
En el inicio de la vereda un cartel nos anuncia que el pueblo de Las Albuñuelas se encuentra próximo.
En su comienzo ciertos tramos de la senda están empedrados y tenemos que ir muy atentos para no perder el camino, pues es fácil que nos confundan algunas bifurcaciones que terminan en las pastas. Conviene no dejar la vereda principal.
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| Chumbera |
Azufaifos, acerolos, granados. chumberas. membrillos, limoneros, naranjos y aguacates Cubren los bancales preciosamente labrados por los agricultores.
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El almendro se da en los terrenos donde no llega el agua |
La senda está jalonada de grandes olivos de recia armadura, algunos pueden llegar medir los 15 metros de altura. Abajo, al fondo, el río Albuñuelas susurra.
En mitad del camino observamos la labores agrícolas de un campesino que con su mulo y arado está roturando el terreno.
La vereda está bien definida y a media hora de nuestra salida de Saleres llegamos al barrio Bajo de las Albuñuelas.
El pueblo de Albuñuelas está enclavado a 738 m. de altitud junto al río Albuñuelas, que los del lugar llaman río Santo. Dista de Granada capital por carretera 39 Kilómetros.
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| Albuñuelas al amanecer |
El casco urbano se divide en tres barrios: Alto. Bajo y la Loma.
El patrimonio histórico y monumental guarda para el viajero sorpresas como: la iglesia parroquial de El Salvador. Construida a mediados del siglo XVIII, tiene gran cantidad de imágenes de las escuelas de Mora y Cano, entre las que destacan Jesús Nazareno, la Virgen de las Angustias y un tríptico del siglo XVI de la escuela flamenca.
Observamos la gran cantidad de tordos que anidan en los tejados.
Recomendamos visitar:
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En el río Santo existen varios molinos de agua en su ribera.
La jornada senderista planificada termina su recorrido en este pueblo, el sendero GR-7 prosigue su camino en busca de los Prados de Lopera distantes de Albuñuelas 17 Km. a cuatro horas de camino por la serranía de las Albuñuelas.
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| Los muros de los bancales los aprovechan las abubillas para la nidificación |
Aunque es recomendable que el senderista que haya llegado hasta este municipio y desee continuar andando por estas tierras puede acercarse hasta el Sequero que dista del casco urbano una hora y media de camino.
En el Barrio Alto, por una cuesta empedrada, denominada Camino de los Molinos, bajamos al río Santo. Aquí en la ribera se encuentra el molino "Aurelio" en muy buen estado de conservación. Cruzamos a la otra orilla por un pequeño puente. En ese lugar arranca una vereda, al principio la senda se empina un poco hasta remontar unos escasos metros donde se suaviza su pendiente y el caminar se hace placentero. Pasamos junto a una gran roca desprendida de la ladera conocida en el pueblo como "el Garbanzo".
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| Detalle de hojas de hiedra |
El terreno es calizo. Las hazas están abancaladas y en ellas los naranjos y almendros son los árboles principales. Aunque observamos algunos renuevos de olivos, que jalonan la senda. La vereda serpentea sin brusquedades, y discurre junto a un acantilado, flanqueada por encinas, almendros y olivos.
Abajo el barranco, al fondo el río transcurre muy encajonado entre grandes peñascos. Son Los Callejones. Al igual que el borde de muchas acequias del itinerario, la hiedra (Hedera helix) tapiza las paredes de estos cortados.
A una media hora de la salida del pueblo, pasamos junto a una alberca, la vereda conecta con un carril que ahora emprendemos y que sube a media ladera del monte. Si seguimos el carril hacia lo alto del monte, nos remontaríamos a Los Llanos del Castillo (aunque en ese lugar nunca ha habido una fortaleza). Nosotros proseguimos a media ladera por un camino que en suave pendiente descendente nos acerca a las márgenes del río.
Si giramos nuestra vista a la derecha, en la loma de enfrente divisamos un gran acantilado, en el que hay grandes oquedades que el agua ha horadado en la piedra caliza.
