La alquería de Las Albuñuelas

Sacado de Los Habices de las iglesias del Valle de Lecrín de Lorenzo Luís Padilla Mellado

Conocida por los árabes como al-Bunyuela
(  ‫ البنيولش‬ )
Bunyuélas o tierra de viñas. 

El término municipal está constituido por tres barrios. Madoz en 1850 hacía la siguiente descripción del lugar: “Esta dividido en tres barrios, dos de ellos cercanos entre sí llamados Barrio Alto y el de la Iglesia y el tercero Barrio Bajo”. En la actualidad al Barrio Alto se le denomina Barrio de Fernán Núñez, con una nueva estructura urbanística debida a la nueva reconstrucción efectuada después de los terremotos que padeció la zona en 1884.

Desde tiempos prehistóricos las Albuñuelas tuvo asentamiento humano, como nos los confirman unas cuevas que se encuentran en el interior de un tajo a unos cuatrocientos metros del casco urbano, en cuyo interior existen habilitadas varias habitaciones que se han mantenido ocupadas hasta hace muy poco.

Cuando mayormente vivió una etapa floreciente fue en la época de la dominación árabe, hasta el punto de que cuentan las crónicas que sus vecinos, resistieron con gran tenacidad las embestidas de los soldados de Fernando el Católico. Tuvo después importante protagonismo con los moriscos, muchos de los cuales se decantaron por la paz durante la rebelión del S. XVI, aunque eso no les sirvió para librarse de la expulsión posterior. Sin embargo, cuando despegó realmente fue tras la repoblación castellana con cristianos viejos, la mayoría de ellos procedentes de La Mancha; como así lo atestiguan no sólo los documentos hallados en los archivos, sino por las magníficas fachadas que presentan muchas de las casas del casco urbano, algunas de ellas muy bien conservadas.

Luis Mármol de Carvajal en su Historia de la Rebelión y Castigo de los Moriscos del Reino de Granada nos describe en su Capitulo XXXIX, del Libro IV, como los lugares de las Albuñuelas y Saleres se alzaron - “Las Albuñuelas y Saleres son dos lugares muy cercanos el uno del otro en el Valle de Lecrín, y habían dejado de alzarse cuando la elección de Aben Humeya en Béznar....

El día 2 de abril de 1568 se inicia la rebelión contra las injustas condiciones de vida que los castellanos daban a los moriscos o cristianos nuevos, nombre dado a los musulmanes que se habían convertido al cristianismo.

Este movimiento nació del mal clima que se dio tras la reconquista cristiana, y que culmina con la toma de Granada el día 2 de enero del año 1492. A partir de esta fecha, se sientan las bases que promoverán una cohesión social, económica y religiosa, unión que también afectaría a la comunidad musulmana. Los Reyes Católicos dictan leyes cívicas que deben respetar, así se daría el Decreto de Expulsión o Bautismo forzoso y será el Cardenal Cisneros quien más instigue con la Inquisición a los nuevos conversos.

Es pues por ese ambiente de coerción de sus modos de vida, lo que llevara a generar un continuo malestar entre la población conversa y tras la reunión secreta mantenida el 27 de septiembre de 1568, se fijan en Fernando de Válor como rey que les encabece el movimiento de emancipación. Durante la reunión, según nos relata Diego Hurtado de Mendoza sobre Aben Jauhuar, (Aben Humeya) como era conocido en lengua musulmana de Fernando de Válor, dice lo siguiente: "Poniéndoles delante la opresión en que estaban, sujetos a hombres públicos y particulares, no menos esclavos, que si lo fuesen mujeres, hijos, haciendas y sus propias personas en poder y arbitrio de enemigos, sin esperanza en muchos siglos de verse fuera de tal servidumbre sufriendo tanto a tiranos como vecino, nuevas imposiciones, nuevos tributos y privados de refugio, excluidos de la vida y conservación de personas”.

Fueron bastantes los núcleos de población morisca que residían en numerosas alquerías y ciudades, las que se sumaría a las convulsiones que azotaron el panorama granadino.

En tiempos contemporáneos un hecho que también marcó a los habitantes de esta zona granadina fue el terremoto que se produjo en la noche del 25 de diciembre de 1884, mientras miles de familias se reunían para celebrar la Navidad, fue interrumpida por un fuerte temblor, que ha pasado a la historia como el terremoto de Andalucía. Las Albuñuelas fue uno de los núcleos de población más afectados. La población en aquella época era de unos 1640 habitantes y 489 edificios produciéndose 104 muertos y unos 500 heridos.

