Sacado de Los Habices de las iglesias del Valle de Lecrín de Lorenzo Luís Padilla Mellado
Su nombre deriva del topónimo árabe qryat mundūšar.
( مندوشر )
Es versión de otro anterior, no sabiendo que puede significar.
El geógrafo Idrisi dice en el siglo XII que Mondújar era un manzil o parador donde los viajeros podían adquirir pescado y alimentos en sus viajes
El Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal del Doctor Don Sebastián de Miñano y Bedoya, describe esta localidad de esta manera: “MONDÚJAR, Lugar Realengo de España, provincia arzobispado de Granada, partido del Valle. Alcalde Pedáneo, 104 vecinos, 500 habitantes, 1 parroquia que tiene por anejas las de Talará y Acequias. El nombre de este lugar es de origen arábigo. Situado á la falda de Sierra Nevada, de quien recibe muchas y buenas aguas con que riega su corto, término. También se coge trigo, habas, cebada, centeno, vino, lino y maíz.
Como en los demás pueblos del Valle para Mondújar, Madoz nos hace también una descripción bastante precisa y extensa de esta localidad. Su entramado urbanístico se compone de 96 casas, tiene un castillo ruinoso que es obra de moros, al que llaman el Castillejo. La iglesia parroquial con advocación a la Encarnación es curato de segundo ascenso, del que dependen los anejos de Acequias y Talará. Se cría ganado lanar, cabrío y vacuno y no falla la caza. La industria agrícola es la principal, posee tres molinos de aceite, cuyo artículo se exporta, importándose telas para el vestido y algunos comestibles.
No se tiene muchas noticias de asentamiento humano por las fuentes escritas, pero la arqueología ha puesto al descubierto diversos yacimientos de importancia, entre los que sobresale la villa romana excavada parcialmente en Mondújar en agosto de 1983.
Antes de la conquista castellana este lugar era una alquería del Valle de Lecrín (Alaclín o Valle de la Alegría), donde se pueden ver pequeños vestigios de muros pertenecientes al castillo, situado en esta zona un poco apartado del centro urbano a una media legua. Existen documentos que si citan varios parajes en su término, como la acequia de Farreyra, el Hauz Padequeyra, y numerosos pagos como el del Pedrichal o Feche y un aljibe denominado del Pedrichal.
Hasta la expulsión de los moriscos en esta población como muchas del Valle y de la Alpujarra tuvo una gran importancia la producción de seda, dedicándose muchos vecinos de estas alquerías a estos menesteres. Así nos lo confirma un documento del Archivo de la Alhambra en el que nos refiere como en 1557 dos hermanos moriscos, Antón y Francisco del Castillo, vecinos de Mondújar en el Valle de Lecrín, fueron detenidos por el Capitán General como sospechosos de ser tránsfugas y alegaron en su defensa que habían salido de su pueblo para buscar trabajo en Murcia y añadieron “es cosa muy ordinaria .... que los moriscos de este reino de Granada se acostumbran y suelen ir al reino de Murcia al tiempo de criar e hilar la seda y estarse allí y ganar la vida”. Como vemos ya por estos años la ocupación en el cultivo de la seda había disminuido, obligando a desplazarse a otros lugares de España por la falta de trabajo en Granada.
Por lo que vemos el trabajo relacionado con la seda empezó a decaer antes del comienzo de la rebelión morisca de 1568, decayendo la calidad de la seda, ocasionado por mezclarla con otras sedas de inferior calidad traídas de Murcia, el aumento de los impuestos y para poner fin la remató la rebelión y expulsión de los moriscos, ya que la mayoría de los que se empleaban en esta industria sedera eran moriscos. Como afirmaba Carande “hay efectivamente razones para creer, que el odio promotor de la insurrección de los moriscos fue inspirado, entre otras muchas razones, por algo más material que meras divergencias confesionales"
La alquería de Mondújar tuvo gran importancia en la etapa musulmana, ya que en este lugar los reyes tuvieron bastantes propiedades que les proporcionaban grandes ingresos. Tras la entrega de Granada y la marcha de Boabdil hacia las tierras de Almería, antes de abandonar Granada, exhumo los restos de los monarcas que estaban enterrados en el rauda de la Alhambra y los volvió a enterrar en la rauda de Mondújar. Por lo que de aquí se puede sacar el aprecio e importancia que los reyes tenían por esta población.
