Fortificaciones defensivas

La práctica totalidad de los pueblos del Valle de Lecrín, incluyendo los desaparecidos, fueron alquerías o barrios integrados en entornos agrícolas irrigados y defendidos por fuertes o castillejos de mayor o menor envergadura. Según Ibn Hayyán (al-Muqtabis III), durante las luchas del s. IX había un hisn Niwal_, castillo o fuerte de Nigüelas, en la Cora de Elb_ra, posiblemente "el castillejo" que se encuentra junto a Tablate.

Ibn al-Abbar (al-Takmila) retoma, en el s. XII, el nombre de Niwal_, diciendo que pertenecía al `amal o distrito de Bagu Garnata, con lo que Nigüelas aparece ya en calidad de alquería diferenciada y no como simple fortín. En Nigüelas, cuya población fue muy notable en época musulmana, como indicaremos más adelante, se conservan, además, los restos de un interesante molino de época musulmana y una torre de mampostería y ladrillo nazarí (en la calle Purgatorio), que pudo ser el alminar de una mezquita o una torre defensiva, similar a la Torre del Tío Vayo conservada en el casco urbano de Albuñuelas, que resultó bastante afectada por el gran terremoto de 1884.

A parte de viviendas, cementerios y sistemas de regadío, los restos arqueológicos más llamativos del Valle de Lecrín en época islámica son las diversas construcciones defensivas que lo pueblan.

Entre las edificaciones defensivas más antiguas del Valle hemos de mencionar al Castillo de Murchas o de Lojuela, que consta de una torre central asomada a un pronunciado escarpado sobre el río y de un cinturón de muralla adaptado a las variaciones de nivel del terreno; en su suelo se hallaron, además de fragmentos de cerámica musulmana, restos de cerámica romana e ibérica, que sugieren la antigua población del lugar, observada también por el profesor Antonio Malpica Cuello.

En Dúrcal se conservan otros dos baluartes defensivos de época musulmana:

El Fuerte de "Máhina" o "Márgena", del que queda en pie únicamente la esquina de un edificio o amurallamiento de 10 m. de altura y 4 m. de base, que pudo pertenecer al "barrio de Márjena" mencionado en el Libro de Apeo y Repartimiento de Dúrcal (f. s. XVI) y en la célebre Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada del gran historiador granadino al servicio de los Austrias, Luis del Mármol Carvajal (s. XVI), quien sitúa en este barrio una de las muchas escaramuzas de la guerra de expulsión de los moriscos, escaramuza en la que se produjeron bajas por ambos bandos, aunque finalizó con la victoria final de las tropas castellanas acantonadas en Padul preparando su avance hacia las Alpujarras.

El Peñón de los Moros, posiblemente de época nazarí a juzgar por la cerámica en él encontrada; se trata de un isn o fortín con aljibe, torre y pasadizo que desciende hasta el río. Esta fortaleza dominaba una vasta extensión del Valle de Lecrín y el paso medio del río Dúrcal.

En el corazón del Valle se erige, por otra parte, el célebre Castillo de Mondújar, que, colgado sobre en un elevado escarpe, conserva restos de un aljive extramuros, poterna, saeteras y angostos adarves.

No está demás recordar que en la alquería de Mondújar tenía propiedades la madre de Boabdil y que allí estableció el último soberano musulmán de la Península el cementerio real antes de partir para el exilio, dejando en la mezquita de la localidad una renta a perpetuidad (waqf) para el mantenimiento de las tumbas de su familia; los vencedores tomaron más tarde dicha renta para transformar la mezquita en iglesia.

Junto a Mondújar se halla, como sabemos, la población de Talará, que fue conocida por los cristianos con el nombre de Harat Alarab o Haratalarab, clara transliteración del original árabe cuyo significado es Barrio de árabes, lo que pudiera indicar la existencia de en dicho lugar del asentamiento de alguna familia o grupo de habitantes de dicha etnia.

El castillo de Restábal, probablemente de época nazarí, vigilaba un importante enclave estratégico en la comunicación desde la Costa y los Guájares hacia el interior del Valle.

A juicio de Antonio Malpica Cuello, debió de tener al menos dos torres, y se mantienen los restos de un gran aljibe de bóveda de medio cañón sustentada por arcos de herradura. En época ya cristiana, el Conde de Tendilla (s. XVI) construyó la torre de la Venta de la Cebada para proteger esta importante vía de comunicación de antaño.

La población de Lanjarón también contó con una imponente fortaleza para su defensa y vigilancia de los accesos desde la Costa y el Valle de Lecrín hacia la Alpujarra.

Tuvo como alcaides a Juan de Baeza, en 1500, al que sucedió su hijo Juan Contreras. Mármol Carvajal narra cómo en el asalto definitivo que lanzaron las tropas castellanas a finales del s. XVI a las Alpujarras, los moriscos de la zona se hicieron fuertes en este castillo comandado por un jefe de raza negra, si bien las tropas castellanas optaron por continuar su avance sin preocuparse por este refugio; este episodio demuestra que, con el uso de la artillería por parte de las fuerzas castellanas, las tradicionales fortificaciones musulmanas perdieron definitivamente su función defensiva durante las guerras de expulsión de los moriscos a finales del s. XVI.

El castillo de Lanjarón se eleva en una inexpugnable roca de gran altura y está formado por un recinto exterior con pequeños lienzos de muralla y un bastión de planta cuadrada intramuros, además de de aljibes o habitaciones abovedadas, todo lo cual está construido con técnicas de tapial y refuerzos de cantería en las esquinas, como suele ser habitual en la arquitectura militar nazarí y en la mayoría de las fortificaciones del Valle de Lecrín.

El sistema defensivo del Valle de Lecrín fue reforzado, además, con una serie de atalayas como la de Cónchar y la del Marchal, esta última cerca de Albuñuelas; ambas torres son de planta circular, carecen de vanos y gozan de un inmenso campo visual que enlazam con otras de las diversas fortificaciones que como una red se reparten por todo el Valle de Lecrín.

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