A Rogelio Vigil de Quiñones se la da un homenaje en Talará (Lecrín) el 14 de diciembre de 2015. Los siguientes datos son sacados de la revista "El Senado" de la Universidad de Granada
Baler, 120 años después de los últimos de Filipinas. Homenaje del ejército
filipino a la salida de la iglesia de Baler en el 120 aniversario de la gesta.
30 de junio 2019
Guirao, M.*, Leiva, M.*‘, Girón, F.* y Martín, F.***
*Profesores Universidad de Granada, “Suboficial mayor, Ejército de Tierra.
*** Licenciado en Geografía e Historia.
Los tres primeros autores han sido miembros del Comité Científico Exposición Sanidad Militar "Historia y aportación a la ciencia", Granada, Parque de las Ciencias, 2014-15.
Rogelio Vigil de Quiñones, a quien con todo derecho podemos calificar como el último médico del Imperio español, creemos que no es una figura excesivamente conocida entre los granadinos. Y, sin embargo, creció y se formó en la ciudad de la Alhambra y ejerció la medicina no muy lejos de la capital, en el granadino Valle de Lecrín. Por eso hemos creído importante traerlo hoy a estas páginas de El Senado, para mejor conocimiento de su figura y sus hechos.
Rogelio Arturo Enrique Manuel de la Santísima Trinidad Vigil de Quiñones y Alfaro nació a las 9 de la noche del 1 de enero de 1862, en la calle nueva nº 6 de Marbella1. Fue bautizado en la iglesia de la Encarnación y era hijo de Josefa Alfaro Vicente y Francisco Vigil de Quiñones y Diez de Oñate2, por aquel entonces capitán, destinado en el Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta. La familia la completaban otros cuatro hermanos: Francisco, más tarde capitán del Cuerpo de Sanidad Militar; Alfonso, que sería abogado3, Carlos, notario, y la única mujer, Dolores4
Su familia se trasladó a Granada en 1874, domiciliándose en Campanas de Santo Domingo, junto al abuelo y las tías paternas que vivían en la misma calle desde 1858. Este traslado facilitó los estudios de los Vigil de Quiñones-Alfaro. Rogelio cursó el bachillerato entre 1875 y 1878 en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en el actual Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago. Sus notas fueron extraordinarias, obteniendo sobresaliente en todas las asignaturas y premio en Latín y Castellano, primer curso; Historia de España; Psicología, Lógica y Ética; Aritmética y Álgebra y Física y Química. Obtuvo el premio extraordinario en la sección de letras en 18795 .
Como vemos en su expediente universitario, en octubre de 1879, Rogelio empieza sus estudios de Medicina en la facultad granadina acabándolos en 1886. Le había precedido en ello su hermano Francisco, nacido en Valencia en 1858, que los comenzó en 1873, obteniendo el grado de licenciado en septiembre de 1878.
Por aquel entonces el edificio de la Facultad estaba situado en un pequeño espacio adosado al segundo patio del Hospital provincial, el antiguo Hospital de San Juan de Dios. Las asignaturas que debió aprobar en primero fueron las de Química general, Física Experimental, Anatomía Humana 1er curso y Disección 1er curso. En el segundo Anatomía y Disección, Fisiología e Higiene privada. Algunos de sus profesores fueron Antonio García Carrera (1833-1802) en Anatomía; en Disección, muy probablemente, Federico Olóriz Aguilera (1855-1912); en Fisiología tuvo a Federico Gutiérrez Jiménez (1849-1925). En tercero cursó Zoología general, Mineralogía y Botánica, Patología General y Terapéutica. Sus maestros más destacados fueron en Patología general Eduardo García Solá (1845-1922) y en Terapéutica Benito Hernando Espinosa (1846-1916). En las denominadas asignaturas clínicas, acudió a las clases de Antonio Velázquez de Castro y Fosati (1840-1914) en Patología y Clínica Médica a José Godoy y Rico (1851-1895) en Patología y Clínica Quirúrgicas; en Obstetricia a Arturo Perales Gutiérrez (1846-1906) en Medicina Legal a Eduardo del Castillo Lechaga (1836- 1912) y en Higiene Pública a Rafael Branchat y Bime-Prida (1845-1897)6 .