Mondújar adquirió importancia en la moderna historiografía con motivo del artículo publicado por de Manuel Gómez Moreno cuando estudió el cementerio real de los nazaríes de esta localidad. Recientemente se ha excavado un cementerio al intervenir en los terrenos por donde discurre la moderna autovía de la Costa.
Nuevas noticias encontradas en los documentos de Bienes Habices de la Mezquita y Rābitas del lugar, las contenidas en el Libro de Apeo y Repartimiento de la localidad y otros documentos como el que es motivo de este trabajo de doctorado, nos van a permitir profundizar en algunas estructuras urbanas y rurales de los diferentes núcleos de población del Valle, corno son los centros religiosos, cementerios, hornos, calles y barrios, ayudándonos a conocer mejor el entramado urbano, sus principales ocupaciones agrarias y el conocimiento de las relaciones internas establecidas entre sí mismas, como su vida cotidiana .
Los Bienes Habices de la Iglesia de Mondújar los poseía Pedro de Zafra, doña Guiomar de Acuña, su mujer y sus hijos. Entre los bienes habices de la mezquita se encontraban los que pertenecieron a la reina mora, esposa de Boabdil, que murió en Andarax y fue enterrada en Mondújar. Pedro de Zafra se apoderó de estos bienes según nos relatan una serie de testigos. Las rentas que valían estos bienes sumaban 55 pesantes o 1.650 maravedíes. El alguacil y vecino de Mondújar, Fernando Audulbirí, dice que conoció muy bien a don Pedro y a doña Guiomar, pues se habían visitado y comido juntos. Respecto a los habices pertenecieron a la madre de la reina mora y cuando falleció pasaron a la reina.
Estos datos los sabe porque su padre había sido Mayordomo de la Reina y los poseyó más de treinta años antes de morir en Andarax. A la muerte de la reina y por su voluntad sus bienes se partieron en tres partes.
La mitad de todos ellos fueron para la mezquita y pasaron a la iglesia del lugar. La otra mitad a su vez se partió en otras dos, la cuarta parte de todo para el alfaquí de la mezquita con obligación de rezar la Qala sobre la sepultura de la reina dos veces en semana. El resto de los bienes quedaban para Hamet Aziguy, Helil Azogayar y Mahomat Almeyres que cuidarían y labrarían los bienes. Acudirían con los frutos y rentas de los habices a la mezquita y al alfaquí, la mitad para la mezquita, un cuarto para el alfaquí y el otro cuarto para ellos.
Esta partición la hizo Mahomad Mocatil, vecino de Granada y mayordomo de la reina, ante Boabdil y otras personas. Pedro de Zafra se apoderó de todos estos bienes antes de la sublevación de los moriscos de Lanjarón valiéndose de las influencias de su hermano y secretario del rey don Fernando de Zafra.
Isabel Nihiriza declaró que la reina al morir dejó ordenado en su testamento y en una carta que ella había visto y tuvo en su poder que sus bienes se partiesen y una parte de ellos para el alfaquí porque rezara sobre su sepultura y la de los otros reyes allí sepultados. Pedro de Zafra se había apoderado de los bienes poco después de la partición. Teniendo la carta ella y su marido llamado Almeyres, Pedro de Zafra se la pedía y los amenazaba con matarlos. Mahomad Almeyres viendo esto llevó la carta al Pequení y éste le dijo que si Pedro de Zafra se la solicitaba le dijera que se la pidiera a él, ya no volvió a pedirla.
