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| Agricultor en el camino de Saleres |
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Nos dirigimos a un pequeño arroyo y junto a él comienza la Cuesta de Saleres cuya subida acometemos. Mastranzos y flores silvestres son dueñas de la trocha, pues el poco tránsito que ha tenido en los últimos años esta ancestral vereda hace que su rastro desaparezca durante un buen tramo. Nos orientamos por una acequia que nos llevará hasta las proximidades de una pista forestal que baja de la sierra.
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Acerolo |
A lo largo del camino por el Valle, en otoño, es cuando la naturaleza nos muestra una serie amplia de frutos propios de la estación.
En los balates, a las chumberas les quedan aún higos chumbos en las pencas. Los majuelos y almecinos bordean la senda. En las lindes de los bancales los membrillos, zamboas e higueras crecen. En las hazas de cultivos escalonadas acerolos, manzanos, granados y nogales ocupan el terreno. En las laderas del monte, ya en terreno de secano, los almendros. Todos estos frutos colaboran a que el paisaje nos muestre una gama de colores amplia. Diferentes tonalidades de verdes, amarillos, marrones y rojos, inundan el panorama.
Después de andar entre naranjos y limoneros se da vista al municipio de Saleres. observamos que de un patio particular sobresale una araucaria (gran árbol sudamericano propio de climas templados que puede alcanzar hasta cincuenta metros de altura y está siempre verde). A la entrada del pueblo, según venimos de Restábal. nos encontramos con una fuente de agua potable. Junto a ella 'un tinao' (tejado que sale fuera de la pared y sirve para guarecerse de la lluvia y que con el transcurso del tiempo han unido de forma rústica los muros de la calle a través de un cobertizo. Es empleado generalmente como almacén o granero).
Las calles de Saleres, adosadas a las irregularidades del monte, cuentan con un atractivo especial. Estrechas, empinadas, tortuosas, con entrantes y salientes. Presentan en ciertos rincones el empedrado típico tradicional que nos recuerdan su pasado morisco. Llama la atención los soportales de las casas abarrotadas de macetas y plantas.
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Una granada |
Conserva este pueblo un ambiente campesino rodeado de huertas y campos frutales. Es de destacar en la población la asistencia de molinos de aceite y de harina. Así como los restos de la fabrica de jabones.
Existe en el término municipal una Torre Vigía, está situada en plena sierra a 1.011 metros de altitud, se le denomina "Atalaya de Saleres" o "Torre del Marchal" Desde su emplazamiento se domina todo el Valle de Lecrín, las Sierras de Albuñuelas y los Guájares y parte de la Vega del Genil. Su construcción data del siglo XIII, su planta es circular y está construida en sillarejo con argamasa. Comunicaba con la Atalaya de Cónchar y los castillos de Mondújar, Murchas, Restábal, Nigüelas y Venta de la Cebada (y este último con los castillos de la costa).
Junto al río se inicia el Camino Mojón que comunica a esta población con la de la Albuñuelas.
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Tinao de Saleres |
Un rincón de un patio de Saleres donde se limpian las almendras |