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El río, ahora es una gran rambla, el lecho es muy arenoso. El agua aparece y desaparece. Se filtra y vuelve a surgir. En las inmediaciones, entre adelfas (Nerium oleander) v juncos (juncos sp.), hay varios nacimientos de agua que abastecen al pueblo. Los lugareños sitúan en estos parajes la leyenda de la "Luz de la Rambla". Se cuenta desde hace tiempo y hay quien la ha visto hoy en día, que cuando se vuelve de la sierra, al oscurecer o de madrugada, una luz aparece y acompaña al caminante hasta un molino a la entrada del pueblo; luego se vuelve sola en dirección a la sierra.
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Cuando bajamos al río podemos optar por remontarnos a la pista forestal que baja de la sierra o por seguir el cauce del río, ambos llegan al Sequero. El edificio está en ruinas, situado en una explanada empedrada. Recorriendo veredas, sendas, trochas,... encontramos cortijadas ruinosas que nos hablan de formas de vida diferentes a las que ahora conocemos. ¿Qué personas vivían, qué trabajos realizaron, y por qué en estas casas situadas en estos parajes perdidos de nuestras serranías? La toponimia del lugar nos da algunas pistas sobre el sentido que tenía este cortijo abandonado, el Suduero era un secadero de piñas, pero en estos parajes apenas existen pinos piñoneros ( Pinus pinea), preguntando a las personas del pueblo nos informan que las piñas se sacaban con el objetivo de obtener semillas posteriormente sembrarlas en el vivero forestal del Cortijo del Humo que el ICONA poseía en las proximidades del Área Recreativa del Cañuelo, distante de este punto seis kilómetros.
Ahora estamos emplazados en plena sierra de las Albuñuelas que posee una flora y fauna muy variada y rica. Entre los árboles destacan los pinos carrasco (Pinus halepensis) y resinero (Pinos pinaster). El sotobosque está formado por aulagas (Ulex parviflorus), jaras (Cistus sp.) y multitud de plantas aromáticas. En el bosque viven cabras monteses (Capra pyresnaica subsp. hispanica), ciervos (Cervus elaphus), jabalíes (Sus scrofa), zorros (Vulpes vulpes), tejones (Meles meles). conejos (Oryctolagus cuniculus) v ardillas ( Scirius vulgaris).
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Búho chico anidando la copa de un pino carrasco |
Entre las rapaces diurnas destaca el azor (Accipiter gentilis) y el águila perdicera (Hieracetus fasciatus) y entre las nocturnas el búho chico (Asio otus).
Otra característica relevante de la zona es el hecho de encontrarse prácticamente despoblada por el hombre, aunque los incendios forestales han dejado su huella en la sierra.
El sendero GR-7 nos pone en contacto con un medio natural diferente al que estamos acostumbrados a vivir. Es importante una actitud por parte de todos de respeto y sensibilidad hacia estos parajes.
Cerca, a unos veinticinco metros están las calderas empleadas hasta hace unos veinte años para la extracción de esencias naturales: romero y espliego.
En las riberas del río abundan las adelfas, que en julio florecen en rosa. Existe junto a la construcción en ruinas una masa de pinos Carrasco.
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Águila perdicera nidifica cerca del camino que utilizamos |
Si vamos atentos y somos observadores veremos como hay abundancia de fósiles marinos incrustados entre las rocas del camino.
El regreso a las Albuñuelas lo hacemos por el mismo camino. Con el cuerpo cansado y la mente fresca v llena de vitalidad, regresamos a nuestros quehaceres cotidianos, podemos decir que por unas horas hemos estado cerca del paraíso.
Si el senderista quiere seguir andando, puede adentrarse cada vez más en las sierras, ya que el camino del GR-7 prosigue en dirección a los Prados de Lopera, situados en las faldas de la Sierra de la Almijara, distantes del Sequero 12 kilómetros, a tres horas de camino. La senda no admite dudas pues el sendero sigue en su mayor parte el mismo Trazado de la pista forestal que discurre por estas sierras.
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| En primavera las aulagas se revisten de flores Al fondo la Sierra de la Almijara y los montes de la Resinera con su singular Pico del Lucero |