Además del desprendimiento de rocas, causado por el temblor hay que sumar los deslizamientos de los estratos superiores del terreno, hecho que agravó las secuelas del terremoto. Estos deslizamientos fueron acompañados de la formación de numerosas grietas.

En los informes del terreno de la época se describen fenómenos de licuefacción en el llamado Pago de las Ventas. Donde se dice que salieron de entre las grietas de los olivares montones de barro. De este modo el efecto dinámico del terremoto acrecentó los deslizamientos provocando la caída de casi todas las casas situadas en el Barrio Alto y Barrio de la Iglesia pero sin embargo las casas del Barrio Bajo no sufrieron tantos daños.

Donde hubo mayor número de muertos, fue en una casa que más tarde seria llamada Casa del Velatorio, donde murieron 22 personas. Fue así llamada porque en ella en el momento del movimiento sísmico se estaba velando a un joven difunto, por lo que había gran aglomeración de gente acompañando a los familiares.

En este municipio en la actualidad solamente se conserva la llamada Torre del Tío Vayo y otros restos hallados en la cresta de un cerro a orillas del Río Santo y que los vecinos llamaban “el Castillo” y también conocido como Peñón de los Moros.

Este castillo se sitúa en la actualidad en el Pago del Castillo, al Sur de la población, frente al Barrio Bajo, en un saliente de la ladera del cerro existente entre el río de las Albuñuelas y la Rambla de las Cabezuelas. Los restos de estructuras ocupan el centro de una finca de labor de regadío. También en esta misma margen derecha del río hay una gran cantidad de cuevas de época medieval excavadas en las laderas.

Estos son los restos que quedan del antiguo castillo medieval de los tiempos de dominación árabe y que tras la conquista cristiana y las posteriores revueltas mudéjares y moriscas, la comarca del Valle de Lecrín, fue una zona utilizada como avanzadilla de su alzamiento contra el nuevo poder que intentaba a marchas forzadas cristianizar la zona.

Los restos emergentes que pueden verse pudieran pertenecer a una torre de alquería o de vega para la defensa de los vecinos, que en caso de ataques serviría para guarnecerse y así defenderse mejor. Aunque también podrían corresponder a parte de un castillo o construcción más amplia.

Lo que queda de esta torre son dos muros de tapial calicastrado, de 1,35 metros de espesor, formando ángulo, cuyas medidas exteriores y orientación son de 5,85 metros al Suroeste y 2,65 metros al Noroeste. Su altura máxima que se conservada llega en a los 3 metros. Dichos muros de tapial están levantados, como es normal en este tipo de construcciones, sobre otros de mampostería, que sirven al mismo tiempo como cimentación, para nivelar el terreno y evitar las humedades por capilaridad en el tapial.

La altura de los encofrados o tábiyas con las que se ejecutaron los cajones de los muros es de 70 cm., rellenándose por tongadas de tierra con cal. Se conservan restos del enlucido.

Otro de los restos del patrimonio histórico que perduran en el casco urbano es la Torre del Tío Vayo, se encuentra situada en el interior de la población, en la calle Molinos, haciendo esquina entre las calles Habana y Caño, en el llamado Barrio Alto

Es una construcción de origen musulmán del s. XIV, levantada en una ladera, teniendo la fachada Oeste una fuerte pendiente, esto hace que se construyera una plataforma de nivelación que tiene sillares en sus paramentos vistos. Su planta rectangular de unas dimensiones de 7,75 m x 6,45 m y con un grosor de muros de 1,75 m, y 8 m de altura.

Su fábrica es de mampostería, de piedras grandes formando hiladas unidas con mortero de cal y agua, en sus esquinas presenta sillares labrados, hasta una altura de unos 6 m. La zona más alta está construida en tapial de piedra y arena, conservándose aun algún enlucido rojizo.

En la cara sur en la actualidad hay una puerta que es de suponer que fuera hecha con posterioridad a su fecha de construcción, y dos ventanas una de ellas dintelada en la parte superior izquierda, y otra pequeña con un arco de medio punto de ladrillo. El enlucido que aquí existe es diverso, pues forma vitolas, es liso, y además en otras partes marca sillares con un encintado.

En otra de sus caras se ven huellas de los mechinales de tapial. En su primera parte marca la diferencia con el cuerpo de mampostería. Tiene una ventana hecha en el tapial. El interior a simple vista da muestras de la existencia de un aljibe al emerger restos que parecen ser los arcos de una bóveda de un antiguo aljibe.