Otro de los testigos declaró que antes de morir la reina había comprado cuatro hazas a uno de sus mayordomos llamado Mahoma Mofatel, en el lugar de Haratalaráb (Talara) compró tres y otra en Mondújar, de las que se hizo la correspondiente carta de venta. Pedro de Zafra pidió la carta estando acompañado por el alguacil de Mondújar y el testigo se la dio al poco de morir y ser enterrada la reina. Un testigo que fue el administrador de estos bienes Mahomad al-Mayriz, estaba presente cuando se realizó el reparto entre la mezquita, el alfaquí y los mayordomos o encargados del cultivo de las fincas y árboles.
Cuando se produjo el Apeo General de los habices de las Iglesias de la Vega de Granada se hicieron también los del Valle de Lecrín. El Libro de Apeo de Mondújar se empezó el día 24 de marzo de 1547 en el dicho lugar ante el escribano y testigos comparecieron el Beneficiado Jusepe de Herrera y Diego Suárez, que actuaron en nombre de las iglesias, para que el escribano lea y notifique el Mandamiento del señor Corregidor al Alguacil y Regidores del lugar. Presentaron un poder para que todo aquello se realizara sin problemas. Actuaron de testigos Gonzalo Delgadillo y Pedro de Aguilar. El escribano procedió a dar a conocer a las justicias de la alquería el mandamiento del Corregidor. Sabemos por este documento que el alguacil de Mondújar se llamaba Francisco de Baeza Abdurrahahi y el regidor Lorenzo del Castillo. El Alguacil y el Regidor expresaron que querían nombrar como apeadores de los bienes habices de la iglesia de Mondújar a Domingo de España argumentando que “es viejo, e se acuerda de tiempo de moros” y a Lorenzo Azayra. Además el alguacil dijo que nombraba al regidor Lorenzo del Castillo. Todos ellos fueron informados por el escribano y expresaron que estaban dispuestos a realizar el trabajo pagándoselo. El escribano tornó juramento a cada uno de ellos de acuerdo al derecho de la época y ellos prometieron declarar las posesiones de la iglesia sin encubrir ninguna de ellas tanto dentro como fuera del término de Mondújar. A continuación se ordena al pregonero Pedro de Aguilar que dé a conocer a los vecinos de la alquería que se va a realizar el Apeo de los Bienes Habices para que asistan y especifiquen si alguno tiene derechos sobre aquellos bienes. Hizo de intérprete del pregón Gonzalo Delgadillo y tradujo el mandamiento del Corregidor. Una vez solucionados los trámites y firmados los documentos se procede al amojonamiento y apeo de los habices realizado por Lorenzo Azara, Lorenzo del Castillo y la parte de la iglesia.
El 13 de junio de 1572 estando en Talará el juez Jusepe Machuca y el escribano Antonio Pérez solicitan que parezca ante ellos Domingo de Zafra, vecino de Mondújar, y declare los bienes que tienen los moriscos acensuados de la iglesia del lugar. Tras describir una serie de bienes con su extensión, ubicación y linderos, dijo que las tenía arrendadas Miguel de Ronda, morisco, aunque no sabía el precio que pagaba por ellas aunque había escuchado que eran 20 ducados. Los otros habices los tenían Gonzalo Delgadillo y Antón Morato, cristianos viejos.
A continuación Domingo de Zafra hace una descripción de los habices del rey pero no nos dice quien los tenía arrendados ni el precio que entregaban por ellos. Si lo hace con los bienes de la iglesia que los poseía Antón Morato o Morata. El 13 de junio de 1572 en Talará apareció Gonzalo Delgadillo y declara ante el juez que él y sus hermanos Antonio Delgadillo y Juan de Padilla tienen una serie de bienes que describe. Los habían heredado de sus abuelos Pedro Delgadillo e Inés García pues pasaron a su madre Ana de Padilla el 15 de noviembre de 1560 en Mondújar ante el escribano Alonso Ruiz. Además se presentó una carta de Pedro Delgadillo donde estaban todos los habices que fueron leídos a Domingo de Zafra y expresa que conocía todos los bienes allí especificados. Se traslada la carta de fecha de 24 de marzo de 1547, sobre ella se van describiendo los habices de los que hemos sacado estas notas.
