Seguimos por la carretera en sentido Granada; a mano izquierda la casa del marqués de Campohermoso, sin mucho valor arquitectónico, en ella se alojó varios días el beato Fray Leopoldo una vez que cayó con gripe en Dúrcal mientras pedía, siendo atendido por el doctor D. Evaristo Pérez. Detrás de la casa está el almecino gigante que ha sido declarado monumento natural. Llegamos a la estación, lugar obligado para muchos vecinos de al comarca que tenían que desplazarse a al Capital. Hoy ocupa sus jardines un hermoso parque. Del otro lado de ese puente, donde se ubica la escuela taller, partía un teleférico hasta el puerto de Motril que fue el más largo de Europa.
Dirijámonos hacia los puentes del río. A su derecha un muro del fuerte de Márgena, donde estaba recluida la caballería de Lorenzo de Ávila el 4 de enero de 1569 cuando la batalla en la plaza contra los moriscos. Este de hierro sobre el que pisamos es una construcción que responde a los modelos impuestos en Europa en el Siglo XIX y cuyo exponente principal es la torre Eiffel de París. Este puente se instaló sobre el barranco de Gor y después lo colocó aquí un ingeniero vasco que trabajaba para la empresa alemana que construyó la central eléctrica. Fue en 1924. Si miran río arriba, en el punto en que termina la montaña y sale el río de ella se asentaron los primeros moradores de este pueblo en la prehistoria, en la época del Neolítico.
Dúrcal es la ciudad de los cinco puentes.
Partiendo de la montaña río abajo, el primero que vemos es el de piedra, luego, más alto, el de cemento, de finales del siglo XX, luego éste del tranvía, llamado también Puente de Lata, luego una pequeñito, abajo en el mismo cauce del río, es el Puente Romano, y por último, a lo lejos, el de la Autovía, el último que se ha hecho y que se finalizó en este siglo XXI