El Túnel de la Gorgoracha

Túnel finalizado en 1860 por el ingeniero Don Juan Tuset y Malet y el Constructor de Barcelona y senador por Cataluña Don Ramón Struch Ferrer. Ambos formaron una sociedad en donde cada uno tenía el 50% de ella, con la cual construyeron la Carretera a Motril. "Es una construcción innovadora y revolucionaria, un ejemplo de obra civil bajo el Reinado de su Majestad Isabel II. Es el primero de España que puede atravesarlo dos carruajes simultáneamente uno en cada dirección"

Según datos aportados por Don Luís Jiménez Tuset Martín, el túnel no tenía otra función que la de crear el efecto óptico en la reina al encontrarse con la costa granadina en la misma salida del túnel, el día de la inauguración de la carretera.

Túnel de la Gorgoracha. Llamado "Túnel de La Gorgoracha" por encontrarse a la altura de dicha pedanía de Vélez de Benaudalla.

Artículo sacado del Periódico Ideal en conmemoración de los 150 años de su inauguración

150 años del túnel de la Gorgoracha, símbolo de la mala comunicación de Motril

El túnel concluido en 1860 se relaciona con el episodio de la declaración de la república independiente de Motril durante tres días de 1873 20.09.10 - 02:14 - FERMÍN ANGUITA | MOTRIL.

Contaban algunos de los motrileños que emigraron a Alemania, u otros países europeos, durante los años Cincuenta y Sesenta del pasado siglo, que cuando regresaban a su pueblo al cabo de los años y el autobús de la época traspasaba el túnel de 'La Gorgoracha', no podían evitar echarse a llorar cuando, nada más salir del mismo, sorprendía la visión del mar en el horizonte. Para muchas generaciones, el túnel ha significado una frontera física e incluso psicológica cuya alusión puede tener sentido positivo o negativo.

En el primer caso porque el motrileño castizo lo sigue refiriendo como una barrera natural que evita que la influencia exterior termine por extinguir su propia personalidad y, en el segundo, porque se le considera un símbolo de todos los efectos causados por la vieja mentalidad ostracista de la ciudad frente al progreso económico y social. Pero ahora todos miran con cariño al viejo túnel, porque este hito -más geográfico que arquitectónico- acaba de cumplir 150 años. Se concibió como una obra necesaria para sacar a la Costa de su aislamiento, pero al mismo tiempo se le considera un hito ejemplar del encierro de Motril en si mismo. Una contradicción histórica.

Lo comentaba Juan, un motrileño que la pasada semana tuvo la osadía de hacer a pie la distancia entre Motril y Granada, en un trayecto en el que empleó quince horas, a fin de alcanzar la catedral granadina para asistir a la misa de Fray Leopoldo. Antes de las seis de la madrugada, en una oscuridad total, traspasó andando el túnel. «Allí dentro, a solas, la sensación es extraña porque el silencio transmite algo». Pero no se trata de misterio, sino del sonido de la historia que devuelve los ecos de una época desconocida para el motrileño de a pie, que ignora el carácter innovador y revolucionario de un ejemplo de obra civil realizado bajo el reinado de Isabel II (entre 1844 y 1868). Tan innovador que fue el primero de toda España concebido para que pudieran atravesarlo simultáneamente, uno en cada dirección, dos carruajes. De los caballos, a los coches.

En realidad, hay muy poco publicado sobre esta obra de ingeniería de la época, concluida en 1860; pero lo que está claro es que respondió a un intento por solucionar un problema histórico de comunicación entre Granada y Motril, algo que suena y mucho a los habitantes del litoral, que décadas después sigue luchando por paliar su histórico déficit de comunicaciones.

El antiguo camino carretero tenía prácticamente aislada a la ciudad costera debido, sobre todo, a las dificultades de salvar la complicada geografía que circunda al municipio motrileño. «La solución estaba clara -relata el historiador Manuel Domínguez- o se hacía el túnel o había que bordear el Cerro Gordo hacia el camino de Lagos y dehesa de la Gorgoracha». La diferencia entre una u otra opción era de tres kilómetros, por lo que se optó por el túnel.

Un 'alarde' de técnica

La obra fue una demostración de la técnica del momento. Es de los denominados de 'medio cañón' y estructura de ladrillo, con buena obra de fábrica. Lo que nadie podría prever, en aquellos años, era que el túnel cobijaría la Nacional 323 hasta los años setenta del Siglo XX y que, aún hoy, contempla el paso diario de cientos de vehículos sobre un asfalto plagado de señales viarias que contrasta con la vieja estampa de un túnel que casi se antoja de juguete.

En realidad, su construcción y la de una nueva carretera entre la capital y Motril fue esgrimida con fuerza en 1803 por un gobernador motrileño, Jaime Moreno «uno de los grandes políticos del siglo XIX -explica Domínguez- y que planteó una moderna carretera con túneles y puentes, además de llegar a proponer una acequia navegable entre Carchuna y Calahonda». El testigo hubo de ser cogido por el diputado (natural de Almuñécar) José María Márquez, quien apostó decididamente por modernizar la comunicación viaria, siendo el contratista de la zona José de Burgos quien acometiese la obra. Sin embargo, el túnel no era la panacea que solucionase la complejidad del terreno, hubo que hacer el famoso puente de Vélez y los famosos 'Caracolillos', coetáneos del túnel de la Gorgoracha y que permitieron comunicar, salvando varios niveles de montaña, las localidades veleña y motrileña.

Curiosamente, según argumenta el historiador Manuel Domínguez, el vecino municipio perteneció a Motril desde el siglo XVII hasta fines del XIX, época en la que se produce la segregación definitiva que incluyó Lagos y La Gorgoracha a favor de Vélez. O sea, el túnel nació motrileño y hoy, a pesar de esgrimirse como un símbolo de la 'independencia' mental y física de Motril, pertenece al término municipal vecino.

Y esa es otra. La no menos famosa bandera de 'república independiente de Motril' se ha asociado, físicamente, a la imagen del túnel de La Gorgoracha. No se concibe una sin el otro: «Todos llevamos a honra eso de que fuimos un país independiente por unos días -afirma el motrileño Gabriel Medina- y si lo analizas desde el punto de vista sociológico, ese concepto es una de las pocas cosas que todos los motrileños llevan al unísono».

Tres días de independencia

Medina, que lleva años indagando en la cara más oculta y desconocida de Motril y sus habitantes, explica que el origen de la efímera república hay que situarlo en el el movimiento cantonal de 1873 y que «el motivo de esta rebelión fue, casualmente, algo similar a lo que pasa ahora: Abandono de los intereses de Motril por parte de Madrid..... Todos los motrileños se cabrearon tanto que fueron al ayuntamiento y obligaron a todos los concejales a dimitir y nos unimos al movimiento cantonal». Este hecho, que apenas duró tres días en julio de 1873, ha conseguido pervivir en la tradición oral motrileña, pero se ha desfigurado desde entonces, recordando el concepto pero olvidando todo lo que lo rodeó.

Hoy, el túnel de La Gorgoracha esgrime una lozana vejez, esperando ver por sus alrededores la llegada de una de las patas de la prometida autovía A-7. Posiblemente aguantará algunos siglos si alguien es capaz de detener el proceso de erosión del revestimiento de ladrillo, ahora que ha disminuido considerablemente el efecto de la contaminación del paso de vehículos.