Corresponde esta etapa de la Facultad de Medicina de Granada a una época dorada, en la que muchos de sus profesores fueron auténticos maestros. Baste decir que Federico Gutiérrez más tarde sería rector de la Universidad; Olóriz destacó sobremanera en el campo de la Antropología, especialmente la forense con su "Método Olóriz" para la identificación por las huellas dactilares; García Solá, discípulo de Maestre de San Juan, fue un eminente histólogo, émulo de Cajal y también un destacado estudioso del cólera de 1885; Benito Hernando fue un gran conocedor de la enfermedad de la lepra, responsable de que Niessen y Virchow acudiesen a Granada a estudiarla. Castillo Lechaga fue un gran propulsor de la Medicina Legal española.
No fue Rogelio un estudiante excesivamente destacado, pero cumplió como bueno. En su expediente vemos que repitió el tercer curso y en junio de 1885 no se presentó a asignatura alguna. Las superó todas en septiembre. Sin duda pudo tener algún problema personal o familiar que le impidiese hacerlo. Curiosamente, a su hermano Francisco le sucedió algo similar en el curso 1876-777 .
Terminada la carrera de medicina en 1886, Rogelio Vigil se instaló como médico en Talará, pequeña población del Valle de Lecrín de Granada. El municipio estaba formado entonces por Talará y su anejo Chite, y entre ambas reunían una población de aproximadamente 920 habitantes; también debió atender a los vecinos de Mondújar y Acequias con 564 y 280 habitantes. Vivían de la agricultura, la ganadería y la silvicultura, amén de las posadas y ventas en la carretera de la Alpujarra y de la Costa; también había algunos molinos harineros8. Así mismo, existían abundantes parras, aunque la filoxera dañará en 1889 los viñedos hasta casi hacerlos desaparecer.
Por poco no le tocó asistir a los damnificados del terremoto de la Navidad de 1884, así como a los pacientes de la epidemia de cólera que afectó Talará en el verano de 1885 y que afectó a 63 personas y causó 13 víctimas mortales. Y es que las condiciones sanitarias del pueblo, a juicio de los contemporáneos, no eran las ideales. Por ejemplo, el cementerio se encontraba en el interior de la población, muy próximo al mercado, los aljibes y la iglesia9. Como consecuencia del cólera Rogelio Vigil impuso la limpieza de los aljibes municipales, pensando que el mal estado de las aguas podrían influir en las epidemias.
En los once años que permanece allí se encargará de asistir a todo tipo de pacientes médico-quirúrgicos: heridas por mordeduras de animales, lesionados por hundimientos de casas, afectados por una epidemia de viruela o de sarampión, heridas por arma blanca producto de reyertas y agresiones, etc10. Todo ello le servirá de práctica para su actuación médica posterior en el reducto de Baler. Junto con el dolor ajeno, el propio. Le cupo ver allí morir a su padre, en 1887 "a consecuencia de un ataque epiléptico".
A partir de 1895 Rogelio Vigil, como médico responsable de evaluar los posibles soldados procedentes de los pueblos a su cargo, será consciente de las numerosas incorporaciones forzosas para la guerra de Cuba11 . Ello pudo mover sobremanera su ánimo para tomar la decisión que sin duda cambiará su vida: alistarse como médico militar y viajar a los confines del ya exiguo Imperio Español.
A mediados 1897 se alista voluntario como teniente médico provisional12 , siendo, por Real Orden de 1 de octubre de 1897, destinado a Filipinas. Se ha dicho, que la causa de su alistamiento se debió a un desengaño amoroso en Talará. No estamos en condiciones de afirmar o negar que esto fuera así, pero nos parece más propio señalar otras circunstancias: el ambiente de reclutamiento general en el que se vivía y la muerte de su hermano Francisco. Éste, fue médico militar, que había ingresado en la Academia de Sanidad en 1879. Entre otros destinos estuvo en la Fábrica de Pólvora de Granada y en noviembre de 1885 fue destinado por sorteo a Cuba, prestando servicio en el Hospital de La Habana. Allí fallecería el 16 de septiembre de 1892 a causa de una hemoptisis fulminante. Francisco, que había ayudado a costear los estudios de Rogelio, y éste lo haría con sus hermanos menores13 .
