimientos históricos más notables que tuvieron lugar en estas localidades. Los relatos que nos atañen se centran principalmente en los sucesos de la rebelión morisca, narrando acontecimientos como el acuartelamiento del duque de Sesa con sus tropas en el pueblo de Acequias cuando se dirigía a socorrer a los cristianos de Órgiva, una batalla acontecida en Dúrcal que toma de la crónica de Mármol Carvajal, o las distintas refriegas del lugar de Tablate con el incendio de la iglesia por parte de los moriscos.

DICCIONARIO GEOGRÁFICO DE ESPAÑA. EDICIONES DEL MOVIMIENTO

El Diccionario Geográfico de España92 de Ediciones del Movimiento, supone la prolongación de una línea de erudición heredada de los diccionarios ilustrados que alcanza la primera mitad del siglo XX en España. Esta iniciativa editorial fue dirigida por Germán Bleiberg y por Francisco Quirós Linares con la colaboración de un importante número de geógrafos universitarios españoles, entre 1956 y 1961, constituyendo una obra de 17 volúmenes. Con este diccionario pretendían dar una visión objetiva de la España de entonces, hermanando la información directa con lo puramente científico, considerando que así mejoraban y ponían al día las noticias publicadas por Pascual Madoz un siglo antes.

La metodología empleada consistió en remitir un cuestionario a los maestros, profesores de enseñanza media y profesional, y secretarios municipales de los distintos lugares, para que les facilitaran los datos requeridos sobre la geografía física, económica y humana de la zona, incidiendo en la descripción del relieve, el clima, la vegetación y agricultura, la industria, el comercio, las comunicaciones, la población y sus casas, su historia y arqueología, costumbres, espectáculos y demás aspectos de la vida cotidiana del lugar.

Hay que decir que de los datos que se proporcionan, pocos son aclaradores para nuestro estudio, aunque hay algunos útiles, y siempre es interesante conocer la situación de estos pueblos en la primera mitad del siglo XX, sumidos en el subdesarrollo propio de la postguerra y con una economía de subsistencia fundamentalmente agrícola. Dentro de las descripciones, los puntos que más noticias dan sobre el patrimonio del Valle son los denominados “historia” y “arqueología”, desgraciadamente, no aparecen en todas las localidades. En muchas ocasiones y coincidiendo con las poblaciones mejor documentadas, los datos son recogidos de Madoz, como es el caso de Acequias y Dúrcal; aunque también introduce novedades como citar por primera vez la existencia de fortificaciones en Murchas (Castillo de Lojuela) o Restábal (Castillejo de Restábal), la casa de los Marqueses de Albaida de Padul, más conocida como la “Casa Grande”, o señalar la existencia en el archivo parroquial de Béznar del documento de la constitución de la Hermandad del Santísimo en 157893.

Dentro de las descripciones, a veces se aportan datos sobre las tipos domésticos de la zona, siendo generalmente casas más o menos amplias pero adaptadas a la clase de pequeños labradores, de piedra y ladrillo o lastra de pizarra (Acequias), con tejado a dos aguas de poca inclinación, dos plantas y cuadras. Para el pueblo de Albuñuelas se recoge su distribución en barrios y como uno de ellos, el Barrio Alto, quedó muy afectado tras el gran terremoto de 1884, y fue reconstruido por suscripción pública, hecho que ha quedado patente en su urbanismo al establecerse una diferenciación entre lo reconstruido, con trama totalmente regular, y lo antiguo, con su callejero estrecho e intrincado. Otras informaciones de cierto interés que se recogen son las de su industria, destacando, como en ocasiones anteriores, sus numerosos molinos y almazaras movidas por agua, aunque ya aparecen algunas a motor; el trabajo del esparto en pueblos como Cónchar o Dúrcal y el bordado de tul, en localidades como Nigüelas y Restábal que tendrá cierta importancia hasta los años 80 del siglo XX.

A pesar de la parquedad de datos que suministra este Diccionario para nuestro estudio, al tratar de forma muy secundaria e irregular los aspectos culturales, históricos y artísticos de los diferentes pueblos, resulta interesante su consulta, pues además de ilustrarnos la situación de estas localidades en la primera mitad del siglo XX, supone un enlace historiográfico entre el siglo XIX, marcado por el Diccionario de Madoz, rico en información pero a la vez no demasiado rigurosa, y las primeras producciones científicas de alta calidad que aparecen a partir de los años 70, y que tratan de forma pormenorizada la comarca que nos ocupa.

LA CIENCIA GEOGRÁFICA Y EL VALLE DE LECRÍN. ESTUDIOS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

Hay que esperar a la segunda mitad del siglo XX, para que la Geografía científica adquiera relevancia en España y genere trabajos novedosos que van ha desterrar la hasta entonces labor de observación y descripción ilustrada que hemos visto en los Diccionario Geográficos. El geógrafo profesional, se va a regir por metodologías científicas universitarias cada vez más especializadas y va a ir más allá de la simple descripción de los lugares, intentando un verdadero y profundo conocimiento de las relaciones entre los seres humanos y el medio en que se circunscriben, usando técnicas de observación y medida, verificación y análisis de datos, moderna cartografía, etc. En este contexto, se va a crear en 1970 el Departamento de Geografía de la Universidad de Granada, con la ayuda del que fue su primer director, D. Joaquín Bosque Maurel y consolidándose y expandiéndose en las siguientes décadas bajo la dirección de D. Francisco Villegas Molina94. En este marco se van a realizar aportaciones fundamentales para el conocimiento del Valle de Lecrín, obras pioneras que tienen por tema principal el estudio de la zona, como la tesis doctoral, posteriormente publicada por el CSIC, de D. Francisco Villegas95,



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