Con referencia a la existencia de edificios fabriles, se pueden ver como en estos pueblos poseían sus propios molinos para la transformación de sus productos, principalmente la harina y el aceite. Estos solían ser movidos por la fuerza del agua o por el tiro de animales en cuyos casos eran denominados molino de agua o molino de sangre respectivamente.

La alquería de las Albuñuelas era el pueblo con más habitantes de la zona como lo atestiguan las estadísticas de 1787 en el Censo de Floridablanca y con éste alto nivel de población se mantuvo en el siglo siguiente. Sus molinos a mediados del s. XVII según nos relata el Marqués de la Ensenada140, eran bastante abundantes, de esta forma nos dice que existían. 3 de aceite, 3 de harina y un batán que no ha llegado hasta nosotros al ser destruido por una riada del río.

Así se localizan distintos edificios como muestra de su importancia dentro de la comarca del Valle, como el molino de aceite movido por la fuerza de animales que se le conoce como de Pepito Fernández. La prensa era de viga arábiga del mismo estilo que el de Nigüelas.

La acequia de agua aún pasa por debajo de la casa en busca de las fincas. El gran desnivel que ofrece todo el barrio daba la posibilidad de crear buenos saltos como éste para que pudiera mover cualquier rueda. Quizás fuera uno de los molinos que el Marqués de Ensenada cita en el Catastro de 1752.141

El caso de Albuñuelas, es paradigmático en cuanto a que representa una de las mejores plasmaciones del urbanismo de estos edificios fabriles, ya que en los márgenes del río se encuentran diversos molinos como el conocido como el Molino Bajo situado junto a las Cuevas y que utiliza el agua de fuerza motriz, a parte están el Molino de los Fondas, el de los Úbedas y el de Fajardo

Igualmente se cree que entre el Molino de los Úbedas y el de los Fondas, se podría encontrar el Batán del que habla el Marqués de la Ensenada en 1752.  Éste era un molino dedicado a la obtención de paño, que según datos posteriores se lo terminó llevando el río.

Este río es propenso a grandes avenidas, piénsese que también se llevó el antiguo molino de abajo y hay datos donde nos recuerda que en una de sus crecidas terminó con medio Saleres, el pueblo vecino, situado aguas abajo.

En la Sierra de las Albuñuelas y hasta los años 50-60 del reciente s. XX se estuvieron explotando una serie de minas de varios materiales entre ellos volframio y plomo. El material se bajaba a lavarlo hasta el Molino de Aurelio o de los Úbeda por medio de mulos.

En relación a las parroquias de esta población hay que destacar que la primera iglesia que se edificó en las Albuñuelas se empezó a levantar sobre el año 1533 y siguientes, diseñada con tres naves separadas con arcos sobre pilares, aunque al inicio de las revueltas de los moriscos fue quemada en parte.

No debió atenderse bien entonces su reparación, lo que unido a la debilidad de sus muros de blando tapial y ladrillo motivó que a principios del s. XVII fuera necesario el realizar múltiples reparos. Estos empezaron a realizarse en 1603, continuando en años sucesivos hasta el año 1617, según indicaciones de Ambrosio de Vico, el cual realizó el dibujó de la planta y un alzado lateral para servir de modelo en la reconstrucción del muro norte, a través de los cuales se puede recuperar la morfología original de este templo. A pesar de estas reparaciones el templo debía estar bastante dañado pues al poco tiempo se derribó entero por amenazar ruina.

En los años siguientes se procedió a levantar una segunda iglesia de la que a principios de este siglo solo se conservaba la torre y parte de los muros. La iglesia del convento, que es la parroquial actual, fue construida aproximadamente en 1726 y es de obra sencilla pero bien proporcionada, de una nave, con capillas laterales, cubierta con bóveda de cañón, crucero con cúpula y la capilla mayor con amplio camarín. Posee obras de interés como el retablo mayor con la Virgen de las Angustias del estilo de Vera Moreno, y otros retablos y esculturas de escuela granadina del s. XVIII. En este siglo se renovó su pintura interior, de encintados, produciendo una impresión armoniosa dentro de su simplicidad

También existe una ermita en el Barrio Bajo con el mismo nombre de la plaza en la que se ubica de San Sebastián. Es un edificio de gran sencillez, de planta rectangular, cubiertas a dos aguas de teja árabe y exterior blanqueado.

A pesar de no conocer con exactitud su fecha de construcción, nos encontramos en los archivos una serie de menciones a la ermita desde el s. XVII. La primera fecha, es la del 6 de Octubre de 1646, en esa fecha se habla de la “Hermita de San Sebastián, situada en el Barrio Bajo”