En lo que concierne al Castillo después de la reconquista a mediados del s. XVI se discutió si convendría sostenerla y dotarla de guarnición militar o proceder a su destrucción y derribo, pero aunque se reconoció su importancia por su situación, prevaleció lo segundo, y poco después de algunos años ya estaba derrocado y derruido muchos de sus muros. Se encuentra situado a unos dos kilómetros de la población de Mondújar, en un cerro llamado del “Castillejo” a unos 900 m. de altitud.
De esta fortaleza perduran importantes restos, que se adaptan a la topografía del terreno. Se conserva el acceso al castillo, formado por una puerta en doble recodo, en rampa y en el interior una torre de planta trapezoidal situada en el ángulo NE del recinto, estando la entrada y salida orientadas al Oeste. Dicha torre por lo que se precia se disponía en dos plantas y una terraza, siendo la anchura de sus muros de 1,45m a 1,65m. En su parte alta se conserva restos del parapeto, quizás almenado. En el interior se aprecian restos de cinco troneras abocinadas, existiendo otras dos en el muro que cierran la fortaleza por el E.
La planta del castillo es de forma poligonal irregular adaptándose a las condiciones del terreno. Se conserva un posible acceso al castillo, se trata de una puerta con doble recodo, en rampa, en el interior de una torre de planta trapezoidal situada en el ángulo noreste, sin que se pueda precisar si fue la entrada original.
Tiene un gran aljibe situado en la parte exterior del recinto, es de planta rectangular con dimensiones de 7’50 x 4’80 m., conserva restos de construcción alrededor que permiten pensar que es abovedado, presenta escasos restos de enlucido rojo. Este aljibe comunicaba mediante un arquillo de medio punto apuntado de tosca factura y a través de una rampa con el interior del castillo, posiblemente para la conducción de las aguas. Por debajo de la planta del castillo se constata la presencia de otro aljibe, este abovedado, ambos nos dan cuenta de la importancia que tuvo este baluarte.
En relación a los edificios fabriles que encontramos en Mondújar, existen algunos molinos y almazara para moler la aceituna a los que sus vecinos llevan la cosecha para hacerse del aceite de consumo y comerciar los excedentes con otras poblaciones del Valle o de Granada. Uno de estos molinos es el que llaman Molino de Mondújar, situado en en pleno casco urbano y cercano a la Iglesia. Éste es una de las joyas de la comarca del Valle, que aún supervive para mostrarnos el nivel de ingeniería tecnológica en la transformación del aceite de estos pasados siglos.
Fue restaurado en el pasado año 2005 y abrió sus puertas como exposición permanente en el 2006 convirtiéndose en un molino museo, que aparte de mostrar los artilugios específicos del aceite, albergará en sus naves una serie de exposiciones de diferentes temas que irán cambiando a lo largo del año. Es de los denominados "molinos de torre" como el de otra población cercana, Acequias, pero con la diferencia de que, éste está totalmente restaurado. El de Acequias hay iniciativa por parte del Ayuntamiento de empezar a restaurarlo y ponerlo en valor.
El armazón de madera que posee es quizás uno de sus máximas tesoros. Se compone de una serie de tablones de madera que entrelazan y forman el tejado, unidos por unas potentes vigas que dan a la nave principal un aire vistoso e impresionante. La torre es una de sus principales características, que termina compitiendo, en cierto modo, con la de la iglesia, al estar los dos edificios algo juntos. El sistema de prensado con torre puede que se hiciera al principio, pero más tarde fue abandonado por otros más usuales. El interior de la torre posee una techumbre con una serie de largueros a su alrededor que sirven para constituir la torre y para apoyar las posibles pesas de prensado
Tras el pequeño muro de unos 40 cm. que se observa al rodea el patio estaban los atrojes, donde se vertía la aceituna recién traída del campo. Todo el patio, tras el pequeño muro citado se situaban estos trojes los cuales se pueden distinguir hoy en día por una serie de líneas de ladrillos que se han dejado. En la parte de la derecha que pega al edificio del molino en vez de trojes había un par de jamileras. En el suelo y en primer plano hay dos pequeños agujeros donde iban dos largueros perpendiculares de madera, que hacían de punto central de la balanza que, en sí, era la gran viga. A la izquierda unas tinajas incrustadas con unas pequeñas paredes, pero por encima del suelo
Otro de estos molinos es el conocido como el Molinillo. Es un antiguo molino de harina situado en las cercanías de Mondújar. Tan sólo quedan restos del pozo desde donde se producía el salto del agua. Ya el nombre lo dice y podría ser que no fuera de pequeñas dimensiones.