Sea como fuere, el 4 de diciembre de 1897, embarca en Barcelona a bordo del vapor Isla de Mindanao y llega a Manila el 2 de enero de 1898. Acababa de cumplir 36 años. El 18 del mismo mes, se le nombró para el servicio de guardia del Hospital Militar de Malate. Y allí comenzó a entender el giro que iba a dar su experiencia profesional. Veamos lo que dice el Reglamento: Los Oficiales médicos, encargados del servicio de guardia en los hospitales militares, serán los más modernos en la escala de segundos y además de las obligaciones que les prescribe el Reglamento, se instruirán en la legislación del Cuerpo; se ocuparán en operaciones de Anatomía topográfica; se adiestrarán en el cadáver en la Cirugía operatoria, principalmente en ligaduras de arterias, amputaciones; y presenciarán cuantas operaciones quirúrgicas importantes se practiquen en las clínicas del hospital14 .
En los hospitales, el escaso personal se veía sobrepasado por la incidencia de las enfermedades tropicales, cuyas causas en la mayoría de los casos se desconocían y que provocaban un 95% de las bajas: el catarro intestinal, la disentería, el beri-beri y, sobre todo, el paludismo, resultaban especialmente letales. La plantilla de médicos militares en ese tiempo para todo el archipiélago era de 130 médicos, de los que 50 eran, como Vigil, provisionales. Además de los hospitales fijos de Manila y Malate, la red sanitaria se completaba con diferentes hospitales provisionales distribuidos por cada provincia y unas enfermerías de campaña cuya misión era prestar la primera asistencia y evacuar, en su caso, a los heridos y enfermos a los hospitales.
Tras la paz de Biacnabató, se decidió abrir una enfermería en Baler, cabecera del distrito del Príncipe, un pueblecito de la contracosta de Luzón que, entre octubre y enero, había sufrido duros ataques por parte de la insurrección filipina . Para establecer aquella enfermería, con capacidad para diez camas, se designó como director al teniente Vigil, que sería auxiliado por tres sanitarios, dos indígenas y uno europeo. Llegaron el 12 de febrero de 1898, a bordo del vapor Compañía de Filipinas en el que lo hicieron también: 50 soldados de relevo del Batallón de Cazadores Expedicionarios nº 2 al mando de los tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo, el nuevo Comandante Político Militar, el capitán Enrique de Las Morenas y Fossi y el párroco de Baler, Cándido Gómez Carreño, que regresaba después de haber estado prisionero de los insurrectos tagalos.
Casi al mismo tiempo, en Cuba, la explosión del acorazado Maine resultó la excusa perfecta para que los estadounidenses, deseosos de constituir su imperio a costa de los restos del español -en ese mismo año se habían anexionado las islas Hawai- entrasen en guerra con España16 . A partir de entonces los acontecimientos se precipitaron, la guerra se extendió a Filipinas cuando el comodoro Dewey el 1 de mayo hundió la flota española en Cavite. Las horas del Imperio español, estaban contadas. Los filipinos, con la inestimable ayuda de los norteamericanos, reiniciaron las hostilidades17 . En lo que respecta a Baler, a finales de junio quedó aislado e incomunicado. El 27, el pueblo amaneció vacío. En este día y los siguientes desertaron 4 soldados (entre ellos los dos sanitarios indígenas). El día 30, después de un ataque, los españoles se hacen fuertes en la iglesia. No volverían a salir: estaban sitiados.
Sin saberlo, escribirán con letras de oro una de las páginas más brillantes y sorprendentes de la historia militar española, que les convertirá para siempre en "Los Héroes de Baler", "Los últimos de Filipinas". Durante 337 días lucharon contra un enemigo diez veces superior que no dejó de hostilizarles con fuego de fusilería y de cañón. Las condiciones de los sitiados fueron durísimas, épicas en muchos momentos18 . Resistieron sin apenas víveres, extenuados por el constante acoso y enfermos la mayoría. Azorín lo resumió brillantemente en cuatro palabras: "después de Numancia, Baler".
La falta de medios impidió que pudiera hacerse realidad la orden de crear la enfermería proyectada19 . Dentro de la iglesia, solo la profesionalidad, el ingenio, los conocimientos y la intuición de Vigil, hicieron posible atender a los heridos y enfermos. La deserción de los dos sanitarios filipinos al inicio del asedio hizo más difícil la atención médica, sobre todo, cuando a partir de septiembre hicieron acto de aparición el beri-beri y la disentería. Los meses siguientes, octubre y noviembre, fueron críticos, los muertos se sucedían casi diariamente amenazando con aniquilar a todo el destacamento. Vigil, siempre estuvo en su puesto, incluso cuando fue herido de gravedad, o poco después, cuando él mismo enfermó de beri-beri.