En una de las escrituras de censo de la Iglesia se menciona el que pudiera ser este molino de Mondújar. “En el Pago del Feche. Una haza de un marxal o más, que alinda por una parte con el camino que va al Molino del dicho lugar del azeyte y por otro lado el Carril que va a la Yglesia, por otras dos partes con tierras de Juan González que la a poseydo Domingo López, vezino del Chite y agora Juan González Perpite.” Este molino no lo poseía la Iglesia ya que no se describe ninguno de estos por el escribano en ninguno de los memoriales y escrituras de censo que se han trascrito del lugar de Mondújar
La iglesia de Mondújar es del s. XVI, su fábrica es de estilo mudéjar, construida de piedra caliza extraída de la cercana población de Cónchar y la armadura interior hecha en madera de pino de que se trajo de las Albuñuelas.
La iglesia se construyo sobre la antigua mezquita. En 1501 Mondújar fue adscrito como anejo a la parroquia de Béznar. En 1565 se proyectaba hacer una iglesia nueva en Mondújar con un coste de más de un millón de maravedíes. Cuando estallo la rebelión de los moriscos la estaban levantando el Albañil maestre Alonso, el carpintero Juan de Robles y el cantero Pedro Gómez de Fuenfría. En un informe de los daños causados por los rebeldes moriscos se decía: “La Iglesia de Mondújar que se estaba edificando, quemaron la madera labrada y la por labrar y maltrataron todo el edificio. Pasada y sofocada la rebelión se prosiguió la obra a cargo del mismo cantero Pedro Gómez, del albañil Juan Alonso Jiménez y del carpintero Francisco Hernández”. Posteriormente tuvo pila bautismal desde antes de 1587. Alrededor de la iglesia hay un pórtico construido en 1857 por el párroco de entonces. En él hay adosadas dos restos de antiguas bases de columnas musulmanas, posiblemente procedentes de la antigua mezquita. Aunque están algo disfrazadas por los constantes encalamientos que han recibido.
El artesonado está hecho en par y nudillo, con todo el almizate apeinazado en lazo de ocho, característico de muchos artesonados de las Iglesias del Valle. Las tirantes son dobles apeándose sobre canes de cartela. Todo el artesonado fue restaurado en los años ochenta del siglo XX de forma exacta al original. Son interesantes las portadas: la lateral, muy sencilla y elegante, con tondo y aletas es de influencia de Diego de Siloé y la principal es obra del último tercio. Es de una sola nave, de planta rectangular y cabecera plana (28 x 8 x 50 m), cubierta en toda su superficie por armadura mudéjar de madera en su color, de las llamadas de limas mahomares, con almizate estrellado, seis tirantes transversales y uno en cada rincón del rectángulo.
Hay también a los pies un pequeño coro, montado sobre el cancel de entrada. En los parámetros exteriores alterna el sillarejo y el ladrillo, y posee dos accesos, uno a los pies de la iglesia, y otro en el muro de la Epístola. Con vanos de medio punto, frontones curvados y adornos barrocos adosado al citado plano rectangular, y en el extremo izquierdo de su pie, alzase la torre-campanario de planta rectangular y tres cuerpos embebidos, cubierta a cuatro aguas y vanos dobles sobre alfiz, en cada una de las caras del cuerpo superior, no así en las dos inferiores, que solo presentan un vano, rectangular, en su pie frontal, con paños geométricos a los lados. Los bajos de la torre albergan la Capilla Bautismal, abovedada y de nervios, con arco de medio punto en su acceso desde la nave de la iglesia.