Martín Cerezo, reflejó en su diario de operaciones, que hubo 18 fallecidos (sin contar al padre Carreño, que falleció por beri-beri): dos fusilados, dos por heridas de bala, tres por disentería y once de beri-beri. Resultaron heridos 20, algunos incluso varias veces. Vigil, a consecuencia de un cañonazo, sufrió una herida grave en el costado derecho que le afectó un riñón, y que él mismo se curaba valiéndose de un espejo. Si tenemos en consideración que los enfermos de beri-beri o disentería se veían afectados por la enfermedad una media de 10-15 días (30 en el caso del Capitán Las Morenas), que muchos enfermaron sin llegar a morir (uno de ellos Vigil) y que el número "oficial" de heridos sería inferior al real, podemos hacernos una idea de la frenética actividad de la enfermería, que en aquellas dramáticas circunstancias hubieron de afrontar tanto Vigil de Quiñones como el sanitario Bernardino Sánchez Cainzo.
Vigil, a pesar de estar herido y enfermo, no dejó de prestar sus cuidados al resto de pacientes, a los que jamás abandonó. Martín Cerezo se refiere a esto diciendo: "en muchas ocasiones curaba a los heridos en lo más recio del combate, llegando su abnegación hasta el punto de prestar los auxilios estando gravemente herido y acudiendo a las aspilleras cuando su misión se lo permitía"... "fue gravemente herido en el lado derecho de la parte inferior de la espalda el día trece de octubre del año anterior, estando a la defensiva en la iglesia, creyendo que invirtió en la curación de la herida de cuarenta a cincuenta días".
Los soldados, testigos directos de su actuación, en sus declaraciones dejaron patente el reconocimiento, cariño y respeto a los que el médico se hizo acreedor: "fue a la vez que jefe un padre cariñoso, teniendo que asistir en muchas temporadas a más de dos terceras partes de individuos"... "durante la defensa de los atrincheramientos y sobre el lugar de la acción atendía a los heridos... y al mismo tiempo se batía como los demás"... "aunque era médico alternaba en las horas de servicio con el teniente y acudía cuando era necesario a ayudar a los defensores o asistir a los heridos y enfermos"..."Estando enfermo, como no había más médico que él, tenía que levantarse a curar a los demás".
No cabe duda de que Vigil de Quiñones cumplió elogiosamente su misión facultativa, a la vez que su deber como militar y que con ello, contribuyó singularmente al éxito de la empresa. Sin la presencia de un médico en aquellas circunstancias dentro de la iglesia y lo que es más importante, sin su heroica y ejemplar actuación, hubiera sido imposible mantener la posición durante tanto tiempo.
No se le dio en su tiempo al hecho de "vencer" la epidemia de beri-iberi su verdadera importancia -porque se desconocía el efecto de la aportación de vitaminas- hecho científico que se demostraría posteriormente y que resultaría fundamental20 . Y esto se debió sin duda, a la intuición de Vigil, que había observado como la inclusión de vegetales a la dieta era decisiva para la supervivencia de todos los sitiados. El beri-beri hubiese acabado, sin duda, con la resistencia del destacamento. Cuenta Martín Cerezo que él y Vigil, se arriesgaban y salían a comer vegetales por las inmediaciones de la iglesia; quizás esa fue la causa de que fuera de uno de los pocos que no enfermara. Vigil, enfermo, viéndose morir, insinuó a Cerezo, que "si pudieran comer algo verde, todos mejorarían". Con este fin, el 14 de diciembre, hicieron una salida a la desesperada, con la que consiguieron ampliar la zona de seguridad, abastecerse de las plantas de los alrededores y en definitiva, acabar con el beriberi. En agradecimiento a esta gesta Vigil de Quiñones, emocionado, regaló su reloj al cabo Olivares, jefe de la patrulla21 .
El 2 de junio de 1899, después de más de once meses, agotados los víveres y municiones, los sitiados capitularon honrosamente. El 7 de julio llegaron a Manila y el 2 de septiembre fueron recibidos como héroes en el puerto de Barcelona.
Las condecoraciones concedidas a Vigil de Quiñones por los hechos del Sitio de Baler, fueron dos cruces de Primera Clase de María Cristina. En septiembre de 1899 la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española le concedió la Cruz de Oro "como médico cirujano del heroico destacamento de Baler". A la viuda de Rogelio Vigil de Quiñones, se le concedió (en reconocimiento a los méritos de su marido durante el sitio) una pensión anual de 9.000 pesetas en 1953, casi veinte años después de la muerte del marido.
La reina Regente, ante el deseo de Vigil de continuar la carrera militar, le concedió "la gracia" de eximirle de la edad máxima reglamentaria para ingresar en la Academia Médico Militar. Recordemos que a su regreso de Filipinas tenía 37 años. En 1900 aprobó las oposiciones e ingresó en la Academia. Fue ascendido a médico segundo (teniente) en junio de 1901. Pasó por varios destinos en Sevilla, Santa Cruz de Tenerife y Pamplona. Ascendió a médico primero (capitán) en abril de 1906. Ese mismo año fue destinado a Vich, Barcelona. En julio de 1909 embarca con su batallón desde Barcelona para Melilla. Nuevamente, participará en otra guerra, la Campaña del Rif, y una vez más, -ahora en tierras africanas- dejará muestras de su heroísmo y de sus dotes profesionales. Avalan estas palabras las dos Cruces al Mérito Militar con distintivo Rojo que le otorgaron, una por los méritos en la segunda caseta, Atalayón, Sidi-Alí e Hipódromo (21 al 31 de junio de 1909) y otra por la conducción de convoyes y servicios prestados en las posiciones desde julio a octubre de 1909.
El 20 de junio de 1910, se casó con Purificación Alonso Ruiz, con quien tuvo seis hijos (Rogelio, Francisco, José María, Ana María, Rosa y Purificación). Su vida militar no paró, destinos en Jerez, Larache y Sevilla. En 1918 asciende a comandante y pasa destinado al Hospital Docker de Melilla. Su labor es callada, siempre atento a las condiciones de vida de sus enfermos y la salud del soldado. Por ello será felicitado en varias ocasiones, como en 1921 cuando se hace cargo del hospital de sangre de Zoco el Telatza y tiene una brillante actuación en la atención prestada a los evacuados de la posición de Dar Drius. Cuando se ve desbordado el hospital Docker por la avalancha de heridos de julio y septiembre de ese año y el mando decide abrir un hospital provisional en el Cuartel de Santiago, Vigil de Quiñones es seleccionado, junto al comandante Cándido Jurado, para que, en condiciones muy difíciles, organicen la atención de 1.000 camas. En 1923, se hizo cargo de la organización del hospital Alfonso XIII hasta su pase a la reserva en 1924. Ese año fija su residencia en San Fernando (Cádiz) y en 1929 se traslada con su familia a Cádiz.
Falleció en esta ciudad el 7 de febrero de 1934. Sus restos fueron trasladados años después al cementerio de la Almudena de Madrid, en el Panteón de los Héroes de las Campañas de Cuba y Filipinas. Un bonito parque en Marbella, su ciudad natal, lleva su nombre, lo mismo que el Hospital Militar de Sevilla.
Vivió fiel a sus dos pasiones: la medicina y la milicia, entregado a sus heridos, sus enfermos y a España. ¡Honor y Gloria al "señor doctor", al médico de Baler
[1] Una casona que mandó construir en 1780 su antepasado, Pedro Vigil de Quiñones y Montero de Espinoza. Su familia tuvo las regidurías de Marbella y Gibraltar, y refiere su nieta que durante la Reconquista, cuando Fernando el Católico entró en Marbella en 1485, entre sus capitanes se encontraba un Vigil de Quiñones.
[2] Según reza la partida de bautismo, sus padres eran de Marbella, sus abuelos paternos: Francisco, de Marbella y María Josefa, de Guadix (Granada) y los abuelos maternos: José, de Pedro Manrique (Soria) y María, de Artana (Castellón)
[3] Fue secretario de los ministros Rafael Gasset y Chinchilla y Segismundo Moret y Prendergast.
[4] Carlos y Dolores residirían posteriormente en Granada.
[5] Archivo Universidad de Granada, (AUG) caja 346 pieza 027.
[5] Guillermo Olagüe de Ros, Sobre solida roca fundada: ciento veinte años de labor docente, asistencial e investigadora en la Facultad de Medicina de Granada (1857-1976), Granada, Universidad, 2001, pp. 320 y ss.
[7] AUG, caja 326 pieza 26.
[8] Madoz, Pascual. Diccionario geográfico estadístico histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, Imprenta del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de Don Pascual Madoz) vols., XIV y VII, pp. 564 y 338-9.
[9] Periódico El Defensor de Granada, 18/7 y 4/9/1885.
[10] El Defensor de Granada, 8/4/1887; 10/1/91, 18/11/y 4/12/1892; 6/8/1883; 5/1/1894.
[11] El Defensor de Granada, años 1895,1896 y 1897.
[12] El Cuerpo de Sanidad Militar, además del cuadro efectivo de personal facultativo, tenía otro eventual, compuesto por los denominados médicos provisionales, contratados solo en circunstancias extraordinarias. Mientras servían, tenían la consideración de tenientes. "Gozaban" de todos los inconvenientes de sus compañeros del cuadro efectivo, pero no tenían, una vez que acababan su compromiso, ningún tipo de ventaja en cuanto a pensión, derechos, etc. Podían ser condecorados, pero nunca ascendidos por méritos de guerra.
[13] Corroborando esto hay dos valiosos documentos, uno de 20 de noviembre de 1897 firmado en Madrid, donde se desvela que Vigil dejó en la Península: "la asignación de 125 pesetas a favor de Don Carlos Vigil de Quiñones (hermano) desde el mes fecha de su embarque para esas Islas". El otro, de febrero de 1898, y firmado en Manila, dice: "El médico Provisional D. Rogelio Vigil de Quiñones, confirma la asignación de 25 pesos mensuales que dejó en la Península a favor de su hermano D. Carlos, residente en Granada". Expediente personal de Rogelio Vigil de Quiñones.
[14] Legislación Militar aplicada al Ejército de Filipinas. Tratado II Administración. Servicio Sanitario. Artículo II Hospitales Permanentes y de Campaña.
[15] Tenía una guarnición de 50 hombres al mando del joven teniente Motta, que fue atacada en octubre. El teniente y 9 soldados murieron y otros 12 fueron tomados prisioneros. Los supervivientes se encerraron en la iglesia a la espera de refuerzos. La compañía al mando del capitán Roldán, enviada en su ayuda, volvió a sufrir el acoso de los rebeldes. Finalmente una columna de 400 hombres al mando del comandante Génova, logró pacificar momentáneamente la zona en aplicación a lo acordado en la paz de Biacnabató.
[16] El Maine se hundió en el puerto de La Habana tras una explosión el 15 de febrero de 1898. El presidente norteamericano McKinley declaró la guerra a España el 25 de abril.
[17] La ayuda americana a la insurrección filipina, solo fue una estratagema. Los filipinos, a su pesar, no tardarían mucho en comprobarlo. Los Estados Unidos querían Filipinas para ellos.
[18] Para conocer las vicisitudes del sitio recomendamos la obra de Saturnino Martín Cerezo: El sitio de Baler...; prólogo de Azorín. 4º ed. Madrid: Biblioteca Nueva, 1946.
[19] Sobre el material de la enfermería, como en tantos aspectos del Sitio, la documentación no aporta gran cosa. Todo hace indicar que se limitaba a un pequeño botiquín de campaña. En un estadillo que Martín Cerezo entregó posteriormente en Manila, relaciona como pertenecientes a la enfermería: 30 camisas, 30 calzoncillos, 60 sábanas, 60 fundas de cabezal, 10 batas y 10 gorros de rayadillo.
[20] En la primera década, los trabajos de Christiaan Eijkman (1858-1930) permitieron concluir que se trataba de una avitaminosis.
[21] En un gesto encomiable, acompañado de una emotiva carta, Olivares devolvió el reloj a la familia de Vigil en 1946.
Lecrín rinde homenaje a uno de los últimos de Filipinas que anteriormente había sido médico en Talará y El ChiteFotos del homenaje | Homenaje en el Periódico Valle de LecrínSacado de IdealEl acto estuvo presidido por José Ignacio Vigil, cónsul general en Andalucía Occidental y nieto del superviviente Rogelio Vigil de QuiñonesRAFAEL VÍLCHEZ | LECRÍN 19 de diciembre